Rescatistas sin fronteras

 

Un equipo especializado de bomberos peruanos llegó a Ecuador después del terremoto del 16 de abril. Ellos son los USAR: una unidad de experimentados rescatistas de distintas compañías del país. Son los voluntarios que se entrenan para rescatar personas cuando las ciudades se derrumban. Esta crónica fue publicada originalmente en la revista Domingo del diario La República. 

Era un sábado 16 de abril cuando, faltando dos minutos para las siete, la tierra tembló en Manta, Ecuador, derrumbando un edificio ubicado en el barrio La Dolorosa donde se celebraba una fiesta infantil.

Un día después llegó a este punto el  doctor Omar Gómez, jefe médico del equipo USAR (Urban Search and Rescue) de bomberos voluntarios peruanos para realizar la búsqueda de los cuerpos que habían quedado debajo de los cimientos. Junto a él estaban dieciséis bomberos peruanos, parte de la delegación de los cuarenta y dos rescatistas USAR que habían viajado a Ecuador.

En ese edificio colapsado, los bomberos peruanos lograron recuperar cinco cuerpos. Trabajaron desde la media noche hasta las cinco de la tarde ante la mirada de familiares y vecinos. Cuando el último cuerpo fue recuperado, todos los que observaban empezaron a aplaudir. Comprendían que los bomberos peruanos arriesgaban su vida para recuperar cuerpos que, si no lograban encontrarse, serían aplastados por las maquinarias que remueven escombros y jamás podrían ser reconocidos.

Si bien es cierto, la prioridad de los bomberos es rescatar personas. Cuando esto no es posible,  apoyar a recuperar víctimas para que los familiares puedan despedirse se vuelve necesario. “Cuando a una persona se le entrega el cuerpo de su familiar puede tener un proceso de duelo. Es más complicado cuando el cuerpo no se encuentra”, dice el doctor Gómez de la compañía 60 del Callao. Para él, Ecuador era su tercer terremoto.

Al lado del doctor Gómez, mientras se recuperaban los cuerpos de la fiesta infantil, estaba Arbues Santa Cruz, trabajando entre los escombros. Con seis años de experiencia en la bomba Miraflores 28, es integrante de la última promoción USAR y acaba de graduarse de medicina. “Las personas nos demostraron mucho cariño debido a la fuerza y dedicación que poníamos”, comenta.

Uno de los cuerpos encontrados era el de un bebé de tres meses. La madre, después de que el equipo USAR terminó su trabajo, evitó el cordón policial y corrió hasta donde el grupo de bomberos peruanos. Quería abrazar a quienes habían permitido que ella pueda enterrar al cuerpo de su hijo, entre ellos a Omar Gómez. Al doctor se le hizo imposible no soltar un par  de lágrimas.

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Los grupos USAR en el mundo nacieron a principios de los noventa como una necesidad propuesta por Naciones Unidas para armar equipos especializados que sean completamente autónomos (viajen con su propio alimento, agua y herramientas) para responder ante un terremoto. En el Perú, la primera promoción USAR se graduó en el 2002. Y actualmente cuenta con ciento noventa miembros activos que fueron invitados para formar parte de esta unidad donde confluyen distintos especialistas: ingenieros civiles, arquitectos, médicos, perros de rescate, ingenieros químicos. Son un staff importante y capacitado para actuar ante los derrumbes, pero su importancia suele ser desconocida en el país, a pesar que -al igual que Ecuador- el Perú pertenece al Cinturón de Fuego del Pacífico, un área donde se libera el 85% de la actividad sísmica  mundial.

Cuando la tierra tembló en Ecuador se activó un sistema eficaz que funciona con un grupo de WhatsApp para los miembros USAR. La consigna era estar listos en caso de ser requeridos. El domingo en la mañana la alerta era definitiva, había que salir en unas horas, los bomberos terminaron de alistar maletas, desocuparon pendientes de la semana, se despidieron de sus familiares y se reunieron en la base en Jesús María. Partir hacia un desastre es no saber si será posible comunicarse pronto. Es no estar seguro de cuándo se volverá a casa. Subieron a un avión Hércules de la Fuerza Aérea y aterrizaron en una base militar porque el aeropuerto de Manta estaba destruido.

La ciudad de Manta, en donde trabajaron los bomberos peruanos, está a cuatro horas del lugar del epicentro. Los USAR se dividieron en dos equipos: Alfa y Bravo, y encontraron nueve cuerpos que fueron entregados a sus familiares. Arriesgándose en todo momento, a pesar de las réplicas, en apoyar a las personas que habían vivido las consecuencias del desastre.

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Un día antes del terremoto de Ecuador, Gustavo Villavisencio regresaba a Lima de Colombia, del Campeonato de Agility: Americas y Caribe 2016 donde su Border Collie, Bono, acababa de conseguir el tercer puesto en una competencia. Bono, no solo  destaca en este deporte, también es el perro rescatista peruano que viajó con el equipo USAR.

Un perro de rescate es entrenado durante más de tres años para que mediante su olfato pueda señalar con ladridos el lugar exacto donde se encuentra una persona atrapada bajo los escombros. Es la capacidad olfativa de Bono la que le permite detectar el sitio exacto donde los bomberos comenzarán una búsqueda de varios metros bajo tierra. Sin Bono, el equipo no sabría exactamente dónde buscar. Gustavo Villavisencio, su entrenador, es uno de los rescatistas más respetados de la región. Cuando la Oficina de Asistencia para Desastres en el Extranjero de los Estados Unidos decidió armar un manual sobre entrenamiento para perros bombero de México a Tierra del Fuego, Villavisencio,  bombero de la compañía de Miraflores, lideró estas reuniones.

Bono llegó con Villavisencio a Ecuador y, debido a la experiencia de ambos, fueron solicitados por bomberos de otros países para apoyar en la confirmación de los sitios donde podrían estar atrapadas las víctimas. Pero Ecuador tenía una variable incómoda: con más de 36 grados de temperatura y agua escasa, Gustavo Villavisencio debía bañar a Bono para evitar una falla cardiorrespiratoria en su perro.   “Es importante cuidar a Bono. Él es un bombero más en el equipo”, comenta.

Supervisando a los 41 peruanos estaba el arquitecto Carlos Paredes, quien fue parte de la primera promoción del grupo USAR, y ahora es jefe de toda la unidad. Un arquitecto como él se especializa en construir viviendas, pero cuando se viste de rojo debe rescatar a las personas que quedaron atrapadas en ellas. Antes de que Bono ingresara a una edificación  derrumbada, Paredes analizaba la seguridad de la construcción, evaluando si podría venirse abajo. “Al perro lo queremos como a un efectivo nuestro”, dice el comandante, quien con más de veintiocho años como bombero de la compañía Lima 4 de Lince, ha visto todo tipo de tragedias. Sin embargo, estas aún pueden sorprender hasta a los bomberos más cuarteados. Por ejemplo, en Ecuador, mientras rescataba cuerpos, no pudo evitar ver el rostro de su hija en el cuerpo de una niña de la misma edad que sacaron de un edificio caído.

Los últimos días de trabajo, los bomberos peruanos del equipo USAR ayudaron a evaluar la seguridad de las edificaciones y a curar a los heridos. “Para los bomberos no existen fronteras, nosotros rescatamos personas, sea donde sea”, comenta el comandante Paredes. Cuando regresaron a Lima, él miraba desde el avión la ciudad devastada de Manta, y la idea que se le hacía urgente era continuar entrenándose junto con todo el equipo USAR para cuando la tierra decida temblar de vuelta.