Estudiantes universitarios organizan ollas comunes para subsistir ante la falta de apoyo por parte de las autoridades.

Por Valeria Vicente

Jenny (20) estudia Ciencias Políticas en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos. Este año se mudó a un cuarto alquilado cerca a dicha casa de estudios que pagaba con el sueldo de su trabajo como niñera por las mañanas y profesora particular por las tardes. A raíz de la cuarentena, perdió su principal sustento económico y, ahora, no sabe cómo pagará la comida ni el alquiler a fin de mes. No es la única. Al menos 36 estudiantes sanmarquinos se encuentran en la misma situación.

Los residentes externos, estudiantes de la UNMSM que no accedieron a la Beca de Vivienda y alquilan habitaciones en los alrededores de la universidad, se han visto gravemente afectados por el COVID-19. El 76% ha perdido su trabajo por la paralización laboral causada por la cuarentena. La situación se agrava aún más si consideramos que el 58% de los alumnos son provincianos y no pueden retornar a sus lugares de origen. Sin dinero ni comida, ahora temen ser desalojados de sus viviendas.

En un inicio, el Comedor Universitario les proporcionaba 15 raciones, a pesar de que son al menos 36 estudiantes, por lo que empezaron a dividirse las raciones para que la comida pudiese llegar a todos. Sin embargo, el 25 de mayo la universidad dejó de proveerles raciones de comida.

Jenny —quien pidió no revelar su identidad para evitar represalias en su contra— afirma que se comunicaron con David Guardia, jefe de la Oficina General de Bienestar Universitario. Aunque en un inicio prometió que se reanudaría el reparto de raciones, en los días siguientes dejó de responder las llamadas.

“Hasta el día de hoy no nos contesta el teléfono. Tampoco le responden a los representantes del gremio. Creemos que se está jugando al desgaste. Esperan que nos cansemos y nos retiremos”, aseguró la estudiante universitaria.

“Si no es el COVID-19, es el hambre”

Para afrontar el hambre y la necesidad, desde la última semana de mayo los residentes externos organizan ollas comunes en una improvisada cocina de leña con las donaciones que les llegan. Jenny afirma que muchos de sus compañeros dependen de la olla común. “Algunos viven con cinco soles en el bolsillo. La mayoría se ha quedado sin trabajo y no tienen cómo subsistir”, sostuvo la estudiante universitaria.

Residentes externos organizan ollas comunes en la puerta número 1 de San Marcos. FOTO: Luis Javier Maguiña.

Pero la situación se torna cada día más agotadora para los jóvenes. Varios han dejado de asistir a las ollas comunes. “Algunos tienen miedo a contagiarse de COVID-19, pero otros se han retirado de sus viviendas. Ya no tienen esperanzas de que se pueda llegar a una solución”, señaló Jenny.

En el caso de la estudiante universitaria, un amigo le prestó dinero para pagar los tres meses de alquiler que debía. Pero se agotan las opciones para solventar sus gastos el mes que viene. Sus padres, aunque quisieran, no podrían apoyarla económicamente porque también perdieron sus trabajos durante la cuarentena.

Las ollas comunes se realizan en improvisadas y precarias cocinas de leña. FOTO: Luis Javier Maguiña.

El silencio de las autoridades

Una comisión formada por los residentes externos envió un informe sobre la situación socioeconómica en la que se encuentran a la Oficina General de Bienestar Universitario, el 29 de abril. Solicitaron además evaluar la posibilidad de alojamiento dentro de la universidad o un bono estudiantil que les permita cubrir sus necesidades básicas. Las autoridades aún no responden formalmente a esta propuesta.

Para Jenny, el principal problema es la falta de voluntad. “Hay un presupuesto de 5 millones aproximadamente destinado al comedor. Se pueden cocinar más raciones. El personal del comedor está capacitado para cocinar hasta mil raciones por día”, afirma la estudiante sanmarquina.

La universidad se pronunció en dos ocasiones respecto al tema. En un comunicado oficial del 25 de mayo, señaló que el Comedor de la Ciudad Universitaria fue cerrado luego de que cuatro de sus trabajadores dieran positivo por COVID-19. Para asegurar la alimentación de los estudiantes, las autoridades aseguraron que las raciones serían preparadas en el Comedor de Cangallo. Sin embargo, estas nunca llegaron a los residentes externos.

Carteles colocados en las afueras de la puerta 1 de San Marcos. FOTO: Luis Javier Maguiña.

El 4 de junio las autoridades de San Marcos emitieron un último comunicado donde mencionaban indirectamente a los residentes externos e invocaban a la Municipalidad de Lima y al Ministerio de Desarrollo e Inclusión Social a “coordinar acciones con la universidad” para cuidar la salud pública de los estudiantes. Mientras tanto, los residentes externos aún esperan respuesta a sus demandas.

Los únicos dos puntos en los que se menciona indirectamente a los residentes externos en uno de los comunicados de la Oficina General de Imagen institucional de San Marcos.

Somos Periodismo intentó comunicarse con el Jefe de la Oficina de Comunicaciones de San Marcos, quien afirmó que están imposibilitados de pronunciarse respecto a este tema y la única información que emiten de manera oficial es la que aparece en los comunicados institucionales.

Al cierre de esta nota, los residentes externos siguen recibiendo donaciones en la puerta número 1 de San Marcos.