El 5 de octubre del año 2014, Juan se convirtió en Juancito, nombre que le gusta utilizar para referirse a la nueva persona que nació tras sufrir la amputación de ambas piernas, hecho que cambió el rumbo de su vida. La discapacidad pasó de ser un “por culpa de” a un “gracias a”, y lo llevó a representar al Perú en campeonatos internacionales de paranatación, conocer a su novia (con quien vive en una casa prefabricada), llenar de orgullo a su familia y, sobre todo, mejorar la calidad de vida de otras personas. La pandemia no lo ha detenido. Ahora Juancito lidera una asociación que reparte víveres en once ollas comunes creadas en el distrito de Santa Rosa, y que benefician a más de un centenar de familias.

Por María Fernanda González Labbé

Juancito ha trabajado de todo. A los ocho años ayudaba a su madre trabajando como vendedor ambulante. Ha sido carpintero, mecánico, albañil, cobrador de combi y vendedor de libros. Fue en uno de estos trabajos, en una recicladora clandestina, donde sufrió un accidente el 24 de julio del año 2014. Estaba pateando una lata y no se percató de que estaba llena de un líquido tóxico. Pateó tan fuerte que la lata se abrió y el contenido salpicó al fuego donde quemaban basura. Su cuerpo se cubrió de llamas. Él intentó apagar el fuego pero no lo logró. Horas después apareció en el Hospital Nacional Daniel Alcides Carrión, con un dolor intenso que lo debilitaba poco a poco. Tras casi tres meses luchando por su vida en operaciones e injertos, recibió la noticia que lo cambiaría todo. Sus piernas debían ser amputadas para que él pueda sobrevivir: “Bueno pues, a empezar de cero”, le dijo su doctor, palabras que por siempre quedarán en su mente.

Esta desgracia dejó en él mucha tristeza, frustración y una desmotivación que lo llevó a pensar que su vida había dejado de tener valor. Fue en las terapias físicas donde Juancito vio a otras personas, en situaciones mucho más dolorosas a la suya, que intentaban salir adelante. Entonces dejó de quejarse, se propuso ser una mejor persona y cambiar su calidad de vida. Para estar preparado ante lo que le esperaba en el futuro, en el año 2016 empezó a estudiar cursos de desarrollo personal, liderazgo, motivación de personas, asesoría de ventas y atención al cliente en la Universidad de la Fundación Pachacutec.

“Yo salí a buscar trabajo y encontré el deporte”

Parte de su rutina diaria como estudiante era también trabajar. Todos los días subía a micros con una mochila vacía, pero llena de los sueños inconclusos que había dejado su accidente. Vendía libros de autoayuda y así generaba un ingreso diario de aproximadamente 80 soles, los cuales ahorró para comprarse un terreno propio.

Una conversación en medio de un día de ventas en noviembre del año 2016 lo marcaría para siempre. Renzo Parejas, entrenador de paranatación en la Asociación Nacional Paralímpica, se le acercó mientras vendía sus libros en un micro y lo invitó a la piscina del Campo de Marte tras contarle que su cuerpo tenía las condiciones físicas perfectas como para poder realizar este deporte. “Yo no te voy a poder comprar, pero sí te puedo dar una oportunidad”, recuerda Juancito que le dijo el entrenador.

Medalla de participación en los Juegos Parapanamericanos Lima 2019. FOTO: María Fernanda González.

Juancito apareció en el Campo de Marte ese mismo día a las cinco de la tarde y se lanzó a la piscina, confiado de las habilidades que tenía antes de su accidente. “Casi me ahogo”, cuenta. Su torso había perdido casi toda la fuerza que tenía, pero eso no lo detuvo. Al finalizar una semana de pruebas diarias, logró cruzar la piscina con una rapidez que sorprendió a todos los entrenadores.

Desde entonces, la natación se convirtió en su pasión. El año pasado alcanzó uno de sus sueños más grandes, compitió en los Juegos Parapanamericanos Lima 2019, en los 400 metros libres categoría S7. No logró quedar en el podio, pero superó su marca personal en 22 segundos, lo que significó mucho para él y su familia. Representar a su país en un campeonato internacional de tal calibre lo llenó de orgullo y lo motivó.

Ser deportista es un compromiso con el pueblo

Para Juancito, su tributo al país no se limita a representarlo en campeonatos internacionales como deportista. Su filosofía es mejorar la calidad de vida de quienes lo necesitan y desde que comenzó como nadador, una de sus metas ha sido utilizar sus conocimientos y experiencia para ayudar a personas en situaciones de dificultad.

Antes de la pandemia, Juancito era voluntario en la piscina de la Municipalidad de Bellavista, enseñaba a niños y adultos con discapacidad. Todos los martes, a las tres de la tarde, llegaba a este coliseo junto a su novia Lindsay, a quien conoció en su terapia física en agosto del año 2016, para entrenar a casi 50 personas en una piscina olímpica. Los niños lo admiran. Saben que Juancito es una persona con una vida llena de experiencias marcadas por la resiliencia y lo ven como un modelo a seguir.

Juancito con sus alumnas en la piscina de la Municipalidad de Bellavista. Fotografía: María Fernanda González.

Ahora, no puede regresar a la piscina ni para sus entrenamientos ni para dictar clases a sus alumnos. Sin embargo, esto no detiene su convicción de seguir ayudando a quienes más lo necesitan. Desde abril de este año, poco tiempo después de iniciado el Estado de Emergencia, Juancito se propuso ayudar a sus vecinos en el distrito de Santa Rosa.

Así nació la campaña #YoTambiénApoyo. Empezó tomando contacto con los presidentes de los 18 sectores de la Asociación Pro Vivienda – PROFAM. Luego registró a todas las familias que habitaban estos sectores y decidió que los beneficiarios de las donaciones que él iba a reunir serían las familias de las personas con discapacidad, los adultos mayores y las madres solteras. Así, alrededor de 25 familias de cada uno de los sectores de PROFAM recibieron una canasta con víveres de primera necesidad.

Inmediatamente, Juancito empezó a convocar amigos, empresarios, organizaciones y medios de comunicación para que puedan sumarse a su causa. “Todos están invitados a ayudar, pónganse la camiseta solidaria y ayudemos a que esta pandemia no afecte a nuestros hermanos que más necesitan”. Este fue el mensaje con el que Juan se dirigió a sus seguidores en redes sociales para motivarlos a donar. Afortunadamente, muchos lo han escuchado. En los últimos meses ha recibido miles de soles en donaciones de congresistas, empresarios, canales de televisión y colegios. Además de contribuir con víveres, los donantes también han entregado sillas de ruedas para niños con discapacidad, utensilios de cocina e implementos de bioseguridad.

Desde abril, Juancito ha logrado entregar más de tres mil canastas con víveres a las familias de su distrito. Ahora, como líder de una de olla común en Santa Rosa y presidente de una asociación de propietarios de su distrito, su meta es seguir repartiendo canastas a las otras diez ollas comunes que dirigen sus vecinos. Juancito continúa firme con su filosofía de vida: ayudar a quienes más necesiten de él. Ser deportista, dice, va más allá de los entrenamientos y de representar a tu país en una competencia, implica un compromiso con el pueblo.

Juancito luego de entregar víveres a una de las ollas comunes. FOTO: Archivo personal.