Hace 52 años se emitió por primera vez Trampolín a la Fama, un programa de entretenimiento que invitaba al público a participar mostrando su mejor talento. Estuvo 30 años en la pantalla chica haciendo historia al convertirse en el programa con mayor duración en la televisión peruana por lo que entró al libro de Récord Guinness mundiales. Además estuvo entre los cien mejores programas televisivos de todos los tiempos según la revista Rolling Stone. Augusto Ferrando, el ‘Zambo’, fue el conductor que llevó risas a todo el país pero también tuvo detractores.

Por Brenda Jaúregui

 

Son las 10 de la noche del viernes dos de septiembre de 1994. La gente hace fila afuera del local de Panamericana Televisión y se protege del húmedo frío de invierno con mantas y comida caliente. Se preparaban para la larga espera que se avecinaba, pues al día siguiente se celebraría la última ‘Gran Final’ en la historia de Trampolín a la Fama. Este era un concurso de canto que se daba una vez al año para premiar al mejor talento del programa. La cola se formaba según el orden de llegada e iba creciendo con el pasar de las horas. Fueron más de diez horas las que Alex Huerta, antropólogo de la Universidad Católica, esperó junto a 200 personas para poder ingresar al estudio de grabación.

La mayor parte del tiempo previo al ingreso del set de televisión, Huerta la pasó apoyado en una pared y tirando de codazos para defender su sitio, mientras soportaba el maltrato de la vigilancia. Durante la espera las mujeres que estaban en la cola se dedicaban a tejer o vender comida. Faltando dos horas para el comienzo del programa, un señor de la cola fue a la librería «Calleja» y compró sellos para marcar en los brazos de los asistentes el orden en el que se encontraban en la fila. Pasado un tiempo otra persona volvía a hacer lo mismo pero con un plumón.

Huerta narra que había mayor presencia femenina que masculina. Las mujeres se quedaban esperando en la vereda de la calle Mariano Carranza y guardaban sitio a sus maridos a pesar que la cola para los hombres estaba ubicada en la calle de enfrente. Una hora y media antes del comienzo del show el personal de seguridad abrió la puerta para que ingresen al local.

Público recibiendo a Augusto Ferrando en el set del programa. Foto: El Comercio

Primero pasaron los invitados –ellos no tuvieron que amanecerse para entrar–, luego los hombres sin invitación de la fila, entre ellos estaba Huerta, y por último las mujeres. Todos ellos tenían la esperanza de participar en el programa para mostrar su mejor talento y hacer todo lo posible por ganar algún premio. Una vez dentro del set de televisión los participantes recibieron indicaciones de los miembros del staff.

«Nos decían que teníamos que gritar y dar la sensación que estábamos muy alegres. No podíamos estar callados. Teníamos que estar siempre aplaudiendo para dar la sensación que era un programa muy animoso y juvenil. A pesar que no lo era nos insistían mucho en eso», dice Huerta. Él recuerda que si no lo hacían los resondraban. Dentro del set había mucha seguridad, los movían de un sitio a otro, para poner a los más jóvenes adelante.

Sin previo aviso entró Augusto Ferrando gritando: ¡Trampolín a la Fama! a la vez que extendía los brazos al público y ellos respondían: ¡Siempre contigo! Era usual escuchar siempre en el programa frases populistas. Entre las más famosas estaban “Un comercial y regreso”, «Siempre contigo», «Vámonos con Faucett”, “No nos ganan”, “Yo lo descubrí” y «Una cocina surge a…». Fernando Vivas, periodista y autor del libro En vivo y en directo, dice que Ferrando comprendió muy bien la naturaleza comercial del show por lo que utilizó frases que se convirtieron en eslóganes que luego pegaron en el uso coloquial popular.

Augusto Ferrando dándole instrucciones a las participantes sobre el juego. Foto: Panamericana

Aquella tarde las horas pasaron entre saltos y gritos de la gente que concursaba. Ellos le seguían el juego a las preguntas y bromas de Ferrando, y también se paraban de sus butacas para recoger las pelotas que se les lanzaba de regalo. Los finalistas de la ‘Gran Final’ habían sido elegido después de varios sábados de competencias, según el volumen de los aplausos del público. La producción del show premiaba a seis de los finalistas con cheques.

