La televisión y el cine dejaron de acaparar la atención de las audiencias ávidas de entretenimiento cuando apareció YouTube, en 2005. Y  a medida que surgían las plataformas de streaming, como  Netflix, Amazon Prime y HBO Go, a las que se puede acceder desde dispositivos portátiles, la competencia se ha exacerbado. El televisor y su programación de señal abierta (e incluso la de señal por cable) empiezan a resultar accesorios en algunos hogares. Los hábitos de consumo se tornan cada vez más personalizados. Y salvo en el caso del fútbol, la idea de públicos masivos, pegados a la pantalla de un mismo canal, y a la misma hora, se vincula más al pasado que al presente. Si no te has percatado de los cambios, el siguiente reportaje echa algunas luces al respecto.

A fines del siglo veinte, en su libro ‘Ser Digital’, Nicholas Negroponte vaticinó la extinción de las grandes cadenas de alquiler de video. En el Perú, Blockbuster cerró su última tienda en enero de 2007. En otros países la franquicia sobrevivió algunos años más. West Coast Video fue la otra transnacional que dejó de operar en 2009. La quiebra de este negocio fue causada por el surgimiento de nuevos modelos para distribuir contenido: los servicios de streaming de video, como Netflix, Amazon Prime, Hulu, Fox Play o HBO Go. Estas plataformas digitales cada día suman más usuarios y han instaurado un nuevo patrón de consumo de series y películas; uno más rápido, accesible y dinámico. Los recordados videocassettes de VHS, cuyo grosor se parecía al de un libro de 300 páginas, son a estas alturas piezas de museo. Ahora todo está en la red. La ficción audiovisual no depende más de un soporte físico, es inmaterial.

Basta con pagar una cuota mensual para adquirir una cuenta de un servicio de streaming (un sistema de distribución digital de contenido multimedia). Netflix es el servicio más difundido por ahora; tiene más de 93 millones de suscriptores en 190 países. Llegó al Perú en septiembre de 2011. Desde entonces no ha parado de ganar clientes: en 2017 nuestro país ocupó el tercer lugar a nivel global en cuanto a mayor porcentaje de miembros que ven Netflix a diario, según datos de la misma empresa.

Los tarifas para obtener un servicio de streaming son asequibles. Y el contenido que ofrecen, series completas documentales y largometrajes, es tan variado que puede satisfacer tanto a adultos como a adolescentes y niños. No solo eso. Por otro lado, el soporte para acceder al consumo de entretenimiento ya no es únicamente un artefacto estático (el enorme televisor de pantalla plana, colgado en una sala de televisión que cada vez es menos visitada en algunos hogares), sino un dispositivo portable (laptop, tablet, celular). Esto permite que la exposición del contenido se traslade de la sala a la cocina, del dormitorio al baño, de la oficina al bus del transporte público.

Otra ventaja de estos servicios es que “son compatibles con la interactividad y el multitasking de la joven audiciencia”, explica José Carlos Cano, profesor de Registro de Imagen y Audio de la Facultad de Ciencias y Artes de la Comunicación de la PUCP. El docente explica que hace diez años la gente todavía podía ver una película de corrido sin perder la concentración o sin dejarse distraer por lo que estaba pasando fuera de la pantalla. Hoy pueden ver un largometraje muy interesante y al mismo tiempo estar con el smartphone en la mano, chequeando de reojo sus servicios de mensajería o sus redes sociales. “Es una conducta que se da con mayor frecuencia entre los jóvenes. Tienen el hábito de mirar el celular cada cinco minutos, así no haya vibrado o timbrado, incluso para ver la hora, y eso que tienen el reloj en la muñeca, y se pueden perder ciertas escenas de lo que están viendo. Pero con Netflix o Amazon Prime pueden poner pausa y retroceder cuantas veces quieran sin despegarse del celular o la tablet donde tienen el Facebook o el WhatsApp abiertos. Definitivamente, la conexión y concentración que existía con la pantalla ha cambiado. Hoy es mucho más compleja”, advierte Cano.

Este consumo cada vez más personalizado de contenido es una tendencia que se ha instalado en los hogares y ha modificado la manera tradicional de ver series y películas. Pero, ¿cómo es que Netflix, Hulu, Amazon Prime, HBO Go y otras plataformas similares han cambiado los hábitos de consumo de producciones audiovisuales? ¿Estos servicios de streaming de video provocarán a la larga la desaparición de la televisión de señal abierta? ¿También le pondrán fecha de vencimiento al cable? ¿Y cómo queda el cine?  En las siguientes líneas respondemos estas interrogantes.

