El Fortín de Carabayllo: una casona histórica llena de olvido

Ilustración: Killa Cuba

El lugar que alguna vez refugió al Ejército Libertador de José de San Martín se encuentra hoy abandonado. La casa hacienda El Fortín, ubicada en el distrito de Carabayllo, no puede ser restaurada y preservada hasta que su titulación esté en regla. Sin embargo, este recinto está lejos de ser un paraje desolado. Los vecinos del distrito y los turistas que llegan desde diferentes zonas de Lima Norte exploran sus habitaciones intentando imaginar los sucesos que ocurrieron allí doscientos años atrás.


Al mirar de cerca la fachada principal de la hacienda El Fortín uno puede llegar a sentir dudas de iniciar su recorrido. La mayoría de las paredes están plagadas de grafitis y las tablas de los pisos han sido arrancadas. En una de las habitaciones destaca el dibujo de una estrella manchada de rojo en el centro. Podría ser pintura, o al menos eso es lo que uno espera que sea. El polvo y las plumas de las palomas cubren el piso de madera. Las aves han convertido los techos de la hacienda en su nuevo hogar. Las moscas que revolotean por el lugar son las primeras en recibir a los visitantes. Tienen un motivo para estar allí: en una habitación contigua yace el cuerpo de una paloma muerta. 

La casa hacienda fue declarada Patrimonio Cultural de la Nación en 1980 por haber sido el hospedaje del Ejército Libertador de José de San Martín en la Independencia del Perú. A pesar de su importante valor histórico, este lugar no cuenta con la debida protección por parte del serenazgo de la Municipalidad de Carabayllo. Tampoco existe cerco perimétrico alguno que separe al lugar histórico de las calles de la urbanización aledaña.

El historiador y docente José Ramírez, experto en la historia de Lima Norte, esclarece que la construcción de esta casa hacienda data de aproximadamente finales del siglo XVII. Su primer dueño fue Juan Guerrero. “La familia Guerrero fue una de las primeras en asentarse en el margen izquierdo del río Chillón. La arquitectura de la casa hacienda refleja la herencia e identidad española de esta familia”, comenta. La influencia árabe en la arquitectura del fortín se percibe en sus atalayas (o torres).

Una de las tres torres que rodean el fortín. Las atalayas le dan un estilo arquitectónico militar que la diferencia de otras casas haciendas en Lima Norte. Foto: Jimena Acosta.
Fachada principal de la casa hacienda. Foto: Jimena Acosta.

En el siglo XVIII, el nombre de la hacienda cambia a Chaca Grande cuando sus nuevos dueños adquieren una gran cantidad de tierras contiguas. Desde entonces, la hacienda se convirtió en una de las más ostentosas de la época colonial. Ramírez detalla que una gran parte del piso de la casa hacienda está cubierto con mármol de carrara fino. La otra parte, con pino traído desde Nicaragua. También sirvió como pascana, un lugar de descanso obligado para los viajeros que se dirigían desde Lima a Chancay. 

El historiador aclara que antes de la independencia, el valor de una casa hacienda se establecía por la cantidad de esclavos que los dueños tenían en el lugar. El acceso a fuentes de agua para el riego o la extensión de sus tierras quedaba en segundo lugar. “El Fortín llegó a tener aproximadamente entre 300 a 400 esclavos traídos de África”, señala.

Los restos de lo que fue la capilla de El Fortín. Sus columnas representaban a los reinos de Castilla y Aragón. Foto: Jimena Acosta.

Un fortín desprotegido

El temor de entrar a la casona deshabitada y encontrarse con personas de mal vivir se disipa rápidamente al observar una pila de bicicletas cerca a la escalera que da a la entrada principal. Un grupo de ciclistas aprovecha la luz de la tarde soleada para tomarse fotos. Una vez dentro de la casa, cuyas puertas y ventanas están abiertas, lo primero que impacta es su nivel de vandalización. Dado que carece de un cerco perimétrico, cualquier persona puede ingresar y cometer actos de vandalismo (como el robo de piezas de la casona) sin recibir ninguna sanción. 

