Dejaron el diario más importante del país y renunciaron a la estabilidad laboral. No estaban locos, son periodistas con convicciones firmes sobre una profesión que debe ejercerse con independencia. Más que elegir caminos, estos reporteros abren su propia trocha entre la jungla mediática informativa. El mito dice que el periodismo está en crisis, que la gente no lee, que falta publicidad, inversión, y que el oficio pronto desaparecerá; nada de esto amilana a los periodistas de Ojo Público: Nelly Luna, Fabiola Torres, Óscar Castilla, y David Hidalgo. Ellos han dejado todo de lado para hacer el medio que quisieran leer.

Fabiola Torres recuerda el día en que ingresó como practicante a El Comercio. Su primera tarea fue hacer una lista de expertos para que otros periodistas hagan consultas específicas. Cuando egresó de San Marcos tenía la ilusión de hacer reportería y ensuciarse los zapatos en cada comisión; pero su primer trabajo fue de escritorio. Tres meses después le renovaron las prácticas, luego la contrataron como redactora. Escribió en la sección Salud, en la sección Lima y finalmente integró la Unidad de Investigación. Fueron diez años en el Decano. Este fue su último verano en la redacción del jirón Miro Quesada.

Fabiola intuía los tiempos difíciles que la esperaban. Una serie de cambios en el diario indicaban que estos tiempos no eran buenos para el periodismo que a ella le gusta hacer. Un viernes de marzo último, en los días en que Fritz Du Bois empezó a aplicar drásticas reformas en la rutina del trabajo en la redacción, los miembros de la Unidad de Investigación fueron citados al despacho del director. Allí se les comunicó que el equipo quedaba disuelto ese mismo día. ¿Explicaciones? Fritz Du Bois les dijo que esa forma de periodismo, en tiempo dilatado, había caducado, que de ahora en adelante tenían que producir información todos los días. Su idea era que roten por otras secciones del periódico y se dediquen a la cobertura diaria de noticias. Ellos no lo pensaron mucho: cuatro de los cinco reporteros renunciaron.

Así fue como El Comercio perdió a sus mejores periodistas de investigación.

Nelly Luna estuvo nueve años en El Comercio. Sanmarquina, con los ideales bien puestos y la convicción inconmovible de que el periodismo debe ocuparse de vigilar el poder, también formó parte del último equipo de investigación del diario más importante del país. Nelly ingresó al diario cuando tenía 23 años. Pronto destacó por sus reportajes. Las comisiones que proponía la llevaron a especializarse en temas ambientales. Hoy, con 32 años encima, ha dejado su piel impresa para mudar a una digital.

La renuncia del equipo fue percibida por algunos colegas como un suicidio profesional. Hubo quienes dijeron que era una reacción destemplada de la cual se iban a arrepentir. “Muchos pensaron que era un berrinche. Nunca había pasado que una sección renunciara en bloque; pero terminamos en buenos términos. Ellos tienen un modelo periodístico que apuesta por lo inmediato y por información que no choque con ciertos intereses. Nuestro perfil ya no encajaba”, explica Nelly Luna. “La dinámica de trabajo que plantean, no va a funcionar como investigación”, remata Fabiola.

A Óscar Castilla, experimentado reportero de la Unidad de Investigación, también le dijeron que tendría que rotar. No importaban los premios periodísticos que había logrado con sus reportajes, ni la cantidad de información o fuentes que manejaba sobre temas de narcotráfico y corrupción: su forma de hacer periodismo ya no era bien recibida. Al renunciar, como reacción instintiva, natural, supo que tenía que buscar a David Hidalgo.

Hidalgo había trabajado como redactor en El Comercio, aunque paralelamente se dedicaba al periodismo narrativo. Ganador del premio Derechos Humanos y Periodismo, y ex editor general de Etiqueta Negra, comprendió que todo sucedería más rápido de lo planeado, que las conversaciones idealistas sostenidas entre colegas apenas unos meses atrás tendrían que dar el gran salto a un proyecto concreto.

