Fotos: María Alejandra Gonzales.

Perú, el país en zozobra: violencia y polarización a puertas del Bicentenario

A un mes de la segunda vuelta, el país aún no tiene presidente. La incertidumbre invade a la ciudadanía en el segundo año de la crisis sanitaria y exacerba la polarización en las calles. Se politizan las muertes, se generan grescas y las campañas virtuales de persecución invaden las redes sociales. Mientras tanto, la vigilia por la espera de los resultados finales parece interminable.

Cuando Iván decidió apoyar públicamente a Pedro Castillo, hizo un pacto de silencio con su hermano. “Le pedí que no se metiera en mis decisiones, así como yo no me metía en las suyas”, recuerda. El temor que compartían su familia y amigos no era por sus opciones políticas, sino por lo que opinaría su entorno, que simpatizaba en su mayoría por la candidata Keiko Fujimori, luego de leer sus publicaciones en redes sociales o sus columnas de opinión para el diario en el que escribía.

Los comentarios no tardaron en llegar, pero ninguno imaginó la violencia que se iba a desencadenar. 

Iván, quien pidió no revelar su identidad, es un periodista de 42 años que vive en un distrito acomodado de Lima. Junto con su hermano y un par de amigos, administra tres restaurantes: dos se ubican en la zona donde reside y otro en Jesús María. Luego de manifestar en sus redes sociales su rechazo a la candidatura de Fujimori y apoyo a la de Castillo, le llegaron decenas de mensajes ofensivos que lo acusaban de ser “comunista” y “pro terruco”.

Uno de los mensajes que llegaron al Facebook personal de Iván. Foto. Archivo personal.

“Incluso me decían que no tenía derecho a opinar. Ellos querían silenciarme. ¿En qué momento dejé de ser ciudadano?”, se lamenta Iván. La violencia incrementó cuando en una de sus columnas relató su experiencia como personero de Perú Libre durante la segunda vuelta. En los días siguientes, circuló una cadena de WhatsApp por los grupos de sus amigos: “No le compres al comunismo”, decía la primera línea del mensaje e indicaba una relación de negocios cuyos dueños supuestamente respaldaban esta doctrina. La lista incluía uno de los restaurantes de Iván. Cuando lo vio, se asustó por la magnitud que estaban alcanzando los ataques. “En ese momento, pensé en renunciar a los negocios. No quería perjudicar a mis socios”, relata Iván.

Su caso no es aislado. La campaña electoral ha generado una polarización sin precedentes que se ha intensificado luego de la segunda vuelta y derivó en hechos violentos que afectaron a diversos sectores de la ciudadanía.

Por un lado, Keiko Fujimori, acusada de lavado de activos y organización criminal por el caso Odebrecht, representa a los sectores de derecha más conservadores y las élites peruanas. Por el otro, Pedro Castillo, un docente de origen rural, encarna a los movimientos de izquierda radical y los votantes de las zonas del interior del país. Ambos partidos han sostenido discursos extremistas, en el que su oponente es una amenaza y ellos se presentan como defensores de la democracia. 

Mar Pérez, abogada de la Coordinadora Nacional de Derechos Humanos (CNDDHH), afirma que las agresiones han sido múltiples. Desde violencia física durante los plantones e insultos en las redes sociales, hasta acoso a funcionarios públicos y periodistas. Campañas virtuales como la de ‘Chapa tu caviar’ incentivaron también la persecución de políticos que se habían manifestado en Twitter o Facebook.

La situación llegó a su pico más alto el pasado 24 de junio, cuando un grupo afín a Fuerza Popular denominado ‘La Resistencia’ atacó a simpatizantes de Perú Libre que realizaban un ritual en el frontis del Jurado Nacional de Elecciones (JNE). Pérez afirma que la CNDDHH registró ese día nueve heridos producto del enfrentamiento.

El grupo ‘La Resistencia’ agredió a simpatizantes de Perú Libre en las afueras del JNE. Foto: La República.

Jose Malmborg, de 32 años, es reportero de Latina y desde hace 10 trabaja en medios televisivos. Ha cubierto dos elecciones presidenciales y tres municipales. En toda su experiencia, nunca había presenciado un proceso electoral similar a este. 

“Los discursos de ambos candidatos incitaron odio contra su oponente y promovieron las grescas. También generaron aversión hacia los medios de comunicación y principalmente contra los periodistas que informábamos en las calles. Tampoco hubo respeto por las normas: se ha incumplido el toque de queda y el uso correcto de la mascarilla”, señala.

