La misión de Rupa Flores: capturar el caos y la protesta

Ilustración: Killa Cuba

Dos años han transcurrido desde las manifestaciones multitudinarias que se trajeron abajo al régimen ilegítimo de Manuel Merino. Brayan Rupa Flores, un fotógrafo independiente que vive para documentar el descontento popular, registró los momentos más épicos y violentos de esas jornadas de lucha en las que fueron asesinados Inti Sotelo y Brian Pintado. Las imágenes que Rupa captura las difunde en redes sociales buscando que activen la acción ciudadana. En esta crónica cuenta lo que significó para él salir a ‘fotear’ en los momentos más turbios de Lima, la horrible. 


El calendario indicaba que era el 12 de noviembre del 2020. A las 5 de la tarde la Plaza San Martín estaba colmada por una multitud que exigía la renuncia de Manuel Merino. Brayan Flores, conocido como Rupa, había llegado a documentar la protesta con su cámara Sony Alfa 73. Conforme pasaban las horas el centro de Lima se transformaba en el escenario de un enfrentamiento entre policías y manifestantes. 

Fue una larga noche y Rupa estuvo en primera línea. Piedras y perdigones estuvieron a centímetros de herirlo. “En ese momento la marcha dejó de ser marcha y se convirtió en un enfrentamiento cargado de violencia”, recuerda ahora, dos años después. Solo se escuchaban gritos y disparos, pero él no dejó de documentar el minuto a minuto de la protesta.

Noviembre 2020, centro de Lima. Protestas contra el gobierno de Manuel Merino. Foto: Rupa Flores.

De pronto notó la presencia de un anciano que caminaba hacia los policías y, fiel a su instinto, se acercó a capturar lo impredecible con su cámara. “Ya, pasa tío”, escuchó que le gritaron. Avanzar unos metros siguiendo los pasos de ese hombre tuvo un costo: varios perdigones lo alcanzaron en el rostro, la espalda, la mano y la rodilla izquierda.
“En ese momento no sentí dolor ni temor porque estaba estimulado por la adrenalina”, refiere. Sin embargo, un colega fotógrafo le hizo notar que no se encontraba bien: “Oye, te está sangrando la cara”. Conforme pasaban las horas, Rupa comenzó a sentir el dolor de todas las heridas abiertas en su cuerpo a causa de los perdigones.

“Tenía el visor de la cámara en el rostro y dos proyectiles fueron dirigidos directamente allí”, recuerda Rupa.
12 de noviembre de 2020. Un adulto mayor confronta a los policías. Tras captar esta imagen, los policías dispararon una carga de perdigones contra Rupa. Foto: Archivo personal.

Tiene 28 años y es el hijo menor de dos inmigrantes. Su madre es oriunda de San Martín y su padre, de Ancash. Él nació y se crió en Lima. En casa le enseñaron a valorar su cultura.Es un joven autodidacta e independiente que ahora busca proyectar sus raíces a través de la fotografía. Registrar el descontento y el conflicto social es uno de sus objetivos.  

Las protestas de noviembre de 2020 tuvieron un impacto en sus trabajos fotográficos. El hecho de ser víctima de la violencia que se ejerció durante esos días permitió que desarrollara una mayor sensibilidad y cercanía con lo que ocurría a su alrededor.

Las marchas contra Manuel Merino fueron reprimidas con brutal violencia. Foto: Archivo personal.
Noviembre de 2020, plaza San Martín. La bandera se convierte en escudo. Foto: Archivo personal.

¿Por qué Rupa?

Se llama Brayan y Rupa es su seudónimo. En quechua significa ‘calor’ o ‘lo que quema’. Sus fotografías también queman; muestran los momentos más duros de la confrontación callejera.

  • Papá, ¿qué nombre debería usar para fotear?
  • ¿Qué has pensado?
  • Bueno, tiene que ser algo con significado. No seré Brayan Fotos – ríe – y tampoco usaré algo en inglés, tiene que ser en quechua. 
  • ¡Ponte Yapa! ¡Cóndor! ¡Picaflor! ¡El Jaguar! 
  • Ninguno me convence. 
  • Ponte Rupa, entonces. Finalmente tú eres así.

Comunicar a través de la fotografía 

Empezó su vida laboral editando videos, pero no estaba satisfecho con lo que hacía, no sentía que era una forma de expresarse. Lo contrario ocurría con la fotografía, una forma de registrar la realidad que no le era ajena. En su familia siempre estuvo presente. Su tío tenía un estudio fotográfico en la Plaza Mayor de Tarma. Allí se trabajaban las imágenes en base a la técnica de colodión. “Tiré todo al tacho y dije, bueno, tengo una cámara, unos lentes y voy a salir a tomar fotos”. Así recuerda el momento en que decidió cambiar de oficio e inscribirse en un instituto para aprender técnicas de fotografía. No obstante, debió dejar los estudios a medio camino. Necesitaba trabajar para vivir.
Así como su familia llegó a Lima en busca de nuevas oportunidades. Rupa destaca que el casco histórico de la ciudad es también el lugar al que llegan miles de personas a protestar. “Siempre me he sentido atraído por las manifestaciones porque en ellas existe una interacción social muy compleja. Confluyen muchas personas, con diferentes necesidades e intereses y todos reclaman derechos. Lo que más me cautiva son las expresiones de la gente”. Así es como Rupa describe lo que registra en las calles.

Noviembre de 2020, centro de Lima. Arriba, manifestantes en el Parque Universitario. Debajo, policías listos para reprimir la protesta en la Plaza San Martín. Foto: Archivo personal

Rupa también cubrió las alborotadas protestas llevadas a cabo durante la polarizada segunda vuelta electoral de 2021. Decidió documentar tanto las manifestaciones anti-Keiko como las anti-Castillo. Fotografiar a los partidarios de dos opciones políticas antagónicas tomando las calles, en unos casos derrochando entusiasmo y en otros, indignación y hasta violencia, tenía mucho que ver con su pasión por capturar escenarios. “Vivimos una época en la que es necesario documentarlo todo. Lo que más disfruto de estar en diferentes espacios es registrar las expresiones humanas”, comenta.

Junio de 2021, plaza San Martín. Fotografías de la marcha No a Keiko durante la segunda vuelta electoral. Foto: Archivo personal.
Rupa documentó las marchas “anticomunista” y “anti fujimorista” en el 2021. Aquí se observa al grupo La Resistencia mostrando su apoyo a Keiko. Foto: Archivo Personal.

Rupa disfruta mucho del heavy metal, “es muy fuerte, rápida y potente, al igual que las manifestaciones”, compara. Para él, presenciar cómo vuelan las piedras, se disparan perdigones, se esparce gas lacrimógeno y resuenan los gritos lo llena de emoción. Tanto en el metal como en las protestas callejeras encuentra caos y catarsis. 

“Dentro de todo el caos, hay belleza. Al estar con las emociones a flor de piel, las personas pierden los tapujos y poder retratar esa experiencia es muy emocionante”, explica Rupa. Su placer por fotografiar estos hechos reside en encontrarle un orden y significado al caos urbano. 
La fotografía documental registra un fragmento de realidad. Rupa tiene claro que dedicarse a este género requiere de una responsabilidad muy grande porque detrás de cada imagen capturada hay un mensaje específico que se transmite al receptor. “Lo bello de compartir fotos es comunicar, allí calza el propósito”.