La Municipalidad de Carabayllo es la entidad encargada de ejercer las funciones de administración del lugar al tratarse de un bien de dominio público. Diana Camones, encargada del Área de Turismo de la Municipalidad, explica que la hacienda era custodiada por personal de seguridad ciudadana en los primeros meses de este año. Pero en junio se produjo un recorte de personal que dejó a la casona desprotegida. 

La falta de un cerco perimétrico contribuyó a la inseguridad del lugar. Camones sostiene que existió un proyecto, diseñado en cooperación con algunos vecinos de la zona, para construir uno. De hecho, se produjo un acercamiento con el actual ministro de Cultura, Alejandro Salas, para realizarlo. Lamentablemente, dificultades legales se atravesaron en el camino.

“Cuando quisimos construir el cerco nos encontramos con que cerca de la estructura de la hacienda existían áreas que le pertenecían al Ministerio de Educación. Nos dimos cuenta de que no podíamos ejecutar la obra de esa manera, dado que dentro de los planos se iban a cercar los espacios correspondientes a otras entidades del Estado”, explica. Al replantear la estructura del cerco, la Municipalidad de Carabayllo no pudo hacerse cargo de la ejecución de la obra debido a que no existía un presupuesto asignado para realizarlo. Diana Camones sostiene entre sus manos los planos de un cerco que no será construido, al menos no en la gestión actual.

El Fortín se encuentra dentro de la urbanización San Antonio de Carabayllo. No existe ningún cerco perimétrico que separe las viviendas de la casona histórica. Foto: Jimena Acosta.

El turismo más allá del abandono

A pesar de la precariedad del recinto, El Fortín es un lugar concurrido por vecinos de la zona y distritos aledaños de Lima Norte. Las familias deciden pasar sus domingos buscando nuevas experiencias en la casa hacienda. A falta de un guía turístico en la zona, pasean por sus interiores intentando adivinar qué hechos ocurrieron dentro de sus paredes resquebrajadas. Al exterior de la casa, se ubica una cancha deportiva en donde los vecinos se reúnen los fines de semana a jugar vóley. Esta es el área que le pertenece al Ministerio de Educación. Jonathan Gutiérrez (35), vecino del distrito desde hace siete años, comenta que se enteró hace poco de la existencia de El Fortín porque los vecinos suelen organizar eventos deportivos en aquel lugar. Jonathan está de camino a la cancha ubicada dentro del terreno de la hacienda en donde se lleva a cabo una actividad para recaudar fondos y ayudar en los gastos médicos de un vecino. 

Otros vecinos aprovechan su estancia en el lugar para recolectar las frambuesas de los árboles ubicados dentro de la hacienda. Brayan (28) es un vecino del distrito de Puente Piedra que viaja desde su zona hasta el fortín en busca de frutas para preparar mermelada. Valiéndose de la mitad de una botella de plástico amarrada a un palo largo alcanza las frutas maduras que se encuentran en las ramas más altas del árbol. Se enteró de la existencia de El Fortín hace tres años cuando un conocido le contó sobre la existencia de “un castillo” en Carabayllo, por lo que decidió visitar el lugar junto a sus hermanos. Para él, la situación de la hacienda desde su primera visita sigue siendo la misma: no ha habido ninguna mejora en la conservación y el lugar ni siquiera cuenta con la señalización que indique su importancia histórica.

Alvina Mejía (62), vecina de Carabayllo desde el 2012, es una comerciante ambulante que descubrió los lugares históricos de su distrito, como la hacienda El Fortín y la hacienda Punchauca, cuando se dirigía a vender golosinas a los escolares que se encontraban de paseo en aquellas casonas. En todos estos años, ha presenciado que El Fortín, a pesar de su descuidado estado, ha sido utilizado como escenario para actividades vecinales, grabaciones de vídeos para artistas, sesiones de fotos para quinceañeras, etc. Sabe que si el lugar fuera restaurado las visitas de los turistas aumentarían y habría una mayor activación económica. Al terminar la entrevista, se le acercaron dos señoras a comprarle marcianos de fruta debido al intenso calor.

