Montaje: Diego Sánchez Valdivia.

Covid-19: las principales secuelas físicas y psicológicas después de salir vivo de UCI

Desde estrés postraumático y depresión hasta fibrosis pulmonar o atrofias musculares. Las secuelas del coronavirus en pacientes que abandonan la UCI pueden persistir durante meses. Los tratamientos y terapias médicas ayudan, pero tienen limitaciones. Ante la amenaza de una tercera ola, dos psiquiatras, un médico internista y dos especialistas en Medicina Física y Rehabilitación explican aquí cuáles son las principales secuelas y cómo enfrentarlas debidamente. 

Cuando la mente aún sigue en UCI

Ernesto (45), acompañado por sus dos hijas, se dirigía con premura hacia un hospital del Callao tras haber presentado varios síntomas del Covid-19 durante tres días seguidos. En el pasadizo de emergencias, padre e hijas intercambiaban algunas indicaciones y palabras de aliento mutuo, hasta que un médico internista los interrumpe para notificarles que Ernesto debía ser derivado urgentemente a la Unidad de Cuidados Intensivos (UCI). Las hijas se negaron a aceptarlo: no querían soltar su mano. Minutos después, dos médicos internistas trasladaron a Ernesto en camilla hacia la sala UCI, cuyas puertas se cerraron casi al mismo instante que las del ascensor desde donde sus hijas, entre sollozos, lo despedían con la esperanza de pronto volverlo a ver.

Tres semanas después, Ernesto fue dado de alta. Su familia lo recogió con una mezcla de alegría y preocupación. Aquella noche, cuando intentó dormir, le costó conciliar el sueño: en su mente aparecieron imágenes del trauma vivido en UCI y sentía que se le “cerraba el pecho”. Los días siguientes presentó síntomas de ansiedad, depresión y estrés postraumático.

Al respecto, Jeff Huarcaya, médico psiquiatra y catedrático, señala que estos son algunos de los trastornos mentales más frecuentes en pacientes hospitalizados que superaron el Covid-19.

El doctor añade que entre el 60% a 70% de personas que fueron hospitalizadas en UCI por Covid-19 presentan síntomas de enfermedades de salud mental hasta seis meses después de haber recibido el alta médica. Los pacientes que fueron internados en UCI tienen un mayor nivel de estrés y trauma psicológico debido a la situación de riesgo que afrontaron. Por lo tanto, existen mayores posibilidades de que sufran trastornos psicológicos.

El estrés postraumático es una respuesta psicológica ante una experiencia que pone en riesgo la vida de una persona. Por ejemplo, haber sido internado por un largo periodo en UCI. Huarcaya indica que esta enfermedad tiene tres síntomas principales:

a) Recuerdos constantes y vívidos del hecho traumático a través de pesadillas durante el sueño o flashbacks. Cuando esto sucede, la persona siente que está de nuevo entubada en la cama de una sala UCI. Cualquier estímulo puede desencadenar el recuerdo. Por ejemplo, escuchar el sonido de retroceso de un carro puede recordarle el sonido de un electrocardiograma. En consecuencia, la persona evitará todo ambiente o situación que le recuerde el evento traumático.

b) Trastornos del sueño, que impide a la persona dormirse (insomnio) o permanecer despierta durante el día.

c) Síntomas de hiperalerta. Constantemente vigilará o sospechará de cualquier peligro que desencadene un recuerdo traumático.

Adriana (54), madre de dos hijos, permaneció 34 días en el área UCI de una clínica de San Miguel. Luego de ser dada de alta, sus familiares notaron que no podía dormir con facilidad y recordaba las pesadillas que tuvo frecuentemente durante todo el tiempo que estuvo hospitalizada.

Ana María Zamalloa, médico psiquiatra del servicio de Emergencia del Hospital Víctor Larco Herrera, explica que, según estudios médicos publicados en la revista The Lancet, el estrés postraumático es más frecuente en mujeres y también en aquellos hombres y mujeres entre 50 y 55 años.

Al igual que Adriana, Ernesto tiene complicaciones similares a la hora de dormir, principalmente a causa de los flashbacks del trauma vivido. “Mi papá cuando duerme no es de moverse, pero ahora lo hace continuamente. Se despierta llorando porque sueña que está todavía en UCI y se está muriendo”, refiere su hija. El ciclo de sueño de Ernesto se ha alterado notablemente: ahora solo duerme entre 4 y 5 horas.

