FOTO: Luciana Zunino

En lo alto de Chorrillos hay un Nuevo Amanecer junto a las plantas

Un grupo de mujeres en San Genaro lll (Chorrillos) se ha organizado para autogestionar una de las pocas ollas comunes que cuentan con un biohuerto, que está ubicado alrededor del local comunal Nuevo Amanecer. Buscan ser sostenibles a través de una propuesta ecológica. La autora de esta crónica participó en su instalación y desarrolla en las siguientes líneas su interacción con las fundadoras desde el inicio de la pandemia.

2020. Desde Nuevo Amanecer se puede ver la ciudad y el mar a lo lejos. A la altura de un muro pintado con propaganda política, subiendo las escaleras, hay un edificio que resalta entre las casas: es de cemento, es grande y de color azul. Las ventanas y puerta tienen espejos azules y en letras doradas se lee “LOCAL COMUNAL NUEVO AMANECER”. 1pm. Dentro del edificio, y como todos los días de 8 am a 2 pm, están Isidora, Jesusa, Esther, Maura y Rosa. Jesusa y Rosa lavan platos en grandes bateas llenas de jabón, Maura termina de cocinar e Isidora hace las cuentas. Esther me recibe y me enseña el local. Allí descubro algo que me llamó la atención de una manera particular: un pequeño biohuerto de hortalizas y hierbas en cajas de madera reutilizadas.

30 de marzo. Se reúnen Esther, Maura, Juana y Jesusa. Isidora aún no se acoplaba, pues por la edad es vulnerable ante el virus. Se dieron cuenta de que la cuarentena se alargaba, nadie podía salir a trabajar y se acababan los ahorros. Entonces, este grupo de mujeres realizó una colecta con lo que les quedaba de dinero y pusieron en marcha la olla común para contrarrestar las consecuencias de la pandemia.

Maura Shupingahua cuenta que reunieron a los dirigentes de cada pasaje (o empinada subida al cerro) para pedirles que difundan en sus grupos de WhatsApp que estarían vendiendo almuerzos. A dos soles el menú. Aquí se cocina con insumos del día porque no hay refrigeradora. Todos los días ganan aproximadamente 130 soles y lo reinvierten todo al día siguiente. Me puse a observar otros detalles del local y, después de un rato de hacer preguntas, me animé a curiosear qué tenían sembrado. “Tenemos cebolla, apio, poro, orégano, hierbabuena y perejil. Fue una iniciativa que tuvimos en conjunto con la Municipalidad para hacer un biohuerto grande, pero nunca lo llegamos a concretar”, explica Esther. “¿Por qué?”, repregunto. “No lo sé”, responde Maura. Luego vino la última pregunta que hice ese día: “Qué, ¿lo hacemos?”.

En junio, la Municipalidad de Lima coordinó con el dirigente del asentamiento Edgar Cajas para añadir a la olla en un padrón de geolocalización donde se puede contactar al dirigente de cada una de ellas. La idea era recolectar dinero, alimentos y realizar charlas virtuales sobre autogestión sostenible. Así encontré el número telefónico de Esther Marín. Ella me informa que la última entrega de donaciones que realizó la MML fue a comienzos de setiembre. Además, se comprometieron a entregarles tierra para mínimo 20 cajas de madera y almácigos si es que ellas cercaban el terreno.

Algunas de las hierbas que se puede encontrar en el biohuerto de Nuevo Amanecer. Foto: Luciano Zunino.

Entonces llevé una malla y lo hicimos en un día de faena. “Nosotras hemos limpiado esta zona para hacer el biohuerto. La gente no respeta el espacio porque aún no se ha utilizado, pero si ponemos palos y una malla estará cercado”, pensaba Maura. Ahora, un poco más arriba del local, se puede apreciar un terreno baldío en forma de andenes de 8×16 metros aproximadamente.

