Se hace llamar “Chola” y pintó su primer cuadro a los siete años. Ahora, a los veinte, es estudiante de la Escuela Nacional de Bellas Artes. Nació en el Callao y dice que cuando dibuja el mar es porque siempre afloran sus recuerdos de infancia. Hablamos con ella mientras terminaba de pintar un muro ubicado frente al malecón Castagnola, en Magdalena del Mar.

Por Jesús Rivera

Un grupo de artistas le da vida y sentido a lo que antes era solo una pared anónima situada frente al mar, a la espalda del Coliseo Aldo Chamochumbi, en Magdalena. Tienen en común su amor por la pintura y cada una tiene asignado un espacio del muro. Todas visten prendas cómodas que tienen, por supuesto, manchas de pintura. Un pequeño parlante alegra el lugar con canciones de salsa, reggae y rap. 

“¿Quién pinta sin música?”, dice Daniela Mendoza, segundos antes de volver a subir al andamio donde ha dejado las brochas y los pinceles que usa para su creación. Lleva el cabello suelto, lentes, casaca negra, un buzo plomo, mascarilla. Se sienta sobre la banca del andamio metálico y queda cara a cara con la virgen que ha dibujado. 

Daniela es estudiante de Artes Visuales en la Escuela Nacional de Bellas Artes. Pintó su primer cuadro a los siete años, aprendió a tatuar sin que nadie le enseñe y ahora toma fotografías de la ciudad porque busca tener un registro de lo que va ocurriendo a su alrededor. Quiere especializarse en grabado y hace énfasis en la responsabilidad social que conlleva ser un artista cuyas obras se exponen en el espacio público. 

Daniela Mendoza delante de la virgen azul que ha dejado en el malecón. A la derecha, Yuliet, también estudiante de Bellas Artes. FOTO: Pavel Egúsquiza.

Durante la entrevista pregunto por la imagen que está pintando. “Es la resemantización de una típica virgen”, dice. Daniela explica que ha tomado como referencia un dibujo de la virgen representada de manera tradicional y le ha agregado elementos contemporáneos que invitan a nuevas formas de interpretación. 

“Me agrada la percepción de ahora, la virgen María tiene otras formas de verse”, afirma. Pinta sobre el muro con la naturalidad de quien escribe sobre una hoja. De repente recuerda haber pintado otro muro en Barrios Altos. En ambos ha buscado darle a la imagen de la virgen más atributos que solo los relacionados a la “fidelidad” o la “maternidad”.

“Me gusta trabajar con los temas de la mujer, su femineidad, su importancia y valor dentro de la sociedad”. Daniela también revela que una de las características que se puede encontrar en sus obras son los símbolos de la cultura peruana. Explica que una de las razones por las que peruaniza las figuras religiosas es porque, desde su punto de vista, “estamos adorando ídolos que no se parecen a nosotros”.

Daniela valora el esfuerzo de organizaciones como Lima Warmi Walls, que genera espacios, incluso en tiempos de pandemia, para quienes conciben el arte como una forma de vida. Ese es su caso. Lima Warmi Walls la buscó para pintar el mural. “Son de lo mejor. Esta iniciativa surge de artistas que quieren hacer algo por otros artistas”. 

Daniela reflexiona sobre la importancia del contenido de un mural en el espacio público. “Los artistas que pintan murales entienden lo que hacen como obras de carácter público. Si no nos enfocamos en representar algo que alguien pueda ver, reconocerse e interpretarse ahí, entonces estamos haciendo una obra únicamente para nosotros en un lugar público, y la idea no es esa. Tenemos una responsabilidad social, la de comunicar algo que conecte con más personas”. Daniela explica así lo que hace, mientras sostiene con la mano derecha el pincel que va dando forma a los ojos del niño que carga en los brazos su virgen azul. A su lado se acumulan envases de pintura blanca y dorada que pensaba utilizar para alcanzar la tonalidad que proyecta dejar en la imagen. 

A la izquierda, Daniela Mendoza. Al centro, Yuliet, y a la derecha, Camila. FOTO: Pavel Egusquiza.

