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Sofía con Z: “Mi deseo de cantar siempre estuvo escondido”

Con un registro vocal capaz de “pegar extraordinarios picos”, enérgica y extrovertida, Sofía con Z es una cantante que ya representa a los peruanos en el extranjero. Posee una amplia experiencia en el ámbito musical criollo. Fue corista de Eva Ayllón durante 19 años y deslumbró en el programa-concurso Yo Soy. Ahora es una de las vocalistas de la agrupación Cosa Nuestra y profesora de canto en el programa Una y Mil Voces. A fines de abril viajó a Washington para protagonizar una obra teatral: ‘Hay jarana en el callejón’. Con ustedes, la corista que un día se adueñó del escenario.

Llega la noche y un arco de rosas melones la espera en el escenario. Es la casa del cantante Juan Gabriel en Cancún. Todo está cálidamente iluminado. Sofía con Z ingresa con un vestido blanco, acompañada de sus músicos. Su elegante voz se apodera del escenario y de cada uno de los asistentes, aunque a ella solo le importa uno de ellos: el anfitrión y cumpleañero, Juan Gabriel.  Lo busca con la mirada y él con una vivaz sonrisa le da la bienvenida. Con el corazón acelerado y las piernas temblorosas, Sofía concluye: “Juan Gabriel, un honor para nosotros estar en este día tan especial para ti y para todo aquel que te admira. ¡Feliz cumpleaños!, de parte de todos los peruanos que te amamos”.

En esa ocasión no solo ha cautivado al cantante de Amor eterno, sino a otros artistas internacionales. La India pregunta: “¿Dónde está esa negrota maravillosa que canta música afro?”. Sofía bromea. Dice que le va dar un infarto por tanta emoción. Esta es una oportunidad irrepetible y ella lo sabe, entonces le pide a la salsera puertorriqueña que le dé la famosa ‘patadita de la suerte’. Esa noche, Sofía con Z se convirtió en la ahijada de La India.

En su sala una gran fotografía da la bienvenida. Se distingue a una morena con cabello lacio hasta la altura del hombro y una sonrisa que refleja emoción y goce: es Zophía con Z. La de carne y hueso espera mi primera pregunta:

-¿Cómo llegaste a ser corista de Eva?

-Todo comenzó por el baile. Yo estaba en el colegio y el hermano de una vecina bailaba en canal 7. Necesitaban una bailarina para un concurso en Chincha y me propusieron participar. Yo les dije: “No atraco, me he sacado un cero más grande que yo, ¿a dónde me van a dejar ir?”. Hablaron con mi mami y después de varios intentos fallidos, ella aceptó. Cuando el elenco estuvo listo llamaron a Ronaldo Campos, director de Perú Negro para que nos viera; así que mi tío Rony me vio y me preguntó si quería bailar en su agrupación. Yo emocionadísima acepté. Ya en el grupo comencé a hacerle el contra alto a la gran Lucila Campos. Fue por ella que me jalan para hacer el disco Valseando Festejos.

-¿Hacías los coros?

Toditos los coros y de ahí me jaló Eva. Grabamos tres discos, el primero fue Señoras y señores. Mi deseo de cantar siempre estuvo escondido porque era bien tímida. En algunos shows Eva me hacía cantar. Yo le decía que no lo haga y ella me respondía: “Sí, tú cantas bien”.

-Pero no te gustaba…, ¿en verdad nunca habías pensado en el canto como solista?

-No, no, no.  Yo no cantaba delante de nadie. En verdad a mí toda la vida me ha gustado cantar, pero nunca pensé que lo iba a hacer profesionalmente.

-Era como un sueño, utópico…

-Exactamente, yo quería, pero ese miedo escénico de no saber comunicarme con el público, que es la cosa más sencilla del mundo, hacía que se formaran cincuenta mil barreras delante de mí. Eso no me  permitía avanzar, hasta que fui probando.

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“Todo comenzó por esta canción”, explica. Busca en YouTube Quédate más y, mientras se oye el susurro de aquella potente voz acompañada de la guitarra, cuenta que esa fue la primera vez que ingresó a un estudio para grabar como solista.

-¿Hace cuánto tiempo fue eso?        

-Esto debe ser del 2003. Esa fue la primera vez que yo escuchaba mi voz.  En realidad, esta canción fue para Eva, pero ella no le dio bola y la grabé yo.

-Pero luego de eso, seguiste trabajando con Eva como corista, ¿cuándo te vuelves solista?

-Claro, esa grabación fue algo extra. Como solista… Bueno, vino Yo soy. Espera… Toño, amor. Ven un ratito, por favor. Me encantaría que le contaras a nuestra sobrina cómo fue mi ingreso a Yo Soy.

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Toño jala una silla, se sienta y cuenta que Sofía ingresó al concurso a la fuerza: “Ella hace espectacular el casting y al día siguiente me dice que no se iba a presentar porque había hablado con Eva y bla bla bla… Entonces, me puse bravo y le dije que no me ponga excusas, pues yo iba a invertir todo el tiempo que esté en el concurso”.

-¿Recibiste críticas por ser la imitadora de Eva?

-Sí. Me quería morir. Me arrepentía de haber entrado al programa, pero yo había ido para perder el miedo escénico. Buscaba tener ese valor para convertirme en solista. Al final, cuando estaba en el escenario me tenían que decir: “Cállate, ya no hables tanto. ¡Canta!” (risas).

