El arte de Wynnie Mynerva ha generado furor en redes sociales por tratar un tema tan controversial como el sexo. Su cuerpo menudo y voz risueña esconden la impudicia y el atrevimiento que la caracteriza. En esta entrevista, fiel a su estilo, ella también se «desnuda».

Por: Adriana Velásquez

Wynnie es una artista visual egresada de la Escuela Nacional Superior Autónoma de Bellas Artes del Perú (ENSABAP) con una pasión por representar la intimidad del cuerpo humano. Estudió durante tres años Historia del Arte en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos (UNMSM). Participa constantemente en exposiciones colectivas como “Nuevas visiones 2016”, “Enmascara el Contexto” Y “De Eros a Porno”. En el 2018, presentó su primera exposición individual “El otrx sexo”, un muestrario de órganos sexuales peruanos. Recientemente, expuso su muestra “Sex Machine”.

– ¿Cuándo empezaste a enfocar tu arte en el sexo?

– En tercer año de la carrera en Bellas Artes. Desde el primer año te empiezas a cuestionar qué cosa quieres representar, no necesariamente una línea, pero sí diferentes proyectos de tu interés. En ese momento pintaba muchas mujeres desnudas. Empecé a ver mis trabajos, pensé en qué cosas se repetían ¿Por qué estaba pintando mujeres? Nada es totalmente inconsciente. Yo siempre buscaba el desnudo y temas relacionados con la sexualidad femenina. Así comenzó, pero después me di cuenta que yo era una consumidora continua de pornografía. Tenía videos y compartía con mis amigos. Decidí hacer un proyecto de lo que estaba consumiendo. Empecé a informarme sobre qué gente había desarrollado proyectos sobre porno. La pornografía siempre ha sido un tema de trabajo relacionado con lo moral, con los cristianos, el tabú, el desconocimiento. Decidí tocar un tema así porque también quería manifestar mi posición como consumidora. Entonces hice un proyecto que hablaba totalmente sobre porno. Mis amigos me invitaban o yo invitaba a mis amigos a pintarlos desnudos teniendo sexo, y así comenzó el proyecto.

– ¿Cómo reaccionaron tus amigos y cercanos con respecto a este nuevo enfoque en tu arte?

-Siempre ha sido como romper capas, te hace libre. Ahora siento que no tengo nada que perder. Si hablan mal de mí ¿Qué es lo peor que pueden decir? Creo que lo peor ya lo dije yo misma, me he vinculado a lo peor porque la mujer está relacionada a la santidad y pureza, y todo eso ya lo descarté en mi vida.  Al principio, cuando llegué con el proyecto, los profesores que en su mayoría eran hombres, veían la pornografía de otra manera. Tal vez de la misma forma, pero a mí me miraban de otra manera. Además, ¿cómo hablar de este tema seriamente? Porque para ellos era como burla, sorna y todo lo relacionado a subvalorar tu trabajo. Hasta que uno mismo empieza a tomar una posición dura, es una investigación seria que hacía detrás. Esto respalda tu trabajo y lo empiezan a ver de otra manera. Si tú misma no te lo tomas en serio nadie se lo va a tomar en serio. Me tomaban como terapeuta sexual, me empezaban a contar sus historias. Eso me hizo darme cuenta que hace falta un espacio desde donde conversar.

– ¿Y cómo fue en el caso de tu familia?

-Eso fue al final, tampoco es que yo les haya contado siempre todo lo que hacía. Pero hace como un año y medio más o menos, aparecí en un periódico. Estaba contenta, traje como tres periódicos. Entonces tenía que contárselo a mis papás y nos reunimos en la mesa. Justo ese día estábamos almorzando todos y yo estaba dispuesta a decirlo todo. Estaba preparando lo que iba a decir y mi papá me dijo: “No, ya sabemos lo que hacías, Wynnie.” “Tus dibujos estaban tirados por ahí” y yo me reía. Tenía dildos en mi cuarto y mi mamá entraba a limpiar, obviamente se daba cuenta. O las pinturas llegaban embaladas y ellos las abrían. Entonces ya lo sabían y no había problema. Me sorprendieron ellos a mí más bien. Yo no tenía agregada a mi familia porque ellos no utilizan Facebook, pero es fácil entrar a internet y saber lo que hago.

“El otrx sexo” ha sido su primer individual y uno de sus proyectos más importantes porque mostraba al cuerpo humano en su parte más íntima. Sin embargo, antes de finalizar la fecha de exposición, Wynnie y la Fundación Euroidiomas se vieron obligados a cubrir la exhibición tras la continua queja de padres de familia quienes argumentaban que la muestra podría dañar psicológicamente a sus hijos.

Wynnie afirma haberse acostumbrado a la censura. «Convivo con ello», dice.

– Al tocar un tema tan controversial como el sexo, ¿Cómo lidias con la censura?

