Hace unas semanas Chimbote se convirtió en el distrito con más casos de pacientes contagiados con coronavirus en el norte del país. Sin embargo, en la última semana se ha registrado una leve mejoría. Miriam Chávez, enfermera en esa ciudad que vivió las epidemias del cólera, las tuberculosis y la gripe AH1N1, nos habla sobre la situación que se vive en Chimbote a raíz de la pandemia.

Miriam Chávez nació en Ayacucho, pero ha vivido en Chimbote toda su vida. Ahí creció y se educó. Hace 22 años eligió a la enfermería como su vocación por el resto de su vida. “Todos nacemos con una inclinación hacia algo y la enfermería es mi caso. Es una carrera con una vocación de servicio única”, declara. En la ciudad norteña no solo se formó profesionalmente, sino que también formó una familia. Miriam es casada y tiene dos hijas. Lamentablemente, el coronavirus llegó a su vida. En junio perdió a su padre a causa de esta terrible enfermedad. “No fui a trabajar dos meses. La muerte de mi padre fue un gran golpe para mí porque me sentía muy culpable por lo que le sucedió”, recuerda con nostalgia. Sin embargo, ella regresó a sus labores hace un mes y actualmente atiende a pacientes con COVID-19 en un hospital de Nuevo Chimbote.

Mi principal motivación son mis pacientes. Muchas veces he escuchado decir ‘Pobrecita, ya se va al hospital’. No, no es así. Me gusta ayudar a la gente y siempre voy al hospital motivada porque sé que ayudaré a alguien que lo necesita”, afirma. En la siguiente entrevista nos comenta sobre su labor, junto a un equipo de 24 enfermeras, en la ciudad que se ha convertido en el distrito con más casos positivos en el norte de nuestro país. 

—¿En qué consiste su trabajo cotidiano?

—Actualmente trabajo en el Hospital I Cono Sur de EsSalud en Nuevo Chimbote en el área especializada en pacientes COVID. A esta se le denomina triaje diferenciado y el trabajo ahí es multidisciplinario, ya que contamos con la presencia de médicos, enfermeras, un tecnólogo y un técnico en enfermería. Mi trabajo se divide en dos partes. En primer lugar, examino a todo paciente que llega. Tomamos sus funciones vitales, medimos su saturación de oxígeno, su frecuencia cardiaca y su temperatura. En segundo lugar, luego de ser examinado por el médico, educo e instruyo al paciente sobre los cuidados que debe tener en casa: cómo lavarse las manos, el correcto uso de la mascarilla y la adecuada alimentación. A todo este proceso de instrucción se le denomina educación sanitaria.

Una de las labores principales del equipo de enfermería es la atención de los paciente antes de pasar por el médico. En esta foto Miriam le mide la presión cardiaca a uno de ellos. FOTO: Archivo personal.

—¿Qué pasa si el paciente es detectado como positivo o se encuentra grave?

El procedimiento de atención al paciente incluye la toma de prueba rápida o molecular dependiendo de los días que el paciente ha presentado síntomas. Si el paciente es diagnosticado positivo, las enfermeras le suministramos los medicamentos prescritos por el médico, pero si el paciente está grave, lo derivamos inmediatamente al Hospital III de EsSalud.

—¿Cómo se preparan para enfrentar el caso?

—Aplicamos todos los protocolos de salubridad. Antes de entrar al triaje diferenciado debemos portar nuestro equipo de protección personal (EPP) completo. Este consiste en un overol, una mascarilla N95, dos pares de guantes, lentes de protección, un gorro, un casco con cubre rostros y, encima de todos estos elementos, un mandilón. Algo que pocos saben es que debemos ir al baño antes de entrar a trabajar porque hay un alto riesgo de contagio si vamos durante las intervenciones. Nuestra área de trabajo se encuentra al aire libre, entonces no hay mucha exposición o riesgo. Sin embargo, en el área de UCI, sí. He escuchado que ahí algunos colegas utilizan pañal para no arriesgarse. 

—¿Se sienten satisfechos con el material brindado por el hospital?

—Hay deficiencias en cuando a distribución del material de salud que deben mejorar. En primer lugar, las mascarillas que usamos no son 100% efectivas. El personal de salud debería utilizar las N95, pero estas se agotaron en los hospitales apenas empezó la pandemia. Por eso utilizamos las KN95, que también son adecuadas, pero no totalmente.  En segundo lugar, hay veces en las que debemos utilizar el mismo material para el día siguiente. El hospital debe lavarlos, pero ahora lo hacemos nosotras y corremos el riesgo de infectarnos. Justo la semana pasada me dijeron que debía lavar mi mandilón para volver a usarlo en mi próximo turno porque ya no había más en el hospital. Todo debería ser desechado, pero no es así. 

 

Chimbote presenta una leve mejoría

Según la sala situacional COVID del Ministerio de Salud, hace unas semanas Chimbote se convirtió en el distrito con más casos por coronavirus en el norte del país. Sin embargo, en esta última semana se ha registrado un descenso en el caso de positivos. “Se ha presentado un leve descenso de casos con respecto a los primeros meses, ya que antes iban 120 personas en un día y ahora van entre 60 y 70. Las cifras siguen siendo elevadas, pero ahora se registran menos positivos”, explica Miriam.

—Desde su punto de vista, ¿cuál es el motivo por el que Chimbote no pudo contener el avance del virus?

