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Peruanos en China: viviendo en el país donde se desató la pandemia

En diciembre de 2019 en Wuhan, China, se detectó una misteriosa neumonía atípica. No lo sabíamos en ese momento, pero desde entonces nada sería igual para el mundo. ¿Cómo fue vivir el confinamiento en el país donde se originó la pandemia? ¿Qué restricciones se adoptaron para evitar un desborde de casos, como sí ocurrió en el resto del mundo? ¿Cómo ha cambiado la vida cotidiana en el gigante asiático desde entonces? Tres peruanos -una estudiante de doctorado, una docente universitaria y un periodista- cuentan aquí sus experiencias.

Daniel Contreras

contrerasz.daniel@pucp.pe

Es 9 de noviembre y entrevisto a María Fe Celi, una antropóloga peruana que desde hace dos años estudia un doctorado en Shanghai, China. Esa misma mañana, la ciudad acaba de registrar su primer caso de transmisión local de Covid-19 en meses. Solo unas cuantas horas después, María Fe ya sabe a través de su celular a qué se dedica la persona que dio positivo, cuántos contactos cercanos suyos se hicieron la prueba y salieron positivos, y cuántos ya están en cuarentena. “Si esto se descontrola, van a cerrar la universidad”, advierte.

China es el país donde se registró el primer caso confirmado de coronavirus en el mundo. El 1 de diciembre un hombre de la ciudad de Wuhan, en la provincia sureña de Hubei, dio positivo al virus. Él es, hasta donde sabemos, el paciente cero de la pandemia. Unas semanas después, la Organización Mundial de la Salud (OMS) recibía reportes de casos de una ‘neumonía atípica’ en esa ciudad, casi todos con un vínculo en común: el Mercado Mayorista de Mariscos de Huanan. Más de un año después, la pandemia se ha expandido a 218 países y territorios del mundo y ha provocado la muerte de más de un millón y medio de personas.  

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El 15 de enero María Fe viajó a la India. Para entonces ya sabía que había un problema en Wuhan. Desde allí siguió las noticias de cerca. Seis días más tarde Wuhan fue cerrada y China entera entró en alerta máxima. María Fe se encontró ante una difícil disyuntiva: o volver a Shanghai para continuar con sus clases o tomar un vuelo al Perú, en donde aún no había casos confirmados del virus. Su consejera personal -en China todo estudiante extranjero tiene una- le dijo que no regrese porque la situación era muy peligrosa. Pero ella decidió lo primero. “Mi computadora, mis materiales del doctorado, todo estaba allí”, recuerda. Su consejera aceptó, pero le advirtió que no podría salir del campus universitario. Y así pasó los siguientes tres meses. 

Antropóloga María Fe Celi en un qipao, vestido tradicional shanghainés. Llegó a Shanghai hace dos años gracias a una beca del Instituto Confucio. Foto: Archivo personal.

María Fe compara la experiencia con ‘El Show de Truman’, la famosa película de Jim Carrey donde los personajes viven una realidad artificial en un set de televisión. “Sentía que estábamos en un mundo paralelo. Nuestro único contacto con el exterior era para recibir la comida que comprábamos por internet”. En abril ya todos tenían una vida normal en Shanghai, menos ellos. “Se creó un ambiente muy difícil”, cuenta. En mayo se les permitió salir para actividades puntuales, como ir al médico, y en julio por fin pudieron salir sin solicitar un permiso, pero solo a la ciudad. Hasta hoy sigue vigente esa regla.  “Nos organizaban actividades y conferencias, súper preocupados por nuestra salud mental. Pero no íbamos a salir. No dependía de ellos, era una decisión del Gobierno Central”. 

Fue en la soledad del confinamiento que la joven antropóloga comenzó a escribir sobre la pandemia en China y fue ganando una audiencia en Twitter y Facebook. ¿Su motivación? La desinformación que había en varios medios occidentales -incluyendo los peruanos- sobre el manejo de la pandemia en el país asiático. “No podía creer que Rosa María Palacios (la periodista peruana) estuviese hablando de lo que pasaba en China de una manera que no correspondía a la realidad. Hice un hilo en Twitter y se volvió viral”. Hoy publica información regularmente sobre China en esa red social, donde tiene más de siete mil seguidores. 

María Fe en el campus de la Universidad de Shanghai, donde sigue su doctorado. Ella estudió antropología en la Pontificia Universidad Católica del Perú (PUCP). Foto: Archivo personal.

