Cuando nació, su mamá tuvo que escaparse del hospital para dar a luz porque no tenía para pagar. Aprendió a bailar por su hermana en un cuarto de Breña. Empezó a presentarse con el cuerpo de baile de Guajaja, y probó suerte en Bollywood donde participó en series y películas. Luego se hizo famoso en Combate, creando a Zumba. Desde entonces fundó una empresa de raspadillas, una academia de baile y vende muñecos con su figura. El miedo de Alejandro Benítez es que por alguna razón el personaje que construyó se derrumbe.

Zumba es una ficción.

El que existe es Alejandro Benítez.

El mismo que en este instante conversa sobre geografía hindú en un restaurante paquistaní donde siempre viene a almorzar y conversar con sus amigos -un refugiado iraquí, un palestino y un emprendedor de Paquistán-. Alejandro Benítez se acomoda la vincha con el pelo trinchudo que le peinan durante media hora y empieza a hablar de lugares, música y cine hindú. El restaurante en la calle Berlín de Miraflores parece su oficina. Lleva una camisa amarilla con dibujos de elefantes que le queda pegada al cuerpo, un short blanco y angosto, y unos lentes oscuros que ocultan una operación en los ojos. El tipo que alcanzó la fama bailando con la hiperactividad de un macaco en televisión, habla con absoluta seriedad de su periplo de un año en Bollywood.

-¿Hacemos algo hoy? ¿Ya comiste? Pídete un falafel -le dice a un tipo de nombre árabe.

El excombatiente prefiere alejarse de ciertos grupos de la televisión y pasar el rato con quienes conoce gracias a su estadía en la India. No es un tipo que disfrute las reuniones de la farándula peruana. Su círculo de amigos tienen profesiones distantes de las cámaras.

Y aquí una breve lista de Alejandro Benítez cuando no es Zumba:

  1. Actuó en Bollywood.
  2. Fundó una empresa de raspadillas que dirige su familia.
  3. Lleva clases privadas para aprender actuación, improvisación, locución de radio y televisión, e inglés.
  4. Le da temor sacar a bailar en una reunión.
  5. Tuvo una academia de baile.
  6. Hace coreografías que ensaya todos los días desde temprano.
  7. Mira una obra en el teatro casi todas las semanas.
  8. Acaba de viajar al Caribe para grabar su musical.
  9.  Estará a mitad de año desfilando en Nueva York en la famosa semana de la moda.

***

Alejandro Benítez nació el 24 de julio de 1987. Después del parto, su mamá escapó con él en los brazos. No tenía para pagar el nacimiento de Alejo, su último hijo. “Así nací yo. Así me escapo ahorita de los problemas”, dice y se ríe. Eran siete hermanos que vivían en un cuarto ubicado en la Calle C, del barrio 28 de Julio, en Breña. Cuando su hermana limpiaba, ponía música y le pedía a Alejandro que la acompañara. Ella fue enseñándole desde pequeño a bailar. En el colegio Mariano Melgar era un estudiante zalamero con sus profesores que se esforzaba hasta la exageración por hacer que se rían. Durante esos años actuaba en obras como Grease en el colegio y otras en la parroquia de su barrio. Empezó a llevar clases de actuación que acompañaba limpiando carros en las calles y lavando platos; su mamá, para apoyarlo con el pasaje repartía balones de gas a delivery.

“Mi mamá se compraba balones de gas y los instalaba en cuatro, cinco pisos, a pesar de tener miomas, y con eso me ayudaba a pagar los pasajes de las clases de actuación. Siempre que me preguntan, respondo: ¿creen que no debería merecer más de todo lo que yo pueda darle?”

“Mi mamá se merece el mundo”

“El mundo entero”

 

“He tenido cuatro enamoradas. Ninguna funcionó. ¿Te imaginas a Zumba con enamorada caminando por la calle? Nadie lo imagina”.

