Tres novelas se centran en la figura del periodista. En décadas distintas, Mario Vargas Llosa, Jaime Bayly y Jeremías Gamboa nos ofrecen una imagen similar del hombre de prensa escrita. Sus protagonistas son jóvenes inexpertos y con ínfulas literarias que pierden la inocencia al sumergirse en la sordidez de la vida real.

Un joven camina por las calles del Centro de Lima. Fuma un cigarro mientras observa el frenesí de la mañana: ambulantes, microbuses, letreros coloridos, perros y lustrabotas. Este joven podría llamarse Santiago Zavala, Diego Balbi o Gabriel Lisboa.

Los tres son periodistas. Los tres lucen desgastados por los trajines de esa profesión. Los tres son los protagonistas de novelas muy limeñas. Santiago Zavala es el famoso Zavalita de Conversación en La Catedral de Mario Vargas Llosa. Diego Balbi es el personaje central de Los últimos días de La Prensa de Jaime Bayly. Y Gabriel Lisboa lo es en Contarlo todo de Jeremías Gamboa. Tres novelas sobre periodismo en tres épocas distintas. Tres ópticas sobre el periodismo que, pese al avance de los años, poseen similitudes nítidas y nexos entre sí.

De Zavalita a Balbicito. De Balbicito a Gabrielito. El diminutivo para denominar a los tres protagonistas es un rasgo en común que configura una forma de referirse al periodista cachorro en las redacciones tradicionales de los periódicos.

Ese ser tricéfalo Zavala-Balbi-Lisboa es iniciado como periodista por sus colegas mayores. Ellos son los guías que lo llevan por los círculos infernales del periodismo, entre el alcohol, el sexo y el desvelo de los cierres de edición.

En un inicio, el mundo del periodismo fascina a los protagonistas. Los seres estrafalarios y las noches de juerga sitúan al frenesí de la noticia en una lógica de excesos que entusiasma a estos reporteros en ciernes. Sin embargo, poco a poco, se van desanimando. Cuando llega el desencanto, un colega de Zavalita le dice que el periodismo “más que una vocación es una frustración”. En Los últimos días de La Prensa, es el propio Diego Balbi quien concluye que “La Prensa es un manicomio, una casa de putas”. En Contarlo todo, Gabriel Lisboa utiliza al periodismo como una plataforma para adquirir prestigio y ascender socialmente, pero, con el tiempo, se transforma en una cárcel que consume su vida.

 

Sexo, alcohol y política

Las páginas de estas tres novelas sobre periodismo huelen a alcohol. Los personajes son introducidos en un mundo donde el licor refresca sus agobiantes rutinas y les permite encontrar en las cantinas un espacio para conversar. Debates, confesiones, pactos de amistad. Todo ello y más puede ocurrir entre copas y palabras destempladas.

En Conversación en La Catedral, la escena medular es la charla que sostienen Zavalita y Ambrosio, antiguo empleado de su padre. En ella el licor está presente, así como en los cuerpos resquebrajados de Norwin y Carlitos, compañeros de Zavalita en La Crónica, un desaparecido diario que fue uno de los más importantes del siglo pasado. En su primer día de trabajo, “Diego sintió el aliento cargado de Zamorano. Olía a trago”. Zamorano es el jefe de internacionales, a quien le encargan convertir en periodista al primerizo Balbicito.

 

“Estas tres novelas sobre periodismo huelen a alcohol. Los personajes son introducidos en un mundo donde el licor refresca sus agobiantes rutinas y les permite encontrar en las cantinas un espacio para conversar”.

 

Para los tres personajes, el periodismo es una forma de insertarse en el mundo de la acción. Zavalita se sumerge en el ámbito del crimen por medio de la página policial en la que labora en un inicio. Balbi comienza a despertar hacia la adultez gracias al contacto con los llamativos personajes que integran el cuerpo periodístico de La Prensa. Lisboa conoce a las personas indicadas para que su camino periodístico siga avanzando. No es extraño que este descubrimiento de la realidad vaya acompañado de la experiencia sexual. Zavalita roza el mundo de la prostitución por influencia de Becerrita, una especie de paradigma del periodista duro de las páginas policiales. Balbi y Lisboa conocen a mujeres y se relacionan con ellas en paralelo a sus experiencias periodísticas.

