Después de tres meses de paralización de las actividades culturales, entrevistamos al maestro de ballet clásico, Bruno Silva, y a la exbailarina del Ballet Nacional, Naomi Aparcana, para conocer cómo sobrevive el ballet al aislamiento.

En la última semana se expuso la denuncia del profesor del Ballet Municipal Brian Gómez, quien fue víctima de comentarios homofóbicos mientras dictaba su clase en una transmisión de Facebook. El bailarín cubano llegó al Perú hace cuatro años y por primera vez ha presenciado la deficiente cultura de danza clásica que hay en el país. A partir de este acontecimiento, maestros y estudiantes de ballet se han pronunciado en redes para exponer su indignación. La situación no solo visibilizó las carencias económicas de los artistas sino también las culturales que sufre la sociedad peruana. Las consecuencias de este panorama alcanzan de diferente manera a cada integrante del mundo del ballet y se comienzan a evidenciar. 

Para comprender los efectos que la cuarentena tiene particularmente en el ballet, conversamos con el bailarín, maestro, director y coreógrafo de danza clásica, Bruno Silva. Él ha sido parte de grandes compañías de esta danza a nivel mundial, algunas de estas son “American Ballet Theater” en Estados Unidos, “National Ballet of Canada” en Canadá, “Cisne Negro Cia de Danca” en Brasil, y “Ballet Nacional”, “Ballet Municipal de Lima” y “Ballet de San Marcos” en Perú. Actualmente, a la edad de 52 años continúa su labor educando bailarines en la academia Espaciodanza. Estos días de cuarentena los pasa en su departamento en Surco, desde el cual nos concede una entrevista. 

—¿En qué consiste el intenso entrenamiento de un bailarín de ballet?

—Los bailarines tienen que practicar a diario obligatoriamente para no perder el entrenamiento de su físico, resistencia y armonía. Esto debe realizarse en un piso, espacio amplio y con implementos apropiados. Los ensayos tienen que estar dirigidos por los ojos de los maestros, estar con el cuerpo de baile y pareja de baile. Además, una gran parte de la vida del bailarín es subir al escenario y en este momento no hay presentaciones. 

—¿Cómo se ha organizado usted para dictar las clases a distancia?

—Tengo clases abiertas, pero en mayor cantidad particulares y son realizadas a través de Skype, Facebook o Instagram.

—El Ballet Municipal de Trujillo cerró hace unos días, ¿considera que a las compañías o academias de ballet de Lima les puede pasar lo mismo?

—Si los bailarines no toman las cosas más en serio todo puede suceder. Y a mi modo de ver, aunque ellos digan que lo hacen, no es suficiente. Con esto me refiero a que sepan confrontar los acontecimientos como adultos. Incluso antes de la pandemia, ya había un poco de relajo en la especialidad y ahora se ven obligados a tener disciplina porque es su única opción para sobrellevar la situación.

Afiche de clase maestra que realizó el profesor Bruno Silva con el fin de recaudar donaciones para el Ballet Municipal. FOTO: Facebook Personal.

—¿Cómo considera que se podría mejorar la situación de la danza en este tiempo?

—Primero, cada bailarín tiene que ponerse a estudiar un poco más, así como también muchos profesores en general y se debe pedir una ley que respalde los derechos de todo artista. Esto es necesario porque la carrera de bailarín al momento de hacer pedidos legales no existe. Por ejemplo, cuando he querido llenar un formulario, no aparece la profesión de bailarín entre las opciones, la realidad es que en muy pocos países es tomada en cuenta profesionalmente. Por último, la exigencia del estudio y formación profesional del bailarín es muy demandante y es necesario que sea bajo la vigilancia del maestro.

—¿Qué ventajas y desventajas tiene hacer las clases de ballet de manera virtual? 

—Personalmente, una ventaja para mí es no tener que salir de casa. Por otro lado, una desventaja es que hará bajar el training de todos los bailarines de todas las áreas de la danza.

