Frente al Matute, el coloso del club Alianza Lima, se concentra religiosamente antes de cada partido desde hace 14 años un grupo de mujeres que comparten algo entre sí: un profundo sentir por los colores azul y blanco.

Por Camila Zapata

 

En la madrugada del 10 de septiembre de este año a ‘La Patrona’ una sensación de pánico e indiscutible preocupación le invadió el cuerpo. El sonido de un batallón acechando su territorio la hizo saltar de la cama, cargar a su pequeña hija en brazos y correr hacia la puerta del sector Occidente del Estadio Alejandro Villanueva, situado exactamente a 30 pasos de la puerta de su vivienda en el distrito de La Victoria.

Más de 2 mil personas ajenas a ella colocaron escaleras y rompieron las rejas. El objetivo: tomar posesión del recinto, que ella prefiere llamar ‘su casa’. A lo lejos vio que un grupo de religiosos seguidores del pastor evangélico Alberto Santana descolocaban la imagen del Señor de los Milagros tirándola hacia el suelo como si careciese de valor alguno. No dudó. Miró directamente hacia los ojos de su hija, le puso las manos encima de sus hombros y le pidió que la espere sin moverse. Luego corrió y a regañadientas cogió el enorme cartel, de origen sagrado para los hinchas de ‘la blanquiazul’. Entró a su casa, dobló la imagen con prisa y suficiente cuidado, y finalmente, la escondió.

Regresó a la batalla y se plantó frente a la única pared azul estampada con el escudo del equipo de sus amores que aún no había sido intervenida por los creyentes.

Mientras narra su historia, señala la pared y la muestra con orgullo como si le perteneciera. Su acto heroico fue televisado, vocifera y sonríe abriendo los ojos más de lo común recordando aquel día que ya quedó grabado como un capítulo más en la memoria del equipo aliancista.

‘La Patrona’ en el mural que protegió. Cruce de las calles Mendoza y San Cristóbal, La Victoria. Foto: Camila Zapata.

“Ser mujer e hincha es tener tu género en alto”

‘La Patrona’ pertenece a “Las De Svr”, la primera agrupación femenina dentro de Comando Svr, la barra popular del equipo ‘grone’. Hechas de devoción, ellas se dedican afanosamente al beneficio de Alianza Lima y su gente. Todas provienen de diversos distritos de la capital, se definen como un grupo unido de hinchas incondicionales y las reúne la esquina del cruce de las calles victorianas Mendoza con San Cristóbal, frente al estadio Alejandro Villanueva.

Según cuenta ‘Tábata’, una de las fundadoras de esta barra, en el año 2004 otra hincha le sugirió crear un grupo solo de mujeres. Ambas pertenecían a dos diferentes barras del Cono Norte, y eran las únicas mujeres. Les interesaba reunir verdaderas hinchas.

“Tiffany quería que exista una agrupación femenina y a mí me encantó la idea. Junto a Rosita y La Negra nos juntamos y empezamos a bajar como grupo a Svr. Pero queríamos crecer así que fuimos hacia Mendoza frente a Matute para buscar ‘tribuneras’, no chicas cualquiera, sino chicas que realmente sientan el amor hacia Alianza Lima, chicas que cantaran y se ofuscaran con los resultados, con las jugadas, y no solo con los 11 de abajo sino con Alianza Lima en su totalidad”, refiere ‘Tábata’ mientras su rostro suda, sus ojos se aclaran y se toma una pausa. Luego prosigue: “poco a poco nos fuimos armando y en un año ya éramos un grupo grande de mujeres enamoradas más allá de los 90 minutos”.

Aquella casa multifamiliar desde donde ‘La Patrona’ vio interrumpido su sueño el pasado 10 de septiembre es también el lugar donde se fundó ‘Las de Svr’, el punto de reunión previo a cada partido y el mítico espacio para celebrar o disgustarse en grupo terminados los encuentros. Lo adornan innumerables pinturas blanquiazules, íconos del balompié, canciones, frases, una banca de madera y otras de plástico que guardan detrás de la puerta del inmueble para cuando llega la visita.

En este mismo lugar, hace 14 años, llegaron cuatro chicas del Cono Norte y alzaron la voz para convocar a toda hincha que quiera ser ‘tribunera’ y no “una más en busca de popularidad”, según comentan.

‘Tábata’ y ‘La Patrona’ en la esquina donde se fundaron ”Las De Svr”. Foto: Camila Zapata.

‘La Patrona’ interviene y recuerda que antes de ‘Las de Svr’ ser mujer e hincha era difícil. No la respetaban, le metían la mano, la insultaban y menospreciaban. “Las de Svr nace para irnos contra el machismo. Cuando nos formamos creamos una bandera y hablamos con el ‘batutero’ para que la coloque en la barra, pero no nos dejaron porque dijeron que el nombre ‘Las de Svr’ iba a generar la burla de ‘los cabros’. Ser mujer estaba mal visto, no era normal, era sinónimo de burla así que nuestra bandera quedó como ‘L-S DE SVR’.

