FOTO: Esteban Marchand para El Comercio

Arturo Dávila: Ser trans y marrón en una sociedad conservadora y excluyente

Arturo Dávila dejó Trujillo hace seis años para embarcarse rumbo a Lima y perseguir su sueño de convertirse en un cineasta. Al mismo tiempo, él se encontraba iniciando su proceso de transición, el cual tuvo que detener por dos años debido a que lo despidieron del trabajo y se quedó sin dinero. Arturo era un joven apasionado por la escritura y la dramaturgia. Después de tener que trabajar para sobrevivir, él reconoce que el camino no ha sido sencillo. Arturo, quien ahora se desempeña como gestor cultural, escritor, productor, dramaturgo y cineasta en formación, narra las dificultades que ha sobrellevado con respecto a su transición, los obstáculos económicos, políticos y sociales que atraviesa la comunidad trans.

Por Macarena Bendezú 

Para acercarse al mundo del cine, Arturo recuerda que durante mucho tiempo laboró como supervisor logístico, promotor de eventos, encuestador, entre otros oficios, a cambio de salarios que no superaban los mil soles. La discriminación de la que ha sido objeto Arturo es moneda corriente en la comunidad trans. De acuerdo con la II Encuesta Nacional de derechos de la población LGBT, el 37% de personas en el país no se encuentra dispuesto a contratar a personas trans. Las desigualdades concernientes a la comunidad trans no son homogéneas. Pese a que él pertenece al 3% de trans masculinos, según información brindada por Promsex (2020), declara que su identidad se construye en función a otros aspectos adicionales que, en ocasiones, han resultado ser objetos de discriminación.

Soy un migrante marrón, descendiente moche andino”, afirma Arturo, quien revela que cuando postula a algún empleo su apariencia ha sido motivo de rechazo. 

En los dos últimos años, a causa de la crisis sanitaria, las desigualdades económicas se han agravado dramáticamente. Arturo detalla que “la pandemia solo ha hecho que se vuelva exponencial el problema de la comunidad trans”. La falta de oportunidades laborales se ha agravado, lo que ha propiciado que este sector históricamente marginado sea mucho más vulnerable. Los bonos de subsidio gubernamentales nunca llegaron a sus manos.

Frente a este panorama desolador, Arturo decidió crear junto a personas trans y no binaries una plataforma de trabajo llamada “Llego Delivery” para autocontratarse. Comenzaron el proyecto gracias a la donación de bicicletas usadas, las cuales, poco a poco, fueron arreglándolas para utilizarlas como herramienta para el empleo. También crearon elementos distintivos; chalecos y gorras con su logo emprendedor. “Hemos llevado de todo: laptops, tesis, cosas para devolver del ex de alguien”, cuenta Arturo entre risas. Precisa que desde noviembre del 2020 hasta la actualidad se han realizado 700 entregas.

Miembros/as/es de «Llego Delivery». Foto: Humnx Lima.

Pese al esfuerzo sumado para desarrollar este proyecto, en ocasiones, no han contado con los suficientes recursos para apoyar a sus miembros. La demanda de pedidos de reparto es irregular. Además, explica Arturo, tienen que competir con otras empresas de delivery que cuentan con equipos motorizados y aplicativos que permiten mayor rapidez en las entregas. “Hay que sacarle la vuelta al sistema para que todas estas personas que dicen ser aliadas hagan el delivery con nosotros y sean aliados de acción directa, aliados de verdad”, resalta Arturo. Él hace alusión a las personas no pertenecientes a la comunidad LGBTIQ+ que los apoyan en palabra, más no en acción. Actualmente, se encuentran en búsqueda de donativos económicos para reflotar su emprendimiento y expandir su iniciativa por Trujillo, Chiclayo, Arequipa y Cusco, con el objetivo de generar una red de soporte nacional entre la comunidad trans y no binarie del Perú.