La doctora Zamalloa afirma que es necesario que los pacientes que fueron hospitalizados por Covid-19 reciban atención a cargo de un especialista en psiquiatría para la evaluación de su salud mental con el objetivo de que superen el estrés postraumático. Para terminar con los flashbacks, sostiene que es necesario el consumo de antidepresivos, de acuerdo a una receta médica, y psicoterapia.

Entre 60% a 70% de personas que fueron hospitalizadas en UCI por Covid-19 presentan
síntomas de enfermedades de salud mental hasta seis meses después de haber recibido el
alta médica. Foto: Andina.

Ambos doctores explican que la depresión en pacientes que fueron hospitalizados por coronavirus no solo causa tristeza, sino también apatía, anhedonia (escaso entusiasmo por realizar actividades placenteras o interactuar con otras personas), alteraciones del apetito y el sueño y, en menor grado, problemas de concentración y memoria.

Además de los problemas de sueño, la hija de Ernesto detalla que su padre presenta algunos síntomas de depresión, tales como trastornos del apetito, fatiga o pérdida de energía, pensamientos recurrentes de la muerte y  disminución de la concentración. El caso de Adriana es similar, aunque se le añaden síntomas como irritabilidad y poca paciencia.

Para superar esta enfermedad psicológica, Zamalloa recomienda que la persona “realice actividades recreativas o de relajación, como practicar yoga. También debe seguir una dieta alimenticia saludable. Además, sus familiares no deben aislarla, porque ya estuvo separada de ellos cuando fue hospitalizada. Es necesario que recupere sus vínculos interpersonales. Las videollamadas con amigos u otros seres queridos contribuyen a su socialización”.

Adicionalmente, la doctora resalta la importancia de que la persona notifique a su familia sobre su estado de ánimo. Al respecto, el doctor Huarcaya concuerda con esta sugerencia y agrega que es recomendable que el paciente recuperado comparta sus sentimientos y experiencia traumática con otras personas que hayan atravesado una situación similar. A esto se le llama psicoterapia de grupo.

Por último, Ana María Zamalloa menciona que algunos síntomas de ansiedad en personas que fueron internadas por Covid-19 son la sensación de falta de aire, presión en el pecho, pensamientos negativos sobre el futuro, alteración de la dieta alimenticia e intranquilidad al momento de estar en reposo. También presentan cambios bruscos de humor e irritabilidad. Este último síntoma puede ser motivado por el recuerdo del padecimiento del coronavirus o cualquier situación común. “Por ejemplo, alguien no le ayudó a cocinar y eso ocasiona que reniegue con mayor rapidez que antes. La irritabilidad sucede más cuando contradicen sus ideas”, añade.

Huarcaya advierte que un factor que genera mayores probabilidades de que una persona que superó el Covid-19 desarrolle una enfermedad mental es el antecedente de que uno de sus familiares haya fallecido por esa enfermedad.

Otro factor son los antecedentes familiares de trastornos mentales, así como tratamientos y diagnósticos psiquiátricos anteriores de enfermedades mentales. Si previamente la persona sufría de depresión o ansiedad, el contagio de Covid agrava estos trastornos.

Por otra parte, refiere que mientras más prolongada y dolorosa haya sido la experiencia traumática, existirán mayores probabilidades de que sufra de enfermedades mentales.

El trastorno del sueño es una de las enfermedades mentales más frecuentes en pacientes dados de alta tras ser hospitalizados por coronavirus. Foto: Getty Images.

Zamalloa resalta que los principales factores para evidenciar que un paciente recuperado de Covid-19 sufre un trastorno mental son alteraciones en su cambio de ánimo y conducta.

Finalmente, ambos doctores coinciden en que la familia cumple un rol fundamental para ayudar a que un paciente recuperado de Covid-19 supere los trastornos mentales. “Los familiares deben tener paciencia, invitar a la persona a expresar cómo se siente y ser empáticos con ella. Es importante hacerles saber que cuentan con su apoyo. Preguntarles, por ejemplo: ‘Dime en qué te puedo ayudar para superar esta situación’, ‘noto que estás triste, ¿te gustaría hablar al respecto?’”, recomienda Huarcaya.

El médico psiquiatra también recuerda que el Seguro Integral de Salud (SIS) y el seguro de EsSalud ofrecen seguimiento psiquiátrico profesional a través de consultas presenciales o videollamadas. Asimismo, en todo el país hay más de cien Centros de Salud Mental Comunitaria, que brindan atención primaria y especializada a todas las personas que tienen problemas de salud mental.

