Con la prohibición de hacer espectáculos en vivo, los artistas han perdido su principal fuente de ingresos. Si bien últimamente el Ministerio de Cultura se ha mostrado más abierto al diálogo, gestores y artistas creen que es poco lo que se está haciendo para ‘resucitar’ un sector al que le hacen falta muchos balones de oxígeno.

Cuando Cecilia Rejtman se trasladó a Ayacucho en febrero de este año, no se imaginaba qué tan complicado se iba a tornar su día a día. Había ganado el concurso Proyectos de Arte para la Transformación e Innovación Social, del Ministerio de Cultura, en su edición de 2019. Con su propuesta titulada Memorias desde lo femenino, buscaba hacer arteterapia con las mujeres en prisión a través de la danza y el teatro. El proyecto había empezado hace un año en Lima y tenía planeado seguir en Huancavelica e Iquitos. En Huamanga, Rejtman también aprovechaba su estadía para realizar otros proyectos junto a su colectivo escénico GatoAraña. 

Pero el 15 de marzo, luego del mensaje presidencial que anunciaba la inmovilización obligatoria, todo el itinerario de actividades de Cecilia y de muchos de sus colegas quedó en suspenso. La artista calcula que perdió alrededor de 10 mil soles tras la suspensión de Miradas desde lo femenino y del resto de actividades de GatoAraña. Para sostenerse, tiene planeado organizar rifas y conciertos virtuales, pues los talleres que convocó no han recibido la acogida esperada. Mientras escribe el obituario de los artistas fallecidos en estas semanas, encerrada en una habitación alquilada dentro de una casa en Huamanga, piensa en sus compañeros: “Somos muchos artistas en el interior del país y en Lima con proyectos detenidos. Estamos en una situación de vulnerabilidad por la crisis económica. Algunos tienen hijos que sostener”, relata Cecilia.

Según una encuesta de la Red de Creadores y Gestores Culturales del Perú, en abril, el 91.2% de trabajadores que dependían exclusivamente del arte dejaron de recibir ingresos económicos. Con teatros y auditorios cerrados, y la prohibición de realizar espectáculos en vivo, los más afectados son quienes se dedican a las artes escénicas, como la danza, el teatro o la música. “Depender de algo tan frágil como las presentaciones con público es peligroso en este tipo de situaciones”, señala Gonzalo Cáceres, guitarrista y productor musical independiente.

Gonzalo en una presentación en vivo. Durante estos meses, solo su actividad como productor le ha permitido generar ingresos. FOTO: Archivo personal.

Cuando empezó la pandemia, lo último en lo que pensaron las autoridades fue en lo que iba a pasar con el arte y la cultura. A fines de marzo, el Congreso le otorgó al Ejecutivo la facultad de emitir leyes durante un mes y medio para mitigar el impacto de la pandemia. Sin embargo, el Ministerio de Cultura (Mincul) fue la única cartera que no presentó ningún proyecto de ley. Aunque tras la presión del gremio artístico, la entidad se mostró más abierta al diálogo y empezó a implementar medidas de amortiguamiento, no ha logrado mitigar los efectos de la crisis en el sector.

“Entre los trabajadores de la cultura surgieron propuestas como ferias virtuales y conciertos en redes. Pero si el Estado hubiera tenido más iniciativa o generado más plataformas de difusión, la situación pudo haber sido mejor”, señala Carla Balvin, gestora cultural y miembro de la Red de Artistas de Pueblo Libre.

La distancia entre el ministerio y el sector cultural 

El 21 de mayo el Ejecutivo emitió un decreto de urgencia que otorgaba 50 millones de soles al Mincul para desarrollar medidas de amortiguamiento. Ese mismo día, tras dos meses desde el inicio del estado de emergencia en el país, este ministerio mostró sus primeras señales de vida y emitió una resolución que proponía espacios de diálogo con artistas y gestores para diseñar una política de reactivación. 

Cuando Alejandro Neyra asumió la dirección del Mincul el 31 de mayo, el cambio se hizo más evidente. “Desde entonces, hemos notado mayor apertura al diálogo, más conversación con los movimientos artísticos”, señala Balvin. Santiago Alfaro, jefe de la Dirección General de Industrias Culturales y Artes del Mincul, explica que durante esta gestión se han realizado 67 reuniones con un aproximado de 1,500 integrantes del sector de todas las regiones.

Alejandro Neyra ratificado Ministro de Cultura el pasado 16 de julio, cuando se renovó el gabinete ministerial. FOTO: Ministerio de Cultura.

Sin embargo, para Anahí Vásquez de Velasco, gestora cultural, el diálogo no es suficiente. “Podemos seguir teniendo miles de reuniones, pero la gente sigue muriendo. Es necesario que se concreticen iniciativas”, sostiene. La Red de Creadores y Gestores Culturales del Perú, a la que pertenece Vásquez de Velasco, denunció mediante un comunicado que las propuestas del gremio artístico en estas reuniones no han sido tomadas en cuenta.

