Esta es una banda que se distingue por crear música a partir del misterio. Su obra destaca por ser tan única como hermética que escucharla puede ser un reto apasionante. Superfricción, su último álbum, le significó una valiosa nominación a los premios Luces de El Comercio. A quince años de su origen, hoy son uno de los nombres más importantes en la escena del rock experimental hecho en Perú.

Por Alexis Revollé
Fotos por Rosa Andrade

Una vibración insistente, voces distorsionadas, chirridos metálicos impactando entre sí, un festival de zumbidos en constante movimiento y mucha confusión. Todo esto se escucha en Spaghettis, uno de los temas que conforman Fiebre de lo misterioso, el primer álbum de la banda peruana Liquidarlo Celuloide. Por entonces, en 2003, se trataba del proyecto individual del joven limeño Juan Diego Capurro. Hechas en casa, sus composiciones tenían formas descabelladas e impredecibles y en su sonido había siempre un elemento enigmático: un caos musical que ocultaba algo.

Inspirado en géneros como el rock industrial y el krautrock, Capurro empezó a crear música a partir del misterio, jugando con el ruido y especulando con un sinfín de ideas que nunca mostraba por completo. Como explica él mismo, en aquellas creaciones “había voces, pero no están en primer plano. Hay canciones ocultas de alguna manera. A veces uso la voz como instrumento: la proceso, la distorsiono y hago el rasgueo de una guitarra eléctrica. Y hay letras también, lo que pasa es que no son codificables”. Desde entonces, han pasado quince años.

Hoy, Liquidarlo Celuloide es una banda consolidada. Capurro sigue al frente, acompañado de Alfonso Vargas (batería), Efrén Castillo (guitarra) y Giancarlo Rebagliatti (bajo). Los cuatro ya llevan más de siete años tocando juntos. A ritmo de un álbum por año, su sonido también ha ido mutando hacia terrenos menos insensatos y más llenos de energía. Ahora son una de las bandas más reconocidas del circuito no comercial del rock peruano, y hasta han sido invitados a festivales internacionales.

El año pasado, Superfricción, su último álbum, fue nominado a los Premios Luces de El Comercio, en la categoría mejor disco fusión/experimental. “La mención fue como un reconocimiento a la constancia en el trabajo. Hay proyectos que pueden generar mucha difusión, pero no es tan fácil mantenerse en el tiempo”, comenta Rebagliatti. Para ellos, la noticia resultó un tanto sorpresiva, aunque comprensible, dado el giro en la forma de trabajar el sonido de sus producciones en la actualidad. Vargas, encargado del notable trabajo de percusión del álbum, explica que en Superfricción empezaron a grabar en formatos más reconocibles. “Todo está hipercompuesto, es puro gancho”.

TRAYECTORIA. Los cuatro integrantes actuales llevan más de siete años tocando juntos.

Esto no quiere decir que la banda haya perdido ese ánimo de experimentar que la distingue. De hecho, en Superfricción hay momentos de enorme incertidumbre que hacen recordar a la etapa más demencial de Liquidarlo Celuloide. Canciones como En el suelo de una habitación sin tiempo o Sin piel por no fabricar pegamento son muestras de ello. Por eso, Capurro apunta que “lo experimental es súper útil porque asumes que no estás amarrado a nada, más bien estás tratando de encontrar cosas nuevas”. Precisamente lo novedoso parece ser la bandera que ha guiado el trabajo de la banda.

Más allá de lo experimental, hay otro aspecto esencial en el sonido que muestran hoy: la violencia. Una violencia que también podría entenderse como un incesante derroche de energía. A las explosiones armónicas de guitarras eléctricas, se suma una interpretación frenética en la batería. Al mismo tiempo, un bajo potente y una voz que suele presentarse agónica se unen a este cuerpo musical. Así suena Liquidarlo Celuloide.

Quizá no haya mejor representación que la anécdota del guitarrista Efrén Castillo cuando vio a la banda por primera vez en vivo. “Fue en un festival que se llamaba Sinestesia, en San Borja. La violencia del sonido era tal que la gente empezó a entrar en trance, empezabas a sentir una sensación de peligro solo de estar ahí. Cualquier cosa podía pasar. Había un chamán escupiendo, la gente empezó a romper computadoras. Esta actitud extrema de invocar a que se salgan de sus cabales, una actitud anárquica, pero vital, me pareció atractiva”.

