Se llama Ricardo Flores pero es más conocido como Liberato Kani. Canta rap en quechua y estudia historia en La Cantuta. Parte de su infancia transcurrió en Apurímac. Allí aprendió el idioma que ahora reivindica en cada una de sus canciones.

Por Zoila Antonio

La entrevista empieza una hora después de lo pactado. El lugar: las escaleras de La Casa de la Literatura, a la espalda de Palacio de Gobierno. El sol, inusual en invierno, sofoca. Ese mismo sol permitía que la vistosa frase que tenía estampada en su camiseta Cholo soy y no me compadezkas (con k) se distinga desde lo lejos. Los colores y el tipo de letra hacían alusión a los carteles de conciertos chicha. Sus ojos se notaban cansados. Cuenta que esa madrugada se la pasó conversando con sus amigos y, sin percatarse, ya eran las seis de la mañana. A pesar del cansancio, responde rápidamente y convencido de lo que dice. Actualmente, Liberato Kani canta en ferias independientes y no hace mucho lo hizo también en el Gran Teatro Nacional.

-¿Cómo surgió la idea de juntar rap y quechua?

-La idea de hacer rap en quechua surgió en 2013, cuando escribí el coro de una canción. Luego recordé vivencias de mi infancia en la sierra, me inspiré en los libros de José María Arguedas, Ciro Alegría y tomé nota de algunas clases que recibía en la universidad. De pronto me di cuenta de las cosas a las que no daba importancia cuando era niño y vivía en la sierra. Gracias a la obra de Arguedas es que se activó una luz en mi mente. A veces me pregunto: ¿Qué hubiese sido de mí si no hubiese agarrado un libro que me recordara mi pasado? Hay historias que te hacen retroceder en el tiempo y a rebuscar en tu álbum genealógico.

-¿Consideras que hay literatura en tus canciones?

-No hay tanta literatura. Hay más historia, mensajes, vivencias, contextos sociales. También hay alegría, cosas experimentales, poéticas. Todo ese conjunto se refleja en el disco Rimay Pueblo, que saqué en julio de 2016.

-¿Por qué dices que el quechua es sinónimo de resistencia?

-Hacer cualquier trabajo o proyecto que reivindique el quechua es un acto de resistencia, de perseverancia y atrevimiento. Cuando uno aprende quechua, no solo se trata de aprender a hablar un idioma, hay que conocer su historia. Estamos en una lucha por construir nuestra identidad.

-¿Consideras que tu música expresa también un reclamo social?

-Antes que un reclamo, es una propuesta. Una propuesta con crítica constructiva. Decimos: “Mira, esto ha pasado en el Perú y nadie dice nada”. Por ejemplo, ‘Bagua no se olvida’. Esos son contextos que la mayoría del público joven no conoce. A veces estamos muy desinformados. El movimiento urbano está por todos lados y mediante el rap difundes el mensaje. Yo creo que mi música propone, tiene mensaje. Claro que también te mueve la cabeza, te llena de alegría y de coraje.

-¿En cinco años te ves cantando rap o dictando clases de historia?

-Si tengo que decidirme por una de esas opciones elegiré la que me dé más estabilidad. De acá a cinco años me veo trabajando, dictando talleres como profesor, no me veo haciendo música. Pienso hacer mis clases con rap para atrapar la atención de los chicos. Para mí el rap también puede ser una herramienta didáctica. Ya no haría rap para estar en festivales, sino para educar. Incluyo el quechua también.

 

“Jamás diría que soy pionero [del rap en quechua]. Hubo compañeros que hicieron trabajos de rap en aymara o en quechua, son geniales.”

 

-Los medios han empezado a prestarte más atención. Notas y entrevistas en RPP Noticias, El Comercio Digital, la revista Somos y hasta en el diario El País, de España.

-Eso te llena de orgullo. Siento la misma emoción de un universitario cuando alcanza sus metas. Mi disco ha sido como mi tesis. No tomo la música como un hobby, lo tomo como algo profesional. Yo me considero un profesional del arte. Y por eso es que me alegré mucho cuando estos medios se interesaron por mi trabajo.

-¿Cómo fue la experiencia de ir a cantar en Berlín?

-Ir a Berlín fue una buena experiencia. Compartir el quechua allá, conocer otra cultura, otro espacio, otras costumbres… Traspasamos fronteras y dimos a conocer un rap andino. Eso me gustó porque la gente apreció bastante lo que yo hacía. Ahora busco difundir mi música. Hace poco subí mi disco a plataformas digitales como Spotify, Deezer, ITunes, Google Play, Apple Music. Todas se mueven a nivel mundial.

¿Qué les dirías a quienes les gustaría seguir tus pasos y utilizar el quechua para comunicarse, para hacer música o incluso literatura?  

-Cualquier artista que esté dispuesto a luchar por su cultura tiene que resistir y enfrentar el racismo. Nunca bajar la cabeza y siempre reivindicar sus raíces. No hay que tener vergüenza. No hay que tener miedo a hablar mal el castellano. Si tú hablas mal el castellano… ¡Háblalo diez mil veces fatal! Háblalo con más ganas. No somos personas exóticas, sino seres humanos con una identidad propia y natural.

 

Sus ojos se cierran. Ricardo Flores o Liberato Kani pestañea. El cansancio lo vence. Es hora de apagar la grabadora y terminar la entrevista. Asegura que se puede ir caminando a casa. Queda cerca, dice. Está obsesionado con la difusión del quechua. Lo tiene tan presente que en su página de Facebook organiza concursos para sus seguidores. En uno de ellos el ganador se llevará un diccionario quechua – español.

 

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