En las historias que conocen por otros personajes el sexo está lustrado de sordidez. Esa condición termina por otorgarle a la experiencia periodística un matiz de suciedad que se puede asociar a la doble vida imperante en la sociedad limeña que los escritores retratan en sus historias. Un caso distinto es el de Lisboa, quien ofrece un acercamiento al sexo más ligado a la inseguridad del primerizo y a los fantasmas del racismo.

En las novelas de Vargas Llosa y Bayly, la falta de escrúpulos se vincula con la situación política que aparece, más que como telón de fondo, como un veneno que se inocula en todas las conciencias y ensucia las acciones de los protagonistas. Uno de los personajes de Conversación en La Catedral lo deja en claro: “Ya no está Odría de Presidente, sino Manuel Prado, y La Crónica es de los Prado. Podemos decir lo que nos dé la gana”. En el caso de Los últimos días de La Prensa, el director del periódico no sintoniza con el gobierno del presidente de turno y esta postura manifiesta el poder del periodismo en la vida nacional, lo que se refleja en las columnas que el director escribe. Gabriel Lisboa, por su parte, labora en una revista mientras ocurre la Guerra del Cenepa: el revuelo político está presente en el día a día de su primer trabajo periodístico y crea en el joven una temblorosa fascinación.

 

Periodismo y literatura

Periodistas de novela

Jeremías Gamboa ha publicado Punto de fuga y Contarlo todo, el segundo bajo el sello editorial Mondadori. Foto: Cristias Rosas.

La novela Contarlo todo desarrolla, como uno de sus ejes, el binomio periodismo-literatura. Esta relación aparece cuando Gabriel Lisboa conoce al poeta Santiago Montero en la Universidad de Lima, quien lo invita al taller poético de Ignacio Parra.

Estas coincidencias inducen a pensar que existe una visión común sobre el periodismo de parte de las personas con aspiraciones literarias. Se le considera un ámbito donde la vocación equivale a la frustración. Ni siquiera se le considera una plataforma que permite ejercitarse en la escritura mientras se va construyendo una identidad literaria. Nada de eso.

El periodismo es representado como un impedimento en el camino literario, un ámbito chabacano que, pese a su profunda vitalidad, abre sus fauces hacia lo peor de la sociedad, cuyas costumbres salpican las conductas de los hombres de prensa.

Ahora debemos pensar lo siguiente: ¿tan malo es el periodismo para un escritor? ¿No se tratará, en realidad, de un estereotipo que ha sido construido por medio de novelas como las que estamos mencionando aquí? Basta pensar en figuras como Norman Mailer y Truman Capote para comprobar que el periodismo y la literatura no son actividades irreconciliables.

Por el contrario, afirmamos que se tratan de ámbitos que poseen vínculos y que pueden convivir en una misma persona. Ahora surge otra interrogante: ¿no será que el amigo de Zavalita culpa al periodismo para no admitir su falta de fuerzas en la tarea literaria o acaso su falta de talento?

El periodismo puede ser una frustración para las personas que carecen de una verdadera vocación literaria y son incapaces de llevar un camino paralelo. Es fácil echarle la culpa a la absorbente rutina periodística del estancamiento personal, pero el problema no está en lo laboral, sino en lo vocacional. La verdadera vocación siempre encuentra un espacio para prevalecer y el periodismo, más que un freno, es un medio para conocer el mundo de una manera más profunda, lo que enriquecerá el trabajo literario.

 

Periodistas de ayer y de hoy

Mario Vargas Llosa y Jaime Bayly nos ofrecen protagonistas de características similares en el aspecto social y racial. Santiago Zavala y Diego Balbi son de piel clara, y provienen de familias tradicionales de buena situación económica que llevan un matiz racista en sus conductas.

Los padres de Zavalita piensan que el periodismo lo ha “choleado” y la abuela de Balbicito piensa que la secretaria de La Prensa es una arribista. Si bien estos protagonistas desean romper con estos estereotipos y dejarse empapar por la experiencia periodística, no pueden escapar del todo de los prejuicios que su sector social les ha inculcado. Quizás el desclasado aquí sea Zavalita, quien se casa con una mujer que no es aceptada por su familia debido a su proveniencia. Balbicito, al desaparecer La Prensa, retorna a su mundo original: ha escapado a tiempo del laberinto periodístico.

