Solosantiago, el joven creador de melodías sensibles entre el hip hop y el electro

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Santiago García, o Solosantiago, como es conocido en la emergente escena musical underground de Lima, es un joven productor y compositor. Su vida, desde que migró de Barranca a la capital, siendo solo un adolescente, cambió por completo cuando descubrió la forma de crear canciones a través de una computadora. A sus 23 años, y luego de lanzar dos álbumes en YouTube y Spotify, nos cuenta el proceso de exploración de los géneros que lo inspiraron y cómo la música se ha vuelto su reflejo emocional.

Por Dayer Chávez
Portada: Alexandra Prado


La mañana comienza y Santiago García se levanta en su departamento ubicado en la calle Los Apaches, en Santiago de Surco. Su rutina es simple: un vaso de yogurt para desayunar, asearse, ordenar y limpiar el pequeño espacio en el que la mayor parte de su vida transcurre. Luego vuelve a su cuarto para sumergirse en una variedad de sonidos, entre percusiones y sintetizadores, y las sensaciones que sobresaltan su corazón cuando crea música.

Un pequeño estudio casero montado con un micrófono AKG, una interfaz de audio y el programa FL Studio para computadoras le han permitido a Santiago ser el autor de una amplia variedad de canciones y melodías, inspiradas en referentes del hip hop, el trap y el “hyperpop” americano, una variante alternativa y experimental, el resultado de una fusión entre el trap y la música electrónica. De esta manera, a sus 23 años, Santiago, o Solosantiago, ha logrado producir dos álbumes que hoy se pueden escuchar en la plataforma de Spotify, con temas que han alcanzado más de siete mil reproducciones.

Sin embargo, detrás del joven que hoy dedica su vida a seguir experimentando un universo de emociones con cada melodía que compone, existe una particular historia de vida que no comienza en Lima, sino en las afueras de la capital, exactamente en la provincia de Barranca.

—¿Cómo fueron tus inicios en la producción de pistas o beats antes de que seas conocido como Solosantiago?

—Yo aprendí a producir beats en el 2018. Al principio todo era guiado por la intuición, escogía los sonidos que consideraba agradables a mi oído y, con base en ellos, creé mis primeras pistas subidas a un perfil en Soundcloud del que ya no recuerdo mucho. Ahora me siento con mayor libertad al momento de crear, aunque igual pienso que aún me queda mucho por aprender, y espero que pronto pueda sentir que domino todo. Comencé haciendo lofi beats, atraído por el auge de este estilo musical, que se deriva principalmente de una combinación entre el jazz y el hip hop, con una perspectiva menos comercial, y bajo la misma corriente de productores como “bsd.u” o “xian lofi”. 

El género lo-fi, que son las siglas de low fidelity, término que hace referencia a la baja calidad de producción que se utiliza para crear temas, es una corriente que coge elementos de categorías musicales como el hip hop, el jazz, el soul y el dream pop, y los combina para crear melodías que desprenden un estilo “retro”. La tendencia de la música lo-fi nació en la década pasada, cuando en YouTube comenzaron las transmisiones sin interrupciones de música lo-fi en canales como ChilledCow, considerado el pionero en esta moda realizándolas desde 2017, antes de convertirse en el famoso personaje de “LoFi Girl”, y alcanzar una cifra de 11 millones de suscriptores en la plataforma. 

—¿Cuáles fueron aquellas influencias que te llevaron a introducirte en el mundo de la música?

—Desde niño me gustó escuchar hip hop, pero el primer hecho que me acercó al interés por saber de qué manera se producían las canciones fue haber escuchado, cuando tenía seis años, el álbum Demon Days de la banda Gorillaz. Fue gracias a mi hermano, quien me comentó que se trataba de “dibujos haciendo música”. Eso me causó una gran impresión. El siguiente referente musical al que fui a parar fue MF DOOM, un rapero considerado eminencia entre quienes aprecian el hip hop crudo de las entrañas de Detroit.

—De esta forma, mientras iba creciendo, escuchaba a más exponentes de este género musical, como A Tribe Called Quest o J Dilla, y mi pasión por los beats y las rimas aumentaba. Ese camino me dirigió a escuchar los pilares de lo que yo llamo el “hip hop alternativo”, un subgénero que no utiliza los estilos rudos del hip hop tradicional, sino que hace uso de ritmos más suaves como el reggae, el funk o el soul. De esta última experiencia, Tyler, the Creator fue el personaje que me dio la inspiración necesaria para que me decidiese a producir.

