FOTO: Rolando Mondragón.

Cada noventa minutos una mujer desaparece en el Perú

Entre enero y junio de este año cerca de tres mil mujeres han sido reportadas como desaparecidas a nivel nacional, según cifras del informe ¿Qué pasó con ellas? de la Defensoría del Pueblo. Más de la mitad son menores de edad.

Por Bárbara Contreras

Esthefany Díaz tenía 22 años cuando desapareció junto con sus dos hijas, Tatiana (5) Yamile (7 meses) en abril del 2016. Lo último que su familia supo de ellas fue que habían asistido a una fiesta infantil en el distrito de Ventanilla invitadas por su prima. Desde entonces, la incertidumbre y la angustia de no saber qué les ocurrió atormentan a sus familiares. Hoy se cumplen más de cinco años desde que Patricia Acosta, madre y abuela de las desaparecidas, exige que la fiscal del caso cumpla con realizar las investigaciones que revelen qué sucedió con ellas.

Esthefany, Tatiana y Yamile son parte de una estadística que año tras año aumenta en el país. Desde inicios del 2021, más de 2891 mujeres han sido reportadas como desaparecidas a nivel nacional, según el informe ¿Qué pasó con ellas? de la Defensoría del Pueblo. Del número total de desaparecidas, 1819 son menores de edad. Estas cifras indican que una denuncia por desaparición de una mujer es interpuesta en las comisarías cada hora y media en el país.

La información sobre cuántas de estas mujeres aparecen y en qué condiciones lo hacen no es accesible. “La Policía no transparenta las cifras de mujeres que han sido ubicadas ni cuántas fueron encontradas con o sin vida. Esto impide advertir qué consecuencias genera la desaparición en las víctimas y si hay patrones en común de lo que sucede con ellas”, señala Isabel Ortiz, representante de la Defensoría del Pueblo en el área de Derechos de la Mujer.

Lo que sí es conocido respecto de estas denuncias es que suelen estar ligadas a algún tipo de delito: secuestro, violencia sexual, feminicidio o trata de personas. “La desaparición de mujeres puede significar un mayor riesgo, especialmente para la vida e integridad”, afirma Ortiz.

En efecto, de los 76 feminicidios ocurridos en lo que va del año, por lo menos un 12% de las víctimas habían sido reportadas como desaparecidas previamente. 37 de estas mujeres fueron presuntamente asesinadas por sus parejas o exparejas.

Familiares de desaparecidas se reúnen para exigir justicia y denunciar la impunidad en las investigaciones. Foto: Héctor Jara – La República.

Las mujeres desaparecen más

Hasta octubre del año pasado, el Estado no contaba con un registro nacional de información de personas desaparecidas, pese a la Ley 28022, que establecía su obligatoriedad. Esto dificultaba la elaboración de políticas públicas frente a las desapariciones, pues se desconocían las cifras y la magnitud exacta del problema.

Hoy el sistema se encuentra en marcha. Se cuenta con el Registro Nacional de Información de Personas Desaparecidas (RENIPED), así como con un sistema de activación de notas de alerta de estos casos. Las cifras que se reportan cada mes desde Defensoría se alimentan principalmente de estas notas, haciendo un conteo por cada mujer desaparecida que figura en ellas.

No obstante, la plataforma no diferencia a las personas por género, pese a que las menores de edad denunciadas como desaparecidas representan el 83% del total de niños y adolescentes no habidos. Esto hace difícil identificar las situaciones que aumentan las probabilidades de que las mujeres desaparezcan, impidiendo la creación de una estrategia específica para enfrentar estas cifras.

Respecto de ello, Isabel Ortiz subraya la necesidad de incorporar la desaparición como una forma de violencia contra las mujeres. “De esta forma podría incluirse dentro de los planes nacionales de lucha contra la violencia de género, logrando dar una mayor visibilidad al problema y haciendo que se especialicen los servicios de atención a las víctimas”, precisa.

Notas de alerta emitidas por cada denuncia que se realiza en comisaría. Foto: RPP Data.

Demoras e impunidad

Más allá de los problemas que puedan presentarse con el registro, la representante de Defensoría señala que el rechazo de las denuncias o el traslado de responsabilidad a la víctima es uno de los principales factores que vuelven ineficiente la búsqueda de estas mujeres.

“Por prejuicios de género y estereotipos se justifican este tipo de hechos y no se aceptan las denuncias hasta tres o cinco días luego del conocimiento de la desaparición. Esto tiene como consecuencia que los mecanismos de búsqueda ya no sean efectivos, puesto que el tiempo de las 72 horas—decisivo en los casos de desaparición– ya transcurrió”, explica Ortiz.

La demora en el avance de las investigaciones también se debe al incumplimiento de las empresas de telecomunicaciones en la entrega de datos que permitan localizar a los desaparecidos. Hasta la fecha estas empresas no cuentan con ninguna sanción penal por no brindar de manera oportuna la información de geolocalización de la persona a la policía, retrasando investigaciones donde el tiempo es crucial.

Para la cuñada de Esthefany, Jenny Pajuelo, la clave del caso de su pariente y sobrinas siempre estuvo en el teléfono móvil de Esthefany y las conversaciones que mantuvo con su prima poco antes de desaparecer. Sin embargo, la familiar cuenta que los técnicos de la DIRINCRI no se encontraban capacitados para solicitar ese tipo de información. “La geolocalización de su celular se pidió 45 días luego de la desaparición. Si se hubiese hecho a tiempo habríamos tenido más referencias de dónde empezar la búsqueda”, denuncia Pajuelo.

De izquierda a derecha: Tatiana (5), Esthefany (22) y Yamile (7 meses), desparecidas hace más de cinco años. Foto: RPP Data.

El caso de Esthefany y sus dos hijas se encuentra archivado hasta el encuentro de nuevos indicios. Los familiares reclaman que las acciones de búsqueda por parte de las autoridades y operadores de la justicia se hicieron demasiado tarde.

“Esthefany, Tatiana y Yamile pudieron ser víctimas de trata, de un posible feminicidio, pero al Estado nunca le importó. Como familia sentimos que hemos agotado todas las rutas posibles para encontrarlas. Ya no sabemos qué otro paso más seguir. Los recursos se acaban y ni siquiera contamos con un representante legal por parte del Ministerio de la Mujer. Es una búsqueda que asfixia, que amarga y que cansa al alma”, afirma Jenny Pajuelo.

Las miles de personas que cada hora y media denuncian la desaparición de hijas, madres, hermanas y amigas se unen a este sentir.

Para más información y actualizaciones del caso puedes seguir a la página de Facebook “Buscándote Estefhanny Díaz Acosta”.