Él fue agredido en dos oportunidades. La primera ocurrió en uno de los mítines del ex candidato de extrema derecha Rafael López Aliaga, donde simpatizantes de su partido lo insultaron. En una segunda ocasión, partidarios de Perú Libre arremetieron físicamente contra él, lo empujaron e incluso le lanzaron huevos. “Otros reporteros y camarógrafos se han tenido que equipar con chalecos para registrar los mítines y movilizaciones”, añade Malmborg.

El periodista televisivo también afirma que la violencia se ha exacerbado porque los medios no han informado con la misma pluralidad, además de que el candidato de Perú Libre se negó a brindar entrevistas en varias ocasiones. Esto redujo las posibilidades de que Pedro Castillo aparezca en pantalla, a diferencia de Fujimori, y por tanto movilizaciones que denunciaban la labor de la prensa, asegura Malmborg.

Por otro lado, el dilatado proceso para anunciar al ganador de los comicios, sumado a las denuncias de un supuesto fraude electoral por Fujimori, generan impaciencia en la ciudadanía y termina por desestabilizar el país.

¿Cómo llegamos a este punto?

Para José Ragas, historiador e investigador de la Pontificia Universidad Católica de Chile (PUC), la tensión se incrementó luego de la segunda vuelta. A diferencia de otros procesos electorales, la pandemia y el agotamiento del modelo económico agudizaron la polarización. Los dos partidos que pugnaron por obtener un triunfo en las urnas representan dos sistemas contrapuestos en materia económica y social. 

Si bien el balotaje evitó que una agrupación llegue al poder con legitimidad baja, produjo un escenario en que se alinearon fuerzas políticas y sociales a favor de una u otra candidatura.

El apoyo a Fujimori representa una reacción frente a la posibilidad de que alguien ajeno al establishment ocupe el sillón presidencial. “Pedro Castillo tiene círculos políticos y sociales como maestro de escuela rural o rondero. Es algo inimaginable para los sectores económicos emergentes, la clase media y, sobre todo, la clase alta limeña”, asegura Ragas. 

En este contexto, la polarización se produce entre las clases sociales y evidencia también una desigualdad regional. Desde 1956, solo un presidente no ha nacido en Lima: Alejandro Toledo. Ahora, la lista podría incluir a Castillo.

“Vemos una violencia visceral que surge desde las élites por la idea de tener un presidente que no los representa. Mala suerte. Así es la democracia”, añade el historiador.

Ante las denuncias de fraude por Keiko Fujimori y el intento de anular más de 200 mil firmas principalmente de zonas rurales donde Castillo ganó por amplia mayoría Marco Avilés, periodista experto en racismo y discriminación, afirma que estas acciones evidencian la marginalización histórica y estructural de estos sectores. “Ahora se cuestiona el voto de las zonas rurales de la misma forma que antes se cuestionaba su ciudadanía o su humanidad”, indica el periodista.

“El racismo no existe sin capitalismo”, enfatiza Avilés. El rechazo contra Pedro Castillo no es solo es por su identidad étnica, sino también por su discurso antielitista y en el que plantea administrar el país con un cambio radical en el sistema económico durante los próximos años, explica.

“Además, las élites económicas ahora deben enfrentar el hecho de que no poseen ningún nexo ni conexión con quienes gobernarán el país”, añade el periodista. En ese contexto, aparecen grupos con discursos violentos que se intensifican porque sus líderes no los rechazan tajantemente. “La visibilidad y validación de estos colectivos, como ‘La Resistencia’, ha permitido que ejerzan la violencia públicamente sin ser criticados por sus partidos”, recalca. 

Por otro lado, Ragas asegura que este contexto también podría representar una oportunidad para diversificar la participación en la política nacional. “Me parece que es un quiebre saludable, que puede abrir una nueva etapa para revitalizar los liderazgos políticos de la sierra”, sostiene. 

¿Qué motiva a los manifestantes?

“No apoyamos ninguna de las dos candidaturas”, indica Martín Barrueto. “Pero consideramos que más destructivo que el fujimorismo, es el comunismo”, añade.

Barrueto, vicepresidente de la Asociación Patriotas del Perú, es uno de los jóvenes que asistió a la denominada ‘marcha por la democracia’, en respaldo a la candidatura de Keiko Fujimori. Junto con una decena de militantes del colectivo que dirige, vistieron cascos y escudos, mientras caminaban por las calles del Centro de Lima izando banderas con la Cruz de Borgoña, símbolo de la España falangista. Al grito de ‘muerte al comunismo’, los jóvenes aseguraban que su objetivo era salvaguardar la integridad de los asistentes, luego de que se difundiera un video donde un rondero simpatizante de Perú Libre asistiera a una marcha con un machete.