Un caso aparte es Gabriel Lisboa, cuya sangre es andina y vive en un distrito emergente: podríamos decir que es un nuevo limeño, un personaje del nuevo siglo. Lisboa obtiene una beca en la Universidad de Lima y, por medio de sus estudios, logra ascender en la escala social. En esta búsqueda de prestigio, conoce a Fernanda, una chica de clase alta y tez clara que decide unirse a él a pesar de la desaprobación familiar. Esta intención aspiracional distingue, de manera contundente, a Gabriel de Zavalita y Balbicito. Se trata, ahora, de un individuo que pertenece al sector de los excluidos, quien, gracias a sus habilidades en la escritura, se inserta en un círculo social donde aún perviven personas amarradas a prejuicios añejos como Zavalita y Balbicito.

 

“El viejo periodismo se tambalea frente al auge tecnológico. El aroma del café literario se diluye con el avance del universo digital y sus periodistas veloces y puntuales son despojados del anhelo literario”.

 

Es interesante observar que, mientras para Zavala y Balbi el periodismo acarrea un descenso social, para Gabriel Lisboa sea lo contrario, pues le sirve como una plataforma para construir su identidad como hombre de letras. Nótese que Lisboa es el único de los tres protagonistas que estudia en una universidad para ejercer el periodismo. Ello marca un punto de quiebre en el paradigma periodístico: pasamos de los periodistas empíricos a los profesionales formados en una universidad.

Lo que transmite Contarlo todo desde el punto de vista periodístico es quizás el fin de una clase de periodismo añejo, preñado de bohemia, vida callejera y autodestrucción. En su lugar, aparece una figura como Lisboa para demostrar que el periodismo, más que una forma de estancamiento vital, podría servir como plataforma para el ascenso social.

El respaldo de los estudios universitarios asegura a Lisboa un porvenir auspicioso en la prensa escrita, mundo que el abandona para entregarse a la literatura por completo.

El viejo periodismo, tan amado por los nostálgicos, se tambalea frente al auge tecnológico. El aroma del café literario se diluye con el avance del universo digital y sus periodistas veloces y puntuales son despojados del anhelo literario. Sin embargo, un joven como Gabriel Lisboa manifiesta la permanencia del sueño de ser escritor en los periodistas escritos. La diferencia es que para él el periodismo no es un freno, sino un medio para acercarse a su verdadero deseo.

 

La huella de Zavalita

Periodistas de novela

Ilustración: Cecilia Herrera

Queda claro que Conversación en La Catedral es la novela paradigmática sobre el periodismo en el Perú. Bayly y Gamboa la han tomado como modelo para escribir sus respectivas novelas que giran en torno a la prensa escrita. La espléndida novela vargasllosiana no solo ofrece un retrato del periodismo de mediados del siglo veinte, sino que representa la vida en el Perú de manera totalizante. Se trata de una obra fundamental para la literatura peruana que es irremplazable para entender los entresijos de la dictadura de Odría y el poder de sus tentáculos en todos los ámbitos de la sociedad peruana.

Las obras de Bayly y Gamboa intentan acercarse a esa intención abarcadora, pero no logran profundizar tanto como Vargas Llosa. Son obras que se asocian más al derrotero personal del protagonista, a modo de novela de aprendizaje, y solo ofrecen pinceladas de la sociedad de la época representada. Quizás Bayly siga con más fidelidad el paradigma vargasllosiano y Gamboa solo recurra a este en la primera mitad de su novela, pero ambos no se ruborizan al mostrar con claridad de qué fuente han bebido para inspirarse.

Por último, hagamos un ejercicio y pensemos que pasaría con Zavala, Balbi y Lisboa si escribiéramos una continuación de las novelas en que aparecen. Imaginemos: trabajarían en un diario, en otro, a lo mejor les darían un premio por sus trayectorias y luego se jubilarían y se reunirían de vez en cuando con sus antiguos colegas para brindar por la nostalgia, y después, bueno, después ya se morirían ¿no, lectores?

Sobre El Autor

Giovanni Anticona

Licenciado en Literatura Hispánica. Ha trabajado en la revista Quehacer, y colaborado en El Comercio, El Peruano y Buensalvaje. Es docente universitario, corrector de estilo y autor de cuatro obras de ficción. El periodismo le ayuda entender a la vida con mayor hondura y generosidad.

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