Montaje: Adrián Calle

Derechos humanos, solo eso pedimos: la discriminación sistemática contra la comunidad trans

La violencia sistemática de la que son víctimas las personas trans no solo mina sus posibilidades de acceder a una vida digna y un trabajo decente, sino también su salud mental. El Estado no cuenta con diagnósticos situacionales sobre el bienestar mental de la población trans y qué tan afectada se encuentra. Una vez más, distintas ONG parecen ser las únicas que velan por el bienestar y derechos de una población vulnerable, que en tiempos de covid-19 vio empeorada su situación.

Pionera en la Municipalidad de Lima

Skarlet Salas Tuanama se convirtió en noviembre de 2020 en la primera mujer trans que trabaja formalmente en la Municipalidad de Lima, gracias a una iniciativa creada e impulsada por el regidor municipal Manuel Siccha. Ella tiene 38 años y es natural de Pucallpa. Recuerda que desde su infancia se sintió identificada con el género femenino y a los 10 años ya tenía el panorama claro: quería ser una mujer. Sin embargo, empezó su transición ocho años después. “Mi transformación fue paulatina. Empecé a dejarme crecer el cabello y las uñas, tomar hormonas y recurrí a depilaciones”, comenta.

Skarlet Salas es la primera mujer trans en trabajar en la Municipalidad de Lima. Foto: Qué Pasa.

Salas trabaja en el Área de Limpieza y Mantenimiento del Servicio de Parques de Lima (Serpar) de la Municipalidad de Lima, pero antes de haber conseguido un trabajo formal, tuvo que dedicarse al trabajo sexual para sobrevivir. “No me siento orgullosa de haber ejercido la prostitución. Sin embargo, vivo agradecida de que ese trabajo me permitió costear mis necesidades básicas, como el cuarto en donde dormía, vestimenta y alimento. Incluso pude ayudar a mi familia económicamente”, declara.

El consultorio Únicxs – Personas trans por la inclusión social, que se enfoca en la defensa de los derechos de la comunidad trans y es dirigido por la Universidad Peruana Cayetano Heredia (UPCH), determinó en un estudio que el 70% de la población trans femenina tiene que dedicarse al trabajo sexual, debido a la falta de oportunidades laborales; mientras que el 50% tuvo que abandonar sus estudios y el 10% no cuenta con un Documento Nacional de Identidad (DNI).

Uno de los factores que más influye en el rechazo de personas trans en algún trabajo formal es la falta de un DNI que dé cuenta del género con el que se identifican. Skarlet comenta que ha sido rechazada en diversos centros de trabajo debido a esto. “Yo me presentaba a diversas oportunidades laborales, pasaba los filtros y, cuando veían mi DNI, me cerraban las puertas o simplemente me decían que me iban a llamar, pero nunca lo hacían”.

Skarlet Salas sosteniendo su identificación de Serpar que respeta su identidad de género. Foto: Gestión.

Actualmente, existe una iniciativa de Ley de Identidad de Género en Perú. Esta contempla el respeto a la identidad de las personas trans y el cambio de sus datos en el Registro Nacional de Identificación y Estado Civil (Reniec). No obstante, aún no ha sido debatida para su posterior aprobación definitiva, lo que dilata el proceso.

Skarlet Salas es una de las pocas mujeres trans que tienen el “privilegio” de poder contar con un trabajo formal, digno y un sueldo fijo. Declara que no ha sufrido ningún acto discriminatorio en su centro laboral. “Es más, con mis compañeros siempre nos bromeamos y de vez en cuando salen a relucir chistes picantes”, añade.

Junto a dos clientes que contratan servicios sexuales de mujeres trans, también conocidos como puntas, ella ha decidido emprender una iniciativa para recolectar donaciones para esta comunidad. “Es parte de nuestra iniciativa el querer compartir con otras personas trans. Debido a la pandemia, la situación está fea, sobre todo para las chicas de la calle”, añade. Ha sido a través de Tik Tok e Instagram donde Skarlet ha promocionado esta actividad donativa y anima a sus seguidores a colaborar.

Madre Manuel

Carlos Manuel Siccha Chipana es el primer regidor metropolitano homosexual. Ha estado involucrado en el activismo en pro de los derechos LGBT+ y, como concejal, se ha encargado de desarrollar iniciativas y proyectos relacionados a poblaciones vulnerables, con especial énfasis en la comunidad antes mencionada.

Manuel Siccha, primer regidor municipal abiertamente homosexual. Foto: Perú21.

