A veintisiete años de su partida, una semblanza del primer y más notable entrevistador de la televisión peruana. Erudito, controversial e irascible, Tealdo no merece estar en el olvido.

Alfonso Tealdo fue por medio siglo el indiscutible rey de la entrevista del periodismo criollo. Yo lo entrevisté una vez, allá por 1985, en su pequeña oficina de Panamericana Televisión, en la avenida Arequipa; charlamos brevemente y luego salimos a tomar café al cercano Berisso. Durante la escasa hora que conversamos sobre la historia de Pulso, su gran programa de panel y otros, Tealdo tomó dos expresos y se fumó una docena de cigarrillos.

Delgado, cabeza grande y frente amplia, muy blanco, lentes gruesos, daba la impresión de ser un manojo de nervios, o quizá lo hallé en mal momento. Se atropellaba un poco para hablar, como impaciente por la charla (en algún momento temí que saliera corriendo), pero él quería seguir hablando… de él mismo, por supuesto, su principal personaje.

Tealdo nació en Lima en 1914 y estudió en el colegio Anglo Peruano. En la secundaria ya escribía y animaba la revista colegial Leader, donde publicó una nota sobre Mahoma, que marcó su debut en el periodismo.

No pudo ingresar entonces a la Universidad de San Marcos para estudiar Letras porque estaba clausurada y, como muchos de su tiempo, enrumbó hacia la Universidad Católica, la única privada de entonces y que mantenía y defendía su estabilidad por encima de los avatares políticos.

Cuando Tealdo estudia Letras en el antiguo local de la Plaza Francia, en 1935, un militante aprista mata al director de El Comercio y a su esposa; suceso que conmueve al país y acentúa la persecución contra el APRA y su líder, Haya de la Torre.

En 1937 Tealdo empezó a publicar algunos artículos en El Comercio. Luego escribió ensayos e hizo entrevistas para la revista Turismo. En 1944 ganaría su primer galardón, nada menos que el Premio Nacional de Periodismo.

No se alejaría más del oficio, incluso en su etapa de diplomático. Durante el gobierno de Luis Bustamante y Rivero (1945-1948) fue nombrado agregado cultural en México y luego retornó a Lima para fundar la famosa revista Gala.

En Gala las relaciones con el alto mundo las pondría Jorge Holguín de Lavalle y la publicidad la conseguiría Doris Gibson. Finalmente la lanzaron a circulación en mayo de 1948 al inconcebible precio de doce soles cuando los diarios costaban 15 centavos y las revistas un sol. Fue un suceso periodístico y social pero un fracaso comercial.

 

Impuso la entrevista-ataque en la que trataba por todos los medios de poner en apuros, implacablemente, a sus entrevistados.

 

Tealdo decidió luego pasar a la zona informativa y política con el semanario ¡Ya!, que circuló desde febrero de 1949. En su primera carátula se lucía la foto del fakir brasileño Urbano. Este, por coincidencia, eligió el mismo día del lanzamiento para abandonar la urna en donde presuntamente había batido el récord mundial de ayuno.

Se suponía que ¡Ya! sería independiente, pero a las pocas semanas Tealdo proclamó su adhesión a la candidatura de José Quesada Larrea, quien compitió con Manuel Prado en las elecciones de 39 y fue embajador en Argentina del gobierno de Bustamante. Las elecciones estaban previstas para el 2 de julio del año siguiente.

Pronto Tealdo abandonó ¡Ya! y al poco tiempo inició la campaña publicitaria de Pan, su nueva revista: “Pan: será como el pan, estará en la mesa de todos. En la del pobre y en la del rico”.

Pan tuvo un comienzo auspicioso debido a una ingeniosa campaña publicitaria. El día de la salida, el 8 de julio de 1949, un avión de la empresa Faucett sobrevoló Lima arrojando vales para premios (ternos, plumas fuente, etc.) y ejemplares de la revista.

Pan no se libró de la persecución. La policía notificó a Tealdo que debía cerrarla, y éste acusó a La Prensa: “Ravines no ha triunfado. Mi clausura significa su derrota. Su derrota definitiva (…) Ya lo veré vendiendo algodón azucarado en las calles”.