Ojo Público

EQUIPO. En primer plano: Antonio Cucho y César Soplín, desarrolladores web del equipo. Al fondo: Nelly Luna, editora de contenidos, y Óscar Castilla, director ejecutivo. Foto: Paloma Briceño.

 

Adiós a la industria

Poco antes de ese viernes 14 de marzo, cuando aún portaban el carné de El Comercio y el cierre de la Unidad era sólo un rumor, Óscar Castilla, Nelly Luna y David Hidalgo discutían un sueño loco: tener un medio propio. Uno que innove en los métodos de investigación y, sobre todo, llene el vacío de información que están dejando los medios tradicionales.

Nelly Luna recuerda que mientras el proyecto seguía rondando en sus cabezas, el cierre de la Unidad de Investigación parecía inminente. Miguel Ramírez, el editor-jefe, también fue llamado por Fritz Du Bois. Este le propuso encargarse de la sección Regiones. Miguel también se fue del diario.

“Más que la sección a la que te enviaba, el problema era lo que íbamos a hacer allí”, explica Nelly. Si ella aceptaba quedarse en el diario no hubiese vuelto a escribir reportajes a profundidad, menos temas de investigación a largo plazo, ni tampoco desarrollar temas de agenda propia.

¿Salir del medio más antiguo del país? ¿Renunciar a un puesto seguro? ¿Olvidarse de estar en planilla?

 

“La mayoría de los portales online actuales son generalistas y esclavos de la inmediatez informativa”.

 

“Todos tenemos opciones, tenemos que tomar decisiones a cada rato. Tú decides qué escribir, cómo escribir, y también, en dónde escribir. Yo ya estaba agotada, fue una buena decisión”, afirma Nelly, muy segura de sus ideas.

Fabiola también había estado pensando en desarrollar un camino propio mientras corroboraba denuncias en temas de salud para El Comercio. Interesada por las publicaciones extranjeras sobre periodismo de datos, decidió capacitarse en la Universidad Complutense de Madrid, en España.

Luego continuó capacitándose gracias al apoyo del Grupo de Diarios de América. Fabiola debió bucear en temas de programadores, zambullirse en su lógica y en sus principios. Literalmente, regresó con otro ‘chip’.

Antonio Cucho, experto desarrollador web y fundador de Open Data Perú, coincidió con Fabiola. Querían crear un espacio para más activistas que busquen información pública desperdigada por los rincones más ocultos de la red. “Él estaba inmerso en los datos abiertos y había estado en las hackatones”, cuenta Fabiola. Los tres disidentes de El Comercio -Nelly Luna, Fabiola Torres y Óscar Castilla- junto con Antonio Cucho y David Hidalgo crearon Hack/Hackers Lima, una organización que vincula a periodistas con desarrolladores web.

Allí por primera vez hackers y periodistas se reconocían. “Debíamos sacudirnos de nuestros prejuicios. Siempre veíamos a los informáticos como los ‘patas’ que te ayudan cuando se cuelga la computadora”, bromea Castilla. Gracias a esta hackatón los periodistas encontraron en los hackers aliados laborales. Un hacker trabaja solo con información pública, a diferencia de los crackers que son los piratas informáticos. A través de softwares un hacker puede acceder a portales del Estado y extraer data que anda circulando dispersa por la web. Este fue el embrión de lo que es hoy Ojo Público, una trinchera para el periodismo de investigación contemporáneo.

¿Pero qué puede compartir un hacker con un periodista? “Coincidimos mucho, el hacker rescata los elementos más importantes de la nube, y los lleva al ciudadano”, señala Nelly Luna. Internet, en la ética de los hackers, debe tener un fin noble, debe ser una herramienta para el acceso libre a la información.”Las ideas coinciden, los objetivos coinciden, y si ya se está haciendo afuera ¿por qué no hacerlo acá?”, reflexiona Fabiola, convencida de la simbiosis entre periodistas y programadores.

