Desde Convoca, un portal web que apuesta por la investigación con bases de datos sin abandonar la reportería de calle, pregona la relevancia de ensuciarse los zapatos para contrastar información. El 2012 ganó el Premio Latinoamericano de Periodismo de Investigación (Colpin) por una serie investigativa que dio cuenta de irregularidades en el sector pesquero. En este alentador testimonio, fiel a su predica, cuenta cómo investigó este caso durante seis meses y además comparte experiencias similares de algunos medios internacionales.

Reportear con bases de datos es buscar información con brújula, con dirección, saber de antemano dónde vas a buscar. Significa acceder a todas las piezas del rompecabezas. Eso te permite ser más preciso y depender menos de las fuentes que por naturaleza siempre tienen un interés.

Por ejemplo, yo accedo a una data sobre los colegios estatales de todas las regiones del país y puedo establecer su situación en infraestructura y el presupuesto que se destina a cada uno; puedo incluso determinar a partir de ese análisis un ranking de los colegios que no tienen una infraestructura adecuada y de los que sí la tienen.

 

El buen periodismo de datos nunca va a renunciar a verificar la información en la cancha, el periodismo no se hace desde la computadora. 

 

A partir de esa información puedo determinar también dónde debo ir para encontrar la historia más representativa de mi tema. ¿Por qué decido que ese debe ser el caso que voy a narrar? ¿Porque alguien me lo dio o porque yo, después de haber revisado el universo de informaciones, llego a la conclusión de que es el más simbólico? No es lo mismo salir a buscar un testimonio al azar y decir “ah, este es el testimonio que me encontré”, a descubrir el caso que resume y grafica el tema que investigo. ¿Se dan cuenta de la diferencia?

El buen periodismo de datos nunca va a renunciar a verificar la información en la cancha, el periodismo no se hace desde la computadora. La computadora ayuda, pero no reemplaza la chamba en la calle. El periodismo confronta los hallazgos con los protagonistas de la información. Cuenta historias corroboradas, te tiene que decir que esta información se dio en este contexto, con este antecedente. No me muestres una tajada de la torta, muéstrame la torta completa y dime cuantas piezas tiene.

A partir de estas ideas, yo quisiera contarles algunas investigaciones de mis colegas y, después, una que yo hice para que se entienda mejor de qué les hablo. Los casos que he elegido aplican esta forma de hacer periodismo. El primero es de ProPublica, un medio independiente de Estados Unidos con sede en Nueva York. ProPublica tiene una característica, una virtud: hace periodismo de investigación de aquellos temas que no necesariamente son de corrupción política. Toca, por ejemplo, temas de salud pública. De ese modo conecta con las necesidades básicas de la gente.

El caso que les voy a contar se sigue reporteando a pesar de que empezó en 2010. Esta historia reveló cómo los médicos reciben incentivos de las industrias farmacéuticas. Me refiero a viajes, comisiones y otras prebendas, a cambio de que recomienden a sus pacientes determinadas medicinas.¿No les suena conocido?

 

Investigación sobre los pagos de las compañías farmacéuticas. Imagen: Captura de ProPublica

Investigación sobre los pagos de las compañías farmacéuticas. Imagen: Captura de ProPublica

Imagínense que obtenemos un registro en el que aparecen los nombres de los médicos peruanos y las empresas farmacéuticas que los favorecen con viajes o becas para determinada especialización. Imagínense que obtienen esos datos por año, lugar y monto pagado. A partir de eso se puede hacer un aplicativo que te muestre un ranking sorprendente: ¿Quién es el médico que ha recibido más incentivos de una empresa farmacéutica? ¿Quisieran leer esa historia?

 

Esta investigación de ProPublica permitió reducir significativamente los aportes de las empresas farmacéuticas a los médicos.

 

Vamos a identificar a los diez médicos con los mayores incentivos de las empresas farmacéuticas, al que más viajes pagados tuvo. O simplemente podemos hacer un cruce de todos los médicos que hay y ver el registro de los que no accedieron a recibir ningún incentivo. Podemos crear un aplicativo que le ofrezca a nuestro lector: “Sepa usted si su médico recibe incentivos de la empresa farmacéutica”. ¿Quisieran saber quiénes son, como actúan aquellos que nos están tratando de una dolencia? ¿Si alguna industria les están recomendando recetarnos tal medicina? Eso se puede hacer, eso se está haciendo, así se investiga ahora.