Maratoneando en tu dormitorio

María Marchinares, 20 años, estudia terapia ocupacional en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos. Ella es una asidua consumidora de series y películas. Sus vacaciones de verano de 2017 fueron inusuales: se la pasó encerrada en su dormitorio haciendo maratones en Netflix. “En ese momento mi rutina y mis hábitos cambiaron, incluso no almorzaba ni desayunaba a la hora que debía por estar viendo series”, relata. Esta práctica se ha vuelto común entre los suscriptores de este tipo de servicios: ¿quién no ha escuchado a un familiar o amigo cercano confesar que se hecho una maratón de su serie preferida?

Un estudio del antropólogo canadiense Grant McCrackken sobre el consumo de Netflix identificó que los usuarios visualizan de forma continua, y por muchas horas, los capítulos de una misma serie. “Con la televisión o el cine convencional podías ver dos películas o estar viendo cable un rato, pero no se desarrolló la idea de maratón; es decir, esa jornada de un día entero en la cual te quedas en casa, te metes a tu cama y ves una temporada completa de una serie”, explica el antropólogo y periodista Raúl Castro, profesor en la Maestría de Antropología Visual de la PUCP y director de la carrera de Comunicación y Publicidad de la Universidad Científica del Sur.

La investigación de McCraken desarrolló el concepto de Nesting -anidar, en castellano-, prosigue Castro. Este consiste en permanecer todo el fin de semana en casa sin ocuparse de alguna tarea en específico; lo que ha facilitado que los usuarios vean una temporada completa de ‘Game of Thrones’, por ejemplo, o de ‘Stranger Things’. “Para que la gente se anime a hacer una maratón es fundamental que los episodios de las series no se estrenen uno por semana, sino que se suban todos al mismo tiempo a la plataforma. Esperar siete días para ver un nuevo capítulo es parte de un modelo de televisión del siglo pasado”, asegura Castro.

Ilustración: Jacqueline Palacios.

El auge comercial de Netflix o Amazon Prime no sería la única causa de las llamadas maratones de consumo de entretenimiento audiovisual. Al apogeo de esta práctica también ha contribuido el ritmo cada vez más intenso de la vida urbana,  la incertidumbre sobre el futuro laboral o la desconfianza que generan la política y el manejo de la economía. Así piensa Pablo Santur, egresado de la PUCP y coordinador de las carreras de Audiovisual y Cine y de Publicidad Transmedia de la Facultad de Comunicaciones de la Universidad de Ciencias y Artes de América Latina (UCAL).  En estos días, explica Santur, vivimos en un clima de estrés provocado por problemas económicos, exigencias laborales e inseguridad urbana. Una encuesta de GFK de 2017 secunda esta opinión al revelar que el 65% de los peruanos presenta al menos un síntoma de estrés a la semana. “Frente a esta situación, la posibilidad de consumir algo que te permita desconectarte de la realidad, evadirse de ella por unas horas, como ver televisión, series y películas durante toda una tarde o una noche ayuda a aliviar la ansiedad”, señala Santur.

¿El consumo de Netflix se vuelve personal?

Desde mediados de la década del sesenta hasta parte de los noventa, todos los sábados las familias peruanas paralizaban sus actividades a las cuatro y cincuenta y cinco de la tarde para ver Trampolín a la Fama, el programa conducido por el célebre Augusto Ferrando. En 1997, todos los domingos a la siete de la noche, niños, jóvenes, padres y abuelos se reunían en la sala, frente al televisor, para ver la comedia Pataclaún. Hoy es diferente. Cada quien puede ver sitcoms como The Bing Bang Theory o películas como Titanic por su cuenta: tendido en la cama,  mientras almuerza en el comedor frente a una laptop o incluso mientras se están duchando, si llevan alguna tablet al baño. Si la costumbre era ver películas o series después de almorzar, hoy muchos lo hacen de madrugada o en la mañana.

Este el caso de Crhisthian Pilares, 20 años, un estudiante sanmarquino de ingeniería mecánica de fluidos. Recuerda que el semestre pasado se vio todo ‘Narcos’ en una semana. Apenas se levantaba, prendía el televisor y lo conectaba a Netflix. Cuando subía al autobús para dirigirse a la Ciudad Universitaria, sacaba su smarthphone y seguía viendo la serie. Y cuando retornaba a su casa, después de estudiar, le dedicaba a Netflix un par de horas antes de dormir. Idéntica es la costumbre de la peruana Fabiana Mego, de 16 años, quien vive en New Jersey y pasa cinco horas diarias frente a su televisor viendo Netflix; los fines de semana es capaz de ver sus programas favoritos todo el día. Recuerda que una vez que visitó a su familia en Lima prefirió quedarse en su departamento en vez de salir a pasear. ¿La razón? Quería ver series en Netflix que no estaban disponibles en Estados Unidos. Ambos casos son el reflejo de una tendencia: jóvenes, adultos o mayores cuyo consumo audiovisual es una experiencia cada vez más solitaria y personalizada.