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Para Michael Zárate, periodista peruano que reside hace siete años en Pekín, la capital del país asiático, la situación fue distinta. Él trabaja en la edición en español de China Hoy, una revista estatal. “A mediados de enero prestamos atención a estos inusuales cuadros de neumonía. Poco a poco la situación iba empeorando”, recuerda. Al principio había poca información y todo era muy confuso. El 24 de enero, fecha de inicio del Año Nuevo Chino -una de las festividades más importantes del país- ya se informaba que era posible que el virus se transmitiera de humano a humano. Para ese entonces -aún sin una orden oficial- las personas ya usaban mascarilla y los establecimientos comerciales se encontraban cerrados. 

Michael Zárate frente al Palacio Potala, ubicado en la ciudad de Lhasa, capital del Tíbet. Vive en China desde 2011. Foto: Archivo personal.

Desde un principio la sociedad china entró en un estado de alarma. “No tuvimos tiempo para pensar que era una ‘gripecita’”, como diría después el presidente de Brasil Jair Bolsonaro. “Que la mayoría use mascarilla fue una clara advertencia para mí”. Michael fue de inmediato a las farmacias, pero las mascarillas ya escaseaban. Finalmente, un hombre se apiadó de él y le vendió 40 unidades a un buen precio. 

A diferencia de Perú, en Pekín no hubo un confinamiento obligatorio. Por curiosidad y por trabajo, Michael salió todos los días a la calle. Pero aun así, casi todos se habían quedado en casa. “Veías una ciudad desierta, una ciudad fantasma. Es algo de lo que no me olvidaré”. 

Michael en la entrada de su condominio, en febrero de este año, durante el momento más crítico de la pandemia en China. Detrás, un letrero pide a la gente dejarse tomar la temperatura para acceder al condominio. Foto: Archivo personal.

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Patricia Castro Obando es quizá el principal referente entre los peruanos que viven en China. La periodista y antropóloga llegó por azar al país hace 17 años y desde entonces se ha desempeñado allí como corresponsal de prensa, presentadora de televisión y ahora como docente universitaria. Al igual que Michael, vive en Pekín. 

Patricia Castro Obando durante el pico de la pandemia en Pekín. Llegó a China por azar hace 17 años. Allá tuvo diversos trabajos y realizó un doctorado en antropología. Foto: Archivo personal.

Al principio el virus era solamente un rumor. Luego llegó la noticia de los casos confirmados de Wuhan. Poco después la epidemia ya se había extendido a otras partes de China. Patricia explica que el hecho de que la pandemia se desate en la víspera del Año Nuevo Chino marcó un punto de quiebre. “Los preparativos para el Año Nuevo Chino son muy fuertes y nos distraen de cualquier otro tema. No le prestamos mucha atención hasta la segunda y tercera semana de enero”.

Cuando el virus llegó a la capital se encendió la verdadera alarma. “Significaba que era un tema serio. Hay muchas epidemias en China pero raramente tocan las principales ciudades”, explica Patricia. 

A nivel personal, la pandemia supuso un punto de inflexión en la vida de Patricia. Después de 17 años tenía planes de dejar China. Ya estaba empacando, poniendo las cosas en orden, y hasta le habían hecho algunas despedidas cuando de pronto el virus llegó. Tenía que tomar una difícil decisión. “O apresuraba mi viaje y me iba con lo que podía, con lo que tenía, o me quedaba”. Patricia eligió lo segundo. Al menos temporalmente.

Patricia estudió Literatura y Lingüística en la Pontificia Universidad Católica del Perú (PUCP). Se ha desempeñado como periodista del diario El Comercio. Aquí en la Universidad de Pekín, donde realizó estudios de doctorado. Foto: Archivo personal.

“¿Quién puede tener los mismos planes antes y después de la pandemia?”, reflexiona. “Esta nueva normalidad es una nueva forma de vivir, por lo tanto, implica nuevos horizontes, nuevos riesgos. Todos mis planes han quedado en evaluación”, afirma. La pandemia, por ejemplo, le ha permitido dictar clases virtuales desde China para cualquier parte del mundo, algo que no hubiese sido posible antes. “Para mí fue sumamente conveniente porque durante muchísimos años yo estaba pensando ‘tengo que regresar a Perú para poder dictar’, porque nadie quería engancharse al tema de la virtualidad”. 

Las razones del éxito


 

A pesar de ser -probablemente- el lugar donde se originó el virus, China ha terminado siendo uno de los países que, si se mira en perspectiva, ha manejado mejor la pandemia: su tasa de fallecidos es de solo tres por millón de habitantes -de las más bajas del mundo- y desde agosto el número de casos activos se ha mantenido por debajo de los 500, en un país de mil cuatrocientas millones de personas. ¿A qué razones se deben estos buenos resultados, que le ha permitido a la mayoría de chinos llevar una vida casi normal? 