Cuando el enemigo no da tregua a tu cuerpo

Tras permanecer tendido boca abajo durante varios días, ser resucitado dos veces y ser la causa de alarmantes reportes médicos, milagrosamente Ernesto fue dado de alta. Como principales secuelas físicas, presentaba un aspecto demacrado, disnea (dificultad para respirar), debilidad muscular, hiperacusia (alta sensibilidad del oído), falta de apetito y pérdida del equilibrio. No obstante, con la fe renovada por lo que consideran un milagro, su familia ahora lo ayuda a recuperarse.

Según José Montoya, médico internista del Hospital de Emergencias Grau, las secuelas físicas de pacientes que vencieron al Covid-19 tras permanecer internados en la UCI se pueden dividir en dos grandes ámbitos (a menudo interrelacionados):

1. Ámbito respiratorio: el coronavirus produce una severa reacción inflamatoria en los pulmones. El especialista señala que, en muchos casos, el daño pulmonar no se debe al coronavirus, sino a la propia reacción del organismo —en especial, de los pulmones— para combatir la enfermedad, lo que deriva en el daño a las células pulmonares. Esta complicación clínica se conoce como síndrome de respuesta inflamatoria sistémica (SRIS). Su principal efecto es la falta de saturación del oxígeno, el cual puede causar daños cerebrales, renales y a los demás órganos donde circula la sangre.

Montoya señala que la severidad de las secuelas es directamente proporcional a la gravedad de la enfermedad desarrollada por el paciente. Por ello, los pacientes con gran número de secuelas son, por lo general, aquellos que fueron internados en UCI.

En ese sentido, remarca que una de las principales secuelas es la fibrosis pulmonar. El impacto de esta enfermedad es tal que el proceso de recuperación de una persona convaleciente puede extenderse hasta 8 meses después de ser dada de alta o, incluso, puede tornarse crónica. En este último caso, se requerirá oxígeno artificial para respirar permanentemente.

Entre las principales consecuencias físicas de la fibrosis pulmonar se halla la dificultad respiratoria (disnea) y el síndrome de fatiga crónica. Ambas generan que algunos pacientes se agiten al más mínimo esfuerzo y/o necesiten oxígeno artificial para respirar, aun cuando estén en reposo.

2. Ámbito neurológico: Montoya explica que, debido al prolongado reposo o inmovilidad que supone el internamiento en UCI, la atrofia muscular figura como la principal secuela física. Generalmente, indica el médico, los pacientes con cuadros graves del Covid-19 requieren permanecer hospitalizados de 6 a 8 semanas, mientras que los que pasan a UCI, entre 10 a 12.

Tras finalizar ese periodo, los pacientes deberán iniciar un proceso de rehabilitación que tarda meses, ya que los músculos se habrán atrofiado al haber permanecido inactivos durante un tiempo prolongado.

Algunas de las complicaciones serán la debilidad en los miembros superiores e inferiores y la dificultad para mantenerse de pie, pues su masa muscular se habrá reducido considerablemente, al igual que su fuerza y elasticidad.

En la misma línea, Patricia Sernaqué, especialista en Medicina Física y Rehabilitación del área de Dirección de Prevención y Control de la Discapacidad del MINSA, añade que en el caso de las personas que han permanecido acostadas por más de una semana sin realizar ningún movimiento se puede producir una patología llamada polineuropatía del paciente crítico.

Esta enfermedad afecta al sistema nervioso periférico, es decir, a los nervios de las piernas o de los brazos. En consecuencia, la fuerza y movilidad de la persona disminuyen, lo que a menudo se traduce en el adormecimiento y hormigueo de los miembros superiores e inferiores (brazos y piernas).

Por otro lado, el factor etario también es crucial. El doctor Montoya señala que a mayor edad del paciente, mayor daño muscular tendrá. Por ejemplo, los pacientes entre 70 a 80 años empezarán a desarrollar cierto grado de atrofia muscular tan solo 48 horas después de ser internados.

Según Montoya, el grado de daño muscular varía en función del tiempo de hospitalización. No obstante, en cualquier caso, será necesario que el paciente reciba una terapia de rehabilitación física.

A nivel cardiovascular, una secuela física que se suele asociar con el Covid-19 es la miocarditis. Montoya, sin embargo, precisa que se trata de un mito más sobre la enfermedad. “No es una secuela física. Es la inflamación del músculo cardíaco. El virus ataca al corazón y ocasiona la inflamación de este músculo, lo que a menudo genera arritmia cardíaca y puede ocasionar la muerte súbita del paciente. Pero no es una secuela cardíaca propia del coronavirus”, explica.

