Javier Corcuera
Festival de San Sebastián

Javier Corcuera: “Un país que no hace documentales no registra su memoria y sus personajes desaparecen”

Sigo Siendo es uno de los mejores documentales en la historia del cine peruano. Javier Corcuera, su director, estudió en la escuela de Armando Robles Godoy y se licenció en la Facultad de Ciencias de la Imagen de la Universidad Complutense, de Madrid. Es realizador de documentales como La espalda del mundo, Invierno en Bagdad, Invisibles, La guerrilla de la memoria y En el mundo a cada rato. Su obra ha merecido distinciones y reconocimientos. Aquí habla sobre su apuesta por el documental, un género ausente en la producción local.

Está sentado en una esquina, la habitación es pequeña y fría para conservar los equipos. En un rincón se pelean los cables de las últimas grabaciones. Se siente el trabajo como un gran latido, son años de rodajes los que por ahí asoman.

Me reciben sus ojos con una sonrisa limpia: ¡con que estos son los responsables! – me digo. Y es que ese par de ojos son los culpables de habernos conmovido tanto con sus películas. Son oscuros, profundísimos, las cejas pobladas y canosas les dan sombra, pero no por eso les quitan luz. A veces mira con pena o con preocupación al hablar de ciertos temas. Hay personas con ojos de niños, otras con ojos de perro azul como diría Gabriel García Márquez, otros ojos son luminosos como linternas (o como luciérnagas), otros son tristes y violáceos como los de Elizabeth Taylor… es cuestión de aprender a ver: “Los ojos que miran no son los ojos que ven”, dice un personaje de En un lugar en el Sahara (Corcuera, 2007).

Sigo Siendo es quizás el documental peruano más conocido e importante de la década. Ha ganado el premio a mejor documental en el 17° Festival de Cine de Lima, premio a mejor fotografía y mejor banda de sonido en el 1° Festival Internacional de las Tres Fronteras, y el premio a mejor película Iberoamericana en el Festival de Cine de Derechos Humanos de Buenos Aires, entre otros premios nacionales e internacionales. El documental titulado también Kachkaniraqmi, en mis palabras, estaría relacionado al verbo SER. No estar: SER. La actividad (el hacer) como lo más característico del ser. La herencia cultural de las obras que dejamos, de los poemas escritos en servilletas o en boletos de combi, de una película, un cuadro, un descendiente, un amigo, una historia, una canción, un zapateo, es una sola: es seguir siendo. “Bailar es darle más vida a la vida”, como decía uno de los músicos de la película; es vivir -literalmente- de aquello que nos gusta.

– Te vas muy joven del Perú a estudiar en España ¿Cuánto influyó eso en tu vida o cuánto marcó tu estilo en el rodaje?

-Sí, viajo solo, y tengo ahí una vida madrileña de inmigrante latino. Para mí fue fundamental ese cambio a España por muchas razones. Primero, por razones de formación, allá pude ver el cine que no había visto en el Perú, pude también ver el Perú desde lejos. Mi cine, por eso, aunque es de producción española, está rodado en muchos países: en Palestina, en Kurdistán, en Irak. Desde España yo podía tener una relación con el mundo muy distinta. Y no era fácil hacer cine, pero probablemente había más posibilidades que acá de hacer el cine que a mí me interesaba.

-Alguna vez citaste a Arguedas: “En el Perú cualquier hombre no engrilletado ni embrutecido por el egoísmo puede vivir feliz, todas las patrias” ¿Tú eres un hombre de muchas patrias.

-Bueno, sí. Yo hace doce años que fundé un festival de cine en el Sahara, en los campos de refugiados saharauis, en el Sahara occidental, entre Argelia, Marruecos y Mauritania. Podría decir que soy un patriota saharaui, un patriota kurdo, un latinoamericanista, no sé, parece que tengo muchas patrias, sí. En el sentido positivo de la palabra patria, como un lugar en el mundo, porque ahí sí creo más en la idea de patria de José Martí que dijo: “Cuando digo patria digo humanidad”.

– ¿De dónde sale tu acercamiento al Perú-sierra, al Perú-selva, al Perú-invisible?

-A mí, aparte del lenguaje del cine, siempre me ha interesado lo que pasa en el mundo y en nuestro país. He intentado con mis películas ser un poco testigo de mi época. Por eso es que hice La espalda del mundo tocando tres temas universales, por eso es que hice Invierno en Bagdad o la película que habla de la guerra interna en Colombia. He intentado hacer películas sobre lo que me preocupa y entonces sí se podría decir que hago un cine que intenta visibilizar ciertas cosas o ciertos temas, o ciertas personas, o ciertas historias que difícilmente llegan a los medios de comunicación o a las pantallas grandes. Y por eso también hice el festival internacional de cine en el Sahara, porque era de alguna manera hacer visible a ese país entero en el exilio.

