Lingüista egresada de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, integrante del área de prensa de Verónica Mendoza en el Congreso, ex presidenta del Movimiento Homosexual de Lima (MHOL) y activista lesbiana bastante polémica nos habla de su vida en el movimiento LGTB, su irrupción en la literatura y de la relación con su hija.

-¿Cómo empezaste el activismo?

-Yo tenía una pareja heterosexual, el papá de mi hija- Camila-, con él viví ocho años, pero a mí siempre me gustaron las chicas, solo que me daba vergüenza aceptarlo, sobre todo por lo que la gente pudiera pensar de mí; gracias a internet y a la globalización de la información tuve la posibilidad de ver a más lesbianas felices, comencé a soñar intensamente con mujeres y decidí ir al MHOL: empecé a ir a talleres de chicas, al inicio había un poco de suspicacia porque se cree que las bisexuales son poco confiables, pero la que manejaba el taller vio algún potencial en mí, así me fui quedando. Primero fui voluntaria, luego asambleísta, después directora y finalmente presidenta de la ONG, una carrera veloz.

-¿Te consideras lesbiana o bisexual?

-Me considero lesbiana, pero eso no cierra las posibilidades de estar con cualquier persona que uno quiera cuando quiera, pero creo que ser lesbiana es mucho más revolucionario y transgresor, yo imagino mi vida con mujeres, no con hombres.

-¿Crees que fuiste feliz viviendo como bisexual?

-En algunos momentos sí, en otros no. Quise mucho al padre de mi hija y me he enamorado de hombres intensamente, pero no me permitía enamorarme de chicas, cosa que sí ocurría. Creo que si hubiera explorado esa parte de mi vida desde chiquitita habría sido lesbiana desde pequeña, pero tuve que pasar bastante tiempo viviendo como bisexual entre comillas porque realmente era heterosexual.

 

“Creo que ser lesbiana es mucho más revolucionario y transgresor, además yo imagino mi vida con mujeres, no con hombres”.

 

-¿Cómo fue la decisión de renunciar a la heterosexualidad para reconocer que eras lesbiana? ¿Sentiste el rechazo?

Muchos de nosotros, los LGTB, tenemos que enfrentar el hecho de romper con todo solamente por nuestra orientación sexual, a diferencia de la mayoría de gente que lo hace por dejar atrás un pasado, a la familia, etc.

Cuando se lo conté a mi hija lo tomó muy bien, tenía seis años en aquel tiempo; a mi mamá primero le conté que estaba en un grupo que fundó la línea de aborto Información Segura porque pensaba que eso le parecería más perturbador y le dije, además, que tenía novia, y ella se lo tomó muy bien; la que sí me daba temor era mi hermana porque había demostrado ser homofóbica con los hombres gays, los escandalosos, según el estereotipo. Fue loco porque mi sobrina (su hija) y Camila siendo más chicas se habían dado cuenta, pero mi hermana se cegaba, hasta que me vio en un reportaje. Fue un momento de tensión porque me pidió que conversáramos: me dijo que de alguna forma se sentía orgullosa por lo que me atrevía a hacer, pero que de ninguna manera lleve mi propaganda a casa porque no quería que su hija se contamine. Luego de unos meses aparecí en un reportaje con mi pareja y Camila. Ella se molestó muchísimo, creía que era una irresponsable por exponer a mi hija a los insultos y me botó de la casa, entonces me fui a vivir con mi novia y Camila al segundo piso del MHOL, así que si quería que yo alejara a la niña de mi lucha, logró que la involucre mucho más. Después me pidió disculpas, pero yo no regresé a casa, mi hija sí estuvo viviendo con ella un tiempo, pero ahora Camila vive con su papá.

-¿Sientes que el activismo te hizo perder algo?

-Perdí el miedo, la vergüenza.

-¿Y qué ganaste?

-Fama y fortuna (risas) no, fortuna hasta ahora no he ganado, pero algo de fama supongo, gané mucha satisfacción personal, logré sentirme plena, viva, encontrarle algún sentido a mi vida, que solo tenía sentido académico, yo estudiaba lingüística, pensaba vivir dedicada a la educación bilingüe e intercultural, iba a irme a la selva a estudiar lenguas nativas, y mi vida cambió completamente cuando me fui hacia el activismo y me reconocí como lesbiana.

-¿Qué es lo que más te ha marcado como activista?

-Ver a personas que se mueren y ver que sus parejas no pueden estar cerca de ellas en los velorios porque no son reconocidas, personas llorando en la calle, ese tipo de cosas espantosas me ha tocado vivir un par de veces.

-¿Y lo más reconfortante?