En la misma línea, el profesor José Carlos Cano afirma que la costumbre de consumir series y películas de forma aislada, no es originada por Netflix. “Es algo que se ha venido dando desde que las últimas generaciones de celulares empezaron a ofrecer una diversidad de gadgets y aplicaciones que promovieron el consumo individual y a la postre el aislamiento. Eso se ve claramente cuando la gente utiliza redes sociales para conversar con la persona que está en la habitación del costado”. Cano cree, sin embargo, que Netflix y otros servicios afines también pueden ser una oportunidad para socializar más con tu entorno amical, laboral o familiar: “Si vas a hacer maratones, de pronto puedes buscar a alguien que te acompañe, armar un grupo. Así tienes más temas comunes de qué conversar luego”.

Netflix ya sabe lo que quieres

Cuando un usuario entra a la pantalla de inicio de su facebook aparecen publicaciones de amigos, de noticias y de productos que, según el medio social, le pueden interesar. Al ingresar a Amazon le llegan correos a su bandeja anunciando los últimos productos que, quizá, puede comprar. Y en Netflix la empresa emplea la personalización de la oferta de contenidos: recomienda y envía unas alertas de series y películas que pueden gustarle al espectador, basándose en los programas que ya ha visto. Raúl Castro explica que esta selección de contenidos que se nos ofrece se debe a que las plataformas de big data, como Netflix,  clasifican al usuario como un compuesto de datos que reúne palabras claves, etiquetas, marcadores. Estos generan algoritmos que configuran finalmente un determinado perfil.  Una vez que estas plataformas saben qué tipo de producciones busca y consume su suscriptor, le ofrecen un nuevo menú de posibilidades, afines a su gusto, con la intención de que se quede pegado a la pantalla y siga abonando al servicio. “Netflix es la avanzada de la personalización de contenido”, asevera el antropólogo.

Personalización de contenidos. FOTO: Captura de pantalla de Netflix.

¿Será el fin de la televisión como la conocemos?

“Cada vez que surge un nuevo medio algunos apocalípticos aseguran que  se avecina la muerte del anterior. Cuando nació la televisión, se dijo que el cine se extinguiría. Se creía que ya no sería necesario pagar un boleto por una película, ya que podían verla dentro de su vivienda en un televisor. Pero lo que varía es el consumo. Una cosa es ver algo en tu casa con tus padres y hermanos, como un noticiero o un programa familiar, otra cosa es ir al cine, y otra muy distinta es ver Netflix”, sostiene Pablo Santur.  Él no cree que la televisión desaparezca porque conservará algunos roles, como la difusión de noticias en tiempo real.  “El espectador nunca encontrará noticias en Netflix porque ese no es su negocio”, dice Santur.

De la misma opinión es el profesor José Carlos Cano. La televisión, explica, está cambiando gracias a Netflix y a las otras plataformas de streaming. “No creo que esté desapareciendo, porque sino no se estuviera realizando tantas series o producciones para la televisión. Se están haciendo noticieros en señal abierta y también para la web; incluso comparten algunas notas, pero son públicos diversos. Además, se está produciendo ficción en cantidad: tanto para las plataformas de streaming como para la televisión de señal abierta”, afirma.

Los que sí se verán afectadas, según el profesor Cano, son las empresas de televisión por cable. Es más, pronostica que pronto van a dejar de existir tal como las conocemos ahora. Saben que un sector considerable de la audiencia que busca entretenimiento prefiere los servicios de streaming y el amplio catálogo que ofrecen, por eso han empezado a crear plataformas similares. Tal es el caso de HBO o de Fox. En el ámbito local América Televisión ha lanzando América TvGo. Allí cuelgan toda la programación pasada y nueva, incluso colocan los capítulos de estreno antes de que salgan al aire.

Quien tampoco cree que desaparezca la televisión  de señal abierta es el profesor Raúl Castro.  Él afirma con convicción que este sigue siendo “el rey de los medios”. Primero porque llega a lugares donde internet no existe; por lo tanto, no se puede acceder a los servicios de streaming. La otra razón es que “los medios son esenciales para instalar normas sociales y prácticas de largo plazo. Que se empiece a ver como normal la utilización de bolsas de reciclaje en lugar de bolsas de plástico o que los niños les digan a sus padres que cierren el caño mientras se afeitan es un tema de sistemas culturales, y para el mantenimiento de estos sistemas los medios, sobre todo los masivos como la televisión, son y seguirán siendo muy importantes”.