Hay que entender que este caso de investigación de ProPublica fue viable porque existía un registro, a partir del cual se construyó bases de datos. Si no existe un registro, obviamente, no es viable la investigación porque tendrías solo algunos casos aislados y no un registro sistematizado. La investigación abordó las redes financieras de los pagos que las compañías hacían a los médicos y construyó un aplicativo para que los pacientes puedan revisar la situación económica de sus médicos. Hasta agosto de 2014, ProPublica había publicado 53 historias. Esta investigación permitió reducir significativamente los aportes de las empresas farmacéuticas a los médicos.

 

***

Hay otro caso sobre paraísos fiscales. El Consorcio Internacional de Periodistas de Investigación (ICIJ) reveló quiénes eran los dueños de más de diez mil sociedades inscritas en paraísos fiscales de diez países, y obtuvo más de dos millones de documentos, mucho más que wikileaks.

El ICIJ tenía la misión de sacar a la luz la corrupción escondida en estos datos. Y se organizó un trabajo colaborativo con más de 100 periodistas de 50 países. Ellos analizaron los nombres que había conseguido el ICIJ. Recuerden que este es un consorcio que reúne a periodistas de investigación de todo el mundo y que trabaja de manera colaborativa. A partir de los documentos, sistematizaron la información y crearon un aplicativo para que los periodistas accedan de manera fácil a la información y puedan investigar.

Lo que hizo The Washington Post también fue muy meritorio: reveló cómo el patrimonio de los congresistas aumentaba a medida que aprobaban proyectos de ley a favor de los sectores productivos en los que tenían inversiones. Entonces, tú haces un cruce de los proyectos de ley (esa información está en la página web del Congreso) con el patrimonio que tienen y lo que ves es en qué medida sus gestiones tienen que ver con los sectores en donde ellos tienen intereses, en donde fueron asesores o abogados. Ves una relación entre los proyectos de ley que favorecen a su entorno y cómo su patrimonio se eleva mientras permanecen en el Congreso.

Voy a hablarles ahora del caso de la metadona. Este es un clásico en el periodismo de investigación a partir de bases de datos. Cuando uno lee la historia de cómo se hizo esta investigación, aprende una gran lección de periodismo. Les cuento… Llegó un médico a la redacción del diario The Seattle Times, en Estados Unidos, y les dijo a los periodistas: “Están reemplazando una medicina por la metadona, que tiene menor costo pero que también tiene efectos colaterales. Hay gente que se está muriendo. Yo he denunciado este caso a mis superiores, he dado cuenta de esto pero no se está haciendo nada al respecto, entonces me veo obligado a que ustedes miren qué está pasando”.

Los periodistas buscaron un registro de los pacientes que fueron medicados con metadona. Este contenía los nombres, las dosis y las fechas de tratamiento para ver cómo se suministró y si es que realmente a partir del uso de metadona hubo algún cambio en el estado de salud. También obtuvieron un registro de las muertes y un reporte de su situación económica dado que tenían indicios de que las víctimas eran personas en situación de pobreza. ¿Qué tendrías que obtener para demostrar que las víctimas eran pobres? En principio, el lugar de residencia. A partir de eso determinas cuál es la situación económica, lo que no puede ser arbitrario, tiene que basarse en un registro oficial. Hicieron ese registro y cruce. Pero ¿qué pasaba si el periodista se quedaba en esos cruces y no iba donde la gente? Pues no había historia. Fueron a hablar con los familiares, con las víctimas, con los médicos, con las autoridades. Visitaron casa por casa.