A partir de historias como esta, la banda ha logrado su actual registro, ese sonido que los distingue. Ellos pueden tomarse bastante tiempo desde la concepción de un tema hasta su versión final. Sus composiciones suelen nacer de una idea inicial o de un ejercicio de improvisación. Para el primer caso, Juan Diego admite ser el encargado de llegar con “una estructura con los suficientes márgenes como para que la batería, la guitarra y el bajo llenen esos espacios”. Luego, en la sala de grabación, “nos aseguramos de que todo funcione correctamente en la cuestión rítmica y, a partir de ahí, la tocamos en vivo”.

EN CONCIERTO. Juan Diego Capurro durante la última presentación de la banda como teloneros de Killing Joke.

Liquidarlo Celuloide siempre se ha mostrado dispuesto a aliarse con otras bandas. Las colaboraciones han sido una constante en su carrera. Por ejemplo, en 2010 lanzaron, junto con el grupo Animal Machine, el EP Escila; y en Superfricción, aparece el track Cama de Cristal, escrito en coautoría con el músico experimental Herrmann Hamann. “Nadie crece aislado. Justamente es en el trabajo con las influencias en donde uno se reconoce y puede encontrar un estilo”, enfatiza el bajista Giancarlo Rebagliatti.

Pese a todo, la banda sigue siendo poco reconocida en la escena local. Sus presentaciones suelen darse en festivales alternativos o conciertos poco masivos. Hace poco fueron teloneros de Killing Joke, el mítico grupo británico de rock industrial. Fue un sueño cumplido para ellos, pues tocaban como parte del primer concierto que uno de sus más grandes referentes ofrecía en Perú. Pero hay otro sueño que han sabido mantener con vida: continuar siendo un misterio que suena como una distopía sacada de alguna película futurista.

Ocultar, sugerir y pasar desapercibidos son parte de su esencia. Podemos saber cómo suena su música, pero quizá nunca sabremos realmente qué es Liquidarlo Celuloide: una banda de música o más bien un enigma que necesita no ser resuelto para sobrevivir.

LO MEJOR DE LIQUIDARLO CELULOIDE

Cinco tracks esenciales para aproximarse a la música de la banda.

1. Tenue iluminación diódica En Superfricción (2017)

Este tema reúne todo lo que Liquidarlo sabe hacer bien. Es una explosión de música agresiva y directa, que nunca pasa desapercibida. Si el trabajo de guitarra es arrollador, las arremetidas de la batería son implacables, como si cada golpe acompañara un ritual mágico.
 

2. Altar a la tecnología intuitiva En Disturbia Ingrávida (2012)

Un viaje de siete minutos lleno de efectos y sonoridades oscilantes. Es música monumental, que a veces parece demasiado grande para ser comprendida. Y mientras se extiende en el tiempo, nuevos elementos van apareciendo para desafiar nuestros oídos.
 

3. Espasmódica transformación En Vértigo Magnético (2014)

Si alguien pregunta por una buena forma de introducirse a la música de Liquidarlo, esta sería una muestra perfecta. De ritmo pegajoso y muchos riffs de guitarra, este tema se disfruta desde el primer segundo. Una de las pocas ocasiones en que la banda nos invita a bailar con su música.
 

4. Anestesia letal En Rutas Insectívoras (2006)

Una de las composiciones más ambiciosas de la banda. Durante sus más de nueve minutos, somos testigos de varias formas de expresión musical. El resultado es una experiencia hipnótica, en la que aparecen muchas ideas, y cada una de ellas intenta ser más insensata que la anterior.
 

5. Spaghettis En Fiebre de lo Misterioso (2003)

Este es un punto crucial en la carrera del grupo. No solo marca el inicio del proyecto liderado por Capurro, sino que condiciona toda su producción posterior. Una obra que, al igual que este tema, se oculta a sí misma y parece estar siempre al servicio del misterio.