– Creo que sí hay censura y rechazo, es que todavía hay trabajo por hacer. Respeto la posición de los demás porque no todos tienen por qué estar de acuerdo con lo que yo digo y hago, no está establecido como una verdad. La verdad se construye y eso es lo que intento, más que decirte “así tiene que funcionar tu vida”. Cerraron mi muestra y es algo que me esperaba. Es algo que sabía y tenía como un plan b para trabajar, pero trato de darle al público vías de acceso. Si hubieran tirado mis obras o las hubieran roto no me hubiera molestado ni me hubiera afectado, yo hubiera visto que la sociedad es así. La gente no tiene la culpa de razonar así, en realidad es todo un aparato que construye gente que piensa así, es toda una normalización de la situación. Lo que busco es ofrecer nuevas vías de escape para los que no se sienten cómodos viviendo de esa forma. La censura es parte de la disidencia, de estar en desacuerdo. El arte siempre se ha valido de la censura, siempre ha sido censurado, no es algo que en líneas generales me afecte, convivo con ello y me gusta.

– ¿Cuál fue el impacto que buscabas generar con tu exposición “El otrx sexo”?

– Lo sistematice en varios ámbitos. La idea del cuerpo siempre ha sido estereotipada, todos los cánones de belleza son estereotipados, pero se ha hablado mucho desde el arte de otros cánones como el rostro o el cuerpo en general en proporciones. No se habla de ámbitos mucho más privados como los genitales. Recuerdo claramente cuando estaba en la adolescencia, me revisaba, me masturbaba y me daba cuenta que uno de los labios que yo tenía era mucho más grande que el otro. Sentía que estaba mal, así no debe ser, el ser humano es simétrico, es rarísimo y me daba vergüenza. Tampoco había desde donde informarme porque la pornografía tiene como un límite. La mayoría es con el labio perfecto, blancas, bien depiladas. Tampoco es una referencia muy buena para entender qué cosas están en la amplitud de la diversidad y que cosas no. Entonces hice esta exposición pensando en esa gente que siente muchas veces que no posee el órgano sexual bello y que por eso no puede desarrollarse sexualmente, saludablemente. Pensé en hacer un muestrario de órganos sexuales donde se presente la diversidad en general.

– ¿A quiénes iba dirigido el mensaje de la exhibición?

– Es una exposición para jóvenes entre 15 a 18 años, la adolescencia en donde uno ya está en otras cosas más allá del rostro. Me di cuenta que había mucha gente mayor que seguía teniendo prejuicios, que habían tenido dos parejas en su vida y que no sabían exactamente cómo funcionaba. O gente que tenía discapacidad visual y que no había de donde informarse y no sabía a qué se iba a enfrentar. Faltaba un banco de información desde donde repensar que los cuerpos pueden ser más que un solo estereotipo. También acompañé la muestra en otro nivel con historias de vida de ellos, gente que no se sentía tan cómoda con su cuerpo, que había tenido antecedente de violaciones, otros que bromeaban con su cuerpo, otros que habían pasado por situaciones de embarazo y su cuerpo había quedado de una forma diferente. Una serie de historias que te conectan no sólo con la pieza, sino también con historias similares a ti y en las que te puedes ver reflejada. Siento que fue un espacio de reflexión, que es lo que constituye el cuerpo humano más allá de lo que normalmente vemos.

– ¿Y crees que obtuvo el impacto esperado?

– Yo creo que sí. Para mí, el arte tiene que ver con involucrar gente, involucrar historias de vida y que a la gente le sirva, que realmente le sea útil. Soy respetuosa de las otras cosas que hace la gente, pero para mí sí tiene que ver con apoyo emocional, social, vivencial de la gente. Hacer talleres donde la gente se involucre. Que se vayan pensando ese día si algo de lo que vio lo puede hacer cambiar. La cosa es que le sirva. La gente que participó creo que fue de una manera sana. Cuando vienen a hacerse los moldes vienen por una situación específicamente. En ese proceso de verse, sacarse el molde, verse fuera de él, reconocerse, hablar de la situación y contar sus historias, en ese momento, es un proceso de sanación. Te empiezas a liberar de la carga que sientes con uno mismo y pasas a una colectividad de gente que se atreve y quiere dejar ese prejuicio atrás. No hay otra forma de vivir, no te vas a hacer cirugía de nariz, de boca, de pelo, de uña, de todo. Tienes que aprender a querer lo que tienes porque todos somos diversos.

– ¿Cuál es tu reacción frente a los comentarios negativos que recibes constantemente en redes sociales?