 

***

En 2012 el diario La Nación de Costa Rica publicó la historia de un ministro que había impulsado el impuesto a las propiedades, pero que no pagaba sus impuestos o pagaba menos de lo que le correspondía. Lo que hacía era reportar al fisco un determinado valor de la propiedad. Sin embargo, cuando la arrendaba, en el contrato aparecía un valor superior para que pudiera alquilarlo a mayor precio. Si se dan cuenta, lo que hizo La Nación es artesanía periodística, porque conseguir el contrato del alquiler entre el ministro y el arrendatario, luego corroborar los datos que aparecen allí con los figuran en el registro oficial del valor de la propiedad, y después cruzar esa información con el impuesto que pagó el ministro y, finalmente, determinar si calza o no el monto, no es un trabajo fácil.

La data te orienta, te ayuda a tejer un entramado y te dice dónde buscar a partir de lo que tú le preguntes. En este caso el equipo de la periodista Gianina Segnini decidió no mirar solo al ministro sino a todo el gabinete: veamos si realmente pagan o no. Al final determinaron que once de los veintidós ministros subvaluaron sus propiedades por un monto que alcanzaba los veintidós millones de dólares.

Luego pasó algo curioso. Cuando los periodistas fueron a confrontar los datos con el ministro, este renunció el mismo día. Al día siguiente de haberse publicado la historia ya tenían que anunciar la renuncia del ministro. Cuando publicaron la historia del gabinete, los ministros se fueron a pagar sus impuestos inmediatamente para que evitar más roche público. Era evidente lo que estaba pasando. Los políticos normalmente no imaginan que uno va a investigar de esta manera. Piensan que uno obtiene solo una parte de la información. Normalmente así nos miran, pero de pronto tú les muestras que hay todo un sustento, que has hecho un trabajo meticuloso.

 

La data te orienta, te ayuda a tejer un entramado y te dice dónde buscar a partir de lo que tú le preguntes.

 

Vayamos ahora a Brasil. Aquí la gran lección detrás del caso que les voy a contar es cómo un periodista puede armar durante un año una hoja de cálculo propia para luego presentarla a un editor y proponerle: “Mira, he logrado construir esta data y ahora necesito que me des un equipo para profundizar. Ya tengo hallazgos preliminares, pero necesitamos equipo para registrar las evidencias”.

El periodista que dirigió esta investigación se llama James Alberti y es del diario Gazeta do Povo. Él obtuvo documentos que registraban las contrataciones que hacía la Asamblea Legislativa de Paraná. La ley decía que la asamblea estaba obligada a hacer públicas todas sus contrataciones. Lo que las autoridades del congreso hacían era imprimir los nombramientos y contrataciones en un diario oficial pero los ejemplares no se difundían. Los guardaban en cajas en un depósito de la Asamblea Legislativa. Alberti obtuvo estas cajas con los documentos y armó un registro de contrataciones, montos y fechas de pago.

Con esa data se fue a entrevistar a las personas que supuestamente habían sido contratadas, y ahí las sorpresas fueron mayores. Eran agricultoras, gente que nada tenía que ver con la administración pública. No tenían un perfil para desarrollar cargos públicos y negaban haber trabajado en el legislativo. Figuraban como empleados que recibían pagos mensuales. Pero para ellos era primera noticia. Alberti determinó que hubo un desvío de dinero, lo que reportaban esos documentos no se corroboraba con la realidad. Este fue otro caso exitoso de cómo la ciudadanía puede levantarse. La gente se apostaba frente a la Asamblea Legislativa a reclamar transparencia. Resultó estratégico que no solo el diario publicara la historia, sino que también la hiciera la cadena de televisión O Globo.

 

***

Ahora les voy a contar un caso que yo seguí, es el de la pesca. Esa historia la publiqué en IDL-Reporteros y fue una propuesta mía. Empezó a fines del 2010. El Ministro de la Producción, Jorge Villasante, declaró que había corrupción en el sector pesquero. Me llamó la atención que un ministro admita corrupción en un sector a su cargo. Lo que se extrae del mar en el Perú es el 10% de lo que se pesca en el mundo, según los registros de la FAO, Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura. Es una industria que mueve mucho dinero.