 

Cuando creció empezó el ir y venir por castings, sucesivas apariciones para ser seleccionado. Fue elegido para formar parte del elenco de baile de Guajaja y el de Maricarmen Marín. A bailar se aprende con la práctica, con la cantidad de horas de dedicación. Lo de Alejandro Benítez fue practicar por años en estos elencos, ahí también empezó a crear su personaje: ese de los cabellos trinchudos y la vincha; el apodo Zumba le venía por estar en constante movimiento. También comenzó a dedicarle tiempo a la actuación. Apareció en miniseries como Los jotitas, La gran sangre, La muñequita Sally, hasta que tuvo un casting para una película en Machu Picchu, una producción hindú llamada Endhiran (que en su momento fue la película más cara de Bollywood con 36 millones 500 mil dólares de presupuesto), donde actuaban actores de renombre como Aishwarya Rai o Rajinikanth.

Se hizo amigo de los productores y le ofrecieron trabajar en la India. Estuvo en películas, series, programas de televisión. Pero para seguir en ese mercado necesitaba saber inglés; no en todas las producciones aceptaban que su voz fuera doblada por un actor local. Tuvo que regresar por sus limitaciones con el idioma.

Volvió para un casting en Bolivia donde lo estafaron, y terminó durmiendo en la Plaza de Armas de La Paz envuelto en una frazada y pidiendo al cura de la parroquia dinero para comer. Cruzó la frontera caminando con sus maletas. Entró por Desaguadero. Buscó una oportunidad en Chile, a donde fue también para un casting, pero terminó de vendedor de tomates en un mercado para poder regresar.

Ya en Lima, se enteró de Combate.

-A los que se la dan de bacancitos, me los bajo en una -dice Alejandro Benítez, flaquísimo, con bividí negro y un collar huachafo en un video del 27 de junio del 2011. Es de su casting, su primera presentación en este programa.

Entonces nacía Zumba.

Digamos, la ficción.

 

***

Cuando creció empezó el ir y venir por castings, sucesivas apariciones para ser seleccionado. Fue elegido para formar parte del elenco de baile de Guajaja y el de Maricarmen Marín. A bailar se aprende con la práctica, con la cantidad de horas de dedicación. Lo de Alejandro Benítez fue practicar por años en estos elencos, ahí también empezó a crear su personaje: ese de los cabellos trinchudos y la vincha; el apodo Zumba le Combate es también una ficción. Un reality.

Pero Zumba ya no está ahí.

Es un jueves al mediodía y, desde afuera, las oficinas del canal Latina parecen la edificación de un bunker, con torres de seguridad, color gris y guardias. La puerta de metal se abre ruidosa y aparece Zumba vestido de blanco y con polvo en la cara. A su lado Tomy Reyes, su productor, es el encargado de organizar su agenda de presentaciones. Zumba ya no está en Combate, y ha presentado Macaco, su nuevo musical en Latina. La calle entonces parece un patio de universidad y Zumba el chico popular que camina.

Un micro para y el chofer grita.

-Eseee Zummmbaaa.

-Habla, mi hermano -contesta. Cuando lo saludan deja de ser el tipo serio que no ha almorzado y sonríe moviendo su peinado. No es un tipo al que tantos saludos lo sorprendan, se comporta como si llevara años siendo reconocido por las calles.

-Zumba seeelfie -le dice una chica con su novio. Ella posa. El novio toma la foto.

-¡¡Zumbaaaaaa!! -y el sonido del claxón de un taxista. A cada saludo, Zumba hace una pose, una mueca, camina tranquilo, hasta que lo saludan de vuelta y cambia de nuevo. Alejandro Benítez se vuelve Zumba y luego regresa a ser Alejandro conforme camina.

Zumba

Foto: Paloma Briceño

Hoy tendrá cuatro presentaciones en distintos programas. Su productor no deja de ver el celular y va tomando el tiempo impaciente como un temporizador humano. Tomy Reyes trabaja desde hace tres años con Zumba. Empezó trabajando como productor de orquestas, hasta que saltó al éxito en Combate. En 2012 una firma de videojuegos coreana que trabajaba con Tomy quiso lanzar publicidad por internet para el mercado peruano. Investigaron cuáles eran los personajes de Combate más famosos entre el público, y Zumba era uno de los que lideraba el ranking. Ese fue el primer trabajo entre Tomy y Zumba. Ahora están trabajando en la época de circos que se viene por Fiestas Patrias. El año pasado alquilaron la carpa al circo de Timoteo. Tras dejar Combate, quieren dedicarse de lleno a producciones para niños.

