Nelly Villegas Palomino, fundadora de la Asociación Llaqtanchispaq, que en quechua significa “para nuestro pueblo”, cuenta cómo la emergencia sanitaria afectó económicamente el hogar de refugio que dirige. A pesar de la crisis, ella continúa acogiendo a mujeres maltratadas porque sabe, por experiencia propia, lo duro que es huir de la violencia.

“Cuántas veces caminando por el malecón he mirado hacia abajo y he querido lanzarme, pero recapacito y me digo: ‘¡No! Tengo que seguir adelante’”, confiesa Nelly Villegas Palomino. A sus 69 años, la fundadora de la Asociación Llaqtanchispaq carga sobre su espalda el peso de haber sobrevivido situaciones de violencia que marcaron su vida. Su preocupación central es que su hogar de refugio reciba el apoyo y el reconocimiento necesario para que las mujeres víctimas de violencia y sus hijos se sientan protegidos durante el tiempo que permanezcan allí. 

Nelly nació en Ayacucho y migró a Lima cuando era una adolescente. Lo hizo para escapar de los abusos de su tía. En Lima vivió con su padre y su madrastra, y luego con sus hermanas. No fue al colegio porque tenía que realizar trabajos domésticos. Años más tarde, se unió con un hombre que la maltrataba y tuvo que huir de él. Obligada a buscar un hogar seguro para ella y sus seis hijos, llegó a Chorrillos. Desde ese momento ha luchado por los derechos de mujeres, niñas y niños víctimas de la violencia machista. A todas y todos les ofrece espacio en el Hogar de la Esperanza Mamá Victoria, fundado en 2007, como un refugio temporal, por la asociación Llaqtanchispaq,

En quechua llaqtanchispaq significa “para nuestro pueblo”. Esta asociación surgió en Chorrillos en 1989. “En esa época las mujeres del barrio que éramos violentadas decidimos unirnos y apoyarnos entre nosotras”, recuerda Nelly. Todas eran mujeres provincianas y fundaron la asociación Llaqtanchispaq con el objetivo de ofrecer refugio a otras mujeres que sufrían violencia familiar o sexual y ayudar a las comunidades más pobres de Chorrillos. 

En un inicio Nelly recibía en su casa a mujeres que eran constantemente agredidas en sus hogares. Sus hijos, incómodos con la situación, la cuestionaron por lo que hacía. “Entonces, yo no sabía qué hacer”, cuenta. Por suerte, un amigo suyo, propietario de un terreno en la Asociación Los Incas, en Chorrillos, se ofreció a venderle el espacio con facilidades de pago. “Primero construimos cuartos de madera para las mujeres”, cuenta Nelly. En 2004 empezó a recibir a mujeres víctimas de violencia familiar; las enviaban de la parroquia y de la comisaría de la zona. 

Con la venta de chocotejas, tamales y huevos de sus gallinas ponedoras, Nelly ha logrado sostener el hogar. Si bien la cuarentena ha afectado sus actividades económicas, ella no pierde la esperanza y tiene muchos planes para el futuro. A más de dos metros de distancia, Nelly asoma su cabeza por la ventana de una habitación y cuenta que recientemente han comprado pollitos para continuar con la venta de huevos. Actualmente, en el hogar viven cinco mujeres y catorce niños. 

El hogar de refugio se autogestiona con la venta de huevos y el fruto de sus cosechas. FOTO: Facebook Hogar de la Esperanza Mamá Victoria.

¿Cómo se ha visto afectado el hogar durante la cuarentena?

Estamos agradecidos con las donaciones que hemos recibido. Si bien había días en los que en el plato de comida faltaba carne, aquí nadie ha pasado hambre. Por ahora las mujeres no pueden preparar chocotejas ni tamales porque en el hogar no hay agua potable. Solíamos hacerlas en mi casa, pero el aislamiento lo ha impedido. Al principio también sembrábamos. Teníamos camote, plátanos y maíz, y las mujeres los iban a vender al mercado. Pero  en junio de 2012 una mafia de terrenos nos invadió y redujeron nuestro espacio. Hasta ahora estamos en problemas. El terreno se compró pero no estaba a mi nombre. Se ha avanzado bastante con el tema del registro, pero por la cuarentena nos quedamos paralizados. El Ministerio de la Mujer (MIMP) no nos apoyó ni con un abogado.

¿Han recibido apoyo del Ministerio de la Mujer?

Siempre he dicho que al Estado no le debo ni un palo de fósforo, pero sí le sirvo. 

¿A qué se refiere?

Yo he recibido mujeres que derivan de los Centros de Emergencia de la Mujer. En un inicio el ministerio enviaba psicólogas al hogar, pero hace años nos quitaron el apoyo. 

¿En qué año les retiraron el servicio de asesoramiento psicológico?