Sobre el tratamiento médico correspondiente a la miocarditis, Montoya asegura que es el mismo que se sigue para el Covid-19, esto es, a base de medicamentos genéricos como los corticoides. Además, en caso de que presenten latidos anormales o una grave congestión pulmonar, los convalecientes deben ser administrados con diuréticos. Estos no son medicamentos específicos para el corazón, pero coadyuvan al funcionamiento óptimo del mismo y de los pulmones.

La miocarditis no es una complicación propia de la UCI, sino del virus mismo. Se define como una inflamación del músculo del corazón que, a menudo, genera una insuficiencia cardiaca aguda (ICA) y, en algunos casos, a la muerte de un paciente. Foto: El Universo.

¿Qué tácticas emplear frente al enemigo?

Para enfrentar las secuelas físicas, Montoya enfatiza que cada complicación tiene un tratamiento de acuerdo a un área especializada.

En cuanto a la fibrosis pulmonar, la principal secuela física del virus, señala que solo en algunos pacientes es posible una recuperación casi total de la capacidad pulmonar. Pese a que, a su juicio, no se puede afirmar que esta enfermedad sea irreversible, la mayoría de pacientes dados de alta deberán someterse a un proceso de rehabilitación para paliar sus efectos y, muy probablemente, tengan que aprender a vivir con varias limitaciones.

En cuanto a medicamentos, recomienda el consumo de corticoides y el uso de aerosoles —que funcionan como broncodilatadores— bajo receta médica. “Los corticoides tienen la función de antiinflamatorios. En ese sentido, ayudan a que nuevas células pulmonares empiecen a nacer y se recuperen. También los tratamos con aerosoles para abrir más los bronquios y que los alveolos sanos ventilen mejor”, acota Montoya.

Ahora bien, la fibrosis no necesariamente es una complicación originada por el coronavirus, sino que puede desarrollarse previamente y agravarse a causa de este último; aun así, el médico sugiere que estos medicamentos mantienen su eficacia. “Algunos pacientes tenían algún grado de fibrosis antes de que se contagien de coronavirus, sobre todo los adultos mayores. El Covid-19 empeoró su situación. Por eso, los corticoides sirven para bajar la inflamación”, asegura.

Sobre este asunto, Josselyn Ballón Ruiz, técnica geriátrica especializada en terapia física por la Universidad de la Cantuta, detalla que se debe realizar una terapia de respiración (nariz y boca) y retención de oxigenación. Esta última consiste en respirar solo por la boca para que los pulmones vayan trabajando lentamente y así analizar si realizan correctamente o no su función. “Es un ejercicio progresivo. Se empieza siempre con dos segundos [de retención del oxígeno] y de a pocos se le va aumentando el tiempo”, añade Ballón.

Asimismo, la fisioterapeuta asegura que inflar globos (de tamaño 9 o 12) puede ayudar a suplir las deficiencias respiratorias, lo que debería complementarse con pastillas y medicamentos recetados por los médicos al paciente tras ser dado de alta.

Por su parte, Patricia Sernaqué sostiene que el tratamiento de la disnea varía en función de su gravedad. Si la disnea es severa y le impide respirar, el paciente debe acudir a un establecimiento de salud para su adecuada atención. En cambio, si la disnea es leve, debe hacer ejercicios respiratorios simples como los indicados líneas arriba por Ballón.

“Esto incrementa nuestra capacidad pulmonar, ya que expande nuestra caja toráxica y permite que los alveolos se abran. Una vez que la persona está más recuperada, puede hacer estos ejercicios de pie o sentada. También puede realizar movimientos de brazos hacia los costados y arriba mientras inhala y exhala. Otro ejercicio recomendado es inhalar y exhalar con el cuello girado hacia el lado derecho o izquierdo. Esto incrementa la movilidad de los músculos del cuello”, afirma Sernaqué.

En cuanto a las secuelas neurológicas, Montoya sostiene que, en el caso de las complicaciones musculares, lo más importante es la rehabilitación a cargo de los fisioterapeutas. Al respecto, Sernaqué señala que los ejercicios de fisioterapia dependerán del grado de compromiso físico que tenga el paciente, pues hay algunos que tendrán afectada solo una de las siguientes partes: pulmonar, nerviosa o cardíaca.

Sernaqué recomienda a los pacientes que realicen ejercicios aeróbicos poco después de ser dados de alta. Por ejemplo, completar los rangos de movimiento de las extremidades y de las manos: abrir y cerrar las manos, flexionar y extender por completo los brazos y piernas. En tanto, Ballón propone ejercicios físicos de calentamiento y entrenamiento ligero de piernas, así como levantamiento de mancuernas extralivianas (menos de dos kilos) con descanso de un minuto. Estas son las terapias físicas más efectivas para ayudar a recuperar los músculos y articulaciones.

