“Juliaca se ha reventado, se ha inundado de excremento (sic)”, recuerda satisfecho Dionisio Barreda, presidente del Frente de Defensa contra la Contaminación del Río Coata, en Puno.

Hace un año y medio, los ciudadanos del distrito de Coata se cansaron de que su única fuente de agua esté contaminada por el desagüe de Juliaca: cerraron tanto la bocatoma que descarga las aguas negras en el río Torococha, como la entrada de este a su río, el Coata. Provocaron una fétida inundación en Chilla, el barrio de Juliaca donde se recibe y trata el desagüe de toda la ciudad. Hoy no descartan volver a hacerlo.

Hablar del Torococha con un juliaqueño es invocar una imagen de basura y hedor. El río es popular por su apariencia de botadero. Aguas servidas, bolsas plásticas, restos de comida y demás desperdicios. Nancy Guerra, gerente operacional de SEDA Juliaca, muestra la tecnología desfasada que utiliza la EPS para tratar el desagüe antes de verterlo en el Torococha: lagunas artificiales donde se espera la autodepuración del agua por acción de las mismas bacterias que llegan con la materia orgánica del desagüe. Guerra acepta que estas lagunas ya no son efectivas y que el agua descargada en el Torococha está contaminada.

A una hora de esta zona de descarga se encuentra el distrito de Coata. Allí, la gente no tiene dudas. Culpan a SEDA Juliaca de la contaminación de su río. Aseguran que este, al unirse al Torococha, arrastra las aguas contaminadas provenientes de SEDA. “Es culpa del gerente de SEDA Juliaca y del alcalde (…) que pidan perdón al pueblo, pero no más mentiras”, reclama Dionisio Barreda. Sin embargo, Nancy Guerra no comparte la misma opinión. Sostiene que antes del ingreso del Torococha al río Coata, el agua ya está limpia.

“De este punto [descarga de SEDA] al ingreso al río Coata hay una distancia de 5 kilómetros aproximadamente. Ahí vamos a ver cómo está ingresando un agua llena de microalgas, que ha hecho su tránsito por medio de los totorales, y los totorales han absorbido la carga orgánica”, argumenta Guerra con voz potente y paso decidido mientras camina sobre el tubo que despide las aguas negras al Torococha.

Richard Apaza, biólogo de la Autoridad Nacional del Agua (ANA) y encargado del monitoreo de calidad de agua en el río Coata, la desmiente: “[El agua] No está limpia, para nada”. Por ejemplo, en el mismo punto en que SEDA Juliaca vierte las aguas residuales en el río Torococha se encontraron trece elementos contaminantes que superaron los Estándares de Calidad Ambiental, en octubre de 2014 (último reporte disponible, ver pag. 35). En el siguiente punto de monitoreo, antes del encuentro con el Coata, diez de estos contaminantes reaparecieron, entre ellos: coliformes fecales, Escherichia Coli, cloruros y fosfatos.

“Los coliformes son los principales factores de enfermedades estomacales”, afirma Raúl Loayza, biólogo responsable del Laboratorio de Ecotoxicología de la Universidad Cayetano Heredia. Aun así, la gente se ha acostumbrado a vivir con este problema, asegura Edwin Corrales, ex médico de la posta de Coata. “La  idiosincrasia de nuestra gente es: ¿tengo una diarrea?, me curo solo, espero que pase, no voy al médico, sino que compro pastillas y yo solo me sano”, explica.

No solo los pobladores se ven perjudicados. “Nuestro ganado muere año a año, nuestra cosecha es más pequeña”, cuenta Dionisio Barreda. Al llegar a la desembocadura del Coata en el Titicaca, las botellas de plástico, cajas de cartón, envoltorios de comida, pañales (y un largo etcétera) aparecen entre los juncos. El guía avisa que podemos bajar del bote y es como si pudiéramos caminar sobre el agua. Estamos parados sobre una alfombra gruesa de algas, juncos y plásticos. Casi islas de tierra (basura) firme. A lo lejos aparece Dionisio Barreda. Está en un bote pequeño, buscando algas, pero las que encuentra están sucias. Cuenta que a veces su ganado no quiere comerlas, pero que es la opción más barata.

Aunque la población está dispuesta a repetir la protesta de hace año y medio, el desagüe de Juliaca no es el único factor que contamina el río Coata. Hace falta pedir explicaciones a una entidad del Estado de la que nadie hubiera sospechado: la Dirección Regional de Salud.

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Sobre El Autor

Hernán P. Floríndez

Practicó en el Departamento de Comunicaciones de la PUCP y en No Culpes a la Noche de Canal N. Los cursos electivos impiden que egrese. Entiende la carrera como un fiscalizador del poder. No quiere que el papel desaparezca. Le interesan los temas ambientales, laborales y políticos. Le gustaría trabajar haciendo entrevistas, investigaciones, reportajes y perfiles. Su insolencia a veces es improductiva.

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