FOTO: Juanjo Fernández/El País

La última esperanza para el Marañón, el río sagrado de los kukamas

El imponente río Marañón, símbolo de la Amazonía peruana, está siendo afectado por los constantes derrames petroleros, la deforestación de los territorios que lo rodean y el cambio climático. Ante esta alarmante situación, la Federación de Mujeres Indígenas de la etnia kukama exigió al Estado peruano reconocer como “sujeto de derecho” a este río que consideran sagrado.

Por Sebastián Blanco y Vladimir Deza

Cuando un río es reconocido como sujeto de derecho, se tiene que considerar y asegurar que pueda “vivir, sobrevivir, ejercer sus funciones esenciales y mantener su biodiversidad nativa”, sostiene Constanza Prieto Figelist, directora del departamento de defensa legal de Latinoamérica de la organización medioambiental Earth Law Center. 

Bajo esta declaración, cualquier proyecto que no satisfaga dichas condiciones debería detenerse o no realizarse porque sería incapaz de asegurar “la salud intrínseca del río”, añade la representante del organismo.  

El pasado 8 de setiembre, la Federación de Mujeres kukamas Huaynakana Kamatahuara Kana con el apoyo del Instituto de Defensa Legal (IDL) y las organizaciones International Rivers y Earth Law Center, presentó una demanda de amparo en la que exhorta al gobierno peruano a reconocer al Marañón como sujeto de derecho para hacer frente a décadas de contaminación en sus aguas.

Al respecto, la presidenta de dicha federación y residente de la comunidad nativa Shapajila en Loreto, Mari Luz Canaquiri, explica: “No lo hacemos por nosotras, sino por las generaciones que vienen. Hay explotación petrolera y no tenemos ni los servicios más básicos en nuestras comunidades”.

Además, manifiesta que su deseo es garantizar que sus hijos y nietos vean y aprovechen el majestuoso río junto al que ella creció. “No daremos marcha atrás hasta conseguir que se respete al río”, afirma.

De aceptarse la demanda de los kukamas, el Marañón se sumará al Whanganui, en Nueva Zelanda; el Ganges y Yamuna, entre la India y Bangladesh; el Atrato, en Colombia; y el Magpie, en Canadá; como los únicos ríos considerados sujetos de derecho en el mundo. 

Para Prieto Figelist, este reconocimiento “busca principalmente otorgar una voz a las entidades naturales, para que cuando se discuta una ley o un proyecto extractivo, se considere su bienestar, salud e intereses”.

El Marañón está siendo amenazado por los derrames de petróleo de lotes como el 8X, ubicado dentro de la reserva Pacaya Samiria, y por las sales contaminantes que, a su vez, tienen consecuencias directas para la salud de la población kukama.

A estas amenazas contra el bienestar y la vida alrededor y dentro del Marañón, se suma el megaproyecto de la Hidrovía Amazónica, cuyo dragado -proceso que remueve el sedimento del río para hacerlo más profundo- ahuyenta a los peces y tiene un impacto negativo en el ecosistema. 

“Los kukamas se bañan en las aguas del río, beben de él y dependen de la pesca diaria para alimentarse”, explica Roxani Rivas, antropóloga y etnóloga de la Escuela de Estudios Superiores en Ciencias Sociales de París. 

De esta manera, muchos pueblos indígenas y ribereños, incluido el kukama, se ven seriamente afectados y temen por su futuro, así como el del río que, durante cientos de años, ha sido respetado por sus habitantes.

El Marañón: el corazón de los kukamas

Mari Luz Canaquiri, presidenta de la federación indígena de mujeres kukamas y madre de cuatro hijos, lucha para garantizar que el río Marañón, al que considera un padre, sea respetado. Foto: Archivo personal.

Para los Kukama Kukamiria, el Marañón es mucho más que su lugar de pesca: “Lo queremos como un padre, es sagrado para nosotros, es un ser vivo y también es el corazón que nos da vida, el sustento de nuestros días”, cuenta Canaquiri. 

Además, para ellos, en sus aguas viven los espíritus de los familiares que han fallecido y los karwaras -o gente del agua- que salen en las noches cuando reina el silencio y son invocados en las prácticas curativas de los chamanes de la población.

“El espíritu de esta agua es un hombre, un ser vivo y merece respeto”, enfatiza Canaquiri antes de añadir que las personas que viven “en las grandes ciudades” no comprenden esta concepción y solo depredan su territorio.

“Para los occidentales es solo ganar dinero, solo saquearnos. Tienen esa mirada porque no conocen nuestra realidad”, agrega la presidenta de la Federación de Mujeres kukamas. 

Rivas detalla que, en la cosmología de esta etnia, “la institución más importante y su imagen está representada en el río Marañón”, el cual es un ser inherente al mundo que gobierna el ambiente fluvial en el que habita.  

“Esta visión marca las pautas para las interacciones entre el hombre y la naturaleza, por lo que no se puede violar el derecho a la vida del cuerpo fluvial sin afectar a esta población que tiene una reciprocidad con él”, reafirma Rivas.

Los kukamas son de los pocos pueblos que se han adaptado a los ecosistemas acuáticos. Por eso, proyectos como el de la Hidrovía Amazónica, que plantea dragar parte del río para mejorar la navegabilidad y el transporte de mercancías, “atentan contra el frágil, pero rico ecosistema, del que dependen muchos pueblos indígenas”, resalta Rivas. 