Los años siguientes son de bohemia intensa, algo de publicidad, de colaboración en periódicos que le aceptan sus ensayos y entrevistas y de algunas aventuras editoriales de poca envergadura como Dedeté, cuyo lema era: “Un semanario contra toda clase de parásitos”, o de sociedad para editar el humorístico Loquibambia, un programa de radio de gran éxito con libretos de Freddy, un talentoso argentino.

En 1958 Tealdo incursionó en la radio redactando La Voz y la Pluma para Radio Nacional, texto que leía el conocido locutor Guillermo Lecca. Luego pasará su programa a Radio Central y más tarde a Radio Panamericana, ambas emisoras de la familia Delgado. Serán los Delgado quienes lo lancen a la televisión con un éxito probablemente inesperado.

En 1960 se inicia Ante el Público en el Canal 13. El programa empezó bajo la conducción de Jorge Luis Recavarren, pero poco después sería sustituido por Tealdo.

A este, sin embargo, le esperaba más aventuras en la prensa escrita. La siguiente fue como editor. En 1961, y con el auspicio de Pedro Beltrán y La Prensa, lanzó el vespertino El Diario, un buen tabloide que tuvo una historia fugaz.

Todo indicaba que las elecciones de 1962 serían muy reñidas; se enfrentaban Fernando Belaunde Terry, de Acción Popular, y Víctor Raúl Haya de la Torre, líder histórico del APRA.

Fue la primera vez que la televisión tuvo la oportunidad de cubrir un gran evento electoral. Como se recordará, la era comercial del nuevo medio recién se inició con Canal 4, en 1958 . Cuatro años después, en 1962, apareció el programa Las cartas sobre la mesa, conducido por el redactor de La Prensa, Luis Rey de Castro.

 

Los medios que dieron cuenta de su desaparición lo recordaron como el mejor entrevistador de la historia del periodismo peruano.

 

Los años siguientes fueron de colaboración plena con la televisión, unido a los Delgado Parker. Tealdo dirigió el noticiero El Panamericano hasta 1965, año en que fue reemplazado por Julio Estremadoyro. Carlos Paz Cafferata lo convocaría más tarde para el programa sabatino Perú-67. Este cambiaba de nombre cada año. Allí se hizo cargo de la secuencia de entrevistas llamada “Tealdo Pregunta”.

Fue el momento de gloria de Tealdo en la televisión, aseguran colegas que trabajaron con él o recuerdan sus programas. Según ellos, impuso la entrevista-ataque en la que trataba por todos los medios de poner en apuros, implacablemente, a sus entrevistados. Para ello Tealdo investigaba a fondo los temas y como consideraba que las respuestas ya las sabía, interrumpía constantemente a sus ‘víctimas’ y no les permitía desarrollar conceptos completos.

El programa fue suspendido hacia 1973. Solo quedó la secuencia de Ferrando Trampolín a la Fama y Tealdo debió esperar hasta la fundación del nuevo noticiero 24 Horas. Allí le ofrecieron un espacio para entrevistas.

En marzo de 1976 el gobierno militar decidió renovar a los directores de los diarios en vías de expropiación y llamó a Tealdo para dirigir El Comercio, cargo que ejerció hasta junio de 1978. No colaboró más con el gobierno militar y regresó a la televisión para una última etapa caracterizada por la acentuación de la bohemia que finalmente le provocó una enfermedad terminal. Murió el 31 de junio de 1988. Los medios que dieron cuenta de su desaparición lo recordaron como el mejor entrevistador de la historia del periodismo peruano.

Sobre El Autor

Juan Gargurevich

Profesor principal del Departamento de Comunicaciones. Titulado de la Escuela de Periodismo (1966) y Magíster en Comunicaciones (1997) ambos por la PUCP. Ha sido editor, redactor y director de medios como el Diario La Crónica, Expreso, Extra, La Voz, Marka, Revista Época, Editora Correo, Diario Sur Tacna. Docente y director en la Escuela Profesional de Comunicación Social y en Letras en la UNMSM (1972-2000). Escribe desde el 2005 en su blog "Periodismo, Periódicos, Periodistas" sobre actualidad y periodismo.

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