—Creo que la falta de educación en salubridad de los ciudadanos a nivel nacional es la principal causa de que esto se siga agravando. Al menos aquí en Chimbote no se tiene la cultura de la higiene saludable. De cada 100 pacientes al menos 80 no saben cómo lavarse las manos correctamente ni usar la mascarilla, pero, sobre todo, no saben alimentarse correctamente. Diariamente llegan personas con sobrepeso o con problemas cardiacos debido a una mala alimentación. Además, considero que aquí los ciudadanos son demasiado obstinados. Creen que ellos tienen la razón y prefieren seguir tratamientos caseros antes que los tratamientos recibidos en el hospital. En Chimbote se utilizan más las creencias que la información médica. 

¿Cómo describiría el comportamiento de los pacientes que han llegado al centro de salud?

En general, los pacientes siguen nuestro protocolo de seguridad, pero siempre hay excepciones. Por ejemplo, un día los trabajadores de limpieza de la Municipalidad llegaron para realizarse pruebas de descarte. Uno de ellos salió positivo y se le prescribió un tratamiento. Sin embargo, en lugar de seguirlo nos dijo que él se sentía muy bien y que no iba a tomar ningún medicamento. A pesar de que le mostramos que era positivo, no quiso obedecer las indicaciones. Luego de treinta minutos discutiendo le dijimos que, si no quería recibir el tratamiento del hospital, tenía que firmar una declaración jurada que nos libera de toda responsabilidad si su estado se complica. Cuando escuchó esto no le quedó de otra que tomar sus medicamentos. 

Hay otros pacientes que llegan directamente a pedir pruebas rápidas cuando no presentan ningún síntoma o los han comenzado a sentir hace unos días. A pesar de que el médico les explica que esto no sería lo adecuado porque podría arrojar un falso negativo, los pacientes nos gritan e insultan con el objetivo de que les saquen una prueba como sea.

Uno de los indicadores esenciales en la toma de funciones vitales es la saturación de oxígeno porque ayuda al médico a saber cómo está funcionando el pulmón del paciente. FOTO: Archivo personal.

—¿Considera que los esfuerzos del gobierno local fueron adecuados?

—Lamentablemente, el Gobierno central no le puso la debida atención a las provincias en general y los gobernadores locales y regionales no han ayudado. Creo que aquí nuestras autoridades se durmieron completamente. Esperaron a dar una respuesta a una situación complicada como lo es una pandemia en lugar de atacar las posibles causas de esto y trabajar en la prevención. El sistema de salud de Chimbote no estaba preparado para esto. En marzo solo se contaban con 8 ventiladores mecánicos en toda la ciudad para 387 mil habitantes. Cuando los equipos comenzaron a llegar no había personas capacitadas para su uso e instalación. No había tecnólogos ni tampoco se capacitó a los médicos y enfermeros.  

 

La heroína que, a pesar de su pérdida, sigue enfrentando al COVID-19

Miriam le ha dedicado años de su vida al cuidado de pacientes en Chimbote. En el camino vivió las epidemias del cólera, las tuberculosis y la gripe AH1N1. En todas ellas ayudó a que los ciudadanos pudieran superar dichas enfermedades. Sin embargo, este virus fue muy diferente. En junio, la enfermera perdió a su padre a causa de una insuficiencia respiratoria por no encontrar un ventilador mecánico que le salvara la vida. “Cuando mi padre se contagió, dejé el trabajo para poder cuidarlo. Lamentablemente, cuando su situación se complicó no se pudo hacer nada para salvarlo”, recuerda. Dos meses después de aquel episodio, Miriam decidió volver al trabajo para seguir acompañando a sus pacientes en los momentos más complicados.

—¿Qué representa para usted combatir el COVID-19?

—Combatir el COVID-19 es una total incertidumbre. Esta enfermedad no ha dejado de sorprenderme. Hay estudios e investigaciones que nos dicen que la inmunidad dura cuatro o seis meses, pero he visto casos de pacientes que llegan al mes y medio por un aparente caso de reinfección. No sé cómo vamos a terminar más adelante. Por el lado de las enfermeras puedo decirte que vivimos en constante miedo a contagiarnos y por lo tanto contagiar a nuestras familias. En mi caso, no soportaría perder a otro familiar cercano. 

—¿Cree en las vacunas que llegarán a nuestro país?

—Yo sí creo en las vacunas. Como enfermeras tenemos una formación especializada en prevención de enfermedades y sabemos que las vacunas son la única solución para detener esta enfermedad. Actualmente, el Ministerio de Salud está capacitando a nivel nacional a todas y todos los enfermeros para una gran campaña de vacunación. Somos conscientes de que nos encontramos en el proceso de ensayos clínicos, pero aun así el Gobierno ha decidido adelantarse a la situación en caso llegue la vacuna en los próximos meses. Lamentablemente, también sabemos que el proceso de obtención de vacunas es muy largo y quisiéramos obtenerlas ahora, pero es un proceso que debemos respetar. 

El Hospital I Cono Sur recibe alrededor de 60 y 70 pacientes diarios entre niños y adultos. En esta foto Miriam prepara a un niño para tomarse la prueba rápida. FOTO: Archivo personal.

Luego de un diálogo de casi dos horas, Miriam se animó a dedicarle esta entrevista a sus compañeras de trabajo:

“Cuando inició la pandemia, el personal de salud tuvo miedo. Muchos tiraron la toalla y no buscaron excusas para no ir a trabajar. Nadie quería acercarse al área COVID. Sin embargo, el equipo que conformo junto a 23 compañeras estuvo ahí desde el inicio. No abandonamos el barco y nos pusimos la camiseta. Lo mejor es que las enfermeras seguimos en pie de lucha. Gracias a todo el equipo de médicos y enfermeros que día a día luchan por salvar vidas en todo el Perú”.