En Combate, Zumba estuvo cuatro años. Ese fue el reality que le dio fama. La historia es simple: un día caminas sin ser conocido, sin dinero, y al día siguiente te saludan por la calle y tienes un buen contrato. La televisión así como el boxeo suele ser un efectivo vehículo de ascenso social (se compró un departamento, invirtió en empresas). Pero existe una verdad: participar en un reality como Combate requiere aprender a sobrevivir. “Es un ambiente contaminado”, sostiene Zumba. (Imagine que está en una versión con poca ropa de Los Juegos del Hambre, pero sin muertes). En todo caso, la permanencia en un entorno agresivo de eliminaciones constantes y riñas personales, debe ser considerado, aunque no quisiéramos, como algo más elaborado y cerebral que simple destreza física. Y esta rivalidad es tan fuerte que, luego de cuatro años, Zumba solo ve como amigos a cinco combatientes. “Los demás viven en su mundito”, dice. Combate está poblado de participantes atractivos de cuerpos trabajados que aparecen en revistas sonriendo en fiestas de fines de semana, a las que Zumba no asiste. Prefiere juntarse con los amigos barbudos del restaurante árabe.

Existen dos formas de continuar por más de una temporada en un programa como este: crear un personaje o crear escándalos. Sin embargo, para que los escándalos funcionen es necesario un cierto atractivo físico, del que Zumba sabe no dispone. “No puedo. Me miro al espejo y digo: no, no soy ese. Yo soy un personaje. Los adolescentes buscan a los chicos con más pinta, yo voy a los niños. No soy guapo. Lo que yo quería era hacer que los niños se rían con Zumba”. El personaje que creó no ha sido estático. Del chico de barrio medio faltoso con el que empezó se transformó en un bailarín hiperactivo que trataba de timar a los conductores y al juez del programa. El problema, en realidad, empezó cuando en el reality le pidieron que siguiera la fórmula efectista de los romances armados, los mismos que luego eran noticia en tabloides y en programas de espectáculos. “Las relaciones que he tenido televisivamente eran adrede y yo lo decía, pero la prensa no lo mostraba así. No comparto cómo se están manejando los realities hoy en día. Mi vida la comparto, pero como personaje. No mi vida personal. No voy a salir con una chica para que luego diga que Zumba la utilizó”.

 

“Tengo miedo de que la persona con la que yo esté salga a decir cosas personales, como se ha visto en muchos casos. Tengo miedo de un escándalo. Un escándalo me afectaría. Podría derrumbar todo”.

 

Zumba además tenía una vida fuera de la ficción que se podía ver afectada. En este caso una novia con la que tuvo problemas por las relaciones armadas en televisión. “Me decía: pero Zumba ¿por qué dicen que estás con esta o con la otra si tú estás conmigo?”. La diferencia entre una serie y un reality es que este parece una continuación de la realidad. El espectador no diferencia lo que es ficción de lo que no. El personaje que uno muestre es la manera en que los espectadores lo verán. En el caso de Combate era mostrarse de una forma ante uno de los más altos ratings de la televisión nacional. Alejandro Benítez nunca más sería Alejandro Benítez, ahora sería su personaje, y eso también afectaba sus relaciones. “He tenido cuatro enamoradas. Ninguna funcionó. ¿Te imaginas a Zumba con enamorada caminando por la calle? Nadie lo imagina. Pero ¿te imaginas a Alejandro Benítez? La relación que más duró fue la última, con esa chica estuve dos años, pero los romances que me creaban en televisión complicaban todo. Además, piensan que soy así como Zumba… muy infantil… muy niño, el programa no me permitía mostrarme más, el público quiere a Zumba, prefiere verme así y no a un tipo centrado. Y no quiero una relación con alguien de la televisión. Eso es para mí una relación chatarra, no sabes si eso alimenta o te hace daño. Mi mamá me pregunta: ¿Por qué no te enamoras?, ¿cuándo te vas a enamorar? Pero ya entiende. Con el tiempo cada vez entiende mejor”. Zumba sabe que en el Perú, él es su personaje. Por eso una vez que tenga el dinero necesario, no se ve viviendo con su familia aquí sino afuera, donde pueda ser simplemente Alejandro Benítez.