Milagros-Charla

Cuando entrevisté a Villasante le dije cuénteme sobre su denuncia. Él me explicó. Escuché, recogí documentos y después seguí indagando porque me interesaba saber dónde nació la denuncia. Después me enteré que había sido impulsada por un sector del empresariado y que las ayudas memorias habían sido redactadas en un estudio de abogados. Entonces me dije a mí misma: “Nuevamente los periodistas sacando titulares que han sido fabricados en los estudios de abogados de las empresas”. Y decidí: no me limitaré a reproducir los documentos que me entregó el ministro, voy a ir mucho más allá.

No conocía a nadie en el sector pesquero. No sabía ni cómo se regulaba y empecé a acopiar información. A cada fuente le preguntaba: ¿si tú tuvieras que investigar el sector pesquero, qué mirarías? ¿Quién conoce más? ¿Quiénes son las autoridades en este tema? Y me dijeron los que más saben son los pescadores y empresarios.

 

La investigación reveló cómo las empresas más poderosas de la industria pesquera subreportaban miles de toneladas de anchoveta valorizadas en millones de dólares. 

 

Yo empecé a armar mi red de fuentes y hablé con empresarios, con gerentes y con pescadores para situarme bien y conocer el asunto. Entonces, decidí investigar cómo y por qué la fiscalización en los puertos, en los muelles pesqueros del país, era muy débil y estaba viciada por conflictos de interés. Era tan débil que las empresas pesqueras reportaban ante el Estado mucho menos de las cantidades de anchoveta que decían extraer.

El subreporte implicaba menos dinero para el Estado, implicaba que el pescador gane menos dinero porque él gana de acuerdo a una fórmula que toma en cuenta las toneladas registradas en la balanza de pesaje. Si pescas más de lo que declaras estás violando la ley. Cada temporada de pesca, el Ministerio de la Producción sale y pone una cuota que se tiene que respetar, y si pescas más estás afectando a la especie.

La investigación reveló cómo las empresas más poderosas de la industria subreportaban miles de toneladas de anchoveta valorizadas en millones de dólares, y cómo el Estado no ejercía una fiscalización eficiente. Recibió un premio en el 2012, uno de los principales premios del Concurso Latinoamericano de Periodismo de Investigación (Colpin). Después se hizo una investigación ampliada con el ICIJ, que implicó trabajar con periodistas de Chile, y con periodistas en China, por ejemplo. Eso permitió que saliera en medios internacionales.

Rigoberto Carvajal, Milagros Salazar y Giannina Segnini en la premiación del Colpin 2012. Foto: Andrés Gómez Giraldo/ Revista Semana.

Rigoberto Carvajal, Milagros Salazar y Giannina Segnini en la premiación del Colpin 2012. Foto: Andrés Gómez Giraldo/ Revista Semana.

Pedí al Ministerio de la Producción el registro de pescado extraído por empresa, cuánto pescado llegaba en cada barco y cuánto se registraba en la balanza del muelle. Tenía que cruzar esos dos datos: lo que llegaba y lo que se pesaba en la balanza. A partir de eso detectar el subreporte. Ya había averiguado que existía algún registro de ese tipo. Al final resultó que el único registro que había era el de la anchoveta. Hice el pedido por la vía legal y me respondieron que era secreto de Estado, no se podía conocer lo que pescaban las empresas. Podía conocer el total de pescado por muelle, pero no por empresa. Me dieron pedacitos de hojas de cálculo de algunas empresas. Acceder a la fuente que tenía la información no fue fácil, tuve que recurrir a otras fuentes. Al final fueron tres las que me proporcionaron la misma data.

La publicación de la historia, después de más de seis meses de investigación, dejó claro que la mayor parte de la responsabilidad recaía sobre todo en la gran industria: se detectó 300 mil toneladas de anchoveta subreportadas en un año. Esto tenía un valor en más de 100 millones de dólares. Cuando se amplió la investigación con el ICIJ, se llegó a más de 600 mil toneladas y valorizadas en 200 millones de dólares. La serie fue publicada con infografías y visualización de data. Tuvo un rebote sobre todo fuera en los diarios Le Monde, El Mundo y otros medios.

