Julio Marín Rodríguez, presidente de la Federación Regional de Rondas Campesinas, Indígenas y Urbanas de Cajamarca, explica cómo los retornos masivos, la crisis económica, los intereses partidarios y la deficiente coordinación del movimiento rondero desencadenaron un aumento exponencial en la propagación del COVID-19 en la región Cajamarca. Lecciones para tomar en cuenta ante el peligro de una segunda ola.

Por Álvaro Cáceres

Al inicio de la pandemia Cajamarca fue uno de los departamentos más elogiados por el control que impuso para impedir la propagación del COVID-19. A inicios de julio, la cadena BBC Mundo publicó un artículo destacando el rol de las rondas campesinas y urbanas (organizaciones de autodefensa locales) como pieza fundamental para evitar los contagios. El medio internacional reconoció la importancia de medidas como los “cercos regionales”, los cuales consistían en el estricto control que realizaban las rondas en las principales vías de acceso a Cajamarca frente al retorno de muchos lugareños que huían de ciudades de la costa donde la pandemia se estaba extendiendo, como Lima o Trujillo. “Nos asegurábamos de que la gente que llegaba cumpla una cuarentena de entre 15 a 20 días, dependiendo del caso”, señala Julio Marín Rodríguez, presidente de la federación ronderil.

Sin embargo, posteriormente se registró un rápido aumento de los contagios en el departamento, alcanzando su pico más alto en agosto (15,680), según cifras de la Dirección Regional de Salud de Cajamarca. Por otro lado, la institución también indica que el número de muertes por COVID-19 en la región alcanzó su máximo registro en el mes de julio (448) acumulando un total de 1022 decesos hasta la fecha. ¿A qué se debe este aumento? ¿Qué pasó con el estricto control de las rondas? El dirigente rondero Julio Marín Rodríguez brinda algunas respuestas.

Julio Marín Rodríguez, presidente de la Federación Regional de las Rondas Campesinas, Indígenas y Urbanas de Cajamarca, sostiene la binza, látigo de cuero utilizado para sancionar a los infractores de la ley. FOTO: Álvaro Cáceres.

  1. Difícil control ante retornos masivos.

Desde que se autorizaron los vuelos humanitarios en los meses de abril y mayo, muchos cajamarquinos regresaron masivamente a sus lugares de origen. Esta movilización social provocó grandes aglomeraciones en los centros de control, donde se habían instalado cercos regionales. En consecuencia, la vigilancia de las rondas fue más difícil y menos eficaz. “Muchos utilizaron senderos rurales para evitar los puntos de control. Burlaron los cercos regionales ya sea por desesperación o por hambre. Otros se escaparon del albergue en el que estaban haciendo cuarentena. Llegaron y se insertaron en sus familias sin cumplir las medidas de prevención necesarias”, señala Marín Rodríguez.

Sin embargo, la responsabilidad no recae únicamente en los civiles, según el presidente de la federación. El dirigente hace una autocrítica y afirma: “No se hizo un manejo adecuado. Las rondas se concentraron únicamente en las principales entradas y no en las demás rutas, a pesar de que también las conocíamos”.

Vuelos humanitarios para el retorno de migrantes. Junio pasado. FOTO: Ministerio de Transportes y Comunicaciones.

  1. Los ronderos no podían seguir trabajando gratis.

El dirigente rondero señala que el papel de las rondas urbanas fue el de evitar la aglomeración en mercados y bancos en el inicio del confinamiento. “Durante los primeros meses se pudo evitar la aglomeración de gente en mercados y bancos. Nos asegurábamos de que todas las personas cumplan con las medidas de seguridad. En caso contrario, les aplicábamos sanciones, como realizar lagartijas en la calle”, detalla. Sin embargo, el dirigente rondero recalca que el trabajo ronderil es voluntario, no existe sueldo de por medio. Es por ello que ante la disminución de los empleos y la falta de recursos, gran parte de los ronderos dejaron sus labores de vigilancia. “La gran mayoría tuvo necesidades y obligaciones que cumplir con sus familias. Ese ha sido un gran problema, ya que la aglomeración y los contagios aumentaron dramáticamente sin el control de las rondas urbanas”, explica Marín.

