Abogado y docente de la Facultad de Derecho, Wilfredo Ardito Vega (52), ha dedicado casi treinta años de su vida a la defensa y promoción de los derechos humanos. Ahora, como Defensor Universitario de la PUCP, explica en qué consiste su trabajo y los casos que llegan a su oficina.   

Por Jamilie Cubas

 

Es de aquellos pocos que siempre se pronuncia para denunciar actos de discriminación, sobre todo el racismo que muchos practican en este país de manera abierta o soterrada.  A través de su blog, ‘Reflexiones Peruanas’, y de sus investigaciones, Ardito ha buscado visibilizar situaciones de exclusión y desigualdad que se presentan como parte de ‘lo normal’. En marzo de este año fue elegido Defensor Universitario.  Distintas voces de la comunidad PUCP celebraron este nombramiento.  Ahora Ardito está empeñado en difundir la existencia de una Defensoría dentro del campus dispuesta a escuchar, orientar y defender a los estudiantes, trabajadores, docentes y en general, a todos los miembros de la comunidad PUCP.

“Yo asumía que la mayor parte de la universidad sabía que existía la Defensoría, pero las redes sociales y el trato cotidiano me demostraron que no es así.  Uno de los retos que encontré es hacer conocida a la Defensoría entre los miembros de la comunidad universitaria, ya sean alumnos o autoridades, porque es posible que para un profesor o decano sea un instancia desconocida y les pueda sorprender recibir una carta de nosotros señalando preocupación por un determinado tema”, explica Ardito.

La Defensoría se creó en el 2012. La idea de contar con una instancia de esta naturaleza dentro de la universidad provino de los representantes estudiantiles.  La primera defensora fue Catalina Romero, profesora del Departamento de Ciencias Sociales.  Sin embargo, esta no era una responsabilidad a tiempo completo.  Ahora, con la llegada de Ardito, sí lo es.

-¿Han recibido denuncias sobre discriminación en contra de miembros de la comunidad LGBT de la PUCP?

-Sí, pero no hay que pensar que las intervenciones de la Defensoría provienen siempre de denuncias.   A veces, conocemos lo que ocurre por otras fuentes como las redes sociales.   Por ejemplo, el caso de una alumna que insultó a varios estudiantes LGTB durante la Marcha del Orgullo Gay. Ella tiene un proceso abierto ante su Facultad, porque nosotros, como Defensoría, no sancionamos. Lo que hacemos es dirigir la denuncia a la instancia correspondiente.  Por otro lado, también hemos visto situaciones de agresiones a personas trans.  Este es un tema que debe ser trabajado en la universidad, pues hay una visión muy intolerante sobre esta población y mucha agresividad.

-¿Qué les diría a los alumnos que están en contra de la Reforma Trans?

-Le diría que deben tener un poco más de información porque mucho de lo que ellos creen que les puede afectar, en realidad son medidas que no les afectan en absoluto. El cambio del nombre legal en la tarjeta de identificación (TI) por el nombre social, solo implicará cambiar la TI de las 15 o 25 personas trans que estudian en la universidad. Las discusiones que se registraron sobre este tema fueron provocadas por la desinformación.   Se asumía que hombres y mujeres iban a entrar a los mismos baños, que iba a haber un trato preferencial hacia una minoría en particular.    No es así. Esta reforma busca enfrentar un tema de discriminación estructural que vive un sector de la sociedad. Este se vincula con la transfobia y se expresa en las dificultades que tienen las personas trans para acceder a la educación superior.

-Pasemos a otro tema, muchos estudiantes compran los alimentos de vendedores informales como Trafikantes PUCP. Estos operan de manera furtiva dentro de la universidad. ¿Qué opina de ellos?

-Considero que esta explosión de compra y venta de comida se trata de una de las formas de economía colaborativa que ahora surgen gracias a la internet como Uber, Taxi Beat o Mercado Libre.   Muchos estudiantes sostienen que esta es su opción más económica para consumir alimentos mientras permanecen en el campus y los alumnos que venden estos productos aseguran que mediante esta dinámica pueden pagar sus boletas de estudios.   Sin embargo, los concesionarios oficiales de alimentos sienten que enfrentan pérdidas y que se genera una competencia desleal.    En las autoridades existe la preocupación de que si una persona se enferma consumiendo un producto adquirido a un Trafikante, sería una acusación grave que afectaría a la universidad.    Nosotros nos hemos enterado de que hay alumnos y ex alumnos que han convertido en un negocio la venta de alimentos dentro de la universidad. Viven de eso, e incluso tienen empleados. Entonces esto es más complejo.

-¿Han pensado en cómo regularlo?