Otra de las características que define la identidad de Santiago es su afinidad con la cultura skater. Montando durante 11 años seguidos, ha participado en los torneos de skateboarding en su natal Barranca, así como en campeonatos nacionales. Incluso logró conseguir auspicios de distintas marcas relacionadas al mundo urbano. Fue en estos espacios donde también pudo conocer a Angelo Caro, campeón nacional de skateboard, y participante en las Olimpiadas de Tokio 2020. Fue él, según narra Santiago, quien lo ayudó a ganar su primer torneo a los 12 años. Recuerda a Angelo con cariño, resaltando que siempre lo vio como una persona humilde y digna de admirar por enfrentar las adversidades que el destino le colocó encima al actual skater más reconocido del país. 

—¿Por qué decidiste dejar Barranca y venir a vivir a Lima?

—Luego de terminar la secundaria, decidí migrar desde Barranca a Lima porque allá no hay tantas oportunidades como aquí para la gente que quiere hacer arte. Además, vine con el propósito de comenzar una carrera en el área profesional que más me llamaba la atención, que son las producciones audiovisuales. Con ese objetivo, ingresé al Instituto Toulouse Lautrec. Sin embargo, al cabo de dos años, dejé de estudiar debido a la falta de dinero para pagar las pensiones. Si bien mis padres compraron el departamento en el que resido hasta el día de hoy, no he recibido un apoyo económico considerable de ellos desde que me trasladé a la capital, por lo que yo he tenido que ver la manera de poder sustentar mis necesidades y, junto a mi hermano, pagar los servicios de mi casa.

Santiago comenzó a especializarse en la creación de material audiovisual por cuenta propia, tomando como referencia estética para sus videos a Pyramid Country, un colectivo de skaters norteamericanos cuyos videos son grabados con un aspecto “retro” de los noventa, y ambientados musicalmente por un productor conocido como Software Blonde, que llamó su atención por crear sus beats en un estudio casero y con programas de computadora. Fue así que buscó contactarse con él por Facebook para que le explique detalladamente cómo realizar sus propios beats, y mientras mantuvieron comunicación, este le enseñó a dar sus primeros pasos en la creación musical.

Septiembre de 2022. Santiago García “Solosantiago” (23) en el estudio Lima Noise Underground. Foto: Archivo personal.

—¿Qué experiencias de tu vida personal han influido en tu perfomance artística?

—Como persona, he llegado a entender que el mundo de la música está muy ligado a las emociones. Reconozco que he pasado por un largo progreso de valorar no solo mis emociones, sino las de las personas con las que me relaciono. He pecado mucho al no tomar en cuenta lo que sienten los demás. Por eso ahora me encuentro en una especie de arco de redención, de perdonarme a mí mismo y quiero que eso se refleje en lo que creo y, sobre todo, lograr que la gente se identifique con ello. Creo que el deseo de la gente que hace música no necesariamente es la fama o la fortuna, sino “hacer clic”; es decir, saber que hay un grupo de personas que respaldan lo que tú haces, y que te hacen saber que ahora no haces música solo para ti, sino para quienes te escuchan desde cualquier plataforma. Eso es lo que yo quiero.

—¿Por qué escogiste la música como herramienta principal para poder liberar tu sentir?

—Odio llorar, lo detesto. Aunque hace poco he aprendido a aceptar mis aspectos débiles, quizá mi música será un poco más sincera, porque quiero ser más real conmigo mismo. Ahora me siento más conectado con un yo que no conocía antes, que tiene que mejorar muchos aspectos, pero que no es malo, sino es más honesto. Para mí, el trabajo de artista, hacer música y expresarse, debe ser un ejercicio completamente transparente. Un artista real no es aquel que tiene un bloque de cemento frente a él, sino un espejo a través del cual la gente puede apreciarte tal y como eres. 

—Ahora, refiriéndonos a tu reconocimiento como artista, en 2020 estrenaste el álbum Todo Bn, que ha llegado a tener más de 7 mil reproducciones en Spotify, ¿Cómo fue la etapa de creación de este proyecto?