En febrero de 2020, Siccha creó un proyecto de ordenanza municipal de cupo laboral trans en conjunto con organizaciones que velan por los derechos de esta población. “Lamentablemente tuvimos que detener las reuniones debido al inicio de la pandemia. Estas fueron reanudadas en octubre, pero de manera virtual”. La ordenanza aún se encuentra a la espera de su aprobación. En paralelo, impulsó la iniciativa para que distintas gerencias de la Municipalidad de Lima tengan la apertura de contratar a personas trans, la cual ha tenido éxito.

Para la contratación de mujeres trans en la institución se tienen tres consideraciones: que viva en el Centro de Lima, que se dedique al trabajo sexual y que se comprometan de lleno con el puesto. Luego la MML les hace un seguimiento para saber cómo se desenvuelven. Además, en caso haya un acto de discriminación contra ellas, se habla con las personas involucradas para que no vuelva a ocurrir. Si hay una reincidencia, el trabajador que no respete la identidad de las trabajadoras trans es separado de la institución.

Por lo menos, 21 personas trans —19 mujeres y 2 hombres— han sido beneficiadas con esta iniciativa. De estas, 16 mujeres trans se encontraban viviendo en situación de pobreza o pobreza extrema. “Lo lindo de este programa de inserción laboral es que nos ha permitido cambiar y mejorar la vida de personas miembros de esta comunidad”, señala Siccha.

Le dicen “Madre”. El regidor municipal trabaja desde 2014 con la población trans que vive en las casonas del Centro de Lima. Él ha realizado diversas actividades para recolectar víveres para ellas, lo que le permitió ganarse su confianza. Como consecuencia, las mujeres trans de la zona lo ven como una más y lo llaman “Madre”, siempre desde una mirada de respeto y admiración.

Tyra Guicchetti, la multifacética

Tyra Guicchetti es una mujer trans que a sus 47 años ha hecho de todo para obtener dinero, desde competir en torneos de “Miss Transformista” en una discoteca hasta ser bailarina de Coco Marusix a finales de la década de los 2000, pero ninguno un trabajo formal. Era 1991, tenía 16 años y estaba en quinto de secundaria cuando su padre la botó de su casa al revelarle que era una mujer trans, por lo que empezó a vivir con una amiga a la que llamaban Tía Kitty —Según Tyra, parecía una gata, de ahí el nombre —. Para ese tiempo, se ganaba la vida participando en competencias de vóley en algunos barrios de la capital.

En 1993, Tyra reanuda parcialmente la relación con su padre, quien era un conocido maestro de obra que trabajaba para la empresa de construcción Graña y Montero. Este siempre quiso que su hija estudie Ingeniería Civil en la Universidad Nacional de Ingeniería (UNI). Sin embargo, Tyra tenía otros planes para su vida. Decidió estudiar Medicina en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos (UNMSM). Debido a las constantes huelgas por parte de los docentes, Guicchetti decidió trasladarse a la Universidad Ricardo Palma y estudiar Psicología, carrera que dejó inconclusa por falta de apoyo económico.

Ella es muy locuaz. Sus habilidades tanto blandas como artísticas le abrieron puertas en distintas discotecas en las que trabajaba como coreógrafa. No fue hasta el año 2004 que nace Tyra, gracias a una competencia de transformismo que se venía realizando en la discoteca “El Búnker” en Villa El Salvador. “Le debo el nombre a mi amiga Grace. Sacó una revista Vanidades de su mochila, en la portada estaba Tyra Banks, la súper modelo de la época, todas dijeron que me parecía a ella y me quedé con el nombre”.

Tyra Guiccheti trabajando en su programa radial Radio Conexión Vida. Foto: Radio Conexión Vida

A partir de 2011, Guicchetti recibió una capacitación por parte de ONG “Sí, da vida” para convertirse en instructora del programa de automanejo en pro de personas que viven con VIH. Siete años después fue contratada formalmente por la institución para su programa radial “Radio Conexión Vida”, que se encarga de brindar información sobre el VIH/Sida y salud sexual. “Yo he visto a mis compañeras, amigas y familiares morir de VIH, es un virus que no discrimina”, señala.

En la actualidad, Tyra se encuentra colaborando con organizaciones que trabajan en pro de las personas seropositivas como el Grupo Impulsor de Vigilancia sobre abastecimiento de medicamentos Antirretrovirales y AHF Perú.

Tyra Guicchetti posando para una fotografía del colectivo Jauría. Foto: Perú21.