Luego de la ceremonia de premiación el programa acabó. Después se fueron a un corte comercial en el que Ferrando despidió el programa y luego entraron policías y miembros del ejército para invitarlos a retirarse. Estar en el set de televisión, según Huerta, era como estar inmerso por tres horas en un mundo alternativo de chistes, burlas y publicidades continuas, teniendo en cuenta que la pared del set estaba compuesto por pequeños carteles luminosos de publicidades. Según Vivas, la idea de poner estos anuncios como decoración en el set fue idea de Augusto Ferrando para recibir mensualmente un gran ingreso por ellas.

La dinámica de Trampolín a la Fama

Desde 1966 se transmitió Trampolín a la Fama y permaneció al aire por treinta años. En el programa, así como participaba el público, también también lo hacían artistas, cantantes y cómicos populares de la época. Algunos concursantes se volvieron famosos gracias al show y competían entre todos. No había alguien que contabilizara los puntos tampoco los reglamentos del juego; los espectadores elegían. Al inicio los concursos se basaron en el talento que los intérpretes mostraban, pero luego el programa implementó juegos de competencia.

El programa se caracterizó por el gran interés de interactuar con el público que en su mayoría era gente humilde. Ellos se esforzaban por mostrar su mejor talento en baile, canto, chistes, etc. Y era una oportunidad para hacerse conocido en el medio. De este programa salieron los grandes comediantes Carlos Álvarez, Miguelito Barraza, Jorge Benavides, Fernando Armas, entre otros.

Fueron varios los comediantes, músicos, políticos, periodistas, etc. que pasaron por Trampolín, un ejemplo de ello es la hermana de Miguelito Barraza, Cecilia Barraza, cantautora de música criolla. Fue ganadora de la Gran Final en 1971. También hicieron sus primeros debuts en la pantalla chica los cantantes: Eva Ayllón, Pedro Suárez Vértiz y Gianmarco. Entre los políticos invitados estuvieron Alberto Fujimori, Ricardo Belmont, Alan García, etc. El último se animó a cantar unos valses criollos en el programa. 

En la parte superior Pedro Suarez Vértiz. En la parte inferior Eva Ayllón y Gianmarco. Foto: Panamericana

Para los participantes el premio de cada sábado era un cheque en dólares o bienes que iban desde un sobre de especias hasta una cocina a gas. Pese a que en cada programa solo habían tres recompensas importantes, más de 250 personas hacían cola para participar. Pero según las entrevistas que hizo Huerta durante su estudio antropológico, ganar estos premios era muy difícil por diversas razones, una de ellas debido a que se favorecían a familiares o conocidos de los animadores.

Don Julio, un participante de 70 años que fue entrevistado por Huerta, contó que era difícil tener la oportunidad de sentarse adelante, donde más accesible era ganar un premio. «A veces Ferrando tiraba pelotas o paquetes de regalos hacia el fondo, pero era muy difícil de ‘chapar’ «, dice. Además cuenta que un día Violeta Ferreyros conocida como la ‘Vieja’, le gritó «usted ya ha venido, váyase al fondo», y puso en su lugar una chica. Al finalizar el programa Julio se acercó a la chica y ella le contó que cocinaba para Ferreyros.

El programa más polémico

Durante la dinámica del show la gente era constantemente humillada por el animador. Ferrando destacaba algún defecto físico de su apariencia o su conducta nerviosa. Les ponía apodos que podían resultar hirientes. Además, dentro del set de televisión se podía observar la dinámica del programa sin filtro. Huerta cuenta el maltrato (empujones, jalones, golpes, etc.) se hace mucho más evidente, pues uno lo ve en vivo y sin ediciones.

El sábado 27 de abril de 1991, Ferrando fue invitado al programa Fuego Cruzado que conducían Mariela Balbi y Eduardo Guzmán, donde fue duramente criticado. De ese show se dijo que fue una emboscada hacia su persona y al programa que conducía. Años después, Guzmán declaró a Dia D que «no fue emboscada, Augusto y yo hicimos coordinadamente la relación de invitados. Primero le expliqué cuál era el sentido del programa, que no se trataba de un cherry«. Ferrando sabía que iba a recibir críticas.

