Banesa Farfan, la fundadora de “Ñañaykuna”, una organización de voluntariado juvenil, cuenta las dificultades que trajo la pandemia para continuar con la realización de proyectos que promueven la educación sexual de niños, jóvenes y adolescentes.

Por  Aeylin Ocampo

“Ñañaykuna”, cuya palabra en quechua significa “hermanas”, es una organización juvenil cusqueña compuesta por 30 voluntarios. Ante las restricciones sociales decretadas por la pandemia, la fundadora de “Ñañaykuna”, Banesa Farfan, explica que la organización del voluntariado ha optado por reemplazar sus talleres vivenciales por proyectos remotos. Además, las limitaciones económicas impulsaron la búsqueda de nuevas alternativas de financiamiento para seguir promoviendo la educación sexual de niños, adolescentes y jóvenes. 

La organización comenzó sus actividades en 2017 con el propósito de impulsar la igualdad de género. La fundadora explica que les parece relevante emprender una lucha contra el machismo no solo con mujeres sino también con varones. Por ello, entre los miembros de la organización no existe distinción de edad, estrato social o económico o género, sino que se busca un trato horizontal. “Somos un equipo que promueve la igualdad de género y entiende la diversidad”, indica Farfan.

La joven activista afirma que, tras las restricciones decretadas por la pandemia, han atravesado por momentos complicados. Días antes de que se ordene el confinamiento en la ciudad del Cusco, 50 nuevos jóvenes se integraron al equipo de voluntarios. No obstante, la crisis económica y sanitaria limitó las reuniones grupales de “Ñañaykuna” y generó que algunos miembros se retiraran de la organización. Incluso algunos no contaban con las herramientas necesarias para comunicarse virtualmente. “Había gente que no tenía una laptop o internet, como los estibadores o las trabajadoras del hogar que forman parte de «Ñañaykuna». Adaptarnos a esta nueva normalidad fue difícil”, asegura. 

Banesa Farfan explica que “Ñañaykuna” se sustentaba económicamente gracias a la venta de polladas, pines, rifas, poleras y polos que representan a la organización. Sin embargo, estas actividades fueron prohibidas por las autoridades, lo que produjo una reducción de sus ingresos. Ante ello, el equipo decidió inscribirse en fondos de financiamiento internacional que les posibilite costear sus futuros proyectos y les brinde las herramientas para continuar reuniéndose de manera remota. “Eso nos permitió pagar los servicios de Zoom y ayudar a través de bonos a las personas más vulnerables de la organización”, agrega.

Proyectos antes y durante la pandemia

“Ñañaykuna” prepara “Familias online”, un proyecto que les brinda una nueva forma de realizar sus actividades ante las limitaciones de la pandemia. Este consiste en transmitir perifoneos radiales en zonas urbanas y periféricas de Cusco. “Estamos haciendo audios sobre la prevención de la violencia de género y de la trata de personas, porque hay muchas mujeres que están siendo secuestradas por medio de las redes sociales”, declara la fundadora de de la organización. Más adelante, esperan reforzar los audios emitidos con talleres vivenciales como parte de una segunda fase.

Durante 2019, «Ñañaykuna» desarrolló el proyecto “Planificación para el Futuro” (Futuplan). Esta iniciativa consiste en realizar talleres sobre educación sexual y reproductiva, violencia y planificación de vida. Estuvo dirigido a adolescentes y jóvenes de secundaria de 25 colegios ubicados en comunidades campesinas y rurales de tres provincias periféricas de Cusco: Urubamba, Paucartambo y Cusco. La organización considera que, al ser espacios alejados del centro de la ciudad, suelen estar olvidados por el Estado, por lo que necesitan que se brinde más información respecto a estos temas.

Los alumnos de 18 escuelas que visitó “Ñañaykuna”, como parte del proyecto Futuplan, reunidos en el “Encuentro de las 100 voces adolescentes”. FOTO: Facebook de “Ñañaykuna”.

“Hemos detectado en tres colegios casos de violencia sexual: niños y niñas que a raíz de nuestros talleres se daban cuenta de que estaban sufriendo algún maltrato”, relata Farfan. La fundadora de “Ñañaykuna” enfatiza la relevancia de que la población reciba información pertinente sobre estos temas para que pueda buscar alguna alternativa de solución. “Les tenemos que dar herramientas de acción y decirles que pueden optar por denunciar para guiarlos por una ruta que los ayude a salir de esa situación de violencia”, explica.

 Futuplan trascendió luego de que la organización eligiera a estudiantes de cada colegio para congregarlos en una conferencia denominada “Encuentro de las 100 voces adolescentes”. En el evento se rescató el pedido del alumnado para el desarrollo de una mejor educación sexual en las escuelas. Como producto final, elaboraron un pronunciamiento que fue presentado en La Cumbre de Nairobi – Kenia y ante el Ministerio de Educación.

Alumnos de la Institución Educativa San Marcos de la provincia del Cusco durante el desarrollo del proyecto Futuplan. FOTO: Facebook «Ñañaykuna”. 

 

* Para conocer más sobre “Ñañaykuna” y su trabajo, puedes visitar su página oficial