—Aunque la etapa en la que Todo Bn se estrenó no ha sido la mejor, pues fue en los inicios de la pandemia, le tengo un cariño inmenso a ese álbum. Luego del primer EP que creé en 2019, y que nunca me llegó a gustar del todo, pensé que sucedería lo mismo con este proyecto. Actualmente lo considero mi mejor producción. Es curioso también que todos los temas que están en el álbum, incluyendo 3:33, el más escuchado que tengo, no eran parte de la idea principal. Antes de ellos había realizado ocho temas enteros que, por mala suerte, me dejaron de gustar durante la pandemia. Me decidí a realizar algo totalmente distinto, así que borré las canciones y, en tan solo dos meses, creé las ocho que hoy están en Spotify y Youtube. Todo es parte de la visión que uno adopta para sus proyectos.

3:33 ha sido el tema que más reproducciones ha alcanzado entre todos los de “Todo Bn”, ¿tú sentías que de alguna manera iba a tener ese alcance tan grande?

—Yo le tenía más fe a ese tema, mucha más fe. Sentía que este tema iba a hacer que yo comiera por unos siete meses si le ponía mucho más esfuerzo. A veces lo vuelvo a escuchar y, como yo sé cómo lo he hecho, me parece simple, pero sé que a los ojos y oídos de otras personas puede ser mucho más valioso. Y sobre el tema de las reproducciones, no es mi principal objetivo, pero forma parte de pequeñas metas que uno mismo se pone. 

Este logro inicial ha hecho que otros artistas y productores de la capital te consideren como una persona con mucho talento que mostrar.  ¿Te sientes parte de la escena underground?

—No sé si soy parte de la escena, pero hablo y me reúno con gente a la que admiro. Creo que es necesario estar cerca de gente a la que le guardas respeto por quienes son y porque lo que hacen lo saben hacer bien, no solamente porque te inspiran o quieres superarlos, sino porque quieres superarte a ti mismo. Por ejemplo, Jean Paul Medroa, un amigo muy cercano al que conozco desde 2019, está ahora metido en la música indie y le va excelente. Llena conciertos y aparte es una persona muy carismática, personas así representan el arte en todos los aspectos. Estar próximo a gente así me agrada mucho. Por otro lado, creo que todos mis amigos artistas tienen un sello propio en sus canciones que puedo reconocer siempre y que demuestran originalidad, lo que también me ayuda a trabajar para mejorar lo que me distingue.

Has comenzado a hacer presentaciones en ciertos lugares de Lima como Barranco. ¿Cómo estás llevando la experiencia de tocar con público?

—Lo estoy llevando mucho más como un trabajo. Si hay dinero de por medio, voy a tocar. No he tocado gratis aún, aunque me gustaría, pero lo haría solo si supiera que el lugar en el que estoy yendo a tocar estará repleto de gente que va a escucharme a mí. Y como la mayoría de presentaciones que he tenido han sido sobre todo como telonero de otros artistas, simplemente cobro por necesidad y porque creo que es lo justo. En el momento en el que yo sepa que puedo tener la capacidad de llenar un lugar con un público conformado por gente que me quiere escuchar, ofreceré dos o tres conciertos totalmente gratuitos. 

¿Te visualizas en esa situación desde hoy?

—Definitivamente. Y no solo me veo así a mí, porque sé que cuando yo obtenga más valoración como artista, no dejaré que quienes están conmigo ahora se queden atrás. Si yo subo, suben todos. Es por eso que me he prometido buscar que mayor cantidad de gente me vaya a escuchar en las próximas presentaciones que realice. Aunque también es complejo, pues siento que todavía no hay una escena formada como tal para la gente que hace música como yo y mis conocidos. 

¿Consideras entonces que los oídos limeños aún no están preparados para valorar el hiperpop y las producciones como las que realizas?

—Es muy fácil sorprender a la gente trayendo sonidos que no van a entender en un buen tiempo. Creo que estamos en una transición artística para que el arte musical que realizamos sea valorado de la manera en la que merece.

La noche cae y Santiago recibe la llamada de su amigo Danny, que al igual que él se dedica a la creación, mezcla y masterización de beats y canciones. El propósito de la llamada es invitarlo, como de costumbre, a su casa para reunirse con otros amigos cercanos, a disfrutar de un rato de amenas conversaciones sobre las singularidades que viven en su día a día y transformar aquellas reflexiones en nuevo arte melódico. Santiago, entonces, se coloca una chompa de lana y parte en una caminata de 15 minutos por las laberínticas calles de Surco, con el corazón emocionado y la mente desbordando ideas.