El objetivo de Fuego Cruzado era analizar la carrera televisiva de Augusto Ferrando. Entre los miembros del panel estuvieron tanto sus defensores como sus detractores. Asistieron ‘Tribilín’, la ‘Gringa Inga’, el antropólogo César Samayoa, el cómico ‘Ronco’ Gámez y el músico Augusto Polo Campos y del otro lado la lingüista Martha Hildebrandt y los periodistas Magaly Medina y Manolo Salerno. Los últimos lo tildaban de ruin, deprimente y huachafo. Pero quien desató una ola de críticas fue Medina. “Decir que me gusta sería una mentira grandísima. No me gusta su programa. Como programa no me gusta porque ha hecho de la necesidad de la gente su espectáculo”, dijo la entonces reportera de la revista Oiga.

Desde los años setenta la popularidad del ‘Zambo’ estaba manchada por una mala fama. Si bien se le reconocía por ser descubridor de grandes talentos, también lo calificaban como explotador. Se decía que se había aprovechado de Lucha Reyes, cantante afroperuana, en sus giras de la Peña Ferrando. Además su frecuente autobombo levantó sospechas alimentando una contra leyenda suya. En 1998, su primogénito ‘Chicho’ Ferrando lo acusó de ser un padre abusador, porque hacía trabajar más horas de las debidas a los integrantes de su peña.

Durante el programa de Fuego Cruzado Augusto Ferrando fue duramente criticado. Foto: ATV

A pesar de la mala fama aún existe gente que lo recuerda con aprecio. Sonia Soto Azpilcueta, de 78 año, siempre ha vivido en el distrito popular de Comas. Dice que nunca se perdió ningún episodio de Trampolín a la Fama: «no me lo perdía, yo esperaba ansiosa los sábados porque para mí era una felicidad verlo, reírme con su público que en su mayoría eran cómicos y cantantes». Doña Sonia cuenta que los sábados después de almorzar con su familia se reunían en la sala al frente del televisor para ver el programa.

«Me gustaba porque él [Augusto Ferrando] tenía una personalidad carismática, era un tipo alegre y bromista. Sé que algunas críticas decían que se burlaba de la gente humilde pero desde mi punto de vista me parece que no era así. Era su estilo de querer alegrar a la gente; su público», dice ella. Hasta hoy, siente una gran admiración por él. «Para mi fue un gran hombre. Lo he admirado y lo he querido; yo he sido su gran admiradora».

Por otra parte, el periodista y escritor Fernando Vivas, quien tuvo la oportunidad de entrevistarlo, cuenta que el programa siempre le provocaba sentimientos encontrados. «Había una cultura machista, racista, autoritaria y paternal», sostiene Vivas. Además dice que el ‘Zambo’ creaba su propio mundo pero que no todos podían sobresalir: «Para ser parte de su mundo tenías que tener talento».

El escritor señala que su forma de dirigir un programa exitoso indudablemente generó que se marcara un antes y después de Trampolín a la Fama. Tras el fin del programa se generó un boom de los talk shows y realities.

Magaly Medina en el programa Fuego Cruzado. Foto: ATV

La diversidad del Perú representada en los animadores

El elenco de animadores no cambió en los 30 años del programa. El principal siempre fue Augusto Ferrando quien encarnó un personaje paternalista y demagógico, conocido por su gracia al dirigir el concurso de tres horas que se emitía todos los sábados a partir de las cuatro y cincuenta y cinco de la tarde. El exitoso programa estaba conformado por los siguientes animadores: Violeta Ferreyros conocida como la ‘Vieja’, Ingerborg Zwinkel la ‘Gringa Inga’; Leonidas Carbajal el ‘Cholo’ y Felipe Pomiano el ‘Negro Tribilín’. Ferreyros es la única que sobrevive.