Todos en algún momento hemos visto en las calles los grandes afiches que promocionan las funciones de ballet. Las compañías del Ballet Municipal de Lima y el Ballet Nacional presentan entre tres y cuatro veces al año obras como La Bella Durmiente, Cascanueces, Don Quijote de la Mancha, entre otros clásicos. Lo que la mayoría desconoce es que estas compañías, como mencionan en sus páginas web, tienen como ingreso principal las taquillas de sus presentaciones. Al estar restringidas las actividades culturales, este sector se ve extremadamente afectado y corre el riesgo de no sobrevivir, como es el caso del Ballet Municipal de Trujillo. 

Para el Estado, las academias de danza están incluidas en los centros culturales y en Lima Metropolitana hay 64 aproximadamente, aparte de las escuelas especializadas como el Ballet Municipal y Nacional. Algunas de estas han pasado a la modalidad virtual, enfrentando las exigencias que requiere la formación y el rechazo social que aún presenta el ballet. Para Bruno Silva, las ofensas que se dieron durante una clase virtual de ballet denotan la carencia de la sociedad en cuanto a cultura y arte en general, con la cual ahora deben lidiar. 

Naomi Aparcana: El Estado no prioriza la cultura 

Para los bailarines de ballet, la exigencia se ha tenido que duplicar en estos meses con el fin de mantener su condición artística y aprender a organizarse. Entrevistamos a Naomi Aparcana, ex integrante de la compañía del Ballet Nacional y profesora de ballet para niños, quien nos contó cómo están transcurriendo sus días de cuarentena.

—¿Cómo sigue con sus actividades en esta cuarentena?

—Planifico mi horario con las horas de comidas, horas de clase y estiramiento, también de mi entrenamiento físico normal como cardio o pesas. Mayormente todo eso lo hago en la noche, ya que la mañana y la tarde la dedico a dictar clases de ballet. Además, trabajo haciendo eventos infantiles vía online y dicto clases de inglés musical a niños.

—¿Los bailarines de las compañías de danza han recibido algún apoyo?

—Sí, hay apoyo, ya que continúan pagándoles, pero no sabemos por cuánto tiempo más, aún es algo que se verá según el tiempo que vamos a estar en esta cuarentena. Fuera de esta situación sí pienso que no hay mucho apoyo para los bailarines y artistas, porque el Estado ve primordial otras cosas y no el arte, no hay cultura.

—¿Qué reacción te causaron las ofensas virtuales que recibió el maestro Brian Gómez?

—Me parece una falta de respeto hacia un profesional que está tratando de compartir todo lo que ha aprendido durante años a personas que están interesadas en este arte, las personas que escribieron ese tipo de comentarios no tienen ni la más mínima idea de lo que es el respeto

—¿Has presenciado situaciones similares a los insultos recibidos por el profesor del Ballet Municipal?

—Sí, en varias ocasiones y es lamentable cómo la gente sigue retrocediendo en su manera de pensar. La libertad es para todos y si no estás dañando a nadie, la otra persona no tiene derecho a faltarte el respeto. 

Los bailarines y maestros demuestran cada día que ni la cuarentena ni la falta de apoyo y menos aún los ataques virtuales que puedan recibir, van a detener su pasión por la danza. Ante el olvido del Estado, el ballet apela al público que alguna vez asistió a los teatros y a quienes les ofrecieron todo su esfuerzo convertido en arte arriba del escenario. Las compañías de ballet aceptan donaciones a través de sus páginas oficiales para poder seguir manteniéndose. 

El viernes 12 de junio a las 5:30 p.m., el profesor Bruno Silva junto a otros bailarines profesionales ofrecieron una clase maestra vía zoom, el aporte mínimo fue de 40 nuevos soles. La recaudación se donó al Ballet Municipal de Lima y podían participar todos los interesados en la danza, tanto espectadores como bailarines. Se espera que esta iniciativa se replique y al terminar la emergencia nacional la cultura y sus exponentes logren prevalecer.