Inteligente, incisiva y frontal, su nombre es sinónimo de prensa libre. Rosa María Palacios es una voz autorizada para opinar sobre la calidad de los programas que ofrece hoy la televisión peruana.

Antes de trabajar como periodista, Rosa María Palacios tenía una carrera prometedora como abogada: a los 24 años egresó de la Facultad de Derecho de la PUCP, a los 26 terminó una maestría en jurisprudencia comparada en la Universidad de Texas, en Estados Unidos. Pero a los 35 incursionó en el periodismo, específicamente en televisión, y decidió abandonar el derecho. “¿Sabes por qué?”, me dice, “porque me cansé de escribir sobre lo que debía pasar en el Perú y empecé a ser parte de lo que estaba pasando. Esa diferencia fue importantísima en mi vida”. Fue a fines de 1998 cuando Rosa María apareció por primera vez en televisión y ahora diecisiete años después me dice que el periodismo resultó su verdadera vocación.

-¿Qué te sedujo de la televisión?

-Entré a la televisión por un error.

-¿Cuál fue el error?

-Reemplazar a Pedro Salinas. A él le habían ofrecido un magnífico trabajo en señal abierta y necesitaba que alguien lo reemplace por unas semanas. Pedro conducía un pequeño programa de entrevistas municipales en Cable Canal de Noticias (CCN), un canal que después se vendió a Montesinos. Yo había investigado mucho sobre municipalidades, conocía el tema a fondo y Pedro me dijo que el programa era fácil. Acepté y fui por dos semanas. Nunca hubo un piloto, y tampoco un ensayo. No me pagaron al principio hasta mucho tiempo después. Yo conducía en la misma escenografía que utilizaban Juan Carlos Tafur y Jaime de Althaus.

-¿Por qué aceptaste?

-El atractivo era que Pedro Salinas y Juan Carlos Tafur eran muy amigos míos, desde muchos años antes y si me equivocaba no pasaba nada. Además tenía la gran ventaja de que el canal repetía todo el día las entrevistas. Prendías el televisor a cualquier hora y podías verte. El aprendizaje para hacer televisión es verte una y otra vez. Es espantoso. Ya no me gusta verme. Pero eso te corrige todos los errores, tú mismo te das cuenta de las muletillas, de la ropa que no debes usar, de la postura, de cómo hablarle a la cámara.

 

“Los espacios de prensa se han ido reduciendo para ceder al entretenimiento. Los espacios de prensa hoy son los noticieros y están llenos de policiales y farándula”.

 

-¿Tenías algún referente de entrevistador político?

-No, lo que yo hacía era copiar, copiar y copiar.

-¿A quiénes copiaste?

-A Raúl Vargas, Chema Salcedo y Jaime de Althaus. Son las tres primeras personas con las que trabajé, sobre todo a Raúl Vargas porque lo tuve sentado a mi lado cinco años. Aprendí mucho por imitación.

 

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Ha pasado por muchos medios y formatos. En televisión trabajó en CCN, Canal N, Antena 3, América Televisión, Espacio 360, Red Global, ATV, y ATV +; en radio estuvo en RPP, Capital y Exitosa; y en prensa escrita en Correo, Diario 16, Perú21, La República y Exitosa Diario. De esa inmensa experiencia periodística la gente la recuerda por el programa Prensa Libre en América TV.

Un día Rosa María Palacios llegó a las diez de la noche a la puerta del canal 4, como era habitual en los años de Prensa Libre, y se encontró con una pareja de esposos que cargaban una niña en brazos. “Estaban desesperados porque a su hija le habían diagnosticado la enfermedad de Kawasaki, un mal violentísimo que solo ataca a los niños; los vasos sanguíneos se van hinchando hasta que afecta el corazón y los niños mueren. Pero tiene cura, y no solo tiene cura, tiene un antídoto”.

-Debía costar carísimo.

-No, no es tan caro, era posible comprarlo. Se tenía que pagar como 1500 soles. El problema era que el único lugar del Perú que tenía el antídoto era el Almenara. Y ellos no les vendían el antídoto porque el almacén estaba cerrado. La niña tenía horas, ¡solo horas!, ¿Te puedes imaginar?

-Es duro.