Las líneas de apoyo

Una medida reciente que ha planteado el Mincul para quienes se dedican al arte ha sido la habilitación de líneas de apoyo, que consisten en alternativas de ayuda económica. El apoyo se debe solicitar mediante un formulario, en el que los artistas expliquen cómo la crisis les ha afectado y planteen una iniciativa para mitigar este impacto. Un comité independiente designado por el ministerio evalúa las solicitudes y determina qué propuestas son aptas para acceder a los fondos de apoyo económico. 

Vásquez de Velasco discrepa con la dinámica competitiva que hay detrás de este programa. “Solo unos cuantos van a poder recibir la ayuda, pero se dejará de lado a otros que lo necesiten”, considera la gestora. Según ella, este tipo de apoyo no es adecuado para un contexto de emergencia.

Además, para los representantes del sector cultural, el ministerio no debería diferenciar el monto de presupuesto asignado entre solicitantes formales e informales: los primeros pueden recibir hasta 75 mil soles mientras que los segundos solo hasta 35 mil. Esta distinción es discriminatoria en tanto no contempla la realidad del sector cultural. “La mayoría de artistas o colectivos del país no están formalizados, pues los procedimientos no son claros, prácticos y accesibles”, afirma Vásquez de Velasco.

Para Alfaro, representante del Mincul, esta distinción busca garantizar que el beneficiario use correctamente el dinero, además de ser una forma indirecta de promover la formalización. Pero la gestora cultural Balvin opina que existen otras maneras de verificar la experiencia de una organización sin tener que reducir el monto de apoyo por no estar registrado formalmente. “Se pudo haber colocado la formalización como un segundo paso luego del beneficio y no como un requisito”, señala.

No todo es dinero

El reclamo del sector cultural no se reduce a la demanda de apoyo monetario. Vásquez de Velasco considera que el ministerio no ha comprendido el trasfondo de su lucha y la cobertura mediática lo refleja. Recuerda que, en abril, la periodista Patricia Salinas escribió un artículo titulado #ChapaTuBono en Caretas, en el que criticaba el reclamo de los artistas. “Le hizo una mala publicidad a nuestra lucha. Decía que solo queríamos dinero y minimizaba nuestras necesidades”, relata Vásquez de Velasco.

La importancia de las artes en varios aspectos del desarrollo es innegable. Por ejemplo, el proyecto de arteterapia de Rejtman estaba ayudando a que las mujeres en prisión generen confianza y se liberen de presiones internas. Pero los artistas, quienes brindan esta ayuda, no tienen las facilidades para hacer su labor.

“Los artistas y gestores necesitamos que la cultura sea sostenible para poder vivir de esto. Si a mí me dan cien o mil soles, me va a durar un tiempo, pero si me dan herramientas para generar ganancias con ese dinero, mi vida tendrá mejor calidad”, sostiene Vásquez de Velasco. Sin embargo, para Balvin, el Estado siempre ha tratado a la cultura bajo la lógica del mecenazgo, en la que solo se asigna una cantidad de dinero a cambio de que el artista haga una obra o proyecto cultural.

Cecilia Rejtman (a la izquierda) junto a su compañero del colectivo escénico y la cantante Cinta Hermo en una presentación en el centro cultural La Esencia en Cusco. FOTO: Facebook GatoAraña.

Ante este panorama, la Red de Creadores y Gestores Culturales del Perú elaboró diez propuestas que apuntaban a generar esta sostenibilidad y que buscaban incorporar al sector en el proceso de reactivación. Diez propuestas que fueron enviadas al ministerio, pero que no recibieron una respuesta satisfactoria. “Nos respondieron con un tono excusativo, con un palabrerío empático, pero ineficiente”, considera Vásquez de Velasco, quien es miembro de esta red. 

Otras agrupaciones también han manifestado su descontento. En abril, sesenta grupos teatrales firmaron un comunicado en el que exigían que las políticas culturales respondan a la diversidad de labores que existen dentro del ámbito cultural a corto, mediano y largo plazo. 

Desde el ministerio, Alfaro señala que están elaborando protocolos para reactivar distintos rubros, como música, artes escénicas y galerías. A largo plazo, el funcionario indica que se pretende fortalecer los proyectos de formación de públicos y que se colocará a la cultura como factor de desarrollo. Para conseguirlo, la Política Nacional de Cultura al 2030, recientemente aprobada, plantea varios objetivos hacia los siguientes años: generar más canales para la difusión de contenidos culturales, fomentar la producción artística, generar programas de sensibilización sobre la importancia del patrimonio cultural, entre otros. 

Los siguientes meses serán determinantes para cambiar la situación del sector cultural. Balvin y Vásquez de Velasco concuerdan en que un aspecto positivo de esta crisis es que ha fortalecido al gremio de artistas y gestores culturales. “Estamos más integrados porque todos tenemos ese objetivo común de mejorar nuestra calidad de vida. Espero que cuando pase el desastre, sigamos unidos y sigamos buscando que la cultura se revalorice en el país”, concluye Vásquez de Velasco.

Captura del video de portada de la Red de Creadores y Gestores Culturales del Perú, en el que se muestra a varios integrantes del sector en estos meses.