– La verdad es que me da mucha risa. A veces me afecta, pero no a nivel personal sino a nivel de ¿Hasta esto llega la gente? A veces duele, no sólo por uno sino por todo, porque si hablan de los penes pequeños o sea hay mucha gente que te está leyendo y que tiene esto que tú estás remarcando. Hay mucha gente que tiene dolor con ese proceso y tú estás haciéndole daño a quienes te están leyendo. Pero también me da risa porque siempre la gente que habla desde el odio y el rencor es porque no se siente satisfecha definitivamente. Porque alguien que se siente seguro y confiado de lo que es y de cómo puede relacionarse con los demás en armonía, no ataca a los demás. También tomárselo como una anécdota más, me gusta narrar las experiencias en internet porque estás tratando de olvidar lo feo. Hay que reflejar siempre todo lo que sucede, los comentarios buenos y los comentarios malos para que la gente tenga una visión más general de lo que está pasando sin atacar. Hay gente que me ataca en internet, yo publico esos mensajes y las respuestas a veces atacan al que me ha atacado. Es un círculo de violencia y empiezan a cuestionarse que no es la forma de defenderme.

Wynnie en su taller en Barranco con una de las piezas de la exposición “El otrx sexo”.

– Al vivir en Villa El Salvador, donde es frecuente el acoso sexual hacia las mujeres, ¿De qué manera esto se ve reflejado en tu arte?

– Yo he vivido siempre en cono. Incluso ahora que mi taller está en Barranco sigo viviendo en el Cono Sur. Si bien vivía bien, siempre estaba en alerta y hasta ahora no he perdido esa costumbre, eso es muy de Cono. Estar alerta de que te roben, que te molesten o que de una moto pueda salir alguien, te pueda jalar y te pueda meter dentro. Siempre hay una sensación de violencia muy fuerte. Cuando tuve mi primer enamorado y salíamos a la calle ya no sentía miedo. Me empecé a preguntar de dónde venía todo este temor que sentía. Primero, estaba relacionado a mi sexualidad por ser mujer, porque aparte de que me puedan robar o los otros tipos de violencia en general, había una violencia sexual. Porque nos silban o a veces ves a gente que le meten la mano o cuando vas caminando y ves que están molestando a las niñas. Era doloroso por las otras personas y me alejé de vivir mi sexualidad de una forma abierta por este motivo. Después me di cuenta que eso había sucedido por donde vivía, en otros ámbitos como Miraflores y San Isidro, no es que no suceda, pero uno se siente más confiado. Puedes caminar con mucha más seguridad. Sabes que tienes apertura a reclamar. Que a la gente le va a causar vergüenza que tú reclames. En cambio, si reclamas en el cono, los demás hombres se van a burlar de ti. Todo esto que sucedía en el cono lo sentí como algo que me alejaba a mí misma y que poco a poco con el arte lo fui sanando. Empecé a identificar qué cosa estaba mal en ellos y no en mí. Empezar a hablar y ver a la gente en la calle me hizo liberarme de cierta culpa. Me di cuenta que la diferencia es clara. Antes sentía que los hombres olían mi miedo y me molestaban, pero siento que ahora cuando camino ya no. No sé si me habrán descartado o si verán mi cara y actitud, pero ya no sucede o sucede con menos frecuencia.

– ¿Crees que tu arte puede cambiar la sensibilidad de las personas respecto al acoso sexual?

– Yo creo que sí, por eso he apostado por que mi obra llegue a mucha gente. Cuando muchas veces el arte es élite, muchos no lo entienden. Creo que los artistas tienen que tener códigos mucho más claros y tocar temas con relevancia porque la gente que va a mis exposiciones es gente de todo tipo. Si bien está dirigido a los jóvenes, va gente mayor, niños…policías. De todos los ámbitos porque es necesario cambiar todo el espectro. Esa gente que molesta en Villa El Salvador tiene que ir a las galerías de arte, tener una relación con el arte y eso va a cambiar su forma de pensar. Pero excluirlos y decir que no lo van a entender, que para ellos no es porque ellos son los agresores es como mantenerlos en su posición de poder. Involucrar a todo tipo de gente es una buena estrategia.

– De esta manera, ¿Sientes que tienes una responsabilidad con tu público?

– Sí, siento que tengo una responsabilidad, pero a veces trato de no tenerla. Siempre me ha gustado interactuar con la gente. Es por mi personalidad, siempre he sentido esa necesidad de querer ayudar a la gente entonces sí tengo esa predisposición, pero también creo que a veces es mucho. A veces tienes que parar porque te cargas. Cuando venían y hacia los moldes, venían como 20 personas el mismo día y era demasiado. Veinte historias en tu cabeza, eres como una psicóloga. Hay gente que viene con mucho dolor, terminas y en la noche ya no puedes dormir. Tienes todo dándote vueltas en la cabeza. Después de eso dije “voy a parar” y voy a tener días de descanso donde voy a pintar nada más. Tienes que modular esas cosas, trabajar con mucha gente es denso, involucra fuerza y energía, no es lo mismo que trabajar sola en tu taller. Una vida es cortísima y cuando vienen muchas personas a narrarme lo que sienten y me dan ideas de lo que puedo hacer es como vivir varias vidas a la vez. Vivir la vida de ellos un poco.

Wynnie trabajando en su estudio. Foto: Wynnie Minerva.