Le pregunto si cree que el Estado promueve el desarrollo de las artes plásticas. “Nos están apoyando, pero creo que falta mucho para que se entienda el arte como un trabajo. No solo por parte de las municipalidades o el gobierno central, la gente común debería cambiar el concepto que tiene del artista. La falta de oportunidades crea esta desigualdad, que haya menos padres apoyando a sus hijos a pesar de ser buenos en lo que hacen. Porque ellos ven esta falta de apoyo de la sociedad y llegan a creer que no hay manera de progresar como artista, a menos que seas uno en un millón”.

Daniela cuenta más detalles sobre sus estudios. “Soy de la especialidad de Grabado. Creo que es una de las cosas que más disfruto hacer. Yo encuentro grabados en casi todo, en los billetes, las monedas, hasta tu huella digital es un grabado. Amo hacer eso”.

Recuerda que el grabado no era lo que en un principio estaba buscando hacer. “Yo no llegué a la escuela sabiendo que quería estudiar grabado. Sabía muy poco sobre el grabado. Cuando fui a matricularme al examen, mi primera opción fue pintura. Postulé sin mucho conocimiento previo e ingresé. Me tomó por sorpresa, no pensaba que iba a ingresar”.  

“El primer año que estuve en la Escuela de Bellas Artes quise cambiarme a escultura, pero no tenía las notas necesarias”. Poco a poco Daniela empezó a interesarse en el grabado. “Si yo iba dedicarme al grabado tenía que saber qué es”. Después de ir a conversatorios y talleres, y luego de hacer sus primeros ejercicios de grabado, ella se dio cuenta de que era lo que estaba buscando. 

Daniela revela que su relación con el arte no se inició con el propósito de buscar un desahogo personal o de expresar sus emociones. “No creo tanto en la expresión propia. Yo te puedo decir que me gustan algunas formas, tengo elecciones, preferencias, tengo cosas internas, vivencias mías que nadie más conoce. Siempre me cuestiono el hecho de que la forma en que yo veo las cosas nadie la va entender”, confiesa. 

“Tal vez nunca voy a poder transmitir lo que yo siento por medio de un código propio, como abordar mi tristeza o alguna otra emoción. Me pregunto: ¿puede alguien realmente entender lo que estoy pensando o sintiendo al pintar una obra?”, reflexiona Daniela sobre la posibilidad que tiene de plasmar con exactitud lo que está sintiendo. Mientras lo dice combina el azul con el blanco sobre una bandeja. 

El sueño de un indigente en una calle de los Barrios Altos. FOTO: Daniela Mendoza.

Un artista debería estar dispuesto a explorar diferentes formas de expresión y Daniela, además de hacer grabados y pintar, sabe lo que es la fotografía artística. “Tomo fotos porque temo olvidar las cosas que van pasando. Yo no sé si mañana ese edificio vaya estar allí, esa calle, ese lugar, ese momento, la atmósfera que tiene. Me gusta mostrar cómo habitamos nosotros en el espacio y cómo las personas que habitan en el espacio son parte de este a su vez”. 

Daniela tiene una valoración de la fotografía como un medio que permite registrar momentos que muchos olvidan si no fuera por una imagen impresa sobre papel fotográfico. “Tengo un proyecto fotográfico que recopila los momentos que he pasado con mis amigos. Algunos me dicen: ‘Qué bueno que tomaste esa foto, es que la memoria es muy frágil”.

Barrios Altos. FOTO: Daniela Mendoza.

Quizá esa sea la razón por la que una de las representaciones que más repite en sus cuadros es la imagen del mar. Le gusta pintarlo en memoria al lugar donde nació: el Callao. “La mayoría de artistas trabajamos tomando en cuenta nuestro entorno”. 

Es inevitable hablar de los efectos que ha tenido en ella el aislamiento social provocado por el COVID-19. “Voy a ser sincera, la pandemia me ha ayudado mucho a crecer como artista”. Cuenta que la incertidumbre en la que estamos viviendo de alguna forma la está haciendo concentrarse más en lo que le falta por hacer.

Daniela se define como una artista que está en un aprendizaje constante, tiene muy claro el motivo que la hace sentirse más segura en cuanto a la vocación que eligió. “Yo aprendí porque alguien le enseñó a mi profesor del taller de acuarela. Y creo que es importante preocuparnos, no solo de los que están arriba si no de los que están empezando y como el arte influye en ellos. Quisiera que así como yo, tengan a alguien que pueda guiarlos. Creo que es lo que me mueve en el arte, por eso es que quiero aprender de todo, porque quiero, en algún momento de mi vida, poder enseñar”.