-Cuando me escribe gente que sale del clóset que me dice que fue de alguna forma gracias a lo que escribía o cuando me escriben niños. Hoy a las 6 de la mañana me llegó un mensajito de una ex compañera de Camila, me puso una cosa muy bonita: “admiro su valentía, realmente, soy amiga de Valeria (mi sobrina) y también de Camila, creo que es genial que no tenga miedo de decir lo que siente, saber que no es un pecado ser y no ser lo que la sociedad desea, es un gran ejemplo para mí y para muchos otros, una gran cadena de luchadores frente a esta sociedad cerrada con miedo a las diferencias, mucha suerte”.

Ya pues, es una chiquita de 13 años, son ese tipo de cosas las que me impactan mucho.

-¿Qué pasa por tu mente cuando ves en la televisión un crimen de odio o feminicidio?

-Cada vez que escucho un feminicidio me pregunto cómo la gente no se da cuenta de que esta categoría de la “heterosexualidad” es de alguna forma peligrosa cuando no se les da a las mujeres otra posibilidad en sus vidas de desear, de amar, de relacionarse ni nada. Las mujeres van a seguir siendo asesinadas, y no es cuestión de radicalidad o locura, sino que realmente la heterosexualidad mata.

-¿Mata?

-(risas) La obligatoria sí, claro, te quita posibilidades, todo lo relacionado con el pensamiento heterosexual, cómo se ha construido el mundo sobre la base del dominio, la opresión y el trabajo gratuito de las mujeres, cómo formamos parte de un sistema productivo económico, donde somos subalternizadas todo el tiempo cuando somos madres, prostitutas, mujeres pobres, cualquier variable de discriminación en nosotras va a pesar el doble de lo que pesa en un hombre y la heterosexualidad es una variable de dominación.

-¿Alguna vez un acto violento te hizo pensar en desistir del activismo?

-No, ninguno, ni siquiera de violencia física cuando los policías nos golpeaban o de violencia verbal cuando me insultaban en las calles o violencia virtual, de hecho los insultos me parecen inofensivos así que mucho caso no les hago. A mí me daría miedo sentirme amenazada por los fujimoristas o apristas, con ellos ya es otro nivel de violencia, los homofóbicos no me dan miedo.

Veronica Ferrari

Foto: Sin Etiquetas

-Algunos grupos religiosos dicen que eres parte de un lobby gay, ¿qué te genera esa afirmación?

-Soy parte de un grupo que hace incidencia a favor de la comunidad LGTB y hacer incidencia es hacer lobby, el asunto es que nuestro lobby es sumamente pobre, a mí no me paga ninguna ONG ni me ha pagado nunca, bueno fuera. El MHOL es una ONG en la que puedes trabajar como voluntario, nunca recibí un sueldo, los únicos que percibían un salario eran los que estaban en algún proyecto. Los planes que conseguía el MHOL eran sobre VIH, entonces no tenían nada que hacer las lesbianas ahí porque el VIH no es una problemática nuestra.

-Sé que eres atea, pero asumo que conoces a personas homosexuales que profesan una religión, ¿qué opinas de ellos?

-A mí me perturban tanto las mujeres religiosas como los homosexuales que creen en Dios, porque evidentemente hay una larga historia de violencia hacia nuestras vidas por parte de la religión, una organización jerárquica fuertemente machista que ha trabajado para que no tengamos derechos.

-¿Qué opinas de católicas por el derecho a decidir?

-Me parece que son mujeres luchadoras, valientes, pero lo que deberíamos buscar como feministas es que nadie esté sojuzgado por ninguna religión, que la heterosexualidad no tenga poder sobre nuestras vidas, y mientras más libres, mientras más nos basemos en la razón vamos a generar sociedades más igualitarias sin pensar en que esto viene de las traducciones que se hace de la palabra de Dios.

-¿A veces no crees que tu discurso puede resultar chocante o radical?

-¿Sí no? No sé, no me pongo a pensar en eso, es algo que he asumido por muchas lecturas y experiencia propia. Lo que me podría apenar es que luego de tanta experiencia como mujer, después de vivir tanta violencia, no haya podido darme cuenta de qué la origina. No me parece que tenga un discurso radical, creo que más bien es racional. Para vivir en el mundo tienes que inventarte fantasías de sociedades habitables, entonces cuando te rompen esas ilusiones y te dicen que todo el mundo que has construido no es como realmente piensas, cuando tú estás completamente segura de ser mujer, y luego te dicen que es lo que te hace ser mujer, qué significa una violación correctiva, por ejemplo: decirles a las mujeres que es la penetración contra su voluntad, en este caso, lo que las convierte en mujeres debe ser muy fuerte y puede parecer que es súper radical.

-¿Cómo has visto la evolución del activismo durante tu presencia en el movimiento?

-Ha habido un cambio desde el 2010 para adelante. En los años 2008 y 2009 entró una nueva generación de activistas que salió a marchar, que se dedicó a joder por redes sociales, que empezó a generar discursos de liberación y orgullo, algo que no se veía anteriormente. Hace cinco años el trabajo era más de buscar leyes a favor y no de hacer habitable un mundo paralelo para personas sin leyes.

