FOTO: Facebook Daniel Villa

Daniel y Violeta: La historia de amor de dos médicos que combaten la pandemia

Nunca antes los médicos habían asumido un rol tan gravitante en nuestras vidas. En un tiempo tan duro y nefasto, se han convertido en soldados que salvan vidas. Muchos murieron enfrentando la pandemia. Otros sobrevivieron y ahora continúan en la brega. Daniel Villa y Violeta Calle son una pareja de médicos que trabajan en el área de hospitalización Covid-19 de la clínica Cayetano Heredia, una estación intermedia entre la vida y la muerte, donde ellos luchan a diario. Ni en sus peores sueños imaginaron que sus primeros años de labor médica tendrían que estar a cargo de pacientes devastados por un virus desconocido y letal.

Era 6 de febrero del 2020. Daniel y Violeta habían viajado a España para postular a una beca de especialización en Medicina. Querían seguir estudiando. A Daniel se le ocurrió la romántica idea de formalizar su relación con Violeta en París, con la Torre Eiffel como testigo. Daniel le pidió matrimonio y Violeta, con los ojos llorosos, aceptó emocionada. Ninguno imaginaba que un mes después sus vidas cambiarían por completo.

Mayo de 2021. Su jornada en la clínica Cayetano Heredia empieza con el reporte de todos los pacientes que ingresaron durante la noche y estuvieron internados el día anterior. El médico que estuvo en el horario previo debe informarles sobre las ocurrencias de los pacientes durante la madrugada y sobre aquellos que tuvieron que ser derivados a la Unidad de Cuidados Intensivos. 

Ambos describen el área de hospitalización Covid-19 como el lugar intermedio para todos los pacientes: unos se recuperan y logran regresar a sus hogares, otros pasan a UCI a pelear por sus vidas. No resulta fácil que un paciente sea admitido aquí. La clínica solicita una serie de requisitos, entre ellos contar con un seguro personal o el pago de una suma elevada por hospitalización.

Daniel pidiéndole la mano a Violeta en París. Foto: Facebook Daniel Villa.

La mayoría, por desgracia, pasa a UCI y se pierde el contacto. Nunca se enteran si lograron sobrevivir. Como médicos, han tenido pacientes con los cuales establecieron vínculos cargados de empatía y afecto.

Violeta, por ejemplo, cuenta que tuvo un paciente muy joven con quien rápidamente estableció lazos de confianza y amistad. Lamentablemente, tenía obesidad, su salud empeoró y con el transcurso de los días tuvo que pasar a UCI. Desde ese momento no pudo saber nada más de él. 

Daniel, por su parte, se describe como una persona sensible que trata de motivar a sus pacientes con palabras de aliento. Es consciente de que el factor mental y emocional es sumamente importante en este periodo crucial en el que los enfermos luchan contra el avance del virus.  

La rutina de estos médicos tiene un lado que ellos luchan por evitar: la muerte. A menudo Daniel siente como suyo el padecimiento de sus pacientes y el dolor de sus familiares.

Daniel y Violeta junto al equipo de trabajo en la clínica Cayetano Heredia. Foto: Facebook Daniel Villa.

Cuando un médico se convierte en paciente

Ser médico en estos tiempos implica pasión y vocación profesional. ¿Quién se atrevería a atender a pacientes con Covid-19 con el riesgo cotidiano de contagiarse? Daniel y Violeta lo hicieron, aceptaron este reto, pero no se libraron del virus: también resultaron contagiados. Fueron los momentos más difíciles que afrontaron como pareja. Ambos enfermaron al mismo tiempo. Cada uno desarrolló síntomas distintos y dejaron de ser médicos para convertirse en pacientes. 

Violeta presentó síntomas leves durante todo el tiempo. No pasó lo mismo con Daniel. La pandemia le enseñó a él y a su familia a valorar la vida de una forma distinta. Antes de trabajar en la clínica Cayetano, Daniel trabajaba en el área de detección en Essalud, es decir, tenía que salir a buscar a los pacientes Covid-19 todos los días. 

Fue en estas circunstancias que se contagió y debió ser internado en la Villa Panamericana. Sentía mucho miedo, pero como hacía con sus pacientes, empezó a darse ánimos y a llenarse de convicción y de serenidad. Daniel logró recuperarse, pero no todo salió como él hubiera deseado. Su abuelo también se contagió, no pudo sobreponerse y falleció. “Estoy seguro que Dios estuvo todo el tiempo en este difícil momento que pasamos como familia porque todos en casa también se contagiaron. La muerte de mi abuelo me dolió mucho, pero esta experiencia tan triste también permitió que mi familia se mantenga muy unida”.

Los sueños deben esperar

Más allá de ser médicos, Daniel y Violeta tienen una relación, muchos sueños compartidos y se proponen objetivos personales y profesionales. Recordemos su viaje al Viejo Continente. El principal motivo por el que ambos viajaron fue la especialización en Medicina que tanto soñaban. La pandemia, sin embargo, tenía otros planes para ellos. 

Daniel y Violeta vacunándose contra la COVID-19. Foto: Facebook Daniel Villa.

Los planes de matrimonio, que en un principio estaban previstos para finales de 2020, tuvieron que posponerse para este año con la esperanza de que la situación mejore. Nada fue como lo planearon y hasta la fecha no hay boda. Ya no quieren seguir postergando ese sueño compartido. No importa que sea por medio de una plataforma digital. “Queríamos que nuestro matrimonio fuese algo grande, con familiares y amigos del colegio y de la universidad, pero con el tiempo nos hemos dado cuenta de que no será posible y se tendrá que hacer por Zoom”, dice Daniel con resignación.

Un poco más de ellos 

Desde que eran niños ambos estuvieron vinculados a la Medicina, aunque sea como pacientes. Daniel cuenta que sufría de problemas en las vías respiratorias, a menudo padecía enfermedades estomacales y otras dolencias. Fue por ese motivo que decidió estudiar Medicina. Sospechaba que había una cuestión orgánica detrás de sus incontables dolencias. “De pequeño vivía más en el hospital que en mi casa o en el colegio. He sufrido de todo y siempre me dio curiosidad conocer el motivo. Desde niño decidí que algún día quería dedicarme a la Medicina”.

Violeta, por su parte, siempre tuvo curiosidad por saber cómo es un parto y le interesaba la ginecología. Era una adolescente cuando le dijo a sus padres que quería estudiar Medicina. Conoció a Daniel en 2011, mientras estudiaban la carrera de Medicina en la Universidad Peruana Cayetano Heredia. Coincidieron en el curso de Anatomía, que tenía más de 100 alumnos. Daniel ya conocía a Violeta por algunos amigos en común y un día decidió enviarle una solicitud de amistad por Facebook. Ella aceptó y desde ese momento empezó a tejerse un vínculo indisoluble entre ambos.

Durante largo tiempo fueron amigos y solo después de conocerse bien decidieron iniciar una relación. “Yo la conocía, sabía todo de ella, pero ella ni me conocía. Me lancé porque soy valiente. Empezamos a conocernos como amigos y tiempo después formalizamos”, recuerda Daniel. 

Con el paso del tiempo descubrieron que estudiar Medicina demandaba un gran esfuerzo y muchos sacrificios. “Implica constancia y esfuerzo permanente. Es una carrera que puede resultar agotadora y, al mismo tiempo, muy satisfactoria”.

Sus estudios de especialización y su matrimonio deberán esperar a que la situación mejore. Mientras tanto, Violeta y Daniel prometen seguir al lado de cada uno de sus pacientes.