***

Utilizando la pequeña sala de su departamento como espacio de rehabilitación física, Ernesto trata de completar con mucho esfuerzo los ejercicios que le dirige su fisioterapeuta. De pronto, pese a las arengas motivacionales de sus familiares, el apoyo moral de la especialista y sus admirables progresos registrados desde su retorno, Ernesto languidece preso del trastorno ansioso depresivo que heredó del trauma vivido en UCI. Luego de la faena, se rehúsa a ingerir sus alimentos provistos por la nueva dieta que adoptó. En la noche, dada la incomodidad que supone las úlceras de decúbito legadas por la hospitalización, intenta dormir en múltiples posiciones, pero aun así no logra conciliar el sueño. Empieza a jadear: los pensamientos recurrentes de la muerte le sobrevienen y lo abruman sobremanera. Brama de dolor. Sus familiares acuden rápidamente a su auxilio.

***

“El paciente debe saber que la terapia física se realizará a su ritmo”, remarca Sernaqué al respecto. “Si siente que tiene disnea, mareos o algún otro malestar, la terapia se detiene y esperamos diez minutos hasta que se tranquilice. Luego, volvemos a intentar los ejercicios. Si vuelve a presentar los mismos malestares, se recomienda aplazar la rehabilitación por un día. En paralelo, se le brindará terapia psicológica”. La rehabilitación física debe ser integral: la realiza un fisioterapeuta y un psicólogo. De ser necesario, también partipará(n) un cardiólogo y/o un neumólogo.

Por otro lado, la especialista manifiesta que el apoyo familiar es un factor capital para el proceso de recuperación del paciente. “La familia debe apoyarlo principalmente en su dieta, en las terapias físicas y en el aspecto psicológico”, refiere Sernaqué. “Es importante que sus familiares también reciban una charla de orientación antes de que el paciente sea dado de alta, donde se le indique qué complicaciones puede padecer su familiar y qué debe hacer el paciente al llegar a casa”, añade.

Asimismo, indica que los familiares deben apoyarlo con la alimentación mediante la implementación de una dieta rica en proteínas (carne, pescado, leche, etc.) y vitaminas, amén de otros nutrientes esenciales como las grasas saludables o el agua.

***

A la mañana siguiente, bajo la esperanza de remediar sus dolencias, los familiares de Ernesto lo instan a ingerir suplementos vitamínicos y, luego, a beber un brebaje casero preparado a base de hierbas medicinales. Así habían procedido desde la primera vez que le detectaron la enfermedad (Grave error).

***

Para tales casos, Sernaqué advierte: “No hay ningún medicamento comercial que funcione, ni la vitamina C, D, ni el Pulmocare. Varios estudios han demostrado que los medicamentos comerciales no tienen el mismo beneficio que una alimentación rica en proteínas.

El mejor tratamiento es realizar los ejercicios de rehabilitación y seguir una dieta adecuada”. Pero, ¿qué hay de los pacientes que muestran una notable mejoría en su proceso de rehabilitación física?, ¿qué recomendaciones médicas deben seguir? Para la especialista, el deporte puede servir como un complemento perfecto para su recuperación total, aunque, eso sí, bajo ciertas condiciones.

“Una vez que la frecuencia cardíaca de la persona recobre su ritmo normal y, por tanto no se canse al caminar, podrá empezar a hacer su vida de manera normal. El deporte la ayudará a prevenir la fibrosis pulmonar o a sufrir una recaída y, además, disminuirá el riesgo de diabetes o hipertensión”, sugiere.

La fibrosis pulmonar es una de las principales secuelas físicas. Para enfrentarla correctamente, se debe iniciar una terapia de rehabilitación física que incluya ejercicios de respiración. Foto: Desansiedad.

***

Actualmente, con la asesoría médica de infectólogos y fisioterapeutas, la familia de Ernesto continúa apoyándolo en su proceso de rehabilitación física y psicológica. Las medidas de bioseguridad en su casa se extremaron, las costumbres de higiene personal cambiaron radicalmente —al igual que la distribución de roles—, y ahora no aceptan visitas de amigos y/o familiares, salvo que presenten previamente una prueba de antígeno negativa. No obstante, luego de la borrascosa experiencia familiar cuyos lastres repercuten hasta hoy, Ernesto sonríe: puede abrazar por fin a sus seres queridos, recibir los cuidados médicos correspondientes desde la seguridad de su hogar y despertar cada mañana con la esperanza de restablecer pronto su salud.