‘Tábata’ agrega que tener la bandera con el nombre de la barra generó discordia con los líderes de Comando Svr. “No lo querían, nos intentaban persuadir, nos decían: “¿mejor por qué no ponen un lema bonito?”, y como a nosotras nos interesaba tener una bandera y representar al grupo en la tribuna, finalmente accedimos a que quede como “L-S DE SVR” y acompañaron a su principal estandarte banderolas con dos frases que luego serían, sin imaginarlo, muy simbólicas para todo el grupo: “aunque mi voz calle con la muerte, mi alma te seguirá alentando”“voy a cantarte hasta quedarme sin aliento, perder el conocimiento y junto a ti tocar el cielo”.

El fallecimiento de Rosa, una de las cuatro fundadoras, tan solo meses después del establecimiento de la agrupación  le dio más sentido a todo y unificó al grupo. Ya tenían una guía desde el cielo y una voz de aliento constante.

Así, poco a poco fueron ganándose el respeto de los hinchas hombres, pese a que iban contra sus leyes. “Empezamos a convivir con ellos, a viajar, a estar en cada partido cantando y alentando, nos jugábamos nuestro propio partido y algunos se sintieron amenazados. Nos decían que las mujeres no tenían que estar en la tribuna, que nos vayamos para la cocina, para nuestras casas. Pero nosotras decidimos desafiar todo eso, nos organizamos, empezamos a hacer rifas, nos hicimos polos, llaveros y junto a los chicos que sí nos respetaban coordinamos para estar a disposición del equipo en lo que se necesitara”, cuenta Tábata.

Para ellas, desde que surgieron las hinchadas femeninas, las mujeres ya no están subordinadas, tampoco ejercen tareas menores: lo que se hace en beneficio de Alianza Lima es de igual a igual.”Somos aliancistas todos los días de nuestras vidas”, finalizan.

En la misma esquina donde crecieron y se hicieron, en el distrito de La Victoria, muy cerca a la zona sur de Matute, ambas, La Patrona y Tábata, miran los murales de pintura azul, sonríen y saludan a quienes pasan. Son reconocidas, son hinchas de peso a quienes les ha tomado más de catorce años dejar su género en alto.

Contra la tradición

La aparición y conformación de agrupaciones femeninas al interior de las hinchadas en el fútbol limeño es más que un hecho novedoso y ha deconstruido particularidades. Sobre todo en el club ‘íntimo’.

Manifiesto de Comando Svr en un mural al interior del estadio. Foto: Camila Zapata.

La tradición de la barra aliancista recuerda ineludiblemente a tres categorías en el contexto social del club: ‘popular’, ‘obrero’ y ‘La Victoria’. Los primeros hombres en tocar la pelota eran del pueblo trabajador, y se concentraban sobre todo en el área de construcción. Las mujeres de su entorno eran madres, hermanas o novias: no protagonistas.

Cuarenta y cuatro años atrás, exactamente el 4 de diciembre de 1972, allá cuando un grupo de “jóvenes bohemios de clase media”, según describen las viejas crónicas, fundaron en el distrito de Miraflores la barra del club Alianza Lima con el nombre Asociación Barra Aliancista lo hicieron pensando en la reunión de los sentimientos y nociones sociales y culturales de siempre: Alianza Lima de los hombres pobres, de los hombres negros, el de los hombres de los barrios populares.

Sin embargo, a los factores sociales y culturales que consolidaron la formación inicial de la identidad del club -el sentimiento comunitario de barrio, la cultura urbana de la plebe negra y mestiza, y la pertenencia de la clase obrera-, hoy y a partir de los años 90 habría que agregarle algo más: sentimiento popular femenino.

‘La Patrona’ y ‘Tábata’ al interior del Alejandro Villanueva, a donde ingresan sin permiso. Foto: Camila Zapata.

Pese a ello, los medios de comunicación venden historias de hombres alentando a sus clubes o de pandilleros en enfrentamientos. La voz femenina, aquella que a diario se construye en una pequeña casa pintada de azul y blanco frente a un estadio aún no ve momento de protagonizar los sentimientos que despierta el fútbol.

Ocurre no solo en Alianza Lima. En el Club Universitario de Deportes sucede lo mismo. La tesis ‘Ser mujer no es impedimento para amarte: Trinchera Norte’ relata los testimonios de jóvenes y legendarias barristas que se han abierto paso en el mundo del hinchaje y que hoy no solo caminan, alientan, aman, cantan, sino que son parte de la construcción y continuidad de la barra principal del equipo ‘merengue’: sin ellas ciertas tareas no se cumplirían. Hasta hace algunos años existía al interior de Trinchera más de 50 grupos de mujeres divididos en los diferentes conos y distritos al interior y fuera de Lima, pero no se habla de ellas.

Ser mujer y ser hincha parece aún ser un antagonismo para el imaginario social. Pero no para las calles limeñas, donde ya existe una apropiación de los espacios para hacer sentir que el fútbol es para todos y todas.

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