Aquí hubo un silencio sepulcral porque las empresas hicieron lobby para bloquear la investigación. Cuando ustedes investiguen temas así, se van a enfrentar con el poder económico y el poder político, que tienen todos sus aparatos para poder hacer incidencia, para filtrar la información, lo que publica o no se publica en los medios. Eso queda claro a partir de la investigación. Creo que han llegado a contratar a tres consultoras de comunicaciones para manejar la crisis y hacer el control de daños. Por eso, cuando pasan estas cosas, siempre es bueno tener aliados para salir con otros medios en simultáneo o publicar fuera. Esa es una salida.

 

Cuando ustedes investiguen temas así, se van a enfrentar con el poder económico y el poder político. 

 

Después de la serie investigativa, las autoridades realizaron operativos en las balanzas en cada temporada de pesca, evaluaron la compra de un nuevo software de pesaje para evitar la manipulación. El Estado contrató empresas propias para no depender de empresas supervisoras financiadas por las compañías pesqueras, y que además eran contratadas para certificar la harina de pescado.

Hay algo que me estaba olvidando decirles: quien me asesoró para esta investigación fue Gianina Segnini, la periodista pionera en el uso de datos en América Latina.

 

***

El periodismo está atravesando una gran revolución tecnológica. Las nuevas tecnologías facilitan nuestro trabajo. ¿Alguno de ustedes cree que hubiera podido hacer esto visitando cada muelle, cada puerto, registrando cada dato de cada puerto? ¿Hubiera sido viable demostrar esto? Inviable. Imposible. Las nuevas tecnologías facilitan nuestro trabajo pero no ocupan el espacio de nuestra labor como reporteros. No nos reemplazan. Un mal periodismo puede afectar la vida de las personas no solo por lo que informa, sino por lo que deja de informar. Cuantas cosas están pasando y el periodismo no da cuenta de eso. El silencio también puede ser cómplice.

Por eso se necesitan tribunas independientes para dar cuenta de eso que debe importarle a la gente. La tecnología no va a modificar la función del buen periodismo. Un buen periodista se ocupa de verificar una información antes de publicarla, le toma el pulso a una sociedad en la calle, ayuda a que los ciudadanos decidan sobre sus destinos. La tecnología es importante pero, repito, solo ayuda a cumplir con eficacia esa función que nosotros tenemos, esa misión de dar cuenta de hechos de interés público, que afectan el destino de un grupo humano, el destino de una sociedad, el destino de un continente. Eso es.

 

Un buen periodista se ocupa de verificar una información antes de publicarla, le toma el pulso a una sociedad en la calle, ayuda a que los ciudadanos decidan sobre sus destinos.

 

Les he contado el testimonio de una periodista obsesionada por lo que nos ofrece la tecnología, pero sobre todo obsesionada por la verdad periodística. Si para eso tenemos que convertirnos en ratones de biblioteca, en expertos en software, fusionarnos con analistas de datos, con desarrolladores web, con programadores, y después serán georeferenciadores, y después serán asociaciones de astronautas…, sí que hay que investigar en otro planeta. Lo que sea necesario para que seas preciso, seas coherente con la esencia del periodismo que es la independencia. Un periodismo que no es independiente en verdad está muerto.

Es esa mi historia, por eso mismo decidí crear un espacio como Convoca para hacer este tipo de investigaciones de manera permanente. El primer espacio que me dio esta oportunidad fue IDL-Reporteros, donde mi editor Gustavo Gorriti me dijo: “Bueno, si te interesa el tema, adelante”. Pude recibir la asesoría de Gianina Segnini en las bases de datos y la de Gustavo en la rigurosidad del trabajo. Son editores de lujo. Yo me dije que quería seguir haciendo este tipo de historias y de investigaciones, pero ya no sola sino integrando un equipo de trabajo con desarrolladores, analistas de datos y con un equipo de personas que tengan este interés. Hacerlo juntos en un espacio independiente. Por eso es que surge Convoca, un espacio en donde siempre serán bienvenidos y yo feliz de abrirles las puertas para lo que necesiten conocer.

***Conoce más del trabajo de Milagros Salazar y todo el equipo de Convoca: http://www.convoca.pe/