Esta es la historia de las hermanas Olga y Juana Penalillo, responsables de una tradición gastronómica que durante años ha exhibido con orgullo el estadio Alejandro Villanueva, hogar del Club Alianza Lima, en Matute. Ellas son las creadoras de una sazón que cada fin de semana seducía a socios, dirigentes, trabajadores, jugadores y, sobre todo, a la hinchada blanquiazul. De pronto, la pandemia obligó a cerrar los estadios. Y el próspero negocio de las hermanas Penalillo perdió el espacio en el que complacía a sus comensales. Sin embargo, ellas han encontrado la forma de reinventarse y cuentan su experiencia en la siguiente entrevista.

Hablar de un partido de fútbol a estadio lleno en el Perú suena tan lejano que ya muchos han olvidado cuándo fue el último. Lo que sí se recuerda es la forma en la que se festejaba cada fin de semana la fiesta de este deporte de multitudes. Testigos claves de la pasión que se vivía en los estadios, y específicamente en el barrio de Matute, son Olga y Juana Penalillo, hermanas responsables de deleitar los paladares de los hinchas en la zona de occidente del Alejandro Villanueva. “Era muy bonito ver a todos los hinchas reunidos para alentar al equipo del pueblo, sobre todo cuando el equipo ganaba. Era una fiesta”, recuerda Olga. 

La historia culinaria de Olga y Juana, sin embargo, no empieza en La Victoria, sino en San Juan de Miraflores. Ellas crecieron ayudando a su madre en la cocina del restaurante familiar. “De ella aprendimos todo lo que sabemos y luego perfeccionamos la técnica, pero con la sazón de siempre”, agrega Juana. En la siguiente entrevista ambas hablan de su relación con el club, recuerdan anécdotas y cuentan cómo han sobrellevado la nueva normalidad provocada por el COVID-19. 

 

Blanquiazules de corazón

“Somos hinchas de Alianza desde muy jóvenes y ha sido todo un honor poder trabajar con la institución todos estos años”, declara Olga. En efecto, ambas son parte de la tradición popular que ha caracterizado al club en los 119 años de vida institucional. Su historia comenzó hace diecisiete años. Isabel, la prima de Olga y Juana, trabajaba para el club y su hijo, Julio Penalillo, era jugador del platel profesional del equipo.  “Un día recibimos el llamado de la madre de Isabel, nuestra tía, porque le avisaron que necesitaban instalar un comedor en la zona occidente del estadio”, recuerda Juana. Es así que las hermanas Penalillo llegaron al barrio de Matute. “Al principio solo nos encargábamos de la comida en el estadio. Más adelante, los dirigentes consideraron que debíamos llevar nuestra comida también a la sede de las divisiones menores en Villa El Salvador”, agrega Olga. Los platillos que se sirvieron en cocina de las Penalillo fueron variando con el tiempo. Primero empezaron con los clásicos anticuchos en salsa de ocopa, el arroz con pollo y el seco con frejoles. Luego agregaron al menú la carapulcra con sopa seca, el cau cau y los sánguches de pollo. “Nuestra sazón era muy querida por los hinchas y ellos eran muy fieles a nosotras. Cuando trabajas con dedicación y lo haces bien, tu trabajo siempre es reconocido”, declara Juana.

hermana penalillo

Juana Penalillo sirviendo uno de los platillos más populares: la carapulcra con sopa seca. FOTO: Francisco Neyra/El Comercio.

Alianza Lima lo es todo

En todos los años de trabajo de la familia Penalillo en Alianza, el club siempre le ha demostrado respeto y fidelidad. “Para nosotras Alianza Lima lo es todo. El club nos dio la oportunidad de trabajar y gracias a él nos ganamos el cariño de socios, jugadores e hinchas”, afirma Olga. A pesar de nunca haber firmado un contrato con Alianza, el club no dejó de llamarlas cada año para seguir sirviendo sus platillos a los hinchas. “Como no teníamos contrato, no sabíamos si nos iban a llamar para el próximo año. Gracias a Dios Alianza Lima siempre nos ha abierto las puertas”, agrega Juana. Sin embargo, en una temporada, el club decidió no llamar a las Penalillo por un par de fechas. Juana y Olga nos compartieron esta pequeña anécdota. “Hubo un año en el que no nos llamaron por dos partidos. Los hinchas reclamaron para que volvamos porque nos extrañaban y nos volvieron a contactar”, recuerda entre risas Olga.  

 

Desde “potrillos” 

En los diecisiete años de trabajo en Alianza Lima, Juana y Olga han visto crecer a niños que se convirtieron en grandes estrellas del fútbol local y que también destacaron en el extranjero. Uno de esos niños se llamaba Carlos Ascues. “Cuando estábamos en la sede de Villa, nosotras preparábamos chanfainita para los papás de los chicos. Lamentablemente, la familia de Carlos no tenía dinero para comprarla y muchas veces le obsequiábamos el plato. Todo sea por ver a un niño cumplir su sueño de ser futbolista”, relata con nostalgia Olga. Como Ascues hay muchos otros que vistieron la camiseta de Alianza y la selección nacional. Por ejemplo, Jefferson Farfán, André Carrillo, Paolo Hurtado, ‘Churrito’ Hinostroza, Kevin Quevedo y Wilmer Aguirre. De este último también hay una anécdota. “Wilmer trabajó tanto que el club decidió comprarle un departamento en San Isidro. Él vivía en la casa hogar de Barranco. En su último día, todos se volvieron locos porque Miki Rospigliosi llegó para hacerle una entrevista. Estábamos felices por él”, recuerda Juana. Sin embargo, la sazón de Olga y Juana no solo gustaba a hinchas, socios y jugadores, sino también a la prensa deportiva. “Uno de nuestros clientes más fieles es Pedrito García. Los señores de Gol Perú también vienen a comprar antes de cada partido”, agrega Olga. 

Olga Penalillo acompañada de Carlos Ascues. FOTO: Archivo personal.

De Matute a tu casa

La crisis sanitaria y económica golpeó muy fuerte a las hermanas Penalillo. La última vez que ellas pudieron servir sus deliciosos anticuchos al público fue un 28 de febrero. Dos semanas después el Ministerio de Salud suspendió el torneo local y el Gobierno decretó el estado de emergencia. En estos últimos meses se reactivaron algunos sectores de la economía como los restaurantes. Sin embargo, Olga y Juana precisan que ellas nunca tuvieron un restaurante. Su único lugar de trabajo era el estadio Alejandro Villanueva los fines de semana. “Al inicio no sabíamos qué hacer. El club se comunicó con nosotras para decirnos que la suspensión sería hasta el próximo año. Nos quedamos sin trabajo”, comenta con tristeza Juana. Además, ellas no estaban familiarizadas con el sistema delivery ni con las redes sociales. No obstante, el corazón de los hinchas blanquiazules apareció para darles una mano. “Nos ayudaron a crear una página en Instagram llamada ‘De matute a tu casa’ y por ahí estamos vendiendo nuestros platillos. Gracias a Dios nuestros fieles clientes de Matute nos siguen. Si no fuera por Alianza Lima y su gente, no sabemos qué sería de nosotras en esta situación”, explica Olga. 

El servicio delivery de las hermanas Penalillo llega a todos los distritos de Lima. Se coordina con ellas el precio, debido a que ellas contratan motorizados que les ayudan con la repartición desde su hogar en San Juan de Miraflores. Además, nos comentaron que el platillo que más sale en esta época son los famosos anticuchos. “Los anticuchos los sellamos al vacío y los enviamos con su salsa de ocopa y ají. Son los más pedidos por nuestros clientes”, agrega Olga. En la cuenta de Instagram, Olga y Juana aprovechan en colgar fotos de cada figura pública que ha degustado su sazón en Matute. De esta manera, ambas tratan de conseguir más clientes cada fin de semana.

Finalmente, Juana y Olga dejaron un mensaje para todos los hinchas de Alianza que lean esta nota: “Por favor, ayúdennos con la página en Instagram y apóyennos con los pedidos”. 

 

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