Un cirujano sin nada que ocultar

En el Área de Medicina del Hospital Huaycán, ubicado en Ate Vitarte, trabaja Joaquín Alexander López, un médico cirujano trans masculino de 30 años. Él empezó su transición hace seis años. Actualmente es presidente del colectivo Visibilidad Transmasculina, una asociación que se encarga de empoderar y asesorar a hombres trans.

Joaquín López con un polo que tiene la bandera trans. Foto: Instagram personal @patita.trans

La negación de su identidad de género ha sido el principal acto de discriminación al que López se ha enfrentado. “En el 2016, cuando estaba realizando mi internado, un par de compañeros se molestaron conmigo y me amenazaron diciendo ‘No te metas con nosotros porque te hacemos un favor al no decirle a todos quien realmente eres’”, cuenta.

Joaquín ha podido cambiar sus prenombres en su DNI en el corto tiempo de siete meses, pues realizó el trámite en la provincia de Huaraz (muchas personas trans demoran entre dos o tres años en lograr este objetivo, debido a las trabas que le imponen las autoridades).

Se siente cómodo en su centro laboral. Hasta la fecha, no ha sufrido de discriminación transfóbica y pudo conseguir el trabajo gracias a los serums que realizó cuando era estudiante de Medicina de la Universidad San Martín de Porres. Sin embargo, esta no es la realidad de la mayoría de personas trans, a quienes se les dificulta encontrar un trabajo formal.

Salud mental en la Comunidad Trans

No existen diagnósticos emitidos por parte del Estado peruano sobre la situación de salud mental en poblaciones trans. La labor de identificar y atender esta problemática proviene de la sociedad civil. La ONG Más Igualdad realizó el primer estudio exploratorio sobre la salud mental en personas LGBTIQ+ del Perú, que fue publicado en julio del año pasado. Los resultados arrojan que las afecciones a la salud mental más frecuentes en la comunidad son ansiedad (60%), baja autoestima e inseguridad (60%) y depresión (59%).

Aarón Puescas Argote, psicólogo egresado de la Pontificia Universidad Católica del Perú (PUCP) y autor de la tesis Violencia simbólica, estresores de minorías y soporte social percibida en mujeres trans, personas trans femeninas y personas travestis articuladas y no articuladas de Lima Metropolitana y Callao, afirma que la discriminación estructural de la cual son víctimas las mujeres trans hace que estas lleguen a normalizar actos violentos y se autoculpen. “Muchas veces se convencen de que ese es el orden natural de la sociedad, que sean violentadas”, añade.

Julio Rondinel, psicólogo y director ejecutivo de la organización Construyendo Caminos de Esperanza Frente a la Injusticia, el Rechazo y el Olvido (Ccefiro), menciona que las personas trans viven en un estado de alerta constante, lo que altera su salud mental porque no es situación natural del ser humano.

Julio Rondinel, presidente de Ccefiro. Foto: Foro Social Panamazónico.

“La misma sociedad empuja a las mujeres trans al trabajo sexual y este es muy violento. No es digno ni decente, pues no genera prestaciones para la vejez de la mujer trans. Asimismo, no pueden escoger a sus clientes y están en una constante exposición a los crímenes de odio”, añade.

Rondinel declara que el trabajo digno aumenta la autoestima de la persona. El hecho de recibir un sueldo permite a la persona resolver sus problemas con libertad. Mientras, una persona que no cuenta con un trabajo decente sufre de carencias y frustración, lo que a la larga genera un deterioro en su autoestima.

Más derechos por conquistar

La discriminación sistemática de la cual son víctimas las personas trans atenta no solo contra su identidad de género, sino también contra el derecho a vivir una vida digna. A diferencia de otros países de la región, en el Perú aún no existen leyes o iniciativas de estas en pro de la defensa de los derechos de la Comunidad LGBT+.

Es más, el país es de los pocos de la región que aún no prohíbe las mal llamadas “Terapias de conversión”, que consisten en sesiones de tortura aplicadas a personas LGBT+ para “curar” su orientación sexual o identidad de género. En algunos casos se ha aplicado terapia de electroshock, tal como lo indica el estudio sobre salud mental de Más Igualdad. No debería pasar desapercibido que el 70% de la población trans femenina tenga que verse obligada al trabajo sexual y estén constantemente expuestas a la violencia no solo de sus clientes, sino también de las autoridades que, se supone, deberían protegerlas. Parece que en nuestro país no todas las vidas importan.