Grupos de familias y amigos se juntan para explorar las habitaciones de la casona y tomarse fotos. A pesar de la ausencia del serenazgo, la luz del día disuade el ingreso de personas inescrupulosas que vandalizan el lugar. Foto: Jimena Acosta. 

Las trabas para su conservación

Las paredes de El Fortín presentan rajaduras profundas. Algunas de estas rajaduras recorren las paredes desde el techo hasta el suelo. También unos cuantos muros han colapsado. El techo de madera incompleto deja que los rayos del sol pinten la habitación con luminosos rectángulos. Las habitaciones destartaladas son como grandes lienzos para las personas que no le guardan ningún respeto al patrimonio cultural. Pero lo más riesgoso del lugar es que las cuatro columnas de madera que sostienen el techo de la entrada principal se encuentran muy deterioradas. Diana Camones indica que la Subgerencia de Gestión de Riesgos de Desastres de la municipalidad elaboró un informe técnico del estado del sitio. El resultado arrojó una obviedad: este se encuentra calificado de alto riesgo debido al pésimo estado de sus estructuras.

Los rayos de sol se cuelan por el precario techo que a la habitación. Se aprecian profundas rajaduras en las paredes, así como grafitis. Foto: Jimena Acosta.
Debido al deterioro de la casona, está considerada como un lugar de alto riesgo. Las rajaduras son señal de que podría derrumbarse si no se restaura a tiempo. Foto: Jimena Acosta.

Aunque el distrito concentra una gran cantidad de monumentos arqueológicos e históricos, Diana Camones admite que la municipalidad no posee un especialista que pueda encargarse de la conservación de estos sitios. Carabayllo es un distrito que cuenta con un alto índice de pobreza monetaria, por lo que la mayoría del presupuesto se dirige a obras de saneamiento y temas sociales. Según Camones, esto provoca que los presupuestos para el sector turismo, encargado de los patrimonios culturales, sean recortados o asignados a otras áreas. De hecho, revela que la OCMI (Oficina de Programación Multianual de Inversiones de la Municipalidad) se encuentra en cero por ciento en ejecución presupuestal en temas relacionados a cultura y turismo año tras año. 

“Por esta razón, nosotros tuvimos la intención de promover una subgerencia de Turismo en la municipalidad a través del área de planeamiento y solicitarle un presupuesto al Ministerio de Economía y Finanzas. Sin embargo, la alta rotación de funcionarios en el ministerio impide que se establezcan las coordinaciones adecuadas para que los proyectos se puedan ejecutar realmente”, manifiesta.

En algunas partes de la casa hacienda, los muros ya han colapsado. Foto: Jimena Acosta.

De hacienda a casona en el olvido

En el año de 1969, el Gobierno Revolucionario de las Fuerzas Armadas, presidido por Juan Velasco Alvarado, promulgó la ley de reforma agraria. Fue en este periodo cuando El Fortín pasó de manos de los hacendados a los campesinos. Desde entonces las tierras pasaron a ser propiedad de los cooperativistas. El historiador José Ramírez explica que cada trabajador recibió entre cuatro y cinco hectáreas. “Lamentablemente, la cooperativa no prosperó porque fue demasiado prematuro entregar de la noche a la mañana la propiedad de la hacienda a los trabajadores. No hubo una verdadera capacitación. Al final, lo que hicieron estos trabajadores fue vender y malbaratar las tierras”, sostiene.

