Cualquier profesión se potencia al aprender un idioma con posibilidades infinitas como el inglés y ahora el chino. El caso de Jorge Cuyubamba refleja bien esa ecuación: tras seguir estudios de medicina, aprendió mandarín en el Instituto Confucio de la Pontificia Universidad Católica del Perú (PUCP), obtuvo una beca para viajar a China, empezó a trabajar en áreas tan disímiles como la biotecnología y el cine, y actualmente es un emprendedor de éxito.

Por Julio Panduro

A sus 27 años de edad, este joven de Breña nunca pensó que aprender el idioma chino la abriría oportunidades en un país tan distante del Perú. Las oportunidades se encuentran allí, asegura. Solo es necesario identificar las posibilidades de negocio en aquellos nichos del mercado que siempre requieren ser satisfechos, como la salud y el entretenimiento, por ejemplo.

En el primer caso, se convenció que revertir el envejecimiento es un anhelo del ser humano desde hace siglos, y hoy, gracias a la ciencia, se está alcanzando avances significativos que lo pueden convertir en uno de los negocios más caros en el futuro.

Quizá suena a ciencia ficción, pero en países como Corea del Sur o la República Popular China no lo es tanto. Y este emprendedor ha obtenido interesantes productos gracias a las pesquisas científicas de su empresa Biolatin y de la cámara de comercio que ha fundado en el gigante asiático.

Con sede en Hong Kong, Biolatin ya realiza transferencia tecnológica en alimentos e insumos bioquímicos con alto valor agregado, y tiene como principal competidor a California Life Company, una división de la todopoderosa Google.

El rubro aún es incipiente en el Perú porque la reversión de la vejez solo se queda a nivel cosmético con productos como la baba de caracol o las ceramidas; por ello, la idea de Cuyubamba es masificar el rubro en tierras peruanas y conseguir socios corporativos a fin de captar un mercado potencial de millones de dólares.

Empeño y dedicación

Alcanzar estos logros no fue fácil. El joven peruano inició una carrera de medicina en Lima, pero sus ansias de investigación quedaban truncas por la falta de apoyo y financiación. Eso le obligó a mirar a otros países; de hecho, la prestigiosa Harvard y la Universidad de California en Los Ángeles lo aceptaron como estudiante, pero debido a sus altos costos, desistió de ir a Estados Unidos.

Fue entonces que dirigió su mirada a Asia, donde la biotecnología tiene importantes avances, y optó por estudiar mandarín para postular a las universidades de Tsinghua (Beijing) y Sun Yat-sen (Cantón), especializadas en ingeniería genética.

Tras obtener una beca del Instituto Confucio para proseguir estudios del idioma en Shanghái, durante una jornada académica expuso su proyecto de reversión de la vejez con el cultivo de células rojas, y un empresario chino del Fooding Group lo contactó y le ofreció financiamiento a su proyecto. A través de este consorcio conoció a otras compañías similares como CSPC y Liwei, y cada vez más se fue involucrando en el rubro. Ahora, gracias a las investigaciones desarrolladas, han impulsado la venta de productos anticancerígenos, con un nivel de efectividad de 80%, como Duomeisu, ya existente en el mercado.

¿Es rentable este negocio? Cuyubamba sonríe y menciona que en este campo de negocios, cada compañía dedicada al rubro de biotecnología mueve como mínimo 600 millones de dólares anuales. “La mayor parte de las ganancias se invierte en más investigaciones. Aquella empresa que logre el producto que revierta o detenga el envejecimiento, será la ganadora de esta carrera y revolucionará el mundo”, subraya.

El joven emprendedor peruano en pleno trabajo de laboratorio

Cine como complemento

Su afición por el cine también lo llevó por un camino paralelo. Comenzó a estudiar la carrera en la Academia de Cine de Beijing y se animó a grabar una película que ha llevado hasta el momento a millones de personas a las salas de cine, y ha sido ganadora de un premio en China.

La película es de tipo comercial y abarca los géneros de ciencia ficción y comedia. Como autor, Cuyubamba reconoce que su primera película no puede competir con la todopoderosa maquinaria de Hollywood, ni aun siquiera con los grandes estudios chinos, pero desplegó este esfuerzo por la vocación que tiene por las historias de ficción y las culturas milenarias.

El príncipe de la fantasía (parte I): la maldición del Supay, nombre de la película, mezcla precisamente elementos de las culturas inca y china, y fue filmada con diálogos en español, chino y mongol, además de utilizar locaciones en la imperial Beijing; en Ulan Bator, capital de la remota Mongolia; y el croma verde, aquella popular pantalla que sirve para la generación de efectos especiales.

El filme incluso mereció artículos en publicaciones de la nación asiática, como la revista China Hoy, donde explicó que la producción tiene por objetivo generar prosperidad y fomentar la paz en el mundo a través de la industria del cine y del entretenimiento. De hecho, se trata de una propuesta que hace tres años le valió recibir una beca por parte de la Organización de Estados Americanos (OEA) para estudiar cine y así se convirtió en el único extranjero en la Academia de Cine de Beijing.

Trama en clave china

Cuyubamba estaba consciente que el mayor mercado lo encontraría en China. Es por ello que la película debía ser narrada bajo los parámetros culturales de ese país, y fue así que elaboró un guion apoyado en la comedia y la ciencia ficción. Es la historia de un joven millonario que se dedica a la vida sibarita, rodeado de bellas mujeres, mientras realiza negocios con empresarios chinos y mongoles. Sin embargo, por la maldición de sus enemigos, es poseído por el supay o demonio proveniente de la cultura andina, y es allí donde empieza la acción para librarse del espíritu maligno.

¿El resultado? Llevó 8 millones de espectadores a las salas de las provincias chinas y de Mongolia en un tiempo récord de tres semanas. Pero aunque la película podría parecer un ejercicio de ego porque Cuyubamba es el protagonista, sí resulta modesto al hablar de esas cifras. “En un mercado tan grande como el chino, 8 millones es nada comparado a los 1.400 millones de habitantes. Solo en la provincia de Guandong, hay 100 millones de personas y allí la película fue un boom”, comenta.

Afiche de la película en español.

El éxito del filme, con todas las limitaciones técnicas y artísticas de un principiante, ganó el premio de mejor película extranjera en el festival de Handan en el 2017. “Espero que muy pronto se estrene en el Perú. No se pudo poner en cines el año pasado por algunas diferencias técnicas con el formato cinematográfico, y por un desacuerdo en el tema comercial, ya que hay una larga lista de espera de estreno y las cadenas de cine de Perú dan prioridad a los filmes de Hollywood”, sostiene.

Sin embargo, ahora impulsa la cooperación estratégica con una gran distribuidora en Latinoamérica, a la vez que su empresa productora Dreamix Pictures, asociada al gigante chino del cine Huayi Brothers, buscará incursionar en el negocio directo de las cadenas de cine en el mediano plazo.