El tratamiento sesgado de las noticias por parte del Grupo El Comercio se ha vuelto más notorio durante la coyuntura actual. A continuación, una breve historia de la forma en que se han manifestado los intereses del diario en esta crisis y otras más.

Por Fátima Chávez

La aparición del COVID-19 y la cuarentena han podido evidenciar el poco o nulo espacio que se brinda en los medios del Grupo El Comercio a determinados temas y representantes de ciertos partidos políticos. Por cuestiones ideológicas, no extraña que voces del Frente Amplio o el Frepap no tengan gran cabida en sus diarios o programas televisivos, pero ha resultado particular el abordaje de ciertos temas importantes en contextos de crisis como este.

Su agenda mediática parece estar del lado de las empresas. Así, la cobertura a las quejas que hubo sobre el mal servicio de delivery por parte de empresas como Saga Falabella o Ripley (cuya publicidad ha sido usual en este grupo) fue tardía. De igual forma, omitió dar información sobre los reclamos de los trabajadores de estos retailers. Además, llama la atención el tipo de cobertura que el diario El Comercio le hizo a la controversia entre las clínicas privadas y el Gobierno para llegar a un acuerdo por el monto a cobrar por la atención a pacientes graves de COVID-19.

Problemáticas como estas demuestran poca pluralidad a la hora de informar. Para entender este tipo de inclinaciones hacia intereses políticos y económicos, es necesario revisar su historia, pues no es la primera vez que sucede.

El diario El Comercio, fundado en 1839, es el medio de prensa escrita más antiguo del Perú. En la actualidad, el Grupo El Comercio es la compañía más grande de medios de comunicación en el país. Tras adquirir el 54% de las acciones de Epensa en 2013, el conglomerado pasó a dominar el 77,86% del mercado de venta de diarios; en estos, la vinculación con las empresas del conglomerado (y de sus accionistas) es evidente en términos de publicidad y cobertura informativa.

Según el libro El Comercio y la política peruana del siglo XXl, uno de los primeros ejemplos de inclinaciones políticas que manifestó el diario ocurrió el año 1931. José Yrigoyen Miró Quesada señaló que su abuelo, Carlos Miró Quesada, tenía antipatías hacía el APRA, simpatizando con Sánchez Cerro durante la época. Esto generó que El Comercio realizara campañas antiapristas, acusando al partido de “comunista, antipatriótico y anticatólico”. Aun en estos años, cuando todavía no era un gran grupo de poder, el diario logró influir en el voto de los ciudadanos.

Si bien El Comercio no vocifera explícitamente a qué partidos políticos o pensamientos favorece, los comentarios y notas escritos por sus periodistas más conocidos nos dan pistas del discurso que maneja el medio. Un caso es Federico Salazar, quien no solo conduce un programa de noticias todos los días en América TV (canal perteneciente al Grupo), sino que, regularmente, también publica columnas de opinión en El Comercio. En estos espacios, Salazar critica arduamente al Gobierno y las pérdidas económicas que se desprenderían del accionar de este. Columnas tales como “Eres un irresponsable”, “Respirador para la economía” y “Virus publicitario” transparentan la tendencia liberal y opositora del periodista.

Otro ejemplo es Mario Ghibellini, un analista político que se desempeña como periodista, y se define como liberal. Ghibellini es editor en El Comercio, tiene una columna de opinión en el diario y es entrevistador en Canal N. En una de sus más recientes columnas, Ghibellini llamó “bravuconada” al ultimátum dado por el presidente Vizcarra a las clínicas privadas con relación a los cobros excesivos.

Algo que estos dos periodistas tienen en común es su pasado como parte del diario La Prensa y sus corrientes ideológicas. Este medio tuvo como dueño a Pedro de Osma, perteneciente al Partido Demócrata, y después a Augusto Durand, quien fue presidente del Partido Liberal.

La ficción también podría brindar más luces sobre estas conexiones. En su libro Los últimos días de La Prensa, Jaime Bayly rememora sus épocas universitarias, en las que formó un grupo con jóvenes estudiantes de la Pontificia Universidad Católica del Perú. Entre ellos nombra a gente como Federico Larrañaga (posible pseudónimo de Federico Salazar), Mario Ghibellini, Enrique Ghersi, Juan Carlos Tafur, Carlos Espá, Freddy Chirinos e Iván Alonso, entre otros personajes que eventualmente adquirieron notoriedad en diferentes sectores.

Además de contar sus vivencias y excesos, Los últimos días de La Prensa nos da una idea de la unión que poseía el grupo de Bayly, a través de la ideología y su tendencia liberalista.

Una interesante coincidencia de la predisposición de la compañía El Comercio a contar con estos periodistas con fuertes ideologías arraigadas es que la conducción del programa Cuarto Poder estaba a cargo de Espá, entre los años 2002 al 2004. Fue retirado del programa luego de un altercado con el expresidente Alejandro Toledo; desde entonces no ha vuelto a aparecer en la televisión peruana, salvo una breve participación como conductor en TVPerú en un programa especial por la Cumbre ALC – UE durante el gobierno de Alan García.

Su simpatía por este personaje se ha hecho evidente en varias columnas publicadas en el Diario Correo y en el libro de entrevistas financiado por Odebrecht y otras empresas que Espá apoyó en realizar.