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Risueña, amiguera, Sofía creció junto a su abuela en la quinta San Pedro, en la cuadra 13 del Jr. Miro Quesada, Barrios Altos. Es una mujer de barrio y lleva la calle en el corazón. Ante la pregunta: ¿Cómo te llamas? Siempre respondía orgullosa y entusiasta: Sofía Buitrón.

-Ahora sí me vas a contar, ¿por qué Sofía con Z?

Eva es impredecible y un día dentro del show me presenta: “En los coros, Sofía con Z”.

-¡Ah!, ella te bautizó como Sofía con Z.

-Sí, me gustó y lo adopté. Además le puse a mi hija Zophia, justamente con ‘z’, porque mi nombre es con ‘s’. Le di más significado al apelativo y decidí quedarme con él.

– Ahora, también trabajas en Cosa Nuestra, ¿cómo te uniste a la agrupación?

-El director de Cosa Nuestra, Tito Manrique, también ha trabajado con Eva y tengo una relación estrecha con él porque es mi padrino de matrimonio. Bueno, resulta que cada vez que Eva les pedía arreglos a los músicos, quien grababa esos arreglos era yo. Entonces, Tito ya sabía cómo era mi voz y cuando formó Cosa Nuestra me llamó para grabar coros. Ahí no me imaginaba como una de las vocalistas del grupo, sin embargo, apoyaba en algunos temas musicales. Recuerdo que él me dio el tema Mentiras Son para que lo grabe para otra cantante: Isabel Iñigo. Yo lo grabo y cuando Tito le muestra el tema a Isabel, ella le dice: “No, chico, a mí no me puedes dar eso. A mí dame algo más suavecito, pero te aconsejo que aproveches esa voz porque ese tema está bien cantado”. Hasta que un día, me dijo: “Negrita ven”, y entré para quedarme.

-¿Tu talento es heredado?

-Claro, de mi abuela. Ella cantaba desde muy joven. Para bailar en el colegio, ella me hacía los vestidos con papel crepé y cuando entré a Perú Negro ella me llevaba y se amanecía conmigo.

-Dicen que la fama cambia a las personas… ¿alguna vez perdiste la brújula?

-Nunca me voy a olvidar… Cuando yo entré al grupo de Eva comenzamos a viajar mucho y llegábamos a lugares impresionantes. Eso comenzó a cambiarme un poco. Una vez llegamos a Washington y nos alojamos en un hotel donde recibían a presidentes. Entramos a una suite enorme, con toda la tecnología del mundo. Había una voz que nos indicaba todo y un jacuzzi acolchado para que no suframos ningún daño. Yo, acostumbrada a bañarme parada en la ducha y con jarrito, no lo podía creer. Entonces, mi amiga, Virginia Falcón, me dijo: “¡Mamita, despierta que esta no es tu realidad!” Me chocó y en el momento me molesté mucho. Al día siguiente nos fuimos a la casa de Drácula, a un hotel viejo, todo sonaba. Nadie quería dormir sola, era completamente lúgubre. “Ya ves, mamita. Esto está más cerca de nuestra realidad”, me dijo Virginia. ¡Santo remedio, un santísimo remedio! Esto sucedió hace más de 20 años y es lo mejor que pudo pasar, porque ella me hizo pisar suelo. Ahora, mi base está bien pegada al piso.

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En un intervalo, Sofía comenta que está viva de milagro, pues hace 20 años, cuando tuvo a Stephano, su primer hijo, le dio preclamsia. “La presión me subió a 25, fue trágico porque clínicamente estaba muerta”. Sin embargo, su tenacidad hizo posible que se recuperara y, más adelante, le diera la vida a su pequeña hija Luana Zophía, una niña de 8 años, amante del rock.

-Siempre tenemos grabados momentos específicos, a veces triviales, de nuestra niñez. ¿Cómo era Sofía de niña?

Exactamente igual a mi hija. Yo soy una niña eterna. Me gusta jugar, por ejemplo, invito a las amigas de mi hija y me pongo a bailar con ellas. Armamos las jaranas. ¿Sabes qué? Me identifico y eso me hace sentir muy bien. Mi infancia ha sido así: ‘mataperrear’, ser muy jovial, alegre, humana. Eso está muy pegado a mis raíces y continúa todo tal cual.

-Y si recordamos a Sofía de 17 años, ¿cuál era su mayor sueño o proyección?

Ser una gran cantante.

 -Y lo has logrado…

-(Suspira) Estoy en camino. Ojalá Dios quiera y llegue a alcanzar lo que deseo. Que la gente me ubique tanto fuera como dentro de casa. Ojalá…

-¿Y cómo así te propusieron participar en una obra teatral en Washington?

-Resulta que hay una señora que, una vez al año, realiza esta obra y siempre tiene invitados nuevos. Ella viene escuchando mi nombre desde hace un buen tiempo y como tenemos un amigo en común, me contactó. Me están dando un papel importante que va a ayudar a que mi carrera aumente, no solamente como cantante, sino como actriz. Estoy muy contenta, además tengo propuestas para irme a Japón y a Europa, Dios quiera que se concreten.

-¿Qué proyectos tienes?

-Tengo el proyecto de hacer mi disco. Todo el mundo lo está haciendo, menos yo. Pero tengo una frase que siempre me acompaña y la comparto: “Dios es perfecto y nunca se equivoca. Él sabe cuándo te da las cosas”.