Sus programas y videoclips acumulan millones de visitas en Youtube. Tuvo cuatro temporadas en la televisión chilena. Es un noticiero infantil que traspasó fronteras, primero a través de Nickelodeon y luego por Cartoon Network. Muchos de sus seguidores ya son adultos ahora. Tiene una versión cinematográfica, montajes teatrales, una banda de música y adaptaciones en México, Colombia o Brasil. Quince años después de su lanzamiento, ’31 minutos’ se mantiene vigente con presentaciones en vivo, la última en el festival Lollapalooza, realizado en Chile, a mediados de marzo. Álvaro Díaz, uno de sus directores, cuenta aquí la historia de una locura que le cambió la vida.

Por Zoila Antonio

Tulio Triviño está listo para ir al estudio. Sube a su auto, un Audi blanco de último modelo, y empieza el viaje. Mientras se desplaza aparecen viñetas de cada uno de los personajes que intervienen en el noticiero “más famoso de la televisión”, asegura Triviño. Llega al canal. Se cambia de atuendos…uno…dos…tres veces. Ninguna prenda le gusta. Al final se queda con el traje con el que llegó. Las luces del estudio se encienden y Juanín Juan Harry, productor, le da la pauta para que empiece la conducción: Tulio, ¡Estamos al aire!

En este noticiero, llamado ‘31 Minutos’, muñecas similares al anime de Sailor Moon o títeres que explotan “en vivo” son encuestados por Mico, el micrófono (un micrófono que habla y tiene ojos), sobre temas que van desde qué es lo que comen a diario hasta por quién votarán en las elecciones presidenciales. También hay una sección dedicada al medio ambiente conducido por un conejo rojo llamado Juan Carlos Bodoque. Este puede recorrer áreas verdes, reservas naturales, pero también tocar temas tan humanos y entrañables como explicar el proceso de generación de aquello tan cotidiano (y tan entrañable) a lo que llamamos ca-ca. La sección de Calcetín con RombosMan tiene un objetivo político: defender los derechos de los niños. También hay un reality titulado “El Refrigerador de Patana”; ella es la sobrina de Tulio. La música es infaltable, y eso lo sabe Policarpo Avendaño con su “Ranking Top”. Pero qué sería de este espacio informativo sin los corresponsales o los personajes que espontáneamente salen en el noticiero.

En 2002 la productora Aplaplac, dirigida por Pedro Peirano y Álvaro Díaz, ganó el concurso convocado por el Consejo Nacional de Televisión de Chile. Buscaban financiamiento para el ´31 Minutos’, un noticiero infantil que terminó encandilando también a los adultos. Con cuatro temporadas (la última se emitió en 2014), la historia de ‘31 minutos’ continuó con invitaciones a festivales como Viña del Mar o Lollapalooza, dos películas, merchandising oficial y hasta shows de teatro en el extranjero. Peirano y Díaz nunca imaginaron el impacto que tendría esta producción.

Es mediodía y estamos en Santiago de Chile. Mientras se sienta para empezar esta entrevista Álvaro Díaz confiesa que había escuchado muy poco sobre la popularidad de ‘31 Minutos’ en el Perú. Se llevó una sorpresa al saber que en una página de Facebook cientos de jóvenes y adultos peruanos le tiran flores al noticiero que formó parte de su infancia o adolescencia.

-¿Cómo se mantiene la vigencia de un programa como ‘31 Minutos’?

-En principio, debo decir que jamás pensé que iba a estar acá, quince años después de que saliera el primer capítulo, dando una entrevista a alguien de Perú. 31 Minutos era como un magazine, como una sitcom. Incluía segmentos dedicados al medio ambiente, a los derechos de los niños y por ser un noticiero pusimos canciones.  En Aplaplac trabajamos en torno a proyectos que han nacido y han muerto muchas veces, como en el capítulo del “Fin del mundo”. Tratamos de ser divertidos. También tenemos una oficina de producción, un departamento de ambientación, de escenografía, un diseñador que originalmente era un fan de ‘31 minutos’ y se encargó de escribir un par de libros y de nuestras redes sociales. No queremos dar contenido como si fuese una franquicia, sino que parezca hecho por alguien. Luego vienen los talleres. Uno específicamente dedicado al cuidado de los títeres, porque una cosa es hacerlo y luego mantenerlo. Lo importante es que aquí opinan todos.