Ojo Público

CHARLA EN LA PUCP. Fabiola Torres, Nelly Luna y Óscar Castilla. Foto: Facultad de Ciencias y Artes de la Comunicación.

 

Una alianza estratégica

Los periodistas no se volverán programadores, aunque podrán familiarizarse con sus técnicas. Los programadores no se volverán periodistas, aunque podrán desarrollar el olfato que caracteriza a nuestra profesión. Juntos pueden procesar vasta información de manera amigable para convertirla en información de relevancia pública. Al fin y al cabo, el periodismo no cambia ni desaparece. El periodismo es uno solo, aunque sus métodos puedan variar. Con la televisión se necesitaron camarógrafos y especialistas, con el internet sucede lo mismo. El periodismo se adapta, y solo el que se adapta sobrevive.

Ahora, fuera de la industria, han decidido acelerar la ejecución del proyecto. “Junto con Fabiola, David, Óscar y luego Antonio, fundamos Ojo Público como una asociación sin fines de lucro que apuesta por un periodismo independiente con nuevas formas de contar: periodismo de datos, videoensayos y fotorreportajes”, explica Nelly.

Ojo Público es un medio digital de periodismo de investigación. No es un blog, no es un portal, no es una página web. Un medio implica respetar el proceso editorial, asumir la responsabilidad de lo que se publica, respetar decisiones editoriales y estar guiados por un consejo consultivo. El de Ojo Público está integrado por expertos de la talla de Edmundo Cruz, uno de los maestros de periodismo de investigación en el país, recordado por su prolija investigación del caso La Cantuta; Avelino Guillén, abogado que como fiscal superior llevó la exitosa acusación contra Alberto Fujimori; Santiago Pedraglio, sociólogo y catedrático de la PUCP que fue director de IPYS (Instituto de Prensa y Sociedad); Daniel Alarcón, escritor peruano residente en Estados Unidos, fundador de Radio Ambulante; Julia Urrunaga, ganadora del premio Periodismo en Profundidad de la Sociedad Interamericana de Prensa, y Victor Vich, doctor en literatura y catedrático de la PUCP.

Ojo Público no ofrece información diaria. Su forma de trabajo se asemeja a la de una revista, donde los hallazgos se tratan a profundidad. Estos reporteros intentan nadar contra la corriente de la inmediatez exacerbada. Tampoco quieren ser los voceros de un grupo o corriente política. Advierten que en el periodismo de los medios tradicionales hay una gran debilidad: las filtraciones.

Te llega un documento anónimo, coges el teléfono, llamas a los de siempre, armas la nota y en media hora ya está en la página web. “Eso no es periodismo de investigación, tú no debes ser un instrumento de intereses políticos o económicos, debes encontrar el bosque y no solo el árbol; eso toma su tiempo”, argumenta Fabiola.

‘Las historias que otros no te quieren contar’, promete su página web. Como imagen de fondo se reproduce el vladivideo de Montesinos sobornando a Crousillat para que le venda la línea editorial de América Televisión.”Queremos investigar aquellos temas que los medios dependientes de la inmediatez y la publicidad han abandonado. Queremos que sea un espacio de respiro y análisis”, afirma Nelly.

 

Inmediatez versus profundidad

Este nuevo medio aspira a hacer comunidad; dado que no es una empresa privada, el medio también le pertenece a todos los cibernautas que lo siguen. Por el momento no tienen la intención de ponerle un precio a la información que revelan. Se financian con el dictado de talleres de capacitación para periodistas y comunicadores, del apoyo logístico de universidades, institutos y fundaciones. Entre sus planes está sostenerse con el financiamiento de organismos de cooperación internacional.