Las mamás han creado un grupo de WhatsApp del asentamiento humano. Ha habido mucha ayuda de distintos grupos, pero buscan ser autosuficientes: producir del biohuerto, consumir con ello y cocinar para la venta de menús. “No es que todos te van a traer todo gratis toda la vida sin hacer nada. Nosotras no buscamos depender de donaciones. ‘Por ejemplo, cuando llega ayuda, hay que repartirse a todos la papa si es que llega una’. No funciona así, no rinde de esa forma. Es mejor producir tu propia comida”, explica Maura. Lo que normalmente sí proviene de donaciones (de organizaciones como Caritas o del Banco de Alimentos Perú) son carbohidratos y harinas.

Esther Marín en la cocina durante la preparación del menú del día. Foto: Luciana Zunino.

2021. En Nuevo Amanecer aumentaron a 142 los beneficiarios. A lo largo y ancho de Lima, se han empezado a implementar otros biohuertos. Por ahora, este parece ser el más productivo. Sin embargo, organizarse es complicado y mantener el compromiso con una causa que no tiene retribución económica lleva a que muchas personas no continúen en el proyecto.

Es por ello que este año la Olla Común se separó del Comedor Popular, el cual tiene un convenio con la Municipalidad, y ahora intenta formalizarse. Las dirigentas de Nuevo Amanecer comentan que no reciben tantas frutas, verduras o comida fresca, sino comida no perecible (baja en nutrientes). De ahí la importancia del huerto, que, respecto al año pasado, ha crecido bastante: se pusieron costales de arena con llantas para crear un muro de contención.

El problema ahora es el riego. Las vecinas buscan instalar la olla común escaleras arriba, al lado del biohuerto, por motivos de practicidad y con el fin de reutilizar el agua en que se enjuagan las legumbres para poder regar y así no utilizar agua limpia que podrían emplear en higiene personal. Lo más urgente es levantar un módulo para establecer la olla. A veces en este ámbito se dan servicios a cambio de la comida, aunque no se ofrece mucha gente, lo cual frustra a las madres de la olla.

Margarita Pérez en medio de las llantas en forma de andenes que colocaron para la cosecha. Foto: Luciana Zunino.

Antes la olla tenía veinte miembros, ahora quedan siete. “¿Por qué?”, pregunto. “No mucha gente se compromete, este es un trabajo difícil que requiere mucha entrega”. La mayor del equipo tiene 58 y la más joven, la tesorera, 20.

Actualmente, el equipo está conformado por:

  • Maura Shupingaua: Presidenta
  • Margarita Perez: Encargada principal del biohuerto. 
  • Victoria Pumarica: Almacenera 
  • Josselin Oritz: Tesorera
  • Rosa Ortiz: Vicepresidenta
  • Esther Marin: Secretaria
  • Jesusa Cahuana: Segunda Secretaria

La comunidad tiene acuerdos y desacuerdos. Estas mujeres no son convocadas por nadie. No les paga nadie por hacer lo que hacen y se enfrentan a dificultades todos los días. Las mujeres del gremio explican que es importante aprender a hacer caso omiso de las críticas, como en el cuento de la gallina y el pan. Es realmente difícil manejar un grupo tan grande de beneficiarios, quienes a veces hasta se demoran en firmar los padrones de donaciones. “No todos firman y luego se quejan por no recibir las donaciones. Es agotador estar buscando a las personas. Realmente a veces esperan que alguien les haga las cosas sin esforzarse”, expresa una de las integrantes.

Aunque Maura no acepta la idea de aumentar más el costo del menú, este tuvo que subir 0.50 céntimos debido a la reciente alza de precios. Muchas verduras han doblado sus precios, según menciona. Cuentan con el huerto, aunque también se puede recoger cosechas de días anteriores en el mercado porque es más barato.