-Habría que pensar en alguna manera de enfrentarlo. Hay municipalidades que organizan ferias de comidas donde participan las vecinas.   Podría pensarse en algo así. Por ejemplo, de 12 m. a 2pm. podría funcionar una feria de comidas y los alumnos que quieran participar podrían ofrecer también alimentos y tratar de formalizar así su situación. Pero estos son temas que tienen que ser estudiados.

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Poco después de su nombramiento, Wilfredo Ardito concluyó que la Defensoría Universitaria debía utilizar redes sociales e ingresó al colectivo más grande que tiene la comunidad universitaria en Facebook: Grupo PUCP 2.0.  Una vez allí, revisando el contenido, descubrió cosas insospechadas: las cuentas falsas que buscan atraer a chicas y chicos, la ignorancia de la existencia de la Defensoría Universitaria y la visión confundida de algunos estudiantes sobre lo que es la libertad en las redes sociales.

-¿Cómo así decidió que tenía que debían participar en el Grupo PUCP 2.0?

-Un espacio que comunica a treinta mil personas es importante.   La universidad debe estar allí  para difundir conceptos que son relevantes con respecto a derechos humanos. Por eso mi intención – cuando conversé con los moderadores del grupo – fue que debería servir también como un espacio de información.

-¿Y de qué se han enterado, por ejemplo, participando en Grupo PUCP 2.0?

-Hubo el caso de un alumno que se extravió, es decir no volvió a su casa por varios días.    En el grupo, su hermano publicó su foto.   Finalmente fue ubicado en Chanchamayo y supimos que había huido de su casa. Esta historia se hizo conocida y se pudo resolver gracias a las redes sociales.     Hubo una denuncia por la desaparición de una alumna después de una fiesta, pero la pudimos localizar y tranquilizar a sus amigos.    Otro caso fue el de tres alumnas que sufrieron agresiones como robos o acoso fuera de la universidad, cerca del puente peatonal.  Informamos a la Oficina de Seguridad y la PNP puso más vigilancia y agentes del grupo Terna para dar mayor seguridad a las estudiantes.

-También se han producido casos de acoso en redes…

-Ha habido dos o tres casos de acoso. En varios casos, el acosador no era alumno de la universidad, pero aparentaba serlo para ganarse la confianza de las alumnas y luego acosarlas.  Y al menos tres cuentas falsas buscaban captar alumnas para situaciones de trata de personas con la excusa de una propuesta laboral.

-¿Qué sucede después de descubrir este tipo de casos en las redes sociales?

-Todas las cuentas falsas fueron retiradas del Grupo. El problema es que es muy difícil determinar quién era la persona que estaba detrás. Para proteger a los estudiantes de la universidad les hemos recomendado: nunca aceptes a personas que no conoces.

¿Qué actividades van a realizar para seguir difundiendo la labor de la Defensoría?

-Hemos tenido una charla con los jefes de T (grupos de alumnos recién llegados a Estudios Generales Letras) para que ellos les puedan dar a los cachimbos información adecuada sobre el cambio que significa pasar del colegio a la universidad.  Le propusimos al Centro Federados de Ciencias y se convocó a una reunión similar con los jefes de H y los funcionarios de la Dirección de Asuntos Estudiantiles. Por otra parte, formamos parte de la comisión para afrontar el tema de las redes sociales que ha formado la Universidad y que preside la Dirección Académica de Responsabilidad Social (DARS).     A través de una serie de actividades públicas se va a sensibilizar a los alumnos respecto a la responsabilidad en el manejo de las redes sociales.

Nuestra prioridad no es tanto que se conozca a la Defensoría, sino que se conozcan los problemas y comportamientos que afectan a la comunidad universitaria para poderlos solucionar.  No debemos asumir que todo está bien en la PUCP. Ese es un riesgo que debemos evitar. La universidad necesita miradas críticas.  Por eso la Defensoría busca ser una de esas miradas.

-Con todo este panorama ya expuesto, ¿cuántos casos están atendiendo ahora?

-Depende. Si estamos hablando de cartas u oficios que nosotros enviamos a distintas instancias son 140 aproximadamente, desde marzo hasta la fecha. Sin embargo, hay que precisar que otros casos se resuelvan rápido. Nos informan de alguien que tiene una publicación discriminatoria en redes sociales, le enviamos un mensaje y él se disculpa o corrige.    Otras veces, se trata de orientar a una persona que tiene un problema o simplemente de hacer una llamada.   Si es así, hablaríamos de  otros 300 casos.    Cada día vienen unas tres o cuatro personas.   Pero nosotros no solo atendemos en esta oficina, también nos desplazamos por otras unidades académicas. Por ejemplo, hoy he estado en una reunión en la Facultad de Derecho, de allí a una reunión en Ingeniería, luego en la bienvenida a los nuevos alumnos de la Facultad de Gestión, después con la REA (Representantes Estudiantiles ante Asamblea Universitaria)…   Uno siempre está desplazándose.