Eso fue con Nadine Heredia. A los dos años de que ella entrara, nos quitaron el apoyo. Cuando lo solicitamos nos indicaron que no tenían presupuesto para contratar psicólogas. Una vez intenté trasladar a una señora a otra casa de refugio y el Centro de Emergencia Mujer me dijo que yo no era nadie para tener la atribución de cambiar a la señora a otro hogar refugio. “Esta es mi casa y aquí yo decido. Esto no es del Estado”, les dije.

¿Y los niños?

Las criaturas no tienen la culpa. Ahí están, lloran y a veces les pregunto: “¿Por qué lloras hijito?». Me responden: “Quiero estar con mi papá”. El dolor que siento al escucharlos es grande porque lo he sufrido.  Me dan mucha pena los niños. Debo agradecer a Dios y a algunos peruanos, a quienes llamamos “amigos del Hogar”, quienes nos han apoyado. A veces venían estudiantes de universidades privadas, una o dos veces a la semana, para reforzar sus aprendizajes, ayudarlos con sus tareas. Ahora no tenemos internet para que puedan aprender. Solo están con la televisión y a veces se les va la señal. Entonces yo les he dicho que lean, no queda de otra.

“Solo la educación nos saca de la pobreza”, afirma Nelly Villegas. Detrás de ella, la biblioteca que lograron implementar dentro del hogar de refugio. FOTO: Facebook Hogar de la Esperanza Mamá Victoria.

Hogares de refugio temporal durante la cuarentena 

Desde el inicio del estado de emergencia hasta la fecha, el Ministerio de la Mujer y Poblaciones Vulnerables ha registrado 36 feminicidios y 1,200 mujeres desaparecidas. Buscamos a Olga Bardales Mendoza, especialista social y directora de la Subunidad de Generación de la Información y Gestión del Conocimiento del Ministerio de la Mujer para saber cómo han estado funcionando los hogares de refugio durante la cuarentena: “Si bien los Centros de Emergencia de la Mujer fueron cerrados de manera temporal, la Línea 100 y un equipo de atención itinerante ha continuado coordinando con los hogares de refugio”, explica Bardales. La Línea 100, servicio gratuito de cobertura nacional que atiende temas de violencia familiar y/o sexual, ha derivado a las mujeres víctimas de violencia a estos refugios. 

“Muchos hogares de refugio temporal son creados por la buena iniciativa de la sociedad civil y por vecinos que tienen muy alto nivel de solidaridad y altruismo”, señala la funcionaria. La Ley 30364 establece que el Ministerio de la Mujer está obligado a crear sus propios hogares de refugio, pero a la fecha solo cuentan con uno. Bardales explica que “lo ideal es que estos hogares de refugio temporal, los cuales suelen tener muchas necesidades, se registren con nosotros. Así se les hace una visita. Se verifica las condiciones y se les hace recomendaciones”. 

Según Bardales, el MIMP brinda personal especializado para toda la labor psicológica, social y legal en los hogares de refugio temporal. Además, realiza diversos talleres de fortalecimiento de capacidades. Sin embargo, el Hogar de la Esperanza Mamá Victoria solo ha obtenido servicio psicológico del Ministerio de la Mujer por un periodo menor de dos años.

En la puerta de entrada del hogar, se puede leer la frase «El secreto de salir adelante es comenzar». FOTO: Richard Sanabria.

“Casas depositarias de mujeres”

Así es como llama Nelly Villegas a los hogares de refugio: casas depositarias de mujeres. “Dejan a las mujeres ahí y terminó todo. Esa no es una solución”, enfatiza. La fundadora de Llaqtanchispaq afirma que las mujeres continuarán llegando al hogar que ella dirige hasta que el problema no se trabaje de raíz: la erradicación de la violencia. 

En todo el país existen 49 hogares de refugio; en 2019 la Defensoría del Pueblo supervisó 21 de estos establecimientos y concluyó que solo 15 figuraban registrados en el MIMP. De ellos, 7 no contaban con el plan de intervención para usuarias, el cual guía los tratamientos terapéuticos, recuperación social-personal, atención integral e institucional, y orientación para el egreso. 

A pesar de que el Hogar Esperanza Mamá Victoria recibe mujeres enviadas de los Centros de Emergencia de la Mujer, el Ministerio de la Mujer no les brinda servicio de atención especializada. Incluso Nelly Villegas nunca ha recibido atención psicológica. “La necesitaba, pero siempre he dicho: ¡Carajo, este problema me lo tiro a la espalda y sigo adelante!”, exclama ella con firmeza. El buen corazón de Nelly le ha permitido sacar adelante el hogar refugio, en el que también ha recibido adolescentes, hombres con hijos, homosexuales y transexuales, porque muchas veces no tienen dónde dormir. “Son seres humanos y nunca les he cerrado las puertas”, enfatiza Nelly.