-Durísimo. Los papás me dejaron la foto de la niña y empecé el programa llamando al presidente del seguro social con la foto en la mano y le dije: “Si la niña muere en la mañana va a ser su responsabilidad”. En cinco minutos ordenó al aire que abran el almacén para que la niña reciba el antídoto. ¡Eso es poder para hacer el bien!

-¿Te gustó acaso el poder que te da aparecer en la televisión?

-No. Me gustó hacer el bien, en ese caso fue por una razón puramente altruista. Mucha gente cree que sus problemas se pueden resolver en un medio de comunicación y eso no es verdad. Yo se los he explicado como cien veces. Tú puedes quejarte cuando hay un problema de interés público, pero eso no significa que el medio te lo va a resolver.

El 28 de junio de 2011, tras permanecer siete años en Prensa Libre, el directorio de canal 4 decidió no renovar su contrato a pesar de que su programa político era el más visto en el horario nocturno. Luis Miró Quesada, miembro del directorio del canal, salió a explicar que iban a renovar la programación. “Eso de abolir la política a las once de la noche porque el Perú necesita entretenimiento es absurdo”, dijo Rosa María en una entrevista para Panorama. Ella recuerda ahora que fue la primera vez que la botaron de un medio y lo dice con orgullo: “Hice un trabajo decente. Si no me renovaron fue porque defendí a mi directora y es algo que todo periodista debería hacer”.

-Te refieres a Laura Puertas.

-Sí. Yo he perdido muchos trabajos por defender principios pero no me arrepiento. A Laura Puertas la querían botar por algo que no había hecho. Es más, ella hacía buen periodismo. Sospecho que tenían razones políticas. Yo mandé una carta al directorio diciendo que si la botaban a ella me botaban a mí. Y por supuesto, también me botaron a mí.

-¿Prensa Libre fue el último espacio de política en la televisión de señal abierta?

-Fue el último programa político de lunes a viernes a las once de la noche. Prensa Libre les ganó a todos en rating. Me pueden decir lo que quieran pero es la verdad. Fue durísimo competir con César Hildebrandt, que en los primeros seis meses me ganó, pero luego nunca hubo problema. Ahí comenzaron sus ataques por supuesto. Con el resto de competidores siempre mantuvo el rating de diez u once puntos.

-¿En algún momento se sintió censurada por el directorio del canal?

-Nunca. Nunca se habían metido con el contenido del programa aunque sabía que les disgustaba. Cada vez que entrevistaba a Ollanta Humala me decían: “¿Otra vez?”. Yo me reía y respondía: “Ollanta va a venir las veces que quiera porque es un personaje público, tiene relevancia y además puede ganar la presidencia”.

Rosa María entrevistó dieciocho veces a Ollanta Humala. La última fue en el verano de 2011, a pocos meses de las elecciones presidenciales. “Yo creo que Luis Favre le aconsejó ya no venir conmigo. En serio, nunca más me dio una entrevista y está por terminar su gobierno”.

-En una ocasión dijiste que ibas a hacer un documental con esas entrevistas.

-Tengo tantas que puedo hacerlo. ¿Y sabes sobre qué? Sobre la evolución del pensamiento de un candidato, el cambio de sus ideas es bien interesante. El Ollanta Humala que yo entrevisté en ese periodo no es el Ollanta Humala que está ahora en el gobierno. Es otra persona en ideas. Sus discusiones ideológicas conmigo fueron duras: él no entendía lo que hoy está haciendo. Todo lo que le decía que no podía hacer es lo que está haciendo ahora. ¡Es increíble!

Rosa María afirma que el gobierno de Alan García fabricó, inventó “pruebas” contra ella y Alberto Varillas, su esposo, para involucrarlos en el caso Petroaudios, uno de los escándalos de corrupción más sonados del segundo gobierno de García. Cree que Jorge del Castillo y Cecilia Valenzuela se prestaron para ello: “Son personas que han hecho mucho daño a mi familia. Son autores de calumnias muy serias y jamás han pedido disculpas”.

-¿Le tienes rencor a Alan García?

-No le tengo ningún rencor pero creo que ese señor tiene que pedir disculpas públicas. Alan García le hizo mucho daño a mi esposo y a mí. Acusó en falso a personas honorables y esas personas merecen una disculpa.