Por ahora la cosecha consta de tomate, sábila, cebolla china, albahaca, hierba luisa, chincho, orégano, hinojo, piña, perejil, ,acelga, col, maracuyá, apio, albahaca, huacatay, culantro, papa, poro, coliflor, tomillo, lechuga y rábanos. Descubrieron que, a diferencia de la papa rosada y yungay, la amarilla y la huayro sale a menor tamaño por el clima. Se necesita saber qué funciona y dónde. Ensayo y error.

La tesorera Josselin Ortiz muestra una planta de sábila que salió del huerto. Foto: Luciana Zunino.

Llegué a la hora de la reunión. Se iba a realizar el balance semanal: cuánto se recaudó, cuántos menús se vendieron, cuánto se puede reinvertir y cuánto se debe. En el menú viene una entrada o sopa, plato de fondo y bebida. Las mujeres de la Olla Común se levantan a las 4am para tener listo el arroz una hora después. Hay un cuaderno donde se anotan las cuentas, deudas, etcétera. También hay un padrón de nombres y datos. Muchos de los 142 beneficiarios comparten el alimento comprado con los miembros de sus familias nucleares.

Menciono a las ollas comunes veganas, iniciativa de jóvenes voluntarios, como alternativa, y talleres sobre importancia del autocultivo de verduras. “¡Oye, sí! De paso que nos enseñen, yo estoy martes y viernes”, dice Maura, siempre la más entusiasta. Se acuerda cuando comió un juane vegano y le encantó, dice que estaba ‘buenazo’. Quiere ponerse en contacto con esta olla para tejer más vínculos entre acciones comunitarias. Por el grupo de Whatsapp, ella avisa sobre las reuniones que organizan distintas entidades para dictar talleres y capacitaciones sobre alimentación saludable, biohuertos y liderazgo.

Resulta más fácil comprar un producto dado que en el huerto hay tiempos de cosecha. Hay una economía circular en la maduración de los frutos. Se necesita saber acerca del uso de pesticidas naturales –ajo, kion, rocoto, hasta detergente diluido en agua– para el cuidado de las plantas, pero calcular las medidas es complicado. El abono es sumamente importante, por lo que la Municipalidad de Lima les ha enseñado a realizar compost con material reutilizado. En el Colegio Luis Armando Cabello Vlll (Urbanización Manzanillas, Cercado de Lima) se implementó un centro de compostaje al que las madres van a recoger tanto donaciones como abono y tierra.

Las mujeres de Nuevo Amanecer en una de las reuniones para hacer las cuentas. Foto: Luciana Zunino.

Camilo de la Cruz, jefe del programa Recicla Lima de la MML, explica cómo se valorizan los residuos sólidos. La Ley de Gestión Integral de Residuos Sólidos establece que las municipalidades deben integrar programas de segregación en la fuente, o sea, promover que los generadores de residuos separen lo reutilizable de lo que no lo es.

“Pensamos que este tipo de acción podría implementarse en las ollas para que los vecinos creen su propio alimento. Se conversa primero con la dirigente de la olla y luego se hace una convocatoria para un día de taller donde se pueden usar materiales reciclados y les damos semillas. Luego se les da información para la recuperación de agua de lavado y comida, ya que hay plantas que pueden cortarse y replantearse”, explica.

¿De dónde sale esta entrega y energía? “A veces yo también me lo pregunto y no sé (risas)” dice Maura. A veces uno despierta sin ganas de hacer nada, a veces todo pesa, a veces hay mucho de que hacerse cargo, o mucho de lo que uno elige hacerse cargo, ya sea por vocación o quién sabe qué. Pero hay que poner la mejor disposición para luchar contra las adversidades, porque sino nos comen vivos. Por eso esta crónica no es triste. Pero no por ello, existe una falta de crítica a quienes se benefician con las carencias de los demás. Esta crónica es también para las mujeres que se unen para resistir.

 

Si desean apoyar a las madres de la olla común Nuevo Amanecer:

-Maura Shupingahua: 

BCP: 194-99839330-0-05

Cel/Yape: 978 288 028

-Esther Marín:

Cel/Yape:998805767