FOTO: Joanna Everitt.

Angellina Miladi: “Ser mujer trans es un acto revolucionario”

Angellina es bailarina profesional. Descubrió su vocación mientras cursaba el tercer ciclo de Ingeniería Ambiental en la Universidad Nacional de Ingeniería. Cuando surgió su pasión por la danza, decidió abandonar los estudios. Desde entonces, ha sido esta pasión el pilar de su desarrollo integral como persona. Ahora, dos años después de haber empezado su transición, ella se siente una mujer orgullosa y empoderada, lejos de la disforia que enfrentó al sentir que no encajaba en el cuerpo en el que había nacido. También ha vencido el miedo que marcó su infancia y adolescencia en un barrio de San Martín de Porres. Allí, en un entorno marcado por el conservadurismo, no pudo cultivar su inclinación por el arte.  Sin embargo, con el paso del tiempo, Angellina lograría desviarse del destino que le habían trazado todas las personas que alguna vez la agredieron al asegurarle que lo único que le esperaba era el fracaso y la miseria.

Por María Fernanda González Labbé

Desde su infancia temprana, Angellina exploró su cuerpo de distintas maneras y nunca pudo encajar en el estereotipo del más varonil, del “macho», del hermano mayor responsable de sacar de la pobreza a su familia. Al no poder cumplir con esa promesa que forzosa, e indirectamente, le había hecho a sus padres al nacer hombre y primogénito, vivió una crianza castrante, marcada por una profunda depresión de la que solo pudo liberarse por medio del arte. Para Angellina, la danza es liberación a través del movimiento. No se limita a hacer ballet o danza contemporánea. Como es una bailarina ecléctica, toma aspectos de distintos estilos y crea uno propio. Se trata de encontrar una manera propia de moverse, liberarse y, sobre todo, explorarse.

Angellina en una presentación en la Plaza de Armas de Barranco (2019). FOTO: Archivo personal.

Las cinco salidas del clóset de Angellina

Angellina nació con intersexualidad, sus genitales de varón estaban atrofiados al producir internamente más hormonas femeninas que masculinas. Por ello, a sus cortos ocho años de edad, comenzó a recibir un tratamiento hormonal que ella recuerda como una etapa traumática. Desde pequeña, Angellina se sentía mujer y  la medicación iba en contra de lo que sentía. Pero a pesar de esto, la medicación no logró callar a la niña que sabía que tenía dentro suyo.

Siete años después del tratamiento, ocurrió algo que ella recuerda como su primera salida del closet. Tenía 15 años cuando le dijo a su madre que le atraían sexualmente los hombres. Sencillamente podríamos relacionar esta inclinación con la de un hombre gay. Tal vez por eso, a los 18 volvió a salir del closet. Esa vez intentó abrazar la etiqueta de un hombre gay con características físicas masculinas.

Estos dos intentos de aceptación no fueron suficientes e intentó definirse por tercera vez. Llegó a la conclusión de que sí, era un hombre gay, pero con características que socialmente eran vistas como afeminadas, las cuales eran muy marcadas.

Sin embargo, la Angellina de 23 años sabía que no era simplemente un chico gay. La feminidad que la caracterizaba físicamente dejó de causarle un conflicto interno y finalmente pudo aceptarse como la mujer que siempre supo que era. En ese momento, salió del closet como una mujer trans. Sin embargo, sentía mucho miedo de hacerse cambios físicos. Este miedo la acompañó hasta los 26 años, cuando aceptó y abrazó una identidad que le costó encontrar: asumirse como una mujer trans dispuesta a realizarse cambios físicos y hormonales para llegar a ser ella misma. Aquí empezó la última fase de su transición.

Los zapatos de ballet de Angellina luego de un día dictando clases de danza a niñas. (2017). FOTO: Carla Pat.

Aceptarse como mujer significó para Angellina construir una lealtad hacia ella misma, a sus propias necesidades y, sobre todo, a sus sentimientos. Esta transformación interna conllevó también una transformación externa: cambió cómo ella se veía, pero también cómo la veía el resto.

Antes de su transición, había tenido una carrera en la actuación, el baile y el dictado de clases de danza a niños, jóvenes y adultos. A raíz de sus cambios físicos, sufrió una discriminación aún mayor, sobre todo una falta de reconocimiento a su persona. Se quedó sin trabajo y no fue fácil conseguir empleo. Tan precaria se tornó su situación que tuvo que optar por ser trabajadora sexual para poder sobrevivir.

Como Angellina dice: “Me ha tocado ser guerrera en todas las aristas”. Y ahora, en medio de la pandemia por Covid-19, ha regresado al dictado de clases de danza para jóvenes y adultos, y preballet para niños. Con estas clases también quiere contribuir a la normalización de la convivencia entre infancias y personas trans.

La importancia de verse representada

Angellina recuerda que su infancia estuvo marcada por la discriminación. Era un niño afroandino y con sobrepeso.  Luego también fue blanco de la homofobia. Él creció de una manera distinta a la del resto de niños de su entorno. Más tarde comprobó que los medios de comunicación mostraban a personas trans en poquísimas oportunidades.

En sus palabras, los medios han reforzado la idea de que las mujeres trans no son personas íntegras, sino “hombres vestidos de mujeres” que deben ser vistos como objetos, sexualizados y acosados. Angellina recuerda que en su barrio, en San Martín de Porres, sí había personas trans, pero sus vecinos no lograban reconocerlos como tales ya que todo era visto desde lo binario, desde una dicotomía hombre-mujer. Angellina también refiere que fue víctima de constantes agresiones verbales por parte de sus padres, quienes la sentenciaban a una vida destinada al fracaso.

Angellina luego de dos años desde haber iniciado su transición. (2020). FOTO: Archivo personal.

La relación con sus padres fue muy difícil para su desarrollo como mujer trans y persona diversa. Este es un hecho que Angellina recuerda con mucho dolor. Cuenta cómo, luego de toda una vida de abusos, finalmente su madre pudo reconocerla como su hija. “Mi mamá me mira y me dice que me ama y que está orgullosa de mí”, afirma Angellina con una emoción indescriptible. Ya la perdonó. Recién en tiempos de pandemia pudo reconciliarse con su madre, una instructora de Tae Kwon Do para niños. También en estos tiempos duros pudo tomar una decisión muy importante en su vida: iniciar una terapia para poder superar las vivencias que le dejaron heridas difíciles de sanar.

A lo largo de toda su vida, Angellina ha podido demostrar que las mujeres trans no son como los medios de comunicación las representan. Son personas con sueños y aspiraciones que buscan en el día a día sentirse a gusto en su misma piel, aceptarse y amarse. No son objetos sexuales desechables merecedores de malos tratos. Son seres humanos que luchan para abrazar sus identidades, que van mucho más allá de una orientación sexual. Se trata de cómo quieren ser vistos por el mundo que los sigue estigmatizando y también por quienes apoyan su interminable lucha.