“Muchas veces las autoridades dan permisos sin consultar a los pueblos y las empresas entran, hacen y deshacen como a ellos les da la gana sin respetar los derechos de las personas”, señala con profundo pesar Canaquiri.

Por haber violado derechos fundamentales y amenazar con un daño irreparable al Marañón, los kukamas presentaron la demanda de amparo contra PetroPerú, el Ministerio del Ambiente, la Autoridad Nacional del Agua (ANA), entre otras instituciones.

La demanda, además de pedir que se reconozca al Marañón como sujeto de derecho, solicita la creación de un comité interregional en el que participen los pueblos indígenas para la gestión de los recursos hídricos, el reconocimiento de los kukamas como guardianes del río y el mantenimiento del Oleoducto Norperuano, responsable de hasta 70 derrames de petróleo en este afluente del gran Amazonas. 

“Lo que esperamos es que nos atiendan, nos respondan y, en primer lugar, respeten nuestro río”, afirma Canaquiri. De aceptarse esta demanda, las futuras generaciones kukamas tendrán una oportunidad para subsistir en la tierra que les legaron sus ancestros.

Los kukama: entre la amenaza del extractivismo y el olvido estatal   

Mari Luz Canaquiri (al centro) junto a otras integrantes de la Federación de mujeres kukamas. Con la demanda de amparo presentada, ellas pretenden asegurar el futuro de su comunidad. Foto: Mari Luz Canaquiri.

“Para los pueblos indígenas, la naturaleza no es un objeto muerto, es un ser vivo. El río es la vida de los kukamas. Si viene PetroPerú y te derrama petróleo setenta veces en los últimos 20 años, te molestas”, afirma Juan Carlos Ruiz, abogado ambientalista de IDL.

Según el informe “La sombra del petróleo”, realizado por el Subgrupo sobre Derrames Petroleros de la Coordinadora Nacional de Derechos Humanos, entre el 2000 y el 2019 ocurrieron 474 derrames de petróleo en la Amazonía. 

Además, desde marzo de 2020 hasta julio de este año se produjeron 45 derrames de petróleo en Loreto, varios de los cuales han afectado gravemente al Marañón, según informó el Organismo de Evaluación y Fiscalización Ambiental (OEFA). 

 “Que se viertan 2,500 barriles de petróleo en el río es una catástrofe para ellos porque tienen a gente con problemas de salud, se contamina el agua y se acaba la pesca”, añade el abogado de IDL.   

En ese sentido, la precaria salubridad a la que se enfrenta la población indígena ha sido determinante durante la pandemia: “El gobierno no se ha preocupado en atendernos con medicamentos. No tenemos médicos”, reclama Canaquiri, además de resaltar que sus pocos centros de salud están desabastecidos.  

Ninguna comunidad dispone de servicios básicos y su fuente de alimentos es el pescado que consiguen en las aguas del Marañón, pero la privatización del río y las actividades mineras han afectado esta actividad fundamental. 

Los derrames causan la muerte de gran cantidad de peces y dificultan la alimentación: “Los padres tienen que buscar comida lejos, se desvelan y trasnochan para pescar al día siguiente”, explica la presidenta de la federación.

El río Marañón, centro de la vida kukama y principal fuente de su alimentación. Foto: Mari Luz Canaquiri.

“¿Qué futuro van a tener nuestros hijos, qué buena salud van a tener?”, pregunta Canaquiri, frente a una situación límite que no obtiene respuesta del gobierno. 

Este escenario ha generado en la etnia kukama el sentimiento de que son marginados por el Estado y que no tienen los mismos derechos que las personas que viven en la capital. 

Como en la Constitución del Perú no se reconocen los derechos de la naturaleza, existe la posibilidad de que la demanda de amparo no sea aceptada por el gobierno. Sin embargo, esta no es la última instancia, pues “se podría llegar a la Comisión Interamericana de Derechos Humanos”, afirma Constanza Prieto, representante de Earth Law Center.  

Al respecto, Juan Carlos Ruiz sostiene que el derecho internacional es de cumplimiento obligatorio y existe jurisprudencia en la Corte Interamericana de Derechos Humanos que reconoce a la naturaleza como sujeto de derecho: “Sí existe cobertura normativa para sustentar esta demanda”, asegura el abogado.

De todas formas, este es el momento para tomar acciones, reclaman los kukamas, pues, de lo contrario, no habrá ríos de la Amazonía con los que subsistir y maravillarse más adelante.

“Me acuerdo que, cuando era niña, jugábamos, nadábamos en la orilla del río. Los niños jugaban ahí con la pelota y teníamos todo tipo de alimentos, nos íbamos a pescar un ratito en la orilla, y ya teníamos los alimentos, podíamos comer, nos alimentábamos bien. Ahora todo ha cambiado”, señala Mari Luz Canaquiri.

“Nosotros defendemos la Amazonía para que todo el mundo pueda respirar. Sin embargo, la gente que tiene plata piensa de otra manera, piensan en enriquecerse más y que los demás se mueran. Eso no está bien, no es justo”, concluye.