A partir de la expropiación de la hacienda y la venta de sus tierras por parte de los cooperativistas, este lugar histórico fue abandonado con el pasar de los años. En 1980, la hacienda El Fortín fue declarada Patrimonio Cultural de la Nación. A pesar de esta condición, hasta el momento ni la Municipalidad de Carabayllo ni el Ministerio de Cultura pueden intervenir en su conservación al no existir un saneamiento físico legal del sitio. Este es un procedimiento que busca obtener la concordancia entre la realidad física y jurídica del inmueble donde se ejecutará la inversión. “Aunque la municipalidad tenga la titularidad administrativa de este patrimonio, sin este saneamiento no se puede intervenir con el presupuesto”, aclara Camones.

Como un último intento para preservar la casa hacienda, la encargada del Área de Turismo de la Municipalidad de Carabayllo relata que se comunicó mediante correo electrónico con la World Monument Fund (una ONG internacional dedicada a la preservación de sitios de arquitectura histórica y patrimonio cultural) en julio de este año. No obstante, le respondieron que ya tenían cubierto sus proyectos para el 2023 y que si quería presentar algún otro proyecto debía hacerlo para el 2024. “Para ese momento ya habrá en el gobierno distrital otra gestión. No sabemos realmente cuál va a ser el destino de los monumentos de Carabayllo”, expresa Camones con la frustración de no haber podido hacer más.

Dibujo de la estrella de David plasmado en las descuidadas paredes de la hacienda. Foto: Jimena Acosta.
Cartel de bienvenida a la hacienda cuelga precariamente de una ventana. Una metáfora del abandono en el que se encuentra el recinto. Foto: Jimena Acosta.
Las cuatro columnas de madera que sostienen el techo de la entrada principal se encuentran en un grave estado de deterioro. Foto: Jimena Acosta.
En los alrededores de la casona los vecinos realizan actividades recreativas. En la imagen, un grupo de jóvenes juega un partido de vóley. Foto: Jimena Acosta.
Muchas paredes de la casona están a punto de derrumbarse. Foto: Jimena Acosta.

Amor por la historia

casonas importantes en la Independencia del Perú como El Fortín y Punchauca. “Los funcionarios no se dan cuenta de que en estos patrimonios se encuentra la verdadera riqueza. Los gobiernos locales no cumplen con velar y preservar el patrimonio cultural y la ciudadanía no tiene el hábito de cuidarlo. En educación, muchos colegas míos solo trabajan con el libro del Estado y no insertan la historia local y regional de su distrito. Conocemos más de los nazcas, los paracas y de Egipto, pero no vemos que en Lima Norte se desarrollaron importantes culturas”, exclama indignado.

El interés de Ramírez por la historia de esta zona de la capital surgió al darse cuenta del gran vacío que había en los libros escolares sobre las culturas prehispánicas que habitaron el valle Chillón. Por ello, a principios de la década de 1990, se dio el trabajo de investigarlas por siete años en los archivos históricos de Lima. En sus exploraciones de campo se dio cuenta de la enorme cantidad de huacas y casas haciendas que se encontraban en esta parte de la ciudad. Años más tarde, en el 2003, se mudó a Carabayllo y junto a sus hermanos construyó el Museo Regional Juan José Vega Bello, espacio que también es su hogar. “Mi pequeño museo es una cachetada para tanta ineptitud y desidia del Estado por el patrimonio cultural. Con mi sueldo de docente llevó a cabo este proyecto de manera honrada”, afirma Ramírez. 

El Fortín de Carabayllo es un lugar que deslumbra a cualquiera que lo visite por su imponente arquitectura y extensión. La casona, a pesar de los malos tratos y la gran cantidad de años, sigue siendo un lugar que vale la pena visitar, tanto por su hermosa edificación como por la historia que resguarda entre sus muros. Han pasado 42 años desde que se le declaró Patrimonio Cultural de la Nación, pero hasta el momento las autoridades correspondientes no pueden realizar trabajos de conservación en el sitio a falta de un procedimiento legal. La indignación de los vecinos y los amantes de la historia no es poca. Ellos han sido testigos de la poca voluntad política para preservar un lugar que fue pieza importante para la creación de nuestra República.