Fotoperiodista chileno formado en los diarios La Nación, La Última Noticia y La Tercera, Roberto Guerrero se afincó en el Perú a principios de este siglo. Poco después se incorporó al plantel de reporteros gráficos de La República, diario en el cual hizo carrera y llegó a ser jefe de fotografía. A un mes de su fallecimiento, lo recordamos aquí.

Las fotos duran para siempre. Marcan una época y construyen memoria. La foto del Andahuaylazo, reconocida a nivel internacional y galardonada con el Premio Rey de España, fue tomada por el fotógrafo chileno Roberto Guerrero, cuando fue enviado a cubrir la violenta asonada el 31 de diciembre de 2004. Su vena intrépida, aventurera y su pasión por capturar la realidad marcaron su vida y su legado.

Falleció hace un mes a causa de un tumor cerebral, en vísperas de cumplir 63 años. Uno de sus amigos más cercanos, Paul Vallejos, lo recordó así en un homenaje reciente. “Uno dirá que la vida continúa, pero nadie sabe que contigo la vida era más fácil. Tu simpleza, tu sinceridad, tu humildad, tus ganas de que la vida sea justa. Gracias por haber iluminado nuestras almas y haber dado pie a tantas locuras y años maravillosos”.

Franz Krajnik, fotoperiodista y amigo personal, edita por estos días las imágenes que Roberto Guerrero captó de los rituales de fe de una comunidad evangélica a la que visitó durante más de seis años; después de su paso por La República. “A principios de este año, cuando él ya sabía que estaba enfermo, me encargó la curaduría…”, recuerda Krajnik. Ahora busca el financiamiento necesario para llevar a cabo uno de los últimos sueños de su querido amigo, publicar un libro con esas fotografías.

“Sobre el dolor”, fotografía galardonada con el Premio Rey de España en el 2006.

Roberto o ‘Ro’, como lo llamaban sus amigos, descubrió su pasión por la fotografía de manera inesperada. Hace aproximadamente 40 años, él asistió a una reunión familiar en la casa de una enamorada. Todos en la familia de la chica eran fotógrafos. Y hasta ese momento las cámaras no le despertaban interés alguno.

“El papá me hablaba muchísimo de la fotografía, yo no entendía nada. Solo decía ‘sí’”, contó en una entrevista que le brindó a Lorena Jurupe, estudiante de periodismo de la PUCP. No obstante, cuando Roberto fue testigo de cómo se revelaban las fotografías en el cuarto oscuro, quedó maravillado. Pocos después dejó los estudios de ingeniería en una universidad chilena y se dedicó únicamente a la fotografía. La decisión más acertada que pudo haber tomado en toda su vida.

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“Él no tenía miedo de decir las cosas como son. Creo que Roberto también vio eso en mí y por eso decidió contratarme en el periódico, aunque el puesto no existiera aún”, recuerda Franz Krajnik.

La franqueza era una característica básica de este fotógrafo, querido y valorado por los colegas que lo conocieron o trabajaron con él. Hoy no está con nosotros, pero nos quedan sus imágenes para recordarlo siempre.

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