Foto: Archivo personal.

Cometa a la Deriva, cuando la música nace en un salón de clases

Cometa a la Deriva es una banda emergente constituida por jóvenes universitarios que andan detrás de un sueño. Esta es la historia de su origen y el camino que están siguiendo. Su destino parece trazado desde la infancia sin saber que un día los tres se cruzarían. A pesar de que tuvieron una educación musical distinta, supieron fusionar sus talentos y expresarlos a través de la música. Hoy están en plena fase de producción de su primer EP, cuyo lanzamiento se dará a conocer a inicios del próximo año. El Covid-19 ha sido su mayor obstáculo, pero no se han dejado vencer por él y gracias a la virtualidad han logrado sobrevivir.

Leandro Padilla estudia Comunicación Audiovisual en la Universidad Privada del Norte. Ahora se encuentra en décimo ciclo, a puertas de culminar su etapa universitaria. Desde que era niño encontró en la música un medio para narrar historias. Su hermana fue la primera en percatarse de su talento. Fue ella quien le compró su primera guitarra eléctrica y Leandro aprendió a tocar el instrumento en forma empírica. Conforme pasó el tiempo, fue adquiriendo más conocimiento sobre la música y es por eso que Leandro empieza a tomar clases de canto, guitarra y piano. A pesar de que la mayoría de sus conocimientos están inclinados hacia instrumentos como la guitarra y afines, también le dedica tiempo al canto y es considerado un ‘barito’, es decir, alguien cuyo tono de voz puede variar de rango con mucha facilidad.

Gustavo Ampuero estudia Periodismo en la Pontificia Universidad Católica del Perú. Cursa el sétimo ciclo de la carrera y en su primer recuerdo musical suena de fondo el rock de los ochenta en el auto de su padre. Aunque desde siempre le ha gustado la música, decidió conocerla y llegar a ella de manera independiente, razón por la que decidió estudiar Periodismo. La guitarra fue su primer instrumento, aprendió a tocarla de manera autodidacta. Poco tiempo después congenió con un primo que tenía una banda de cumbia necesitada de alguien que haga sonar la batería como se debe. Tocarla fue un jolgorio y hoy es el baterista de Cometa a la Deriva. Sin embargo, no fue simple formar la banda. Tras el primer bar al que acude con su padre, donde se encuentra con un escenario completamente desconocido, descubre la negativa paterna de que él no se podría dedicar a la música. El espacio era accidentado y con personajes que parecían no sumarle positivamente a su vida. Afortunadamente, él persistió.

Un día Gustavo acompañó a un amigo a una tocada en un estudio en el que la banda de Leandro estaba ensayando. Invitaron a Gustavo para que pruebe la batería. Sorprendió a Leandro y así empezaría su amistad. La banda de Leandro se desintegró y dio paso a Way 98, un grupo instrumental cuyos integrantes eran Gustavo, Leandro y Estefano. No pasó mucho tiempo para que Estefano deje el trío.

Vanessa Angulo es estudiante del sétimo ciclo de Comunicación Audiovisual de la PUCP. La música es para ella su compañera de vida. Siempre contó con el apoyo de su padre. Uno de sus mayores miedos era tener que adaptar su voz para poder cantar, pero entró al taller de canto contemporáneo de Desiré Mandrile y aprendió que no necesitaba hacerlo y se sintió mucho más segura. Aprendió a tocar la guitarra, que es el perfecto compás al momento de escribir canciones. Fue participante de La Voz Kids, donde no fue ganadora, pero salió con la que sería su primera banda: Fila India.

Gustavo, Leandro y Vanessa, integrantes de Cometa a la Deriva en su primer photoshoot. Foto: Archivo personal.

Gustavo y Vanessa coincidieron en la misma universidad, en los mismos cursos y en los mismos horarios. Aunque sus carreras eran relativamente diferentes, Estudios Generales Letras los unió. Al inicio no era una relación amical, sino de simples compañeros. Vanessa llegaba con su ukelele y Gustavo llevaba un taller de ukelele. No se hablaban en clase y no iban juntos al taller, pero fue ese instrumento el que supo unirlos. Ese interés común dio paso a la primera conversación y después de ella no hubo final. Descubrieron que eran fans de Green Day y que aquella canción que Gustavo cantaba en silencio cuando esperaba algo era la misma que cantaba Vanessa: Jesus of Suburbia.

Tras la despedida de Estefano, la banda instrumental, Way 98 se sentía incompleta. Los instrumentos sonaban, pero sentían la necesidad de ser acompañados por una voz. Leandro tuvo la idea de invitar a Vanessa a un ensayo y probar su voz con los instrumentos: comunión total. La voz de Vanessa les había mostrado un nuevo camino. Tras pensarlo mucho, Leandro le propone a Gustavo formar una nueva banda con ella.