El miedo está en que la ficción se termine antes de lo planeado. El temor de una relación es que los problemas personales se vuelvan públicos. “Tengo miedo de que la persona con la que yo esté salga a decir que soy así o que asá, y diga cosas personales, como se ha visto en muchos casos. Tengo miedo de un escándalo. Un escándalo me afectaría. Podría derrumbar todo”. Cuando dice todo se refiere a Zumba, al personaje. “Tengo miedo de que todo esto se acabe”. Al día le escribe más de una chica desconocida para acercársele, aunque negarse también requiere esfuerzo, nunca contesta. Sabe que es un riesgo. La diferencia entre otros participantes de Combate y él, es que un escándalo derrumbaría sus productos infantiles, como el circo de Zumba o la venta de sus muñecos. “No quiero resaltar por mi vida personal. Quiero resaltar por mi trabajo. Sé que no tengo algunas cualidades. Pero quiero mejorar. Me autocritico en muchas cosas. Quiero aprender más. Me da miedo muchas cosas, tengo temor, de que esto se destruya, siento que voy caminando en una línea, y tengo que caminar en esa línea. Si ven a un Zumba borracho, esa ficción se cae, y esto requiere ganas, esfuerzo; no puedo arriesgarme por cosas tan simples. Lucho contra mí mismo. No puedo aparecer en una discoteca tomando. Eso quemaría todo. He comido mierda como para quemar todo con una tontería así”.

La salida de Combate era una manera de proteger al personaje. Apostar por producciones infantiles no va de la mano con tener romances de televisión que se permitan escándalos. Ahora, el reto está en ver si la ficción podrá sobrevivir fuera de su entorno. Por lo pronto, un canal de la competencia está apostando por eso. De eso conversa Zumba mientras muestra en su smartphone videos de todos sus nuevos proyectos y parece un niño que regresa a casa emocionado con una buena nota en un trabajo de pintura.

“Fuera de Zumba soy un aburrido de mierda, lo ves”, dice y se queda viendo uno de los videos.

 

***

Lo siguiente no es una ficción:

  1. Las células madre que se aplicó para tener ese cabello abundante.
  2. Su temor a que todo se acabe.
  3. El video de Alejandro Benítez abrazando a su mamá en el departamento que compró para ella.
  4. Los consejos que da sobre el uso de Twitter, resumidos en: “Tienes que usarlo. Como comunicador tienes que utilizarlo. Noticias. Información. Es importante para tu carrera. Agregar medios. Leer noticias”
  5. El choque de su auto. De esa vez que tuvo un accidente y por coincidencia, en el mismo instante, llamó su mamá, y le preguntó si todo estaba bien, y él, lleno de sangre y con el carro chocado, solo respondió que bien, que todo tranquilo. No quería preocuparla.

Alejandro Benítez está sentado en el restaurante árabe donde pasa las tardes, conversando de ese accidente que tuvo, hasta que una niña lo ve desde afuera y corre a abrazarlo. Entonces deja de estar preocupado y sonríe. A veces a Alejandro Benítez le gustaría ser Zumba, las veinticuatro horas, todos los días, y olvidarse que es Alejandro Benítez. A veces, le gustaría ser esa ficción ingenua, nada compleja y extremadamente facilista que ha construido para la televisión. A veces a Alejandro Benítez le gustaría ser Zumba. Pero Zumba es una ficción, y la niña regresa a donde su mamá.

“Zumba es una nube que construí», dice sonriendo como Zumba y deja de sonreír y aparece Alejandro Benítez. “Es una mochila que cargo también. Una mochila pesada”, dice y se pone serio, muy serio. “Me gustaría ser Zumba todo el tiempo. Con Zumba creo un mundo que da miedo que se acabe. Pero es una nube. Un mundo. Es como soñar despierto”.

Entonces se calla, me mira a los ojos y pregunta:

“¿Y para ti quién soy?”