La identidad como derecho negado para las personas trans

Hace aproximadamente un año, la Comisión de la Mujer y Familia presidida por Carolina Lizárraga, aprobó un pre dictamen. En este determina que nadie debe ser restringido a servicios básicos como la salud por su identidad de género. Sin embargo, el proyecto de ley N° 790, iniciado en 2016 y referido al derecho de cambio de nombre y sexo en los documentos de identidad de las personas trans, fue archivado por el Congreso anterior.

Ante la ausencia de una ley que reconozca y norme este derecho, el único mecanismo vigente para visibilizarse ante el Registro Nacional de Identificación y Estado Civil (RENIEC) es mediante un proceso judicial. No obstante, en el año 2019, la Comisión Nacional contra la Discriminación señaló que de 140 procesos judiciales en los que se solicita el cambio de nombre y sexo de personas trans, solamente cuatro fueron resueltos a favor.

Retrato de Arturo Dávila. Foto: Jhon Reyes.

Arturo se basa en la jurisprudencia de la Corte Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) para afirmar que la decisión de cambio de nombre y sexo forma parte de sus derechos. Las reformas legislativas deben apuntar a que esta decisión pueda ser realizada mediante un simple trámite administrativo. El gestor cultural expresa que los procesos judiciales no son eficientes, lo que genera un desgaste económico y mental para quienes se enfrentan a ello. Señala, además, que sufren discriminación cuando les piden que modifiquen sus nombres sociales por uno unisex en lugar de escoger sus nombres haciendo uso de su libertad a plenitud. 

La escritura y cinematografía como mecanismo de salvación 

La vida de Arturo no ha sido sencilla. Él, como distintas personas pertenecientes a la comunidad LGBT, ha pasado por “terapias de conversión” e intentos de suicidio. En esa línea, el gestor cultural declara que a través de la escritura “podía vomitar lo que sentía”, por lo que ahora considera que este arte le salvó la vida. Así, su labor como dramaturgo lo ha llevado a dirigir su arte como un modo de reflexión en el que busca demostrar que los trans son más que “una persona con peluca y falda”. Él considera que su trabajo conlleva una responsabilidad de comunicación, conexión y empatía con los demás para luchar por sus derechos.

Arturo también se desenvuelve de forma autónoma en su carrera de cineasta. A la par, es miembro fundador de una productora trans en formación llamada “Se Logra Producciones”. El último trabajo para el que colaboró desde el equipo de producción es en el documental “Bajo el arcoíris” de “Más Igualdad Perú”. La esencia de las producciones de Arturo se sustenta en el aprendizaje, creatividad y ayuda constante, debido a que todavía no cuenta con recursos propios. El gestor cultural explica que esta propuesta escénica contará la historia de la comunidad LGBTIQ+ en Lima, Callao, Cusco e Iquitos. “¿Dónde queda la lucha de cada ciudad? El documental «Bajo el arcoíris» es una apuesta por hacer registro de lo que nadie quería registrar”, señala Arturo. Él invita a visualizar el contenido publicado en la plataforma digital de “Más Igualdad Perú” en YouTube.

Pin hecho por Arturo Dávila. Foto: @lachamanatrans

Arturo invita a revisar su contenido en Instagram (@lachamanatrans) y apoyarlo con la venta de su laptop. Con el dinero obtenido, continuará con los proyectos que le asignan dentro de la escuela cinematográfica “Salvajes”, en la cual fue aceptado por su talento y compromiso. También comenta que está en venta su poemario «Las Luces y las Flores” para todos los interesados en envolverse en este arte. También vende pines con frases que dicen “Alguien que amo es trans”.

Después de haber contado su historia de vida y de lucha, por la visibilidad y supervivencia de la comunidad trans, Arturo envía un mensaje a la sociedad. Él invita a la difusión y colaboración con el trabajo de sus pares a través de las redes y otros medios con el objetivo de seguir fortaleciéndose entre sí. Tales acciones contribuyen con el derecho de las personas trans a llevar una vida digna y sin miedo. Él sostiene que su trabajo no solo abraza una manera de subsistir, sino también de lucha constante, por lo que es momento de que “pasemos del like a la acción».

Arturo esperanzado por el porvenir. Foto: Jhon Reyes.