Esta es una muestra de solidaridad que debería ser imitada. Los voluntarios de una parroquia, dirigidos por un sacerdote y un maestro de escuela, llevan ayuda a los moradores de los barrios más pobres del distrito más poblado del Perú, allí donde cada vez aparecen más banderas blancas en señal de auxilio.

Por Patricia Ramírez

Desde que se estableció el estado de emergencia, la parroquia “El Señor de la Esperanza”, ubicada en la urbanización Canto Grande, empezó a solicitar donaciones para entregarlas a las familias más pobres de San Juan de Lurigancho. Para lograr este objetivo, un grupo de voluntarios organiza misiones en las que, una vez a la semana, entregan productos de primera necesidad en zonas donde generalmente no llega la ayuda del Estado. El área social del departamento de logística de la parroquia está a cargo de Freddy Moya, quien desde hace cinco años lidia con situaciones extremas, buscando siempre ayuda para la población más necesitada.

Freddy Moya es maestro de educación secundaria en el área de ciencias sociales en la I.E.P. “Nuestra Señora de la Asunción”, en la urbanización de Zárate, y cuando no está dictando clases dedica su tiempo a labores de voluntariado en la parroquia. Aunque las autoridades exhortan que todos se queden en casa para evitar el contagio, Moya sabe que para un distrito como San Juan de Lurigancho, cuya población mayoritaria vive hacinada en asentamientos humanos, pueblos jóvenes y asociaciones familiares, permanecer en casa significa no comer.

Vecinos hacen colas para recibir víveres de los voluntarios de la Parroquia El Señor de la Esperanza. FOTO: Archivo personal.

El área de apoyo social de la parroquia se consolidó después del Fenómeno del Niño costero del año 2017. En esa ocasión llevaron ayuda a los damnificados de Campoy, Gran Chimú, Malecón Checa y zonas cercanas al río Huaycoloro. Moya cuenta que han recibido donaciones de los feligreses (pollos congelados y otros alimentos empaquetados y enlatados). También han recolectado dinero para un fondo de la parroquia, del cual un porcentaje se destina al apoyo social. “Cada semana armamos 100 canastas con alimentos y las entregamos en uno o dos asentamientos humanos”, explica Moya.

Hasta el momento los voluntarios de la parroquia El Señor de la Esperanza han realizado nueve misiones. El profesor Moya menciona que intentan llegar a los barrios más pobres y alejados, como Bayóvar (primera y segunda etapa), Huáscar, Mano de Dios, Asociación Nuevo Jerusalén, Belén, Brisas del Bosque, Ayacucho, Cristo Vencedor y San Germán. Debido a las situaciones extremas que ha observado, Moya sostiene que si bien en San Juan de Lurigancho una mayoría de la población incumple las normas de aislamiento y distanciamiento social, “la necesidad de conseguir un sustento empuja a muchos a cometer una irresponsabilidad”.

Con la recolección de donaciones, la parroquia ha beneficiado a 900 familias. FOTO: Archivo personal.

La desesperación de las personas por la falta de alimentos cada vez es mayor, símbolo de ello son las banderas blancas que han ido apareciendo sobre las casas más humildes de los cerros de Lima. Uno de los principales riesgos que afrontan los voluntarios cuando suben a las zonas necesitadas es la aglomeración de personas. “Cuando ven los vehículos llegar, la gente se amontona o empieza a hacer colas y nosotros les decimos que no lo hagan porque la entrega se hace casa por casa”, relata Moya. Los implementos de bioseguridad que utilizan en sus misiones (mascarillas, guantes, etc.) deben ser adquiridas por la parroquia, por lo que las donaciones son el único medio que tienen para continuar con su labor.

Para Moya las donaciones económicas y el servicio de voluntariado son muy importantes porque muestran el compromiso y la solidaridad de los feligreses de uno de los distritos más golpeados por la pandemia.