-¿Cuál fue el proceso de creación de los personajes?

-Matías Iglesis, director de arte, lo inventó. En realidad, todos los personajes eran como muñecos de lana tejidos por una abuela. Al inicio todo era más chueco, más desarmado. Tulio era un suéter; era la tela de un chaleco, como un sock monkey, un mono peinado para atrás. Con el tiempo los personajes fueron articulándose más. Surgió la idea de un conejo rojo, al que llamamos Juan Carlos Bodoque. Al poco tiempo Miguel ya lo tenía diseñado. Después aparece Juanín, que no es nada, Mario Hugo, que es un perro, Policarpo que es un tubo. Matías dejó de trabajar con nosotros, pero nunca hemos abandonado el diseño original, porque tiene mucha personalidad.

 

Algunos de los personajes del noticiero. Fuente: Photos1

-Los videoclips de ’31 minutos’ también han sido muy exitosos. ¿Cómo los concibieron?

-Los videoclips fueron los más difíciles de hacer por la coreografía que debía de existir entre las escenas y la música. Trabajamos con músicos profesionales como Pablo Lavada, guitarrista de un grupo chileno llamado Chancho en piedra. Él tenía algunas melodías que no eran tan infantiles. El punto de partida de cada video era identificar problemas domésticos, como la pelota que cae en la casa de la vecina o el chico al que le cortaron mal el pelo. Después vino la historia de Juan Pablo Sopa, un abogado que “habla como idiota” o con ‘Bailan sin cesar’, que es una historia que no tiene mucho sentido. Son temas infantiles, como el Freddy Turbina y su bicicleta. Él es un niño que viene de Chañaral, un pueblo en el norte que es rudísimo. Freddy se convirtió en el símbolo de ese lugar. Es medio peruano, porque viene del norte de Chile. Quisimos darle fama como un iquiqueño también. El dinosaurio Anacleto lo hice yo. Escribiendo la letra se me ocurre que el tipo tiene un programa, nunca pensamos que era un huevón de la tele. La de “Nunca me he sacado un 7” es más entretenida.

 

 

-¿Cómo lograron el salto de ‘31 Minutos’ al cine y después al teatro?

-La película fue complicadísima; se filmaba en 35 milímetros. Fue un proceso de aprendizaje muy grande, porque no fue el éxito que esperábamos. Yo la veo, le tengo cariño, pero descubrimos que los proyectos de televisión son ‘para televisión’. Se filmó desde el 2006 y se estrenó en 2008. Los costos fueron cuatro o cinco veces más altos de lo que se invertiría ahora, una locura. De 2009 a 2011 ácticamente desaparecimos, porque queríamos hacer documentales, otras cosas. Fue un primer final de ‘31 minutos’, pero uno va buscando formatos. Yo creo que funcionan muy bien en vivo. Un ex socio, Juan Manuel Legaña fue bastante persistente en este tema, teníamos que hacer cosas en vivo. Y siempre hay una necesidad de ganar plata, de moverse. Es curioso porque la película, si bien la primera parte fue problemática, en la segunda nos fue bien, porque la gente ya asociaba que el personaje está en vivo, ya no tanto ligado a la tele. Ahora estamos haciendo otro proyecto de televisión con títeres que no son de ‘31 Minutos’, pero tienen la herencia. El protagonista es periodista, como un Bodoque más o menos.

Álvaro no quiere revelar más del nuevo proyecto. Por ahora, ‘31 Minutos’ cerró marzo en el Lollapalooza Chile, festival de música que albergó a más de 100 artistas de talla mundial. Perú es una de las plazas a las que sueñan llevar su show en vivo, aunque todavía no tienen fecha ni contrato a la vista.

 

Álvaro Díaz, uno de los artífices de ’31 minutos’. Fuente: The Clinic