Su pasaporte cuenta con los sellos de Suecia, Dinamarca, Holanda, Rumanía, Hungría, Eslovaquia, Eslovenia, Lituania, Estonia, Bielorrusia, Ucrania, Turquía, Egipto, Arabia Saudita, Filipinas, Indonesia, China, Hong Kong, Alemania y Francia. Sophie Tihomirova, a su corta edad, ha conocido el continente europeo casi por completo (aún no ha ido a Italia, pero pronto lo hará). Es profesora de inglés, estudiante de idiomas y de programación, y, por si fuera poco, ha empezado a aprender ajedrez. La viajera –jamás turista– moscovita, ha vivido en Rusia, España y Finlandia, y desde el 23 de noviembre del año pasado, el Perú es su nuevo hogar. Aunque uno temporal, porque, para Sophie, viajar es la clave para disfrutar la vida.

Por María Paula Torres   

–¿Cuándo empezaste a viajar?

–Toda mi vida he viajado con mis padres, cada verano lo hacemos por un par de meses. Sin embargo, el primer viaje grande sin ellos fue cuando tenía 18 años, me fui a Mallorca por un verano a trabajar. Había estado estudiando español por dos semanas y pensaba que ya era suficiente como para encontrar un trabajo, así que estuve en la recepción de un hotel. Me gustó tanto que hice lo mismo por tres veranos.

–Entonces, desde pequeña tus papás te han inculcado el interés por viajar.

–Sí, todo sale de familia, es una tradición. Viajamos en carro una o dos semanas, a veces en avión o tren. Mi familia es así, siempre me han dicho: “Sophie, tienes que descubrir y conocer otras culturas”. Por ejemplo, todos mis cumpleaños los paso en otro país, porque son el 30 de diciembre, entonces viajamos por Año Nuevo. Ya no puedo imaginar mi vida sin viajar, me siento mal. Siento una depresión si no viajo.

Sophie en Honk Kong

–¿Cómo así llegaste al Perú?

–Mi primer verano en Mallorca conocí a una peruana que terminó por invitarme a su país. Por ese entonces yo estudiaba en Finlandia y todas las veces regresaba allí luego de Mallorca, hasta que mi padre me dijo: “Sophie, ya van tres veranos que haces lo mismo. Quizás debes cambiar tus planes”. Le comenté eso a mi amiga y me dijo que me podía quedar en su casa junto a su familia. Entonces, ¡Compré el pasaje y ya!

–¿Te fue difícil acostumbrarte a la vida en este país?

–La verdad es que he viajado toda mi vida y no siento esas cosas. No extraño a mi país, tampoco a mi familia porque nos comunicamos. No me costó acostumbrarme a la vida en el Perú, ya que las costumbres no son tan distintas. La misma cultura de estar en familia que hay Perú, suele ser igual en Rusia. Los rusos no somos como las demás personas en Europa: ellos son muy independientes y fríos. En Rusia, siempre están dispuestos a ayudarte y acá también.

–En el Perú se tiene la idea de que en Rusia la gente es un poco distante, pero por lo que cuentas no es así.

–Hay gente que sí lo es, pero normalmente no. Un ruso te podría dar hasta su última moneda para ayudarte. Solo es nuestro rostro que siempre está serio, no reímos tanto: dicen que es porque no absorbemos suficiente vitamina D. Eso es algo malo porque a mí me encanta reír. Cuando estoy en Rusia hablo de manera más brusca, pero acá ya no. Me siento cómoda y puedo ser yo.

–Has encontrado una semejanza entre las dos sociedades en la calidez de la gente, pero ¿alguna diferencia? ¿quizás la delincuencia y el tráfico?

–En Rusia, en los noventas, teníamos mucha delincuencia. Me dicen que es parecido a como es Venezuela ahora. También había mucho tráfico, tanto como hay ahora acá. Esas son diferencias. En Rusia la gente no usa tanto el claxon y en el centro de Moscú ya casi no hay carros. Las pistas son mucho más anchas y hay puentes, aunque veo que acá, poco a poco, están empezando a construir vías así.

–¿Eso es algo que te sorprendió cuando recién llegaste?

–No. Lo comprendí porque sabía que mi país también había sido así.

–Ya se va a cumplir un año desde que llegaste al Perú ¿Qué lugares has visitado?

–Conozco Chiclayo, Chosica, Trujillo, San Mateo, Callahuanca… ¿sabías que le dicen “El paraíso de las chirimoyas? Estaba pensando irme a Ticlio en unas semanas. Mi padre aún no puede creer que no haya ido a Machu Picchu, pero para ir allí hay que hay que planearlo y dedicarle más de una semana, no solo un par de días.

–¿Has ido a la selva?

–No. A los amigos con los que viajo no les gustan los insectos y yo detesto el calor. Claro que, en algún momento, iré, pero prefiero la sierra.

–¿Crees que podrías quedarte a vivir en un solo lugar para siempre?

–De verdad no me lo puedo imaginar porque sé que me aburriría. Cada cierto tiempo tengo que cambiar. Claro que, más tarde, cuando tenga hijos, va a ser más complicado. Quizás tendría que cambiar de país cada cinco años.

–Cada vez que viajas a un país diferente, ¿te sientes como una turista más?

–Eso es lo que siempre trato de evitar. Nunca más quiero ser una turista. Jamás voy a ir solo un par de semanas a Europa. Siempre estás apurada, no conoces los lugares más baratos para comer o comprar, o los sitios que visitar… Por ejemplo, ¿qué piensan los turistas que es el Perú? Machu Picchu. Yo todavía no he ido, pero me encantó San Mateo: la tranquilidad y la vista. Por eso ya me dije a mí misma que no voy a viajar más como turista. Si viajo, vivo.

–Algunas personas viajan para comprar, otras para fotografiar o estudiar. En tu caso, ¿qué es lo que buscas de tus viajes?

–Me gusta conocer lugares y gente, y hacer amigos en diferentes países porque después podemos hacer algo juntos: negocios o más viajes. Yo puedo aprender sus idiomas y sus culturas. Eso es lo que más me gusta: disfrutar la vida y tener experiencias, porque cuando uno viaja y conoce otra gente, adquiere conocimientos que otros en su país no tienen. Puedes llegar a entender por qué las personas hacen las cosas que hacen. Empiezas a entender mejor la vida.

–¿Cuál será tu próximo viaje al exterior?

–Me voy a Filipinas a finales de marzo por un año para aprender a ser instructora de buceo. Tengo algunos contactos por allá, entonces he podido conseguir un curso a buen precio. Sin embargo, no sé cómo voy a aguantar tanto calor.

–¿Tienes un lugar favorito en el mundo?

–¿Puedo decir dos? Dinamarca y Holanda.

–¿Algún lugar que no puedes morir sin haber visitado?

–Es algo ridículo, pero me gustaría ir al espacio.

En Pálamos, España

Sobre El Autor

Somos Periodismo

Artículos Relacionados