FOTO: Archivo personal.

Las niñotecas de Juan Yangali: una red de refugios para la lectura, el arte y el entretenimiento

“Una de las niñas decía: ‘Siempre he querido leer y nunca he podido”, asegura Juan Yangali, gestor cultural y creador de 16 niñotecas a nivel nacional. Ahora, nos abre las puertas de la primera “niñateca”. Esta posee la misma finalidad lúdica y educativa que una niñoteca. El nombre se debe a su ubicación, el Centro de Acogida Residencial Especializado (CARE) Rijchariy, en la ciudad de Puno. El acceso está reservado a las niñas y adolescentes que fueron víctimas de trata. Conozcamos más sobre este espacio de desarrollo personal, empoderamiento y aprendizaje sociocultural.

Por Gabriela Guillén

Juan Yangali tiene cuarenta años y es licenciado en Literatura por la Universidad de San Marcos. Ha trabajado en municipalidades, medios de comunicación, editoriales, y es la mente detrás del proyecto de las niñotecas y de la Niñateca puneña. Él, junto a su hermana Nyrka, su equipo cultural, el personal del CARE y de la clínica Ginemédica de Huancayo se encargaron de la instalación de la Niñateca inaugurada el pasado 27 de marzo.

Las donaciones de libros para estos emprendimientos sociales llegaron desde diversas regiones del país. La ONG CHS Alternativo, a cargo del CARE, buscaba nuevas propuestas de crecimiento y recreación para las menores que acogen, las cuales han sido víctimas de trata de personas. Contactaron al equipo detrás de las niñotecas, ya que creyeron que un espacio cultural sería la mejor opción. ¡No se equivocaron! Las niñotecas iniciaron en diciembre del 2020 y, al igual que la niñateca, su meta es brindar un espacio gratuito que ofrece tres actividades: lectura, pintura y música.

Interior de la niñateca “Rijchariy” en Puno. Foto: Facebook Juan Yangali

Lágrimas de emoción en Rijchariy – “Despierta”

Esa es la traducción del quechua al castellano del nombre del CARE, Rijchariy. Representa la misión del lugar: brindar un “nuevo despertar a la vida de las niñas”, afirma Andrea Querol, presidenta de la ONG CHS Alternativo en Gob.pe, la plataforma digital del Estado Peruano. La niñateca, que adopta el nombre, contribuye con dicha tarea. Las niñas pasaron de decir, “ah, van a poner una biblioteca”, a emocionarse hasta las lágrimas al ver terminado su propio espacio seguro de diversión y aprendizaje. Esta alegría justificó todo el trabajo realizado para equipar la niñateca, asegura Yangali. 

Llevaron más de 350 libros con temáticas sobre mujeres inventoras, peruanas exitosas, cuentos clásicos en formato pop-up, novelitas para jóvenes, entre otros. Agregaron nuevas y grandes obras de mitología de tapa dura, textos en formato álbum, y una colección regional para que se identifiquen aún más. “Todo esto fue un descubrimiento para ellas”, precisa. Tampoco faltaron un violín, una guitarra y un órgano que alegraron a las menos amantes de la lectura.

Interior de la niñateca “Rijchariy” en Puno. Foto: Facebook Juan Yangali

“La experiencia fue maravillosa, el espacio conmovió a las niñas y se adueñaron del lugar, incluso las más calladas”, cuenta Yangali. La más rebelde del lugar, según las niñas, pronunció un discurso. Su sueño era convertirse en médico, y consideraba que con esos libros, aprendería mucho más. El cuerpo de encargadas de Rijchariy se emocionó. La psicóloga del lugar tocó el violín y la directora se comprometió a contratar un profesor de música. “El espacio era pequeñísimo”, explica Yangali, pero fue enorme para albergar todo el entusiasmo y la gratitud que provenía de las niñas. 

Nyrka Yangali comparte momentos con las chicas. Foto: Archivo personal.

Esta niñateca funciona como un nuevo camino para ellas debido a su situación común. Todas aún atraviesan situaciones adversas, pero hay algunos casos dramáticos. “Una de ellas contó que su mamá la envía a trabajar y que tiene problemas con el alcohol, por ello, ella prefiere estar allí”, relata Yangali. Su alegría al inaugurar la niñateca demostró cuán importante es para ellas un espacio adecuado para divertirse, desarrollarse social y culturalmente como personas, y reinsertarse en la sociedad.