 

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Rosa María es muy amiga de Juan Carlos Tafur y Augusto Álvarez Rodrich. Han trabajado juntos en más de un medio pero su amistad nace mucho antes de encontrarse en el periodismo. A Augusto Álvarez lo conoció cuando ella trabajaba de abogada para Apoyo hace más de 20 años. Y su vínculo con Juan Carlos Tafur es aún más antiguo. “Lo conocí cuando yo tenía 17 años. Él era presidente del Centro Federado de Estudios Generales Letras cuando yo era cachimba en la Universidad Católica”.

-¿Compartieron vida partidaria y política?

-Muchísimo. En esa época había un movimiento neoliberal dentro de la universidad que enfrentaba a la izquierda, era una cosa muy rara. Yo estaba metida ahí con él, no fue una militancia muy activa pero los dos años en Letras sí fueron intensos.

-¿Qué profesores recuerda de esa época?

-Marcial Rubio fue un excelente profesor y no lo digo porque sea rector y quiera “sobarlo”. Él me enseñó Introducción a las ciencias jurídicas en el primer ciclo de derecho. Nos enseñó a discernir críticamente un problema de lo que no es, eso es valiosísimo para los que estudian derecho y para cualquier persona. Es una de las cosas más importantes que aprendí en la universidad.

-Los tres no estudiaron periodismo. Juan Carlos estudió psicología, Augusto economía, y tú, derecho.

-Y los tres somos fervientes creyentes de que no hay que estudiar periodismo. Estudia filosofía, literatura, lingüística, que sé yo, alguna humanidad y además periodismo.

-¿Por qué?

-Porque con el periodismo solo aprendes la forma y lo que te falta es fondo, y el fondo es muy importante. Creo que si no hubiera estudiado derecho me hubiera sido imposible hacer periodismo, y si no hubiera ido a Letras peor todavía.

-¿Y no se interesó en estudiar periodismo?

-Siempre he querido matricularme en la facultad pero nunca me aceptaron, querían que enseñe.

 

“Mis principales fuentes de información son páginas web de noticias porque además puedes escoger lo que quieres leer con un dedo”.

 

-En noviembre del 2013 presentaron una acción de amparo contra la compra de Epensa por parte de El Comercio. ¿En qué situación está ese tema?

-Lamentablemente Enrique Zileri murió, y ahora somos siete periodistas, pero ahí seguimos. Hasta ahora el juez no resuelve. Yo quiero que me diga que no y así apelo a la Corte Interamericana pero sigue detenido el proceso. Presentamos esta acción hace un año y siete meses. ¡Estamos 19 meses esperando la sentencia!

-¿Crees que va a resolver?

-Nosotros estamos dispuestos a ir hablar con el juez y decirle resuelva lo que usted quiera, no nos dé la razón, si usted considera que estamos equivocados, no nos la dé, pero ¡resuelva! Nos va tener detenido el proceso por dos años, y eso le conviene al abogado de El Comercio, dilatar el proceso lo más que se pueda.

-¿Tuvo que ver tu posición contra la concentración de medios con tu salida de Espacio 360?

-Sí. El dueño del 50% de ese proyecto es hijo de Luis Miró Quesada, uno de los denunciados en la acción de amparo y uno de los que votó en contra de mi renovación de contrato en América TV. Él le pidió a su hijo que me botarán, y me botó, es así de fácil.

 

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Rosa María Palacios nació el 29 de agosto de 1963 en la Clínica Angloamericana, en San Isidro. Poco después la llevaron a la hacienda de su familia en el valle de Jequetepeque, en Lambayeque. Allí vivió hasta los tres años. En 1966, la tímida reforma agraria iniciada por Belaunde, obligó a su padre a dejar el campo. “No recuerdo nada de esa hacienda, pero tengo fotografías”. Luego de ese breve lapso de estancia rural, ha residido toda su vida en El Olivar de San Isidro. “Puedes decir que pertenezco a una élite oligárquica”.

-¿Se considera caviar?

-Me considero solidariamente caviar porque considero que es un insulto que honra a las personas que lo reciben. Si Mario Vargas Llosa es un caviar entonces a mucha honra yo también lo soy.