Ilustración: Jacqueline Palacios.

El cine versus las plataformas de streaming

Para mayo está previsto el Festival de Cannes. Unas de las noticias sobre este evento que más ha llamado la atención es el anuncio de que solo se admitirán en la competencia películas que hayan sido estrenadas en salas francesas. Esta decisión es una respuesta de la industria del cine a la pujante industria que ha surgido para nutrir de ficciones tanto a Netflix como a las empresas afines. En la edición de 2017, el servicio estadounidense de streaming presentó dos filmes -The Meyerowitz Stories, del director Noah Baumbach, y Okja, del cineasta coreano Bong Joon-Ho-. Estas postulaciones no fueron del agrado de los organizadores del festival. Pedro Almodóvar, el aclamado cineasta español, quien presidía el jurado, hizo entonces esta categórica declaración: “Netflix es una nueva plataforma para ofrecer contenido de pago, lo cual en principio es bueno y enriquecedor. Sin embargo, esta nueva forma de consumo no puede tratar de sustituir las ya existentes, como ir al cine. No puede alterar el hábito de los espectadores. Me parece una enorme paradoja dar una Palma de Oro y cualquier otro premio a una película que no pueda verse en gran pantalla”.

La Academia de las Artes y Ciencias Cinematográficas que entrega los Premios Óscar ha reaccionado de manera similar: decidió que los largometrajes candidatos a mejor película deben exhibirse al menos siete días seguidos y tres funciones por día en los cines de Los Ángeles. Mientras que Hollywood y Cannes dificultan que Netflix y Amazon Prime compitan en categorías importantes en sus festivales,  Berlín y Venecia sí los aceptan en sus premiaciones.

En este conflicto el profesor Raúl Castro ve tres afectados. Primero “la producción y distribución porque buena parte del negocio del cine se encuentra en esos rubros; en el caso peruano los multicines UVK, Cineplanet y Cinemark van a ver mermados sus ingresos a medida que mejore las condiciones de exhibición casera que permite el streaming”. Los segundos perjudicados son los estudios cinematográficos, como Universal Pictures, acostumbrados al formato grande. Ahora tienen que lidiar con Netflix  y Amazon Prime que han comenzado a financiar a destacados productores y directores, como Ryan Murphy Martin Scorsese o Woody Allen. “Y, en tercer lugar, el paradigma de cine arte está cuestionado porque se basaba en algunos valores estéticos como la calidad de la luz, la experiencia de estar en una sala de cine, la fotografía, la pigmentación, el audio. Todas esas cosas cuando las tienes en una plataforma sencilla como es tu computador o  tu móvil pierden capacidad de competencia. Lo que se resalta es el poder de la narración. Una buena historia siempre va a ser mejor que un conjunto de atributos técnicos, que de todas maneras son importantes, pero están demostrando no ser determinantes”.

Muchas plataformas de video para un solo usuario

Disney ha anunciado que lanzará su propio servicio de streaming en el otoño norteamericano de 2019. Colocará sus filmes tradicionales de cuentos de hadas, sus remakes, sus series de televisión y sus películas recientes. Al contar con Pixar es muy probable que las producciones de este estudio de animación cinematográfico formen parte de la plataforma. No olvidemos que la compañía de Mickey Mouse tiene alojados a los jedis y a los siths, al comprar Lucasfilm; y al Capitán América y a todos los vengadores, al adquirir Marvel. Los nuevos inquilinos de la casa, los largometrajes provenientes de la 21st Century Fox, también formarán parte del proyecto.

De esta manera, Disney se pone al nivel de Netflix, HBO Go, Amazon Prime, Fox Play, Hulu, Viki y Blim, este último ofrecido por la mexicana Televisa. En el deporte también están emergiendo los servicios de streaming. Fórmula 1, por ejemplo, creará su propia plataforma digital, y en la lucha libre profesional o wrestling ya existe la WWE Network. En nuestro país tenemos a América tvGOClaro Video y Movistar Play.

¿Con tanta plataforma de video qué hará el usuario? “Va a pasar lo mismo que ocurrió con el cable. Con el cable podías tomar el paquete básico y ver tantos canales. Si querías HBO o el canal de la lucha libre tenías que pagar más. Lo mismo va a suceder con los servicios de streaming: en la medida que tú quieras ver más programas vas a estar suscrito a mayor cantidad de plataformas”, asegura el profesor José Carlos Cano.