Presentación de las niñas por la inauguración de la Niñateca. Foto: Archivo personal.

La ruta de la niñateca

En las niñotecas se lleva material educativo y cultural a poblaciones con necesidades, como escuelas rurales, asentamientos humanos, pueblos jóvenes, entre otros. En el caso del CARE Rijchariy, el contexto fue más específico. De la misma manera, la necesidad está presente, pero CARE contactó al equipo de las niñotecas para que el espacio se brinde específicamente a las niñas y adolescentes que viven en su albergue.

Según la plataforma digital del Estado Peruano, el Inabif cuenta con seis de estos centros de acogida. Alojan a un total de 163 residentes, hasta lo que va del 2022. La pandemia por el Covid-19 dificultó la búsqueda de niñas sometidas a la trata de personas. En Rijchariy se encuentran entre 9 y 10 de ellas, pero el espacio alcanza para albergar entre 30 y 40. Pese a que se trataba de un grupo pequeño, el plan se llevó a cabo de todas maneras con el apoyo del equipo de CARE. La clínica Ginemédica de Huancayo colaboró con el presupuesto para la compra de libros y materiales. El 28 de marzo del presente año, al día siguiente de la inauguración, recibieron la visita de la embajadora de Estados Unidos, Lisa Kenna; ella prometió un centro de cómputo para las chicas.

Sin ayuda de los gobiernos ediles, solo con el apoyo de  la sociedad civil, el equipo cultural dirigido por Yangali ha logrado instalar todas las niñotecas y la niñateca de Puno. Así, las personas que viven en el lugar ayudan con la organización del trabajo para habilitar y ambientar el espacio. Vecinos y foráneos han donado libros y materiales. 

Por ejemplo, House of Peru, una comunidad de peruanos residentes en California, en Estados Unidos, es la principal fuente de donaciones para estos proyectos, sobre todo los de provincias. La biblioteca El Manzano del Rímac, Lluvia Editores y la casa de juegos Recreo Ludoteca son algunas de las muchas organizaciones que también los apoyan.

De izquierda a derecha, la directora de la ONG CHS Alternativo Andrea Querol, el director de Inabif Sergio Tejada Galindo, la embajadora de Estados Unidos Lisa Kenna en la inauguración de la niñateca acompañados del director Juan
Yangali. Foto: Facebook Juan Yangali.

“Llegaremos a las mil Niñotecas”

El camino de las niñotecas y niñatecas es largo, pero no imposible de recorrer. “Yo tengo el desafío de otra Niñateca en Madre de Dios, ese sí es un reto por temas de infraestructura, organización y debido a que allá existe una alta cifra de casos de trata de personas”, precisa Yangali. Un estudio realizado por Promsex, en 2021, revela que Madre de Dios posee una de las tasas más altas de trata; de cada 1000 habitantes por lo menos 100 han sido víctimas de este delito. Para nuevas niñotecas han identificado veinte espacios, la mayoría en provincias. Algunas se instalarán en Ayacucho, Cusco e Iquitos. En este mes de mayo se inaugurará una niñoteca en Pilcomayo, Junín.

Por ahora este proyecto es un voluntariado. Yangali desea convertirlo en una asociación civil para lograr su sostenibilidad. Este es un objetivo que busca alcanzar disponiendo de su tiempo libre y de los quehaceres familiares. No obstante, nada detiene a Yangali y al equipo de las niñotecas. Muchas personas y colectivos quieren sumarse a esta iniciativa. Tal es el caso del proyecto Shimi Pukllay, ganador de Estímulos Económicos del Ministerio de Cultura 2021, el cual organiza talleres virtuales de ludocuento, de quechua y también de fomento de la lectura. “La niñoteca intenta ofrecer un espacio así, de encuentro con tu niñez, con tu edad de oro, qué lindo sería tener este proyecto en todos los asentamientos, bueno, vamos de a pocos, llegaremos a las mil niñotecas”, concluye Yangali.