– ¿Por qué escoger documental y no ficción pura, que es más rentable?

-Bueno, primero porque a mí me gusta rodar la realidad más que fabricar puestas en escena o películas previamente escritas. Aunque yo hago un trabajo de guión bastante profundo y trabajo con co-guionistas y a veces hasta hago trabajos como asesor de guiones de ficción para otros, me gusta trabajar con la realidad. Me gusta hacer una película sin saber la película que vas a tener al final, que es lo que pasa en el documental. Y eso me sedujo y me apasionó. Y ya luego no pude abandonarlo. Y bueno, sobre la rentabilidad… Si alguien pretende enriquecerse debería dedicarse a otro oficio, no es algo que está en el plan.

– ¿Y por el lado de la productora?

-Como dijo Jaime Guardia en Sigo Siendo, recordando lo que le había dicho Arguedas: “Tú sigue haciendo lo que te gusta, vas a ser millonario, no de dinero pero sí de amigos”. Pienso que el cine documental sí es rentable, lo que pasa es que tiene otro tipo de rentabilidad. ¿Cómo no va a ser rentable que exista una película como Sigo Siendo? ¿Cómo no va a ser rentable para un país que existan películas que recojan la memoria? ¿Cómo no va a ser rentable que se rueden películas que son parte de nuestra identidad, de nuestra memoria, para saber quiénes somos? Son cosas que tienen otro tipo de rentabilidad. Un país que no hace documental es un país que no recuerda, que no sabe quién es, que no tiene registro sobre su memoria, donde sus personajes desaparecen y no queda nada. Entonces existe otra rentabilidad. Por eso yo pienso que el género documental se tiene que tomar en serio en las políticas públicas culturales del país. No tener documentales es como no tener museos, es como no tener luz eléctrica, desagüe, son cosas vitales para un país.

 

Javier Corcuera
Foto: Centro Cultural PUCP

– ¿Cómo convertir un discurso marginal, como la poesía, o el documental en algo rentable con las condiciones que tenemos?

– En realidad, es una idea falsa eso de que el documental no es rentable. Primero, por lo que te digo, que tiene otro tipo de rentabilidad que es mucho más importante que la rentabilidad inmediata de taquilla. Además, no es cierto que el documental no sea taquillero. Siempre hay documentales que dan la vuelta al mundo, lo que ocurre es que se produce mucho menos documental que ficción. Luego, sí es rentable hacer un documental en un país con leyes de protección para este tipo de cine. No te vas a enriquecer, lógicamente, pero por lo general el documental se financia con dinero público. Es decir, se hace con los premios que recibe; entonces sale financiado, todo lo demás es beneficio. Por último, no creo que la motivación de un documentalista, o de alguien que quiere recoger la realidad, sea económica. Los documentalistas que respeto y reconozco son precisamente aquellos que han hecho buenas películas y les ha ido bien, incluso económicamente, porque esa no era su principal motivación.

-Pero si uno no es conocido, ¿cómo comenzar? ¿No es eso un tanto peligroso para las productoras peruanas? En el extranjero asumo que no tanto, porque hay más realizadores documentales, se han especializado, pero ¿en nuestro país?

– En realidad, en la forma de producir de la industria documental en este momento, cualquiera puede montar una productora y solicitar el dinero público, porque los documentales se hacen con ayudas públicas. Nadie invierte en el documental, no es lo habitual que alguien diga ‘Ya, yo voy a financiar un documental’. Y también hay muchas ventanas internacionales. No es imposible. Mira, yo no conozco a nadie que haya querido hacer una película documental y no la haya hecho. Conozco un montón de gente que decía que quería hacer pero de verdad no quería, porque si no lo hubiera conseguido… Las personas que de verdad sentían que tenían algo que contar han acabado haciendo la película, se han demorado, les ha costado más o menos tiempo, o la han hecho con más o menos dinero, pero la han hecho. Es posible hacer cine documental, ahora más que nunca. Porque se ha democratizado la tecnología, una cámara no vale mucho, puedes montar [editar] desde una computadora de tu casa. No hay ningún problema. Antes era más complicado, había que rodar con Betacam y te costaba un dineral y tenías que editar en una mesa analógica que costaba ufff, y no existía edición no lineal, era una locura. Y no quiero ni saber de cuándo se hacía documental en moviola… porque tampoco soy tan viejo (risas).