María Fe explica que “hubo una reacción rápida y articulada a todos los niveles, desde el Gobierno Central hasta las organizaciones más básicas que son los comités vecinales”. Para ella, estos últimos han sido claves. “Tengo amigos que me cuentan que en los comités vecinales de sus barrios al inicio de la pandemia trabajaban 18 horas diarias controlando, censando, distribuyendo alimentos”. En Pekín la situación fue muy similar. “Los condominios y edificios están muy organizados. Hay personas que se organizaron en ese momento para conseguir alimentos, para hacer un breve censo de las personas que vivían en cada casa, para ver si faltaba algo o si tenían algún síntoma”, cuenta Michael. 

El periodista explica que si bien al inicio algunas autoridades locales trataron de minimizar el descubrimiento del nuevo coronavirus, en general el gobierno tomó medidas acertadas. “Las decisiones que adoptaron las autoridades de mayor jerarquía se tomaron siempre en base y en función a la ciencia, y eso fue acatado por el resto de autoridades y la ciudadanía en general”. Para Patricia, dos cosas fueron muy importantes: la cuarentena, que en un momento fue sumamente estricta en todo el país, y el uso de mascarillas y otras formas de protección cuando el virus ya estaba controlado, y existía la posibilidad de un rebrote. 

China es uno de los países que, si miramos las cosas en perspectiva, ha manejado mejor la pandemia: su tasa de fallecidos es de solo tres por millón de habitantes, de las más bajas del mundo”.

Los tres coinciden, además, en que existe un factor cultural importante: en China prevalece una mentalidad colectivista, el bienestar común pesa más que el individual. Eso hizo que el compromiso de lapoblación fuese enorme. “La gente contribuyó haciendo caso. Yo a veces pruebo a mis amigos preguntándoles ‘¿Y cómo hizo el gobierno para que todos se queden en su casa?’, y me miran y me dicen ‘¡Pero si hay un virus afuera! ¿Por qué vas a salir?’”, cuenta María Fe. 

“Aquí en Pekín hubo una disciplina admirable de la población, todos acataban las normas”, recuerda Michael. “Fue como si la población china hubiese entrado en una guerra contra el virus”. Patricia concuerda. En la capital nadie tuvo que obligar a las personas a quedarse en casa porque la gente simplemente no quería salir. Ella afirma que todos colaboraron de alguna manera para vencer al virus, sobre todo en los momentos más duros de la pandemia. Sin embargo, explica que hay varios matices a considerar. Si bien la mentalidad colectiva ayudó a controlar la pandemia en las ciudades; en el campo, donde hay mayor presencia de minorías étnicas, no fue tan sencillo. “Allí tienen sus propias formas de pensar. La policía tuvo que obligar a las personas a quedarse en sus casas y se colocaron banderolas con mensajes muy duros”, cuenta. 

Michael y Patricia afirman que un tercer factor clave fue el uso de la tecnología. El gobierno chino no dudó en hacer uso de distintas aplicaciones para rastrear el movimiento de las personas que tenían síntomas o habían sido infectadas. “Eso ayudó mucho a aislar a los casos sospechosos o a las personas que habían sido infectadas por el virus en todo el país”, explica el periodista. De nuevo, la dimensión cultural fue crucial para que esta estrategia fuera implementada con éxito. “En Perú y en Occidente hay desconfianza en que tus datos sean utilizados por el gobierno. Acá en China también hay esa desconfianza, pero la gente dice ‘no tenemos otra opción, tenemos que superar esta pandemia así que tenemos que entregar toda esa información’”, afirma Michael. 

Michael en la Ciudad Prohibida, Pekín. Estudió Periodismo en la Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas (UPC). Ha trabajado en El Comercio, Depor y Perú21. Foto: Archivo personal.

El notable desarrollo del comercio electrónico, un fenómeno muy extendido en la sociedad china, también ayudó a contener el avance del virus. “Ya antes de la pandemia había la broma de que ahora en China no tienes ni que salir de tu casa porque  te compras todo por teléfono y te lo traen en una hora. El comercio electrónico fue una gran ventaja para enfrentar una pandemia”, explica María Fe. 

Un cuarto factor fue la experiencia histórica que acumula este país. No es la primera vez que China debe lidiar con un virus: en 2003 fue golpeada por el SARS, una epidemia cuyo primer brote fue detectado en la provincia sureña de Cantón. Las lecciones que aprendió China de este episodio le sirvieron para adoptar una estrategia más eficaz en esta ocasión.