El dirigente agrega que esta falta de control empeoró la situación en la región, ya que las autoridades no se preocuparon en brindarle una adecuada información a la población ni tampoco en garantizar que las medidas se cumpliesen dentro y alrededor de mercados y bancos, lugares donde se registraban las aglomeraciones. “Las autoridades no se preocuparon por brindarles educación preventiva a los ciudadanos. Debido a que no estábamos presentes, nadie se aseguró de que se cumpliesen las medidas preventivas en estos lugares”, sostiene Marín Rodríguez.

  1. División en el movimiento rondero. 

“El problema de las rondas en Cajamarca tiene que ver con una gran fragmentación del movimiento tanto en las ciudades como en las zonas rurales. Han aparecido varios grupos de ronderos proclamándose como los mejores, cuando nadie es mejor. Lo único que se quiere es que todos contribuyamos con el bienestar social”, afirma Marín Rodríguez. El dirigente añade también que los principales motivos de esta división son las diferencias políticas dentro del movimiento. “Aproximadamente el 50% de las rondas siguen al partido de izquierda Movimiento de Afirmación Social (MAS), un 15% sigue al APRA y a otros partidos, y finalmente nosotros (35% restante) no tenemos una ideología política marcada, nos consideramos un frente único. Sin embargo, todas estas diferencias lo único que ocasionan es un gran daño al movimiento”, reconoce.

Solo en la ciudad de Cajamarca se ha registrado entre 20 a 25 rondas urbanas, según el presidente de la federación ronderil. Sin embargo, no todas se han mantenido. “Muchas han desaparecido en dos o tres años al no tener una vida orgánica. Algunas solo aparecen con el fin de hacer más conocidos a sus dirigentes para que más adelante estos puedan postular a alcaldías o a otros cargos municipales”, señala.

Aglomeraciones en mercados de Cajamarca. FOTO: La rotativa.

Por otro lado, el dirigente rondero también admite que hay corrupción en estas organizaciones. “Ciertos líderes han aprendido los malos hábitos de los policías y se guardan para sí las herramientas que entregan las autoridades, como chalecos y mascarillas, en lugar de repartirlas a la ciudadanía. Muchos de ellos solo actúan por beneficio personal”, explica. De esta manera, el trabajo y las coordinaciones internas que se venían realizando en las rondas urbanas resultó mucho más complejo. Con ello, la propagación del COVID-19 aumentó exponencialmente al no haber un interés real por cierta parte de las rondas urbanas en contener el virus.

  1. La eterna disputa entre rondas y autoridades locales. 

La falta de una relación armónica entre rondas y autoridades locales también contribuyó al aumento de casos de COVID-19 en Cajamarca. “No gozamos de una buena relación con las autoridades. En el Ministerio del Interior hay un área de Rondas Campesinas, pero no hay ronderos en estos puestos. La gente no comprende qué es el movimiento rondero. Entonces no se pueden hacer buenas políticas públicas”, sostiene Marín Rodríguez.

“Algunos grupos de ronderos han llegado a solicitarle dinero a las autoridades para seguir cuidando a los ciudadanos. De esta manera el movimiento ha quedado desvirtuado por acción de unos cuantos”, señala el dirigente. De esta manera, la coordinación entre autoridades locales y rondas urbanas para prevenir la propagación del virus ha sido compleja. Esta situación ha afectado el trabajo en conjunto que se venía realizando para evitar la propagación del COVID-19. “Por el momento no estamos en los mercados como antes. Esperemos a que podamos intervenir en los siguientes días para el bienestar de Cajamarca”, finaliza el dirigente rondero.