-Es esperanzador eso de las nuevas tecnologías.

-Para el documental es revolucionario.

– Te apasiona hacer documentales ¿no?

– Aprendo… no sé hacer otra cosa (risas).

– Has dicho en entrevistas anteriores “un país sin documental es un país sin gente que mira” y has citado al cineasta chileno Patricio Guzmán que afirmaba: “Un país sin documental es como una familia sin álbum de fotografías” y “la cultura democrática de un país es directamente proporcional a la cantidad de documentales que produce”. ¿Qué haríamos con nuestro país y nuestras nuevas generaciones?

– Primero tomar conciencia de la importancia de tener un cine propio, ya sea desde el documental o desde la ficción. Y presionar a las autoridades para que eso sea real, es decir, es un derecho del país tener una cinematografía propia, tenemos que luchar por la escuela de cine pública y gratuita. Aquí hacen cine los que tienen el privilegio de poder formarse, por lo general, en escuelas de fuera. Eso marca una mirada, además, de un sector social muy concreto, no está democratizada la posibilidad de hacer cine con diferentes miradas en el Perú. Podría haber una gran escuela pública de cine, las hay ya en toda América Latina. El Perú va por detrás, bastante por detrás en políticas culturales. Necesitamos exhibir nuestros documentales, nuestras películas, que se puedan ver en la televisión pública.

-Y contar historias propias…

-Sí, Sigo Siendo casi no se estrena. O sea, si una película como Sigo Siendo, que está hecha con dinero público, es decir, que está hecha con dinero de todos nosotros, porque ha recibido ayuda del ministerio, ayuda de Ibermedia que es dinero público, la pagas tú, la pagan los que van a leer esta revista. Pero nadie les garantiza que puedan verla, porque no existe exhibición, no existe cuota de pantalla, entonces depende de la buena voluntad de los exhibidores y distribuidores. Yo creo que hay muchísimo que hacer. Y me preocupa también el vínculo entre los que hacen documental con la televisión pública, que me parece fundamental.

– ¿Por qué crees que a la gente le gusta más ver la ficción? ¿Será porque muchas veces los documentales han tenido sabor a jarabe y mala calidad visual?

– Yo creo que no se consume documental en el Perú porque no se exhibe cine documental ni películas que trabajen la realidad en el país. El problema del documental es que no se sabe bien lo que es el documental, entonces meten en el saco del cine documental… ¡todo!

-Todo lo que no es ficción.

– Claro, desde documentales de animales hasta, yo qué sé, un reportaje de periodismo de investigación. Y no tengo nada en contra del reportaje, me parece muy válido su lenguaje, hay grandes obras en la lógica del reportaje y me gusta, pero una obra cinematográfica es otra cosa. Entonces no se puede decir que en el Perú no se ve cine documental porque la gente no quiera ir a verlo, la verdad es que no existe, ¿Cuándo se ha estrenado una película de cine documental acá? Es muy raro eso.

-Lo que me sorprende gratamente es que Sigo Siendo estuvo diez semanas en cartelera, incluso más tiempo que muchas películas comerciales, sin contar las proyecciones en innumerables instituciones.

-Claro, eso quiere decir que no es que la gente no quiera ver cine documental, es que simplemente no hay cine documental. Cuando surge una película que les interesa, el público va.

-Javier, el documental también es memoria ¿crees que el Perú es un país que olvida muy rápido?

– Yo creo que el Perú es un país que niega la memoria, no es que olvida, es que la niega, no quiere saber nada. En el caso más inmediato me imagino la falta de memoria en la guerra interna, los problemas que hemos tenido para que exista el museo de la memoria y que al final no tiene el apoyo que debería. Es un país que no tiene derecho a la memoria.

 

***

Javier anticipa que se está preparando una edición de Sigo Siendo en varios idiomas, con el disco y con un libro. Es un esfuerzo muy importante con La Mula Producciones, para los primeros meses del 2015. Luego le pido una foto. Elijo estar bajo un árbol y junto a una mesa de fulbito donde imagino que los periodistas de La Mula descansan las manos de los teclados. Le digo que muchas gracias y él sabe que no me refiero únicamente a concederme la entrevista, que se trata de un agradecimiento emocionado y eterno por todo lo que nos ha permitido sentir a través de su obra. Hacer documental es eso, mover fibra humana, contar las historias que se nos cruzan, visibilizar lo invisible, aprender a ver.