El primer nombre que adoptan es Muerte Térmica, salido de la clase de Cosmología de Vanessa. No importaba qué significaba, lo importante era el impacto que dejaba. Lo que no esperaban era que al escucharse en sus ensayos se darían cuenta de que su música no tenía la misma intensidad que su nombre, razón por la que decidieron renombrarse. Para entonces, la banda ya tenía un perfil en Instagram y este tenía una temática “espacial”. Después de conjugar distintas palabras relacionadas a la “galaxia”, nace Cometa a la Deriva.

La producción de la banda está a cargo de LaFlor Records y tiene un estilo que se encuentra inclinado hacia el género indie o “jazz para gente a la que le gusta el rock”, como ellos lo llaman. Vanessa es la vocalista, Gustavo domina la batería y Leandro el bajo. En enero de 2020, iniciaron este sueño como grupo, lanzando su primer sencillo Rosé.

La banda en vivo en un pequeño bar de barranco. Foto: Archivo personal.

Las letras de sus canciones son composiciones de amor y desamor respaldadas por melodías siempre envolventes. Hay un aire nostálgico en sus letras y ritmos que subyuga desde el principio. Escucharlos puede ser una experiencia particularmente conmovedora para cualquier momento del día.

Por ahora, tienen siete canciones propias. Cada uno de ellos ha aportado lo suyo en la letra y en la instrumentalización, las maquetas y el ritmo. Es en este proceso de creación en el que sus distintas facetas y personalidades se muestran, y es justo ahí donde surgen momentos de roces. Leandro tiende a controlar todo milimétricamente mientras que Vanessa y Gustavo tienen una forma de trabajo más relajada. Pero a9l final del día todo se ha disuelto o, mejor dicho, se ha compuesto.

A pesar de que tenían mucha ilusión con el inicio de esta banda, su primera tocada no fue lo que esperaban. La primera presentación que realizaron fue en Oficina Bar. No tuvieron los recursos para lucirse como ellos querían: el volumen de los instrumentos era muy bajo, y la bulla era tan fuerte que no les permitía escucharse a ellos mismos. Vanessa cuenta que no pudo afinar su voz durante el concierto en vivo: no podía escucharse. Sin embargo, lejos de desanimarlos, este tropiezo los motivó a volver a presentarse en otro lugar.

La última presentación en el verano del 2020 fue su mayor ilusión: una tocada triunfal como si supieran que se despedirían por un buen tiempo de los escenarios. Se dio en la Casa Bagre y coincidió con las celebraciones del 8 de marzo. “Sonamos brutal”, dijeron casi al unísono. Bromeaban con que el Covid habría tenido que originarse ahí porque el lugar era pequeño y casi asfixiante. “Imposible que el Covid llegue acá”, qué equivocado estaba Leandro. Meses después, las risas se apagaban rápido por el recuerdo y las ganas de regresar.

Los músicos de la banda tras finalizar su último concierto en vivo. Foto: Instagram @cometaderiva.

Debido a la pandemia, al igual que muchos artistas, tuvieron que paralizar sus actividades. Entre ellas, publicar su primer EP. El tan ansiado álbum estaba previsto para finales de marzo del 2020, pero la historia es conocida. Luego, conscientes del hecho de que todavía seguirían sin tener actividades grupales al aire libre, se programó un concierto para noviembre del mismo año. Por solidaridad con las protestas que se dieron en esa coyuntura política, sus planes se pusieron nuevamente en pausa. Conforme asistían a sus clases virtuales, se dieron cuenta de que lo que iban aprendiendo en la universidad les permitía mejorar las letras de sus canciones. Ahora esperan que para inicios del próximo año, o finales de este, puedan realizar el lanzamiento de su primer disco.

Pese a que el aislamiento les quitó los conciertos en vivo, los ensayos, las entrevistas y el intercambio directo con sus seguidores, Leandro, Gustavo y Vanessa no se han rendido. Han encontrado, mediante Discord, Instagram y Facebook, la manera de seguir compartiendo su talento y así mantener la cercanía con su público. Realizan pequeños conciertos virtuales en fechas como Halloween o atienden invitaciones que reciben por otras páginas. La banda de universitarios no piensa tirar la toalla y tiene la firme convicción de que si le ponen empeño y talento a la música les esperan cosas grandes.

Para disfrutar más de su música pueden ingresar a hyperurl.co/lunavioleta