Rosa María admira a Mario Vargas Llosa. Ella conserva una frase de una columna en El País en la que Vargas Llosa habló de su despido de Prensa Libre: “Periodista expulsada por ser excesivamente independiente”, dice la cita que Rosa María colocó en la descripción de su cuenta de twitter. “Si un Nobel te menciona en una columna que se lee en todo el mundo, entonces ¿por qué no ponerla?”.

-A Vargas Llosa le critican su postura ideológica.

-Él es un hombre liberal.

-¿Y cuál es su postura ideológica?

-Exactamente igual, no tengo ninguna discrepancia ideológica con Mario Vargas Llosa. Él es un hombre que cree en la democracia y que combate las dictaduras donde las ve, las detesta.

 

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Si bien la televisión fue una etapa importante en su trayectoria, dice sentirse más cómoda en radio. “Todos los que han hecho radio te lo van a decir”. Por ahora no tiene pensado volver a la pantalla chica. Desde que renunció a radio Exitosa dedica su tiempo a los dos cursos que dicta en la PUCP, a escribir en su página web personal, a su columna en La República y a Sin Pauta, programa de TV PUCP que conduce junto a Patricia del Río.

SIN PAUTA. Con Patricia del Río en TVPUCP, todos los jueves a las 5 p.m.

SIN PAUTA. Con Patricia del Río en TVPUCP, todos los jueves a las 5 p.m. Foto: Giovani Alarcón.

-¿Cuál es su visión del panorama actual de la televisión peruana?

-Mira, la televisión peruana de señal abierta necesita mezclar dos cosas: entretenimiento y prensa. Pero los espacios de prensa se han ido reduciendo para ceder espacio al entretenimiento. Los espacios de prensa hoy son los noticieros, esos que están llenos de policiales y farándula. De lunes a viernes no hay espacios políticos. Los domingos en la noche se pueden considerar Panorama, Cuarto Poder y Punto Final. En las mañanas Sin peros en la lengua y Sin Medias Tintas pero ambos tienen ratings muy bajos, no han tenido primicias, para que levanten el rating las unidades de investigación tienen que estar detrás.

-Hay una tendencia a la espectacularización de las noticias.

-Mucho, pero si fuera solo espectacularización de la noticia, bestial. Yo creo que hay espectacularización de la espectacularización. Los noticieros promueven los programas de espectáculos de su mismo canal con historias armadas de sus personajes. Y esto se repite todos los días. Y mientras eso traiga publicidad todo va a seguir. Sería maravilloso, como en la época de Laura Puertas, que programas del corte de Cuarto Poder y Prensa Libre vendan tanto que sea imposible no tenerlos en la programación.

-Sospecho que ya no ves televisión.

-Los noticieros son un recuento diario de los fallecidos en el día, en accidentes de tránsito o de alguna forma violenta, entonces para qué quiero ver eso. ¿Qué aporta a mi trabajo profesional? Absolutamente nada, prefiero leer en internet y me informo muchísimo más de lo que me informo en televisión. Mis principales fuentes de información son páginas web de noticias porque además puedes escoger lo que quieres leer con un dedo.

 

“No le tengo rencor a Alan García pero creo que ese señor tiene que pedir disculpas públicas. Le hizo mucho daño a mi esposo y a mí”.

 

-¿Cuál es el balance de tu experiencia en televisión, qué errores y aciertos reconoces?

-Mira, en la televisión todo el mundo se vuelve loco. Siempre se los digo a los estudiantes que van a televisión. Es un espacio muy competitivo, ves al otro canal como un enemigo al que hay que ganar, hay una rivalidad fuerte. No es fácil vivir en una realidad donde el triunfo dura cinco minutos y el resto del día te la pasas pensando cómo vas a volver a ganar. El triunfo más que una satisfacción es un alivio porque tu sobrevivencia depende del rating.

-¿Y tú también viviste la locura del rating?

-Sí, mi ansiedad era enorme.

-Es el poder del rating.

-Sí, hay una relación directa entre ansiedad y rating.

-¿Y caer en eso acaso no es un error?

-Es una adicción, sí, es una adicción. Y esa fue mi respuesta a Hildebrandt cuando empezó a insultarme, le dije usted es un adicto al rating y yo le he quitado parte de su dosis diaria, le he reducido la dosis, entonces ese es su problema conmigo.