 

“Lo que me podría apenar es que luego de tanta experiencia como mujer, después de vivir tanta violencia, no haya podido darme cuenta de qué la origina”.

 

-¿Crees que es estratégico moderar el discurso feminista para cambiar el machismo en los hombres?

-No creo que nuestro trabajo sea arrancar el machismo de algunos hombres, sino empoderar mujeres, que reconozcan el machismo y que se alejen de él, pero no debemos sacrificar nuestro tiempo, nuestro esfuerzo, nuestra vida para cambiar hombres. El cambio con las mujeres se puede hacer porque ellas entienden el círculo de violencia desde muy pequeñas, los hombres no lo ven porque les parece natural, con ellos es necesario trabajar con la violencia que construye su masculinidad y cuando ya está edificada es muy difícil revertirla, en cambio, es posible que la mujer abra los ojos sobre una situación que es insostenible y que no debería vivir nunca.

-Hablemos de tu incursión como escritora, ¿por qué estudiaste lingüística? ¿por qué no literatura? -También te veo como socióloga por tu constante activismo.

-Estaba entre sociología y lingüística, pero si tengo fobia social, ¿cómo voy a estudiar sociología?, también me gustaba muchísimo la literatura, sé que en algún momento voy a escribir un par de novelas simpáticas y muy sexuales (risas), pero la literatura me obligaba a explicar cosas, a ser profesora, por ejemplo, y me daba pánico. La lingüística era mucho más cerrada, más científica, me interesaba mucho estudiar escritos antiguos, y era una cosa de estar encerrada en una oficina llenándote de polvo, hongos y moho. La lingüística me permitía mantenerme alejada de la gente.

-El cuento “Camila tiene dos mamás” retrata parte de tu historia y la de tu hija ¿es así?

-No podría decir que es autobiográfico, ha tratado de ser bastante pedagógico, es súper cortito y relata de forma bastante concisa la vida cualquiera de una pareja de lesbianas y una niña que se enfrenta a un momento decisivo de su vida, salir del clóset, porque las hijas de lesbianas y gays también se enfrentan a esta situación así no sean LGTB, nuestros familiares salen del clóset con nosotros, se encierran con nosotros, eso es lo que he querido explorar en el cuento. Cuando lo lean van a darse cuenta de que es una cosa súper elemental, no va a ganar un nobel, pero tiene cositas interesantes. Camila, el personaje, tiene una amiguita que es súper machoncita y es lesbiana, pero eso no se explicita en el cuento y yo quería que se manifieste, pero no me dejaron, también quería que el profesor sea gay, pero tampoco me lo permitieron, porque me decían ¿cómo van a ser todos gays? entonces arruinaron mi fantasía de cuento porque había que tener unos heterosexuales por ahí.

-¿Qué piensa Camila acerca de que le hayas puesto su nombre al libro?

-Estaba contenta, no sé cómo se sentirá ahora. Le dije que tiene que ir a la presentación y me dijo que si hay periodistas y fotógrafos no quería ir.

-¿Qué piensa tu hija cuando nota que eres una lesbiana pública?

-Yo creo que le gusta, le da un tipo de satisfacción, la otra vez me dijo que ponga en mi estado que es su cumpleaños. Hay como cierta complicidad en lo que pongo, ella sabe todo lo que escribo de ella, sabe que si me va a decir algo curioso lo voy a poner en el Facebook y le gusta, le parece gracioso.

-¿Qué significa Camila para ti?

-Ella es lo que me decidió a renunciar a todo, a mi vida heterosexual y ser lo que yo quería ser, porque yo me imaginaba a mi hija viviendo lo mismo que yo he vivido, reprimiendo sus afectos, sus deseos, sus sueños y me parecía insoportable, igual su primer ejemplo iba a ser yo más que su papá y quería ser un buen ejemplo para ella y creo que lo he logrado. Creo que soy una buena mamá a pesar de que no estoy 24 horas con ella y eso ha permitido tener una mejor calidad en nuestra relación, no actúo como mamá, estoy en el plan amiga, y creo que por eso Camila ha salido una súper buena hija, tiene mucha confianza en mí, ese tipo de mamá hubiera querido tener. Yo hubiera muerto por tener una mamá lesbiana o que mi mamá sea Madonna (risas), hubiera querido tener un par de mamás lesbianas cuidándome.

-Te estás lanzando como escritora, fundaste el colectivo Unión Civil Ya, marchas frecuentemente, ¿con qué otros proyectos nos sorprenderá Verónica?

-Con la editorial El armario de Zoe tenemos la idea de hacer un cuento sobre una niña trans, queremos hacer un libro sobre Yo aborté, basado en los testimonios que salen en la página, y un poquito de la lucha por el aborto en el Perú desde hace 5 años. Yo quiero escribir mi novela hace tiempo, creo que ya se me ocurrió el tema, se va a llamar 25, que serán 25 historias sexuales, va a ser medio autobiográfica con bastante ficción porque la vida es una ficción.