Cada miembro respondía a una conducta propia del imaginario colectivo y hacía alusión a un estereotipo. Presentaban características étnicas definidas que eran usadas como elementos de burla. En los extremos estaba la ‘Gringa Inga’ y el ‘Negro Tribilín’. La ‘Gringa Inga’, hacía el papel de alguien torpe que a pesar de los varios años que estuvo viviendo en el Perú no pudo aprender a hablar bien el castellano, se mostraba como una persona distraída con poca memoria y  hacía inocentes bromas que eran incomprensibles para el público pero que provocaban carcajadas.

El ‘Negro Tribilín’ hacía el rol de alguien bruto. Se convirtió de inmediato en el blanco de las bromas de Ferrando, quien le corregía al hablar en todo momento a pesar que pronunciaba bien las palabras. Además, le tomaba el pelo y se burlaba de su torpeza verbal pero todo eso era solo una puesta en escena.

Leonidas Carbajal y Violeta Ferreyros mostraban una conducta muy despierta; eran criollos. Carbajal era la representación del cholo vivo, que a pesar de ser ilustre y siempre hablar con palabras rebuscadas era un fanfarrón y vivo. Se caracterizaba por ser espontáneo y por utilizar palabras rebuscadas que causaba risas en el público. Envolvía a la audiencia con su vocabulario y su floro. Era un «erudito» del idioma.

De izquierda a derecha. Leonidas Carbajal, Violeta Ferreyros, Augusto Ferrando, Ingeborg Zwinkel y Felipe Pomiano. Foto: El Comercio

Ferreyros era la ‘pituca Miraflorina’. Representaba a la patrona del hogar, era la persona que mandaba y que estaba siempre dispuesta a hacer chacota. Empezó a trabajar con Ferrando cuando un día subiendo las escaleras del set de grabación, se topó con él quien la agarró de la mano y le dijo: «En este momento vamos a hablar con el gerente porque vienes a trabajar conmigo». Ese mismo día ella empezó a animar en el programa y permaneció ahí 30 años de su vida. En el programa le pusieron ‘Chiquivieja’ debido a que ella era la menor de todos. Con ese apodo con el cual Ferrando la llamó hasta sus últimos días de vida.

En el programa no solo se apreciaba una diferencia de edad entre todos los animadores sino también ellos representaban a la variopinta sociedad peruana. «Éramos distintos, distintas religiones, distintas culturas, distintas edades…», dice Ferreyros. Pero Ferrando nunca aceptó que había seleccionado minuciosamente a su equipo de animadores para generar humor político o racial en el programa, pese a que era notoria la diversidad cultural que representaban. Ferrando dijo en la entrevista con Vivas lo siguiente: «No, no, no, para nada…a ‘Tribilín’ me lo presentaron y vi que era lo más burro que había en el mundo, le decía camote y él me decía bisté, así que dije, va pa la Peña…».

Un final inesperado

Muchas veces Augusto Ferrando había bromeado con la posibilidad de irse del programa pero nadie lo tomaba en serio. Fue el 5 de mayo de 1996 que realmente lo hizo por cuestiones de salud. El programa fue transmitido al aire el siguiente sábado. Las tres décadas que estuvo al aire le habían pasado factura. Falleció en la clínica San Felipe quince días después de su cumpleaños número ochenta, víctima de un cáncer generalizado.

El día que se grabó el último programa de Trampolín a la Fama unas 300 personas ingresaron al set y lo acompañaron. Ferrando se despidió de la televisión diciendo entre lágrimas: «Un comercial y ya no regreso». Sus admiradores le dijeron a gritos que no se fuera, pero la decisión ya había sido tomada; no había vuelta atrás. Tres años después, el primero de febrero de 1999 el cáncer le ganó la batalla y en su sepelio fue despedido por miles de personas.

El estudio de televisión principal de Panamericana TV fue el de Trampolín a la Fama. Este ha sido reestructurado y ahora ahí se graba Porque hoy es Sábado con Andrés, un programa de entretenimiento que tiene como conductor a Andrés Hurtado conocido como ‘Chibolín’.

En la actualidad en el set de televisión de Trampolín a la Fama se transmite Porque hoy es sábado con Andrés.