La mayoría de los portales online actuales son generalistas y esclavos de la inmediatez informativa. Más que lectura, lo que se busca es generar tráfico para atraer a los anunciantes. Eso explica el empobrecimiento de los contenidos, la información homogenizada y la abundancia de portales de ‘rebote’. “Los únicos medios que van por otro rumbo son los que no tienen fines de lucro. Ejemplos extranjeros, como ProPública, sostienen que la única forma de hacer periodismo de investigación es buscando o creando espacios que no te garantizan millonarios ingresos, pero que te den la opción de hacer un periodismo independiente”, aclara Nelly.

El peso de una línea editorial comprometida con intereses corporativos y la dependencia a la publicidad son lastres que los integrantes de Ojo Público conocieron mientras estuvieron en la industria tradicional. “La autocensura incluso puede ser más fuerte que la censura. Yo sentí que El Comercio apostó por ciertos temas y por defender el modelo económico. Eso te da poco espacio para criticar ciertas prácticas”, dice Nelly, quien, al igual que Fabiola, recuerda insistentes gestiones y firmes posturas que debieron adoptar para que sus temas sean aprobados y finalmente publicados, para que se mantenga tal o cual titular que podía incomodar a un ministro, o enojar a un empresario amigo de la casa.

“Si quieren trabajar de 8 a 4 de la tarde mejor busquen trabajo como cajeros de un banco”, dijo alguna vez Giannina Segnini, periodista de investigación de Costa Rica, ganadora de varios premios internacionales y pionera en el periodismo de datos en Latinoamérica. Esta frase también resume una premisa básica de la misión de Ojo Público. Tienen claro que cuando se trata de investigar es necesario duplicar el esfuerzo: sacrificas vida personal, seguridad, sueldos, visibilidad, etc. Debes saber que no vas a ser rico, que te enfrentarás con empresarios y políticos. “Ojo Público podría ser una escuela para chicos que recién salen de la universidad y quieren hacer investigación. Desgraciadamente, hoy es un mal momento para alguien que quiere hacer esto en un medio grande”, señala.

En setiembre, cuando Lima era un campo de guerra publicitario en plena campaña electoral, y los diarios impresos colgados en las esquinas no se diferenciaban mucho de la propaganda política, Ojo Público soltó su primera bomba: #CuentasJuradas. Mediante el análisis de bases de datos de las cuentas que muchos candidatos rindieron ante el JNE y la Contraloría, se creó una aplicación web que permitía saber cómo se había incrementado el patrimonio y los ingresos de un alcalde o presidente regional, que buscaba la reelección, durante sus años de gestión pública.

La información levantada y procesada permitió que los limeños conozcan mejor a los candidatos. Las noches sin dormir frente a las laptops, mientras accedían e interpretaban datos, rindieron sus frutos. Tal era el revuelo y el impacto desatado en redes sociales, que a los pocos días los medios impresos y audiovisuales empezaron a citarlos y llamarlos para dar cuenta de las revelaciones de este equipo.

La satisfacción entre los periodistas de Ojo Público es notoria en cada taller que dictan. Cada nueva investigación publicada es un grito de rebeldía frente a la mediocridad y la autocomplacencia que campea en el gremio. Cada nota es publicada con esa convicción que solo tiene un profesional que disfruta lo que hace.

Cada uno de los periodistas de Ojo Público cubre fuentes especializadas: Óscar Castilla, narcotráfico; David Hidalgo, derechos humanos; Fabiola Torres, salud y corrupción, y Nelly Luna, temas ambientales. No les faltan ofertas laborales, pero han decidido dedicarse a este proyecto para hacer el medio que siempre quisieron leer.

¿Qué es lo que viene? Por ahora los quioscos seguirán exhibiendo escándalos, las webs continuarán rebotando trendingtopics, haciendo periodismo para el olvido. En la otra orilla, los reporteros de este equipo navegarán río arriba, entre tablas de Excel y búsquedas de información de interés público; convencidos de que la profundidad es lo que distingue a un buen periodista.