“Keiko Fujimori representa el continuismo. Lo que hemos tenido por 200 años: una república fallida. Pero Pedro Castillo representa la muerte. Su discurso es extremadamente marxista”, enfatiza Barrueto. Para el empresario de 32 años, al igual que para la mayoría de los ‘Patriotas del Perú’, el maestro rural es una amenaza para la institucionalidad y la democracia y, por el contrario, Fujimori es el mal menor.

Integrantes de la Asociación Patriotas del Perú asistieron a la marcha ‘a favor de la democracia’. Portaban escudos con la Cruz de Borgoña, símbolo que suele asociarse a movimientos de derecha ultraconservadora. Foto: Contando Estrelas.

El fin de semana siguiente, Isabel (52) se moviliza desde su hogar, en el distrito de Rímac, hasta la plaza Bolognesi para asistir a una tercera manifestación convocada por Fujimori. Se ha colocado vinchas naranjas en señal de su simpatía por Fuerza Popular y una camiseta de la selección peruana de fútbol. “Estamos aquí para defender la democracia. Keiko es la única que la representa”, asegura Isabel. Incluso fue personera de su partido y, al igual que la mayoría de los que asisten al evento, cree firmemente en la versión del fraude electoral.

Para el historiador José Ragas, el discurso promovido por Keiko Fujimori no es inocente. “Es una estrategia para atribuir su derrota a fuerzas ocultas”, asegura. En ese sentido, no es un mensaje tranquilizador para los seguidores del candidato que ha perdido las elecciones. “Puede llegar a tener gran impacto y escalar ante la ausencia de pruebas”, añade.

A poco más de 10 cuadras del mitin de Fuerza Popular, Doralisa Carranza (42) acampa frente al JNE junto con otros 60 maestros que han viajado desde Lambayeque para esperar la proclamación de Pedro Castillo. “Nosotros venimos para defender el voto popular”, asegura Carranza. Desde la tercera semana de junio, viven en las afueras del JNE, realizan ollas comunes para alimentarse y continúan dictando sus clases de manera virtual. 

Doralisa Carranza afirma que inicialmente llegaron aproximadamente 180 maestros desde este departamento costeño. Más de la mitad regresó luego por sus familias, pero el resto continúa en pie de lucha. “No vamos a esperar otros 5 años para que llegue el cambio”, afirma Doralisa. Para la docente rural, Pedro Castillo representa el fin de un sistema corrupto que no beneficia a las diversas regiones y pueblos del interior del país. 

Doralisa en medio de sus colegas docentes. Acampan en las afueras del JNE desde el 12 de junio a la espera de los resultados oficiales. Foto: María Alejandra Gonzales.

Carmen Cancino (42) se encuentra en el mismo lugar que Doralisa. La ropa que viste está húmeda porque el frío traspasa las carpas. Es madre de familia y militante de Perú Libre, del distrito de Oyotún (Chiclayo). El grupo con el que vino estaba integrado por 60 personas. Ahora solo quedan siete. Al principio dormían en cartones, pues ninguno estaba preparado para quedarse más de un par de días y no esperaban que el anuncio final de los resultados por las autoridades electorales se extendiera tanto. “Si se hubiera respetado la democracia no estaríamos aquí. Keiko Fujimori no quiere reconocer su derrota. Ha habido mesas electorales donde el pueblo no le ha dado ningún voto y debe respetarlo”, señala. 

Cancino asegura que quienes acampan frente al JNE están expuestos a ser víctimas de violencia. “Se especula que [simpatizantes de Fuerza Popular] pueden venir en la noche mientras descansamos y lanzarnos cosas. Ya antes nos han agredido con palos y clavos en enfrentamientos. A mí me tiraron una botella”, asegura la militante de Perú Libre. 

Carmen Cancino al costado de la carpa en la que ahora vive. Foto: María Alejandra Gonzales.

A tres semanas del Bicentenario, el Perú está dividido. Sin el nombramiento de un presidente, la incertidumbre se acerca a la paranoia. Queda pendiente el nombramiento del gabinete ministerial, la transición de un gobierno a otro y la tranquilidad que va a ofrecer en sus planes el próximo gobierno, sobre todo en materia sanitaria. 

Sin embargo, como señala Marco Avilés:

“No es un punto de no retorno. La historia del Perú está llena de estos episodios”.