Foto: Facebook Esteban Ramírez.

Esteban Ramírez: El comunicador que enseña un lenguaje que sale del corazón

Esteban Ramírez es hijo de padres con discapacidad auditiva. Sus cuatro hermanos y él crecieron aprendiendo lenguaje de señas, era fundamental para la comunicación en casa. Su experiencia con la comunidad sorda lo alentó a trabajar en favor de la inclusión social en el país. Hace siete años, Esteban creó LARA, un centro de capacitación, voluntariado e interpretación de lenguaje de señas. Esta es su silenciosa historia.

Por Ana Flavia Ormeño

“Fue como aprender a hablar”. Esteban aprendió el lenguaje de señas de manera natural: fue su lengua materna. Siempre formó parte de su vida. De primera mano, pudo conocer las falencias a las que se enfrentan las personas con problemas auditivos. De dicho conocimiento y la experiencia con sus padres, una idea surgió.

Tenía que hacer algo para cambiar esta situación de olvido y exclusión. En el Perú, hay más de un millón de personas con limitaciones auditivas, pero apenas 150 intérpretes de lenguaje de señas. Y las políticas inclusivas son escasas, lo mismo ocurre con la accesibilidad idiomática en los medios sociales y con los programas de sensibilización que valoren la diversidad. Hay mucho por hacer.

Esteban no solo conoce la realidad de las personas sordas. Mientras trabajaba en el Consejo Nacional para la Integración de la Persona con Discapacidad (CONADIS), percibió los obstáculos a los que se enfrentan las personas que se movilizan en silla de ruedas. Su jefa era una de ellas. “Cada vez que la acompañaba, noté los impedimentos que debía sortear en la vía pública, en veredas y pistas que no han sido diseñadas para ellos”, añade.

Más tarde, en su paso por el Gobierno Regional de Arequipa, trabajó junto a una persona con discapacidad visual. “Yo antes no veía los problemas. Para mí, era normal desplazarme en las calles, pero para una persona ciega es un problema muy serio estar lidiando todo el día con obstáculos en el camino”, reconoce. Esteban comprobó hasta qué punto la sociedad ignora a las personas con discapacidad.

Los inicios de LARA

Hace siete años, en octubre de 2014, Esteban Ramírez fundó la primera escuela de lenguaje de señas. Con la ayuda de un amigo, que le prestó la cochera de una Iglesia, en Arequipa, empezó a plasmar un sueño. Las clases se desarrollaban en un ambiente de tres por cuatro metros. No había ventanas, solo cuatro paredes pintadas de verde y el techo de color blanco. Entraban doce sillas, una pequeña pizarra acrílica y una mesa de color marrón. Las clases se dictaban solo los sábados en la mañana.

Esteban imprimía anuncios de la escuela y los pegaba en la Universidad Nacional de San Agustín de Arequipa (UNSA), en donde había estudiado Comunicaciones. Sus amigos también compartían la información entre sus allegados. Pronto abrió una página en Facebook para su escuela. A la primera clase solo asistió una persona. Poco a poco, personas afines a la Iglesia comenzaron a inscribirse. Y, con el paso de los meses, empezaron a llegar más estudiantes.

Los alumnos de LARA recibiendo clases de lengua de señas en 2017. Foto: Facebook LARA Escuela de lengua de señas.

Al cabo de tres años, la cochera que le habían prestado resultó un espacio muy pequeño para las clases. Había más alumnos interesados en aprender el lenguaje de señas. Encontró un local en la avenida Tahuaycani, en Arequipa, y decidió trasladarse allí. Eso significaba tener más horarios, más actividades y generar más ingresos. Al escoger el nombre de la escuela, no lo pensó dos veces: LARA, Luis Alberto Ramírez Arellán, su padre. Qué mejor nombre que el de su más grande maestro. Para él, que la escuela lleve su nombre es un orgullo.

LARA es una escuela de capacitación de Lengua de Señas Peruana (LSP) para oyentes. Con base en el conocimiento de lo que se denomina la cultura sorda, los oyentes pueden encontrar soluciones que remedien las carencias educativas, los problemas de salud y las dificultades laborales que afronta este grupo vulnerable. El equipo de la LARA está conformado ahora por 80 personas, entre profesores sordos, intérpretes, voluntarios y practicantes.

El centro también cuenta con un voluntariado que se enfoca en mitigar la falta de acceso a la educación de los niños sordos. Los estudiantes de LARA apoyan a niños en todo el país. Este voluntariado incluye tutorías personalizadas, enseñanza de lengua de señas y reforzamiento de las clases escolares que no logran comprender. Actualmente, cuentan con alrededor de 70 voluntarios y apoyan a una veintena de niños que viven en distintos lugares del país.

LARA ofrece clases virtuales vía Zoom debido a la pandemia. Su plataforma incluye cursos en línea grabados para quienes no pueden conectarse en horarios específicos. Son tres niveles de aprendizaje: básico, intermedio y avanzado. Estos cursos son dictados por docentes sordos en diversas regiones del Perú. Esta descentralización de la enseñanza, que salió de los límites de Arequipa para extenderse a otras ciudades, permitió que en 2020, por ejemplo, 700 personas se unieran a la escuela.

Gracias a estos logros, LARA ha obtenido diversos reconocimientos. Ganó el concurso Innóvate Perú del Ministerio de la Producción, fue elegido como Protagonistas del Cambio UPC en 2020, obtuvo el primer puesto en 7G Startup Perú y ganó la Datathon de Interbank.

Pero el mayor logro para Esteban son los resultados positivos de su iniciativa en los estudiantes. “El proceso de aprender lengua de señas es tedioso, pero mirar los resultados me trae mucha satisfacción”, indica con una sonrisa en el rostro. Pasa cuando le cuentan que sus estudiantes se comunicaron por primera vez con una persona con discapacidad auditiva. O cuando los padres de familia le envían videos de sus hijos comunicándose en lengua de señas.

El equipo LARA celebrando su sexto aniversario. Facebook: LARA Escuela de lengua de señas.

En marzo de este año, Esteban lanzó otro emprendimiento. Junto a su hermano, Luis Ramírez, de 37 años, quien es chef, decidió juntar la lengua de señas y la parrilla. Así surgió Alaseña, un restaurante con temática de lenguaje de señas. “El medio hermano de LARA”, ríe. Aquí se les da oportunidad laboral a las personas con discapacidad auditiva. Los mozos son personas sordas. Además, los clientes encontrarán nuevas formas de conocer, aprender y comunicarse en esta lengua de manera correcta. Lo más importante es darle reconocimiento a la lengua de señas.

Los hermanos Esteban y Luis Ramírez posan frente el local de Alaseña en Arequipa. Foto: Facebook: Alaseña.
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Esteban, de 32 años, busca dejar una huella en Arequipa y en el Perú. Cuenta que las habilidades comunicativas que tiene su padre son el resultado de un trabajo de años al lado de un misionero sordo estadounidense, Bernon Miller. Cuando su padre tenía 12 años, Bernon lo llevó a un colegio y le enseñó lenguas de señas. Eso fue clave, su padre no lo olvida y le tienen un gran recuerdo y cariño. Esteban quiere lo mismo: dejar una marca en los niños y jóvenes con los cuales hoy trabaja. “Más adelante, cuando pasen los años, quisiera que ellos recuerden que fue en LARA donde aprendieron lengua de señas y se abrieron a la información, eso es lo que más me motiva”, expresa.

Esteban indica que el lenguaje de señas es un lenguaje que sale del corazón. “Así como las palabras se transmiten por medio de la voz, la lengua de señas, si bien